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Cristo de los favores Quien tiende las manos  
No recibí nada de lo que pedí   
Aférrate       Estoy siempre contigo
Obstáculos
Que gran consuelo Tu amigo Jesús
Una sonrisa Gratitud de amigo
A eso de caer y volver a levantarse El plan de Dios       No llores si me amas
Padrenuestro        
Cambiar yo para que cambie el mundo
La mirada de Jesús Se busca un santo Wanted  La silla     El hilo primordial
Hola Juan, soy Jesús 
Saber orar     
El relojero   
Cuanto pesa una oración 
¿Tienes tiempo?         
El alpinista
El acusado El equilibrista    El bordado de Dios    La paz perfecta 
Léelo En los momentos de crisis
Un encuentro con Dios No me busques La lucha de la mariposa
La herramienta favorita Eligiendo cruces     
Las grietas    Manos que oran Volar sobre el pantano
Las tres pipas       Dar sin recibir Amar es darse todo
El regalo más grande del mundo Papá olvida     
El conejo en la luna Los tres deseos 24 maneras de amar
Dos lobos
La rana y el orgullo                      
          

                     MÁS HISTORIAS.......


                               
                          
                                   
                               








CRISTO DE LOS FAVORES

El viejo Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se veneraba un crucifijo de mucha devoción. Este crucifijo recibía el nombre, bien significativo de "Cristo de los Favores."

Todos acudían allí para pedirle al Santo Cristo. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle también un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo, "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en La Cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Sagrada Efigie, como esperando la respuesta. El Crucifijo abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras.

"Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición."

"Cual, Señor?" preguntó con acento suplicante Haakon.

"Es una condición difícil."

"Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor," respondió el viejo ermitaño.

"Escucha. Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre silencio." Haakon contestó, "Os lo prometo, Señor." Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado de cuatro clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores.

Pero un día... Llegó un rico y, después de haber orado, dejo allí olvidada su bolsa. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la bolsa del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él, poco después, para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo, iracundo,

"!Dame la bolsa que me has cogido!" El joven sorprendido, replicó,

"No he cogido ninguna bolsa."

"!No mientas, devuelvemela enseguida!"

"Le repito que no he cogido ninguna bolsa," afirmó el muchacho.

El rico arremetió, furioso, contra él. Sonó entonces una voz fuerte, "!Detente! El rico miró hacia arriba y vio que la imagen hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, grito, defendió al joven e increpó al rico por la falsa acusación. Este quedo anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo,

"Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio."

"Señor," dijo Haakon, "como iba a permitir esa injusticia?" Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedo de rodillas ante el Crucifijo. El Señor, clavado, siguió hablando.

"Tu no sabias que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubieran impedido realizar el viaje que para El resultaría fatal. Ahora, hace
unos minutos, acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tu no sabías nada. No sabes nada. Yo sí se. Por eso callo.
"

Y la sagrada imagen del crucificado guardó silencio. Haakon levantó sus ojos hacia él y exclamó: "Perdón, Señor, Perdón!"

 Dios calla. Y, cuando habla; sus palabras no destruyen del todo su divino silencio; más bien lo subrayan con trazo vigoroso; pues son sus palabras destinadas a Convencernos de que el misterio del dolor en este caso, seguirá de Cualquier modo, siendo misterioso. Si habla, dice poco más o menos,
"Confiad en mi, que sé bien lo que debo hacer".




OBSTÁCULOS

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Luego se escondió para ver si alguien quitaba la tremenda roca.

Algunos de los comerciantes más adinerados del reino y varios cortesanos pasaron por el camino y simplemente le dieron una vuelta; muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, puso su carga en el suelo y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, pudo lograrlo.

Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que moviera la piedra del camino.

El campesino sabía lo que los otros nunca entendieron: Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar tu condición.




QUE GRAN CONSUELO

Algún día, cuando mis hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva a las madres, les diré:

Te amé lo suficiente, como para preguntarte a dónde ibas, con quién, y a qué hora regresarías a casa.

Te amé lo suficiente, como para insistir en que ahorraras dinero para comprarte una bicicleta aunque nosotros, tus padres, pudiéramos comprarte una.

Te amé lo suficiente, como para callarme y dejarte descubrir que tu nuevo y mejor amigo era un patán.

Te amé lo suficiente, como para fastidiarte y estar encima de ti, durante dos horas, mientras arreglabas tu cuarto, un trabajo que me hubiese tomado a mí sólo 15 minutos.

Te amé lo suficiente, como para dejarte ver mi ira, desilusión y lágrimas en mis ojos. Los hijos también deben entender que no somos perfectas.

Te amé lo suficiente, como para dejar que asumieras la responsabilidad de tus acciones, aunque los castigos eran tan duros que rompían mi corazón.

Pero sobre todo, te amé lo suficiente, como para decirte que "NO" cuando sabía que me ibas a odiar por ello.

Esas fueron las batallas más difíciles para mí.

Pero estoy contenta por haberlas ganado porque, al final, también las ganaste tú.

Y algún día, cuando tus hijos sean suficientemente grandes para entender la lógica que motiva a los padres, tu les dirás: "Te amé lo suficiente, como para hacer todo lo que hice por ti".




TU AMIGO, JESÚS

¿COMO ESTAS? Tenia que mandarte esta nota para decirte lo mucho que me importas. Ayer te vi cuando caminabas y hablabas con tus amigos. Yo esperé todo el día deseando que tu quisieras también hablar conmigo.

Conforme avanzaba el día te di una puesta de sol para cerrar tu día, te di brisa suave y fresca para descansarte, esperé, pero siempre te amo porque soy tu amigo, te vi quedarte dormido anoche y tenia ganas de tocar tu frente, así que dejé que un rayo te acariciara tu rostro.

