RESCATE
EN EL MAR
Hace seis años, en un pueblo pesquero de Holanda, un muchacho
enseñó al mundo las recompensas de servir en forma
desinteresada. Como todo el pueblo se movía en torno de la
industria pesquera, hacía falta un equipo voluntario de rescate
para casos de emergencia. Una noche los vientos empezaron a rugir,
explotaron las nubes y una tormenta increíblemente fuerte hizo
zozobrar un barco pesquero en el mar. Varados y en dificultades, los
integrantes de la tripulación enviaron el S.O.S.
El capitán del equipo de salvamento hizo sonar la alarma y los
habitantes del pueblo se reunieron en la plaza local que daba a la
bahía. Mientras el equipo lanzaba el bote y luchaba para abrirse
camino entre las olas, los lugareños esperaban ansiosos en la
playa, sosteniendo linternas, a fin de alumbrar su camino de regreso.
Una hora más tarde, el bote salvavidas volvió a aparecer
entre la niebla y los entusiasmados lugareños corrieron a
saludarlo. Los voluntarios, caían exhaustos sobre la arena,
relataron que el bote de rescate no podía llevar más
pasajeros y que habían tenido que dejar a un hombre, un
sólo pasajero más sin duda habría hecho zozobrar
la embarcación y todos se habrían perdido.
Frenéticamente, el capitán convocó a otro grupo de
voluntarios para ir a buscar al sobreviviente solitario. Se
adelantó Hans, de dieciséis años. La madre lo
tomó del brazo y le suplicó:
- Por favor, no vayas. Tu padre murió en un naufragio hace diez
años y Paul, tu hermano mayor, lleva tres semanas perdido en el
mar. Hans, eres lo único que me queda.
- Mamá, tengo que ir -respondió Hans. ¿Qué
pasaría si alguien dijera: "No puedo ir, que lo haga otro"?
Madre, esta vez tengo que cumplir con mi deber. Cuando se trata de
prestar un servicio, todos debemos turnarnos y hacer lo que nos
corresponde. -El muchacho besó a su madre, se unió al
grupo y desapareció en la noche.
Pasó otra hora, que para la madre de Hans, fue una eternidad.
Finalmente, el bote de rescate se dibujó contra la niebla con
Hans de pie en la proa.
Formando un cono con las manos, el capitán gritó:
- ¿Encontraron al hombre perdido?
Conteniéndose a duras penas, Hans respondió excitado:
Sí, lo encontramos. ¡Dígale a mi madre que es Paul,
mi hermano mayor!
Dan Clark