Te esperé otra vez queriendo apresurarme para que pudiéramos hablar...tengo tantos regalos para ti. Te levantase esta mañana muy deprisa y no tuviste tiempo de hablarme, mis lagrimas estaban en la lluvia y el rocio esta mañana. Hoy te veo tan triste, tan solo, me duele en mi corazón verte así, sabes? yo te comprendo, porque mis amigos también me desilusionaron, pero yo si te quiero... yo trato de decírtelo a través del cielo azul y del pasto verde y de las flores. Te grito en los ríos de las montanas y les doy a los pájaros canciones de amor para cantarte, te visto con rayos de sol y perfumo el aire con las esencias de la naturaleza.

Mi amor por ti es mas profundo que los mares y más grande que cualquier necesidad que tengas en tu corazón. Oh, si tu supieras cuánto anhelo caminar contigo...Yo sé lo dura que es la vida en la tierra !vaya que si lo sé! y quiero ayudarte, quiero que conozcas a mi padre, El quiere ayudarte también, solamente tienes que invocar mi nombre y pedírmelo.
Ya no te molesto más, sé que estás muy ocupado pero quiero que, por favor, no olvides que te amo.

TU AMIGO, J E S ÚS



ESTOY SIEMPRE CONTIGO

¿Me necesitas? Estoy aquí contigo.

No puedes verme, sin embargo soy la Luz que te permite ver.

No puedes oírme, sin embargo hablo a través de tu voz.

No puedes sentirme, sin embargo soy el poder que trabaja en tus manos.

Estoy trabajando en ti, aunque desconozcas mis senderos.

Estoy trabajando, aunque no reconozcas mis obras.

No soy una visión extraña. No soy un misterio.

Sólo en silencio absoluto, más allá del “yo” que aparentas ser, puedes conocerme.

Todavía estoy aquí contigo. Todavía te oigo.

Todavía te contesto.

Aunque me niegues, estoy contigo.

En los momentos en que más solo crees encontrarte, Yo estoy contigo.

Aún en tus temores, estoy contigo.

Aun en tu dolor, estoy contigo.

Estoy contigo cuando oras y cuando no oras.

Estoy en ti y tú estás en Mi.

Sólo en tu mente puedes sentirte separado de Mi, pues sólo en tu mente

están las brumas de “lo tuyo” y “lo mío”.

Sin embargo tan solo con tu mente puedes conocerme y sentirme.

Vacía tu corazón de temores ignorantes. Cuando quites el “yo” del medio, estoy contigo.

Tu sólo no puedes hacer nada, pero Yo todo lo puedo.

Yo estoy en todo. Aunque no puedas ver bien, el bien está allí, pues Yo estoy allí.

Sólo en Mi el mundo tiene significado; sólo de Mi toma el mundo forma.
Sólo por mi el mundo sigue adelante.

Soy tu paz. Soy uno contigo. YO SOY.
Aunque tardes en buscarme, Yo nunca dejo de encontrarte.

Aunque tu fe en Mi es insegura, mi fe en ti nunca flaquea.

Porque te conozco,

porque te amo.

Mi hijo bienamado, estoy aquí, contigo.

Y te espero.




NO RECIBÍ NADA DE LO QUE PEDÍ

Pedí a Dios ser fuerte,

a fin de ejecutar proyectos grandiosos,

y El me hizo débil,

para conservarme en la humildad.
 

Pedí a Dios que me diese salud,

para realizar grandes empresas

y El me dio la enfermedad,

para comprenderlas mejor.
 

Pedí a Dios la riqueza,

para poseerlo todo,

y El me dejó pobre,

para no ser egoísta.
 

Pedí a Dios el poder,

para que los hombres necesitasen de mí,

y El me dio la humildad

para que yo necesitase de ellos.

Pedí a Dios gozar de la vida,

y El me dio la vida para que pudiese gozar de todo.

Señor, no recibí nada de lo que pedí,

pero me diste todo lo que necesitaba.

Y casi contra mi voluntad,

las oraciones que no hice fueron escuchadas.

¡Alabado seas, oh Dios mío!

Entre todos los hombres nadie tiene más que yo.

Oración de un atleta estadounidense que, a los 24 años,quedó paralizado y encontró a Dios en el sufrimiento.




QUIEN TIENDE LAS MANOS

Quien tiende las manos, quien da calor,

y quien no pide nada, sabe de amor.

Quien cada mañana saluda alegre al sol,

quien es fuerte, quien vive, sabe de amor.

Quien no se retira, quien cuida el calor,

quien no cierra las puertas, sabe de amor.

Quien siempre espera del otro lo mejor

y quien nunca se cansa, sabe de amor.

Quien tiene en su vida sólo una obsesión,

quien acoge las cargas, sabe de amor.

Quien tiene escondida su fuerza en una cruz,

es que ha recibido de Dios la luz.

Quien fuerte proclama que Dios es Salvador

es que ha conocido que Dios es Amor.




UNA SONRISA

Una sonrisa no cuesta nada

Y produce mucho.

Enriquece al que la recibe

sin empobrecer al que la da;

no dura más que un instante,

pero su recuerdo en a veces eterno.

Ninguno es tan rico

que pueda prescindir de ella,

ninguno es tan miserable

para no necesitarla.

Una sonrisa

creadora de la felicidad,

es un sostén en la familia

Y en la tarea diaria.

Una sonrisa

es el signo de la amistad.

Una sonrisa

da reposo en el cansancio,

en el desaliento renueva el valor,

es consolidación en la tristeza.

Una sonrisa

es el antídoto natural

en todas las penas,

pero es un bien

que no se puede

comprar, ni comprometer,

ni robar...

Porque solo tiene valor

en el instante en que se da.

Si encontraran

quizá, que la esperada

sonrisa

no se les dona,

sean generosos y den la suya.

Porque nadie tiene

tanta necesidad

de una sonrisa

como aquel

que a los demás

no sabe darla.




GRATITUD DE AMIGO

Por la amistad que me profesas,
por mis defectos que no notas,
por mis valores que estimulas,
por mi fe que alimentas,
por esta paz que nos transmitimos,
por este pan de amor que repartimos,
por el silencio que dice casi todo,
por esa mirada muda que reprueba,
por esa mirada que dice:
-¡Amigo, vas hacia adelante!,
porque no te callas y no consientes,
por la pureza de estos sentimientos,
por estar presente en todos los momentos,
aun cuando estás ausente,
por ser feliz cuando me ves contento,
por estar triste cuando estoy entristecido,
por reír conmigo cuando estoy alegre,
por reprenderme cuando estoy equivocado,
por mi secreto que siempre guardaste,
por tu secreto que sólo yo conozco, y
por darme cuenta que apenas lo merezo,
porque en cada instante me acercas a Dios,
por ese amor fraterno tan constante,
por todo esto y mucho más yo te digo:
-Dios te bendiga, mi querido amigo.




A ESO DE CAER Y VOLVER A LEVANTARTE

A eso de caer y volver a levantarte.
De fracasar y volver a comenzar.
De seguir un camino y tener que torcerlo.
De encontrar el dolor y tener que afrontarlo.
A eso no le llames adversidad,
Llámale sabiduría.

A eso de sentir la mano de DIOS
Y saberte impotente.
De fijarte una meta y tener que seguir otra.
De huir de una prueba y tener que encararla.
De planear un vuelo y tener que recortarlo.
De aspirar y no poder, de querer y no saber,
De avanzar y no llegar.
A eso no le llames castigo,
Llámale enseñanza.

A eso de pasar días juntos radiantes.
Días felices y días tristes.
Días de soledad y días de compañía.
A eso no le llames rutina,
Llámale experiencia.

A eso de que tus ojos miren
Y tus oídos oigan.
Y tu cerebro funcione y tus manos trabajen.
Y tu alma irradie, y tu sensibilidad sienta.
Y tu corazón ame.
A eso no le llames poder humano,
Llámale milagro divino…




EL PLAN DE DIOS

No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.
No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación,
sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.
No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su propio afán" (Mt. 6,34)



NO LLORES SI ME AMAS

No llores si me amas
¡Si conocieras el don de Dios
y lo que es el cielo!
Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
¡Si por un instante pudieran contemplar,
como yo, la belleza, ante la cual
las bellezas palidecen!
¿Me has amado en el país
de las sombras y no te resignas a verme
en el de las inmutables realidades?
Créeme, cuando llegue el día
que Dios ha fijado,
y tu alma venga a este cielo,
en que te ha precedido la mía,
volverás a ver a este corazón
que siempre te ama, con todas
sus ternuras purificadas,
transfigurado y feliz,
no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo por senderos de luz.
Enjuga tu llanto, no llores si me amas.

San Agustín

 


 


PADRE NUESTRO

TU: Padre Nuestro que estás en los cielos..
DIOS: Si.. Aquí estoy..
TU: Por favor ... no me interrumpa, estoy orando!
DIOS: Pero tu me llamaste!..
TU: Que llamé? No llamé a nadie. Estoy orando.... Padre Nuestro que estás en los cielos...
DIOS: Ah!!! Eres tu nuevamente.
TU: ¿Cómo?
DIOS: Me llamaste!, Tu dijiste: Padre nuestro que estás en cielos... Estoy aquí. ¿En que te puedo ayudar?
TU: Pero no quise decir eso. Estoy orando. Oro el Padrenuestro todos los días, me siento bien orando así. Es como cumplir con un deber. Y no me siento bien hasta cumplirlo.
DIOS: Pero como puedes decir Padre Nuestro, sin pensar que todos son tus Hermanos, ¿Cómo puedes decir que estás en los cielos, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a todos...
TU: Es que.... realmente, no había pensado en eso.
DIOS: Pero.. prosigue tu oración.
TU: Santificado sea tu nombre...
DIOS: Espera ahí! ¿qué quieres decir con eso?
TU: Quiero decir... quiero decir, ... lo que significa. Como lo voy a saber? Es parte de la oración. Solo eso!
DIOS: Santificado significa digno de respeto, Santo, Sagrado.
TU: Ahora lo entiendo. Pero nunca había pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo..."
DIOS: Estás hablando en serio?
TU: Claro! ¿Por que no?
DIOS: Y que haces tu para que eso suceda?
TU: ¿Cómo que hago? Nada!!... Es que es parte de la oración, hablando de eso... seria bueno que el Señor tuviera control de todo lo que aconteciese en el cielo y en la tierra también.
DIOS: ¿Tengo control sobre ti?
TU: Bueno... yo voy a la Iglesia!
DIOS: No fue eso lo que te pregunté! Que tal el modo en que tratas a tus hermanos, la forma en que gastas tu dinero, el mucho tiempo que das a la televisión, las propagandas por las que corres detrás, y el poco tiempo que me dedicas a Mi?
TU: Por favor, para de criticar!
DIOS: Disculpa. Pensé que estabas pidiendo para que se haga mi voluntad. Si eso fuera a acontecer.. qué hacer con aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la lluvia, la naturaleza, la comunidad....
TU: Es cierto, tienes razón... Nunca acepto tu voluntad, pues reclamo de todo: Si mandas lluvia, pido sol; si mandas sol me quejo del calor, si mandas frio, continuó pidiendo, pido salud, pero no cuido de ella.
DIOS: Excelente que reconozcas todo eso. Vamos a trabajar juntos tu y yo. Vamos a tener victorias y derrotas. Me está gustando mucho tu nueva actitud.
TU: Oye Señor, necesito terminar ahora, esta oración esta tardando mucho más de lo acostumbrado. Continúo... "el pan nuestro de cada día danos hoy"...
DIOS: Para ahí! ¿Me estas pidiendo pan material? No solo de pan vive el hombre sino también de mi Palabra. Cuando me pidas el pan, acuérdate de aquellos que no tienen pan. Puedes pedirme lo que quieras, deja que me vea como un Padre amoroso! Estoy interesado en la ultima parte de tu oración.. continúa...
TU: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."
DIOS: y tu hermano despreciado?
TU: Ves? Oye Señor, él me criticó muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo perdonarlo. Necesito vengarme.
DIOS: Pero.. y tu oración? ¿que quieres decir con tu oración? Tu me llamaste y estoy aquí, quiero que salgas de aquí transformado, me gusta que seas honesto. Pero no es bueno cargar con el peso de la ira dentro tuyo¿Entiendes?
TU: Entiendo que me sentiría mejor si me vengara.
DIOS: No! Te vas a sentir peor. La venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me causarías, piensa en tu tristeza ahora. Yo puedo cambiar todo para ti. Basta que tu quieras.
TU: Puedes? ¿Pero como?
DIOS: Perdona a tu hermano, y te perdonaré a ti y te aliviaré.
TU: Pero Señor.. no puedo perdonarlo.
DIOS: Entonces no me pidas perdón tampoco!
TU: Estás acertado! Pero solo quería vengarme, quiero la paz Señor. Está bien, está bien: perdono a todos, pero ayúdame Señor!.... Muéstrame el camino a seguir.
DIOS: Esto que pides es maravilloso, estoy muy feliz contigo. Y tu... Cómo te estás sintiendo?
TU: ¡Bien, muy bien! A decir verdad, nunca me había sentido así. Es muy bueno hablar con Dios.
DIOS: Ahora terminemos la oración.. prosigue...
TU: "No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal..."
DIOS: Excelente, voy a hacer justamente eso, pero no te pongas en situaciones donde puedas ser tentado.
TU: y ahora.. ¿que quieres decir con eso?
DIOS: Deja de andar en compañía de personas que te llevan a participar de cosas sucias, secretos. Abandona la maldad, el odio. Todo eso te lleva al camino errado. No uses todo eso como salida de emergencia.
TU: no te entiendo!
DIOS: Claro que entiendes!... Has hecho conmigo eso varias veces. Vas por el camino equivocado y luego corres a pedirme socorro.
TU: Tengo mucha vergüenza, perdóname Señor.
DIOS: Claro que te perdono! Siempre perdono a quien esta dispuesto a perdonar también.... Pero cuando me vuelvas a llamar acuérdate de nuestra conversación, medita cada palabra que dices. Termina tu oración.
TU: Terminar? Ah, si, "AMEN!"
DIOS: y que quiere decir.. "Amen"?
TU: No lo sé. Es el final de la oración.
DIOS: Debes decir AMEN cuando aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando sigues mis mandamientos, porque AMEN quiere decir ASÍ SEA , estoy de acuerdo con todo lo que recé.
TU: Señor, gracias por enseñarme esta oración, y ahora gracias también por hacérmela entender.
DIOS: Yo amo a todos mis hijos, pero amo más a aquellos que quieren salir del error, a aquellos que quieren ser libres del pecado. Te bendigo y permanece en mi paz!
TU: Gracias Señor!. Estoy muy feliz de saber que eres mi amigo.




AFÉRRATE

Aférrate a la fe porque es la fuente de la creencia de que todo es posible. Es la fibra y es la fortaleza de un alma confiada.

Aférrate a la esperanza porque destierra la duda y da lugar a actitudes positivas y alegres.

Aférrate a la confianza porque se encuentra en el corazón de las relaciones fructíferas que son seguras y satisfechas.

Aférrate al amor porque es el don más preciado de la vida, porque es generoso, se preocupa y da significado a la vida.

Aférrate a la familia y a los amigos porque son las personas más importantes en tu vida y porque hacen del mundo un lugar mejor. Ellos son la vida que ha crecido con el tiempo para ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca de ti.

Aférrate a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que te convierte en un ser singular. No menosprecies lo que sientes y lo que crees que es bueno e importante, tu corazón te habla con más fuerza que tu mente.

Aférrate a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada. No tomes nunca el camino fácil ni te rindas ante el engaño.

Recuerda a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades. Disfruta de la belleza que te rodea. Ten valor para ver las cosas de manera diferente y más clara.

Haz del mundo un lugar mejor día a día y no te olvides de las cosas importantes que dan significado a tu vida.


 


CAMBIAR YO PARA QUE CAMBIE EL MUNDO

El sufi Bayazid dice acerca de sí mismo:

"De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: 'Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo'."

"A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: 'Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho'."

"Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: 'Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo'. Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida."




LA MIRADA DE JESÚS

"Le dijo Pedro: "¡Hombre, no sé de que me hablas!" Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro... Y Pedro, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente."

Yo he tenido unas relaciones bastante buenas con el Señor. Le pedía cosas, conversaba con Él, cantaba sus alabanzas, le daba gracias... Pero siempre tuve la incómoda sensación de que Él deseaba que le mirara a los ojos..., cosa que yo no hacía. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada cuando sentía que Él me miraba.

Yo miraba siempre a otra parte. Y sabía por qué: tenía miedo. Pensaba que en sus ojos iba a encontrar una mirada de reproche. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una exigencia; que había algo que Él deseaba de mí.

Al fin, un día, reuní el suficiente valor y miré. No había en sus ojos reproche ni exigencia. Sus ojos se limitaban a decir: "TE QUIERO". Me quedé mirando fijamente durante un largo tiempo y allí seguía el mismo mensaje: "TE QUIERO".

Y, al igual que Pedro, salí fuera y lloré.



 


SE BUSCA UN SANTO


Perdóname, Señor, que venga a molestarte, pero se me acaba de ocurrir una idea:

Dicen que tienes necesidad de un Santo y pienso que tal vez podría servirte yo...

Vengo, pues, a ofrecerme para tal empleo; creo que podría cumplir bien esa ocupación.

A pesar de lo que digan, el mundo está lleno de personas perfectas.

Hay muchos que te ofrecen tantos sacrificios que, para que no te

equivoques al contarlos, los marcan con pequeñas cruces en un

cuadernillo. A mí, la verdad, no me gustan los sacrificios, me fastidian enormemente...

Lo que te he dado, Señor, tú sabes bien que lo has cogido tú mismo sin

pedirme permiso y, lo más que yo he hecho, ha sido no protestar...

Hay también otros que se corrigen de un defecto por semana y ¡claro!

Serán forzosamente perfectos al cabo de un trimestre.

Pero yo no tengo suficiente confianza en mí para hacer eso, ¿quién sabe

si perseveraré al cabo de la primera semana?

¡Soy tan impulsivo, Dios mío!

Por eso, prefiero quedarme con mis defectos, aunque usándolos lo menos posible...

Las personas perfectas tienen tantas cualidades, que no hay sitio en su alma para otra cosa y por lo tanto nunca llegaran a ser Santos.

Además, tampoco tienen ganas de serlo por miedo a faltar a la humildad.

Pero un Santo, Señor, yo creo que es ser un vaso vacío, que tú llenarás de tu gracia, con el amor que desborda tu Corazón, con la santidad de los Tres...

Mira, Señor, que yo soy eso: un vaso vacío, sin nada; sólo hay un poco de fango estancado en el fondo y no está muy limpio, ya lo sé...

Pero seguro que ahí arriba tú tienes algún detergente celestial!

y además, ¿para qué serviría el Agua de tu Costado sino para lavarlo antes de usarlo?

Pero si tampoco tú quieres de mí, Señor, no insistiré...

Piensa, sin embargo, en mi propuesta, que va en serio.

Cuando vayas a tu bodega a sacar el vino de tu amor, acuérdate que, en cierto lugar de la tierra, tienes un pequeño vaso a tu disposición.

 



 


WANTED!

ALIAS: EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS, EL PRÍNCIPE DE LA PAZ...

Notable líder de un movimiento de liberación.

Se le busca por estas razones:

- Practica la medicina, fabrica vino y distribuye alimentos sin licencia.

- Se entromete en los asuntos públicos, alborota al pueblo y atenta contra la libertad de los comerciantes.

- Se arroga autoridad para hacer de la gente hijos de Dios.

Apariencia: Cabellos largos, barba, túnica y sandalias.

Merodea por los barrios bajos, tiene pocos amigos ricos y con frecuencia se esconde en el desierto.

Tiene un grupo de seguidores a quienes llaman apóstoles.

Atención: Este hombre es extremadamente peligroso. Su insidioso e inflamador mensaje es particularmente incitador para la gente joven: una vez conocido, difícilmente se olvida. Transforma a los hombres y exige para ellos la libertad.

Este vagabundo constituye un peligro público.

 

AVISO: ESTÁ TODAVÍA EN LIBERTAD




LA SILLA

    La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre sabía que vendría a verlo.

- "Supongo que me estaba esperando", le dijo.

- "No, ¿quién es usted?", dijo el hombre.

- "Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted. Cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo iba a venir a verlo".

- "Oh sí, la silla", dijo el hombre enfermo. "¿Le importa cerrar la puerta?".

    El sacerdote, sorprendido, la cerró. "Nunca le he dicho esto a nadie, pero... toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae, etc., pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y salió por el otro, pues no tengo idea de cómo hacerlo.  Por ello hace mucho tiempo abandoné por completo la oración. Esto ha sido así en mí hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: "José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas... Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo, luego con fe mira a Jesús sentado delante tuyo. No es algo alocado el hacerlo, pues Él nos dijo 'Yo estaré siempre con vosotros'. Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora mismo".

    José continuó hablando:  "Es así que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija, pues me internaría de inmediato en la casa de los locos".

    El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que había estado haciendo y que no cesara de hacerlo, luego hizo una oración con él, le extendió una bendición, los santos óleos y se fue a su parroquia.

    Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó: "¿Falleció en paz?".  "Sí", respondió la hija.  "Cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama.  Me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer compras una hora más tarde ya lo encontré muerto. Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré.  ¿Qué cree usted que pueda significar esto?".

    El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió:  "Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera".
 




EL HILO PRIMORDIAL

    Agosto estaba terminando tibio. Había llovido en la ultima semana y, con el llanto de las nubes, el cielo se había despejado. Cuando se acerca septiembre, suele suceder que el viento de tierra adentro sopla suavemente y a la vez que va entibiando su aliento, logra devolver al cielo todo su azul y su luminosidad.

    Y aquella tarde, pasaje entre agosto y septiembre, el cielo azul se vio poblado por las finas telitas voladoras que los niños llaman Babas del Diablo.  De dónde venían? Para dónde iban? Pienso que venían del territorio de los cuentos, y avanzaban hacia la tierra de los hombres.

    En una de esas telitas, finas y misteriosas como todo nacimiento, venia navegando una arañita. Pequeña: puro futuro e instinto. Volando tan alto, la arañita veía allá muy abajo los campos verdes recién sembrados y dispuestos en praderas. Todo parecía casi ilusión o ensueño para imaginar. Nada era preciso. Todo permitía adivinar más que conocer.

    Pero poco a poco la nave del animalito fue descendiendo hacia la tierra de los hombres. Se fueron haciendo más claras las cosas y más chico el horizonte. Las casas eran ya casi casas, y los árboles frutales podían distinguirse por lo floridos, de los otros que eran frondosos.

    Cuando la tela flotante llegó en su descenso a rozar la altura de los árboles grandes, nuestro animalito se sobresaltó. Porque la enorme mole de los eucaliptos comenzó a pesar misteriosa y amenazadoramente a su lado como grises témpanos de un mar desconocido.

    Y de repente: Tras! Un sacudón conmovió el vuelo y lo detuvo. Qué había pasado?
Simplemente que la nave había encallado en la rama de un árbol y el oleaje del viento la hacia flamear fija en el mismo sitio.

    Pasado el primer susto, la arañita, no sé si por instinto o por una orden misteriosa y ancestral, comenzó a correr por la tela hasta pararse finalmente en el tronco en que había encallado su nave. Y desde allí se largó en vertical buscando la tierra. Su aterrizaje no fue una caída, fue un descenso. Porque un hilo fino pero muy resistente, la acompañó en su trayecto y la mantuvo unida a su punto de partida. Y por ese hilo volvió luego a subir hasta su punto de desembarco.

    Ya era de noche. Y como era pequeña y la tierra le daba miedo, se quedó a dormir en la altura. Por la mañana volvió a repetir su descenso, que esta vez fue para ponerse a construir una pequeña tela que le sirviera en su deseo de atrapar bichitos. Porque la arañita sintió hambre. Hambre y sed.
Su primera emoción fue grande al sentir que un insecto más pequeño que ella había quedado prendido en su tela-trampa. Lo envolvió y lo succionó. Luego, como ya era tarde, volvió a trepar por el hilito primordial, a fin de pasar la noche reencontrándose consigo misma allá en su punto de desembarco.

    Y esto se repitió cada mañana y cada noche. Aunque cada día la tela era más grande, más sólida y más capaz de atrapar bichos mayores. Y siempre que añadía un nuevo círculo a su tela, se veía obligada a utilizar aquel fino hilo primordial a fin de mantenerla tensa, agarrando de él los hilos cuyas otras puntas eran fijadas en ramas, troncos o yuyos que tironeaban para abajo. El hilo ese era el único que tironeaba para arriba. Y por ello lograba mantener tensa toda la estructura de la tela.

    Por supuesto, la arañita no filosofaba demasiado sobre estructuras, tironeos o tensiones. Simplemente obraba con inteligencia y obedecía a la lógica de la vida de su estirpe tejedora. Y cada noche trepaba por el hilo inicial a fin de reencontrarse con su punto de partida.

    Pero un día atrapó un bicho de marca mayor. Fue un banquetazo. Luego de succionarlo (que es algo así como vaciar para apropiarse) se sintió contenta y agotada. Esa noche se dijo que no subiría por el hilo. O no se lo dijo. Simplemente no subió. Y la mañana siguiente vio con sorpresa que por no haber subido, tampoco se veía obligada a descender. Y esto le hizo decidir no tomarse el trabajo del crepúsculo y del amanecer, a fin de dedicar sus fuerzas a la caza y succión de presas que cada día preveía mayores.

    Y así, poco a poco fue olvidándose de su origen, y dejando de recorrer aquel hilito fino y primordial que la unía a su infancia viajera y soñadora. Sólo se preocupaba por los hilos útiles que había que reparar o tejer cada día, debido a que la caza mayor tenía exigencias agotadoras.

    Así amaneció el día fatal. Era una mañana de verano pleno. Se despertó con el sol naciente. La luz rasante irisaba de perlas el rocío cristalizado en gotas en su tela. Y en el centro de su tela radiante, la araña adulta se sintió el centro del mundo. Y comenzó a filosofar. Satisfecha de sí misma, quiso darse a sí misma la razón de todo lo que existía a su alrededor. Ella no sabia que de tanto mirar lo cercano, se había vuelto miope. De tanto preocuparse por lo inmediato y urgente, terminó por olvidar que más allá de ella y del radio de su tela, aun quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría al menos haberlo intuido del hecho de que todas sus presas venían del más allá. Pero también había perdido la capacidad de intuición. Diría que a ella no le interesaba el mundo del más allá; solo le interesaba lo que del más allá llegaba hasta ella y nada más, salvo quizá por su tela cazadora.

    Y mirando su tela, comenzó a encontrarle una finalidad a cada hilo.

    Sabía de donde partían y hacia donde se dirigían. Donde se enganchaban y para que servían.
Hasta que se topó con ese bendito hilo primordial. Intrigada trató de recordar cuando lo había tejido. Y ya no logró recordarlo. Porque a esa altura de la vida los recuerdos, para poder durarle, tenían que estar ligados a alguna presa conquistada. Su memoria era eminentemente utilitarista. Y ese hilo no había apresado nada en todos aquellos meses.

    Se preguntó entonces a donde conduciría. Y tampoco logró darse una respuesta apropiada. Esto le dio rabia.  Caramba! Ella era una araña práctica, científica y técnica. Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos en atardeceres tibios de primavera. O ese hilo servía para algo, o había que eliminarlo. Faltaba más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles a una altura de la vida en que eran tan exigentes las tareas de crecimiento y subsistencia!

    Y le dio tanta rabia el no verle sentido al hilo primordial, que tomándolo entre las pinzas de sus mandíbulas, lo seccionó de un solo golpe.

    Nunca lo hubiera hecho! Al perder su punto de tensión hacia arriba, la tela se cerró como una trampa fatal sobre la araña. Cada cosa recuperó su fuerza disgregadora, y el golpe que azotó a la araña contra el duro suelo, fue terrible. Tan tremendo que la pobre perdió el conocimiento y quedó desmayada sobre la tierra, que esta vez la recibía mortíferamente.

    Cuando empezó a recuperar su conciencia, el sol ya se acercaba a su cenit. La tela pringosa, al resecarse sobre su cuerpo magullado, la iba estrangulando sin compasión y las osamentas de sus presas le trituraban el pecho en un abrazo angustioso y asesino.

    Pronto entró en las tinieblas, sin comprender siquiera que se había suicidado al cortar aquel hilo primordial por el que había tenido su primer contacto con la tierra madre, que ahora seria su tumba.

Conozco realmente cual es el hilo primordial de mi vida?
Lo cuido o lo olvido constantemente?
Desearía encontrarlo? Dónde creo que lo podré encontrar?
Y la oración? Cómo anda mi diálogo con Dios?
Me preocupo por mirar más allá de mi realidad terrena?




HOLA JUAN, SOY JESÚS

    Todos los días al mediodía, un pobre anciano entraba en la iglesia del pueblo y pocos minutos después salía. Un día el sacerdote del lugar le preguntó lo que venía a hacer (pues existían muchos objetos de valor en la parroquia).

    - Vengo a rezar, respondió el anciano.

    - Pero es muy raro, le dijo el sacerdote, que usted consiga rezar tan rápido.

    - Bien, respondió el anciano, yo no sé recitar aquellas oraciones largas, pero todos los días al mediodía, entro en la iglesia y solamente digo "HOLA JESUS, SOY JUAN". En un minuto ya estoy de salida.
Es solamente una pequeña oracioncita, pero tengo la plena seguridad que El me escucha.

    Algunos días después, Juan sufrió un accidente y fue internado en el hospital. En la habitación de la enfermería, pasó a ejercer una gran influencia sobre todos. Los enfermos más tristes se volvieron alegres y muchas risas comenzaron a ser oídas.

    Le dijo un día la religiosa que lo atendía:

    - Los otros enfermos dicen que fue usted quien cambió todo por aquí. Ellos dicen que usted está siempre alegre...

    - Es verdad, estoy siempre alegre. Es por causa de aquella visita que recibo todos los días. Me deja muy feliz!!!.

    La religiosa se quedó sorprendida. Ya se había dado cuenta que la silla al lado de la cama de Juan estaba siempre vacía. Juan era un anciano, sin nadie. Qué visita?, A qué hora?

    - Todos los días al mediodía, respondió Juan con un brillo especial en los ojos. El viene, se queda al lado de mi cama y cuando lo miro, el sonríe y me dice: "HOLA JUAN, SOY JESUS"
 

Queremos que nuestra vida cambie? Queremos hacer la diferencia?
Si deseas estas cosas, debes hacerte una simple pregunta...
¿Recibes tú la misma visita que Juan?.
Tal vez ahí esté la respuesta a tus preguntas...





SABER ORAR

  Cuentan que un humilde zapatero tenía la costumbre de hacer siempre sus oraciones en la mañana, al mediodía y en la tarde. Se servía de un libro de plegarias porque no se sentía capaz de dirigirse al Creador con sus pobres palabras.

Un día, se sintió muy mal porque, estando de viaje, olvidó su libro. Nuestro buen zapatero le dijo entonces a Dios: "Perdóname, Dios mío, porque necesito orar y no sé cómo. Ahora bien, ya que Tú eres un Padre de amor voy a recitar varias veces el alfabeto desde la a hasta la z, y Tú que eres sabio y bueno podrás juntar las letras y sabrás qué es lo que yo te quiero decir". Cuenta la historia que ese día Dios reunió a sus ángeles en el cielo y les dijo conmovido que esa era la más sincera y la más bella de las oraciones que le habían hecho en mucho tiempo.

Una oración con las cualidades de la plegaria que hace milagros, cierra heridas, ilumina, fortalece y acerca los corazones, es decir, una plegaria humilde, confiada, sincera y amorosa. ¡Cuánta necesidad tenemos de estas oraciones! Todos debemos aprender a orar con el corazón, a alabar, a bendecir, a perdonar, a agradecer. Y, claro, a tener bien presente que la oración se ve en la acción, en los buenos frutos y en un compromiso por la justicia y por la paz. En efecto, actuar sin orar es desgastarse y orar sin actuar es engañarse. Por eso comparto con ustedes este comentario al Padre Nuestro, esperando deje valiosas inquietudes en su espíritu:

Di Padre, si cada día te portas como hijo y tratas a los demás como hermanos.

Di Nuestro, si no te aíslas con tu egoísmo.

Di que estás en los cielos, cuando seas espiritual y no pienses sólo en lo material.

Di santificado sea tu Nombre, si amas a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas.

Di venga a nosotros tu Reino, si de verdad Dios es tu rey y trabajas para que Él reine en todas partes.

Di hágase Tu voluntad, si la aceptas y no quieres que sólo se haga la tuya.

Di danos hoy nuestro pan, si sabes compartir con los pobres y con los que sufren.

Di perdona nuestras ofensas, si quieres cambiar y perdonar de corazón.

Di no nos dejes caer en tentación, si de verdad estás decidido a alejarte del mal

Di líbranos del mal, si tu compromiso es por el bien.

Y di Amén si tomas en serio las palabras de esta oración.
 



EL RELOJERO

De esto hace mucho tiempo. Época en la que todavía todo oficio era un arte y una herencia. El hijo aprendía de su padre, lo que éste había sabido por su abuelo. El trabajo heredado terminaba por dar un apellido a la familia. Existían así los Herrero, los Barrero, la familia de Tejedor, etcétera.

Bueno, en aquella época y en un pueblito perdido en la montaña, pasaba más o menos lo mismo que sucedía en todas las otras poblaciones. Las necesidades de la gente eran satisfechas por las diferentes familias que con sus oficios heredados se preocupaban de solucionar todos los problemas. Cada día, el aguador con su familia traía desde el río cercano toda el agua que el pueblito necesitaba. El cantero hacía lo mismo con respecto a las piedras y lajas necesarias para la construcción o reparación de las viviendas. El panadero se ocupaba con los suyos de amasar la harina y hornear el pan que se consumiría. Y así pasaba con el carnicero, el zapatero, el relojero. Cada uno se sentía útil y necesario al aportar lo suyo a las necesidades comunes. Nadie se sentía más que los otros, porque todos eran necesarios.

Pero un día algo vino a turbar la tranquila vida de los pobladores de aquella aldea perdida en la montaña. En un amanecer se sintió a lo lejos el clarín del heraldo que hacía de postillón o correo. El retumbo de los cascos de caballo se fue acercando y finalmente se lo vio doblar la calle que daba entrada al pueblito: un caballo sudoroso que fue frenado justo delante de la puerta de la casa del relojero. El heraldo le entregó un grueso sobre que traía noticias de la capital. Toda la gente se mantuvo a la expectativa a la puerta de sus casas a fin de conocer la importante noticia que seguramente se sabría de un momento al otro.

Y así fue efectivamente. Pronto corrió por todo el pueblo la voz de que desde la capital lo llamaban al relojero para que se hiciera cargo de una enorme herencia que un pariente le había legado. Toda la población quedó consternada. El pueblito se quedaría sin relojero. Todos se sintieron turbados frente a la idea de que desde aquel día, algo faltaría al irse quien se ocupaba de atender los relojes con los que podían conocer la hora exacta.

Al día siguiente una pesada carreta cargada con todas las pertenencias de la familia, cruzaba lentamente el poblado, alejándose quizás para siempre rumbo a la ciudad capital. En ella se marchaba el relojero con toda su gente: el viejo abuelo y los hijos pequeños. Nadie quedaba en el lugar que pudiera entender de relojes.

La gente se sintió huérfana, y comenzó a mirar ansiosamente y a cada rato el reloj de la torre de la Iglesia. Otro tanto hacía cada uno con su propio reloj de bolsillo. Con el pasar de los días el sentimiento comenzó a cambiar. El relojero se había ido y nada había cambiado. Todo seguía en plena normalidad. El aparato de la torre y los de cada uno seguía rítmicamente funcionando y dando la hora sin contratiempo alguno.

- ¡Caramba!- se decía la gente. Nos hemos asustado de gusto. Después de todo, el relojero no era una persona indispensable entre nosotros. Se ha marchado y todo sigue en orden y bien como cuando él estaba aquí. Otra cosa muy distinta hubiera sido sin el panadero. No había porqué preocuparse. Bien se podía vivir sin el ausente.
Y los días fueron pasando, haciéndose meses. De pronto a alguien se le cayó el reloj, y aunque al sacudirlo comenzó a funcionar, desde ese día su manera de señalar la hora ya no era de fiar. Adelantaba o atrasaba sin motivo aparente.

Fue inútil sacudirlo o darle cuerda. La cosa no parecía tener solución. De manera que el propietario del aparato decidió guardarlo en su mesita de luz, y bien pronto lo olvidó al ir amontonando sobre él otras cosas que también iban a para al mismo lugar de descanso.

Y lo que le pasó a esta persona, le fue sucediendo más o menos al resto de los pobladores. En pocos años todos los relojes, por una causa o por otra, dejaron de funcionar normalmente, y con ello ya no fueron de fiar. Recién entonces se comenzó a notar la ausencia del relojero. Pero era inútil lamentarlo. Ya no estaba, y esto sucedía desde hacía varios años. Por ello cada uno guardó su reloj en el cajón de la mesa de luz, y poco a poco lo fue olvidando y arrinconando.
Digo mal al decir que todos hacían esto. Porque hubo alguien que obró de una manera extraña. Su reloj también se descompuso. Dejó de marcar la hora correcta, y ya fue poco menos que inútil. Pero esta persona tenía cariño por aquel objeto que recibiera de sus antepasados, y que lo acompañara cada día con sus exigencias de darle cuerda por la noche, y de marcarle el ritmo de las horas durante la jornada. Por ello no lo abandonó al olvido de las cosas inútiles. Cierto: no le servía de gran cosa. Pero lo mismo, cada noche, antes de acostarse cumplía con el rito de sacar el reloj del cajón, para darle fielmente cuerda a fin de que se mantuviera funcionando. Le corregía la hora más o menos intuitivamente recordando las últimas campanadas del reloj de la iglesia. Luego lo volvía a guardar hasta la noche siguiente en que repetía religiosamente el gesto.

Un buen día, la población fue nuevamente sacudida por una noticia. ¡Retornaba el relojero! Se armó un enorme revuelo. Cada uno comenzó a buscar ansiosamente entre sus cosas olvidadas el reloj abandonado por inútil a fin de hacerlo llegar lo antes posible al que podría arreglárselo. En esta búsqueda aparecieron cartas no contestadas, facturas no pagadas, junto al reloj ya medio oxidado.

Fue inútil. Los viejos engranajes tanto tiempo olvidados, estaban trabados por el óxido y el aceite endurecido. Apenas puestos en funcionamiento, comenzaron a descomponerse nuevamente: a uno se le quebraba la cuerda, a otro se le rompía un eje, al de más allá se le partía un engranaje. No había compostura posible para objetos tanto tiempo detenidos. Se habían definitiva e irremediablemente deteriorado.

Solamente uno de los relojes pudo ser reparado con relativa facilidad. El que se había mantenido en funcionamiento aunque no marcara correctamente la hora. La fidelidad de su dueño que cada noche le diera cuerda, había mantenido su maquinaria lubricada y en buen estado. Bastó con enderezarle el eje torcido y colocar sus piezas en la posición debida, y todo volvió a andar como en sus mejores tiempos.

La fidelidad a un cariño había hecho superar la utilidad, y había mantenido la realidad en espera de tiempos mejores. Ello había posibilitado la recuperación.

La oración pertenece a este tipo de realidades. Tiene mucho de herencia, poco de utilidad a corta distancia, necesidad de fidelidad constante, y capacidad de recuperación plena cuando regrese el relojero.
 



 CUÁNTO PESA UNA ORACIÓN

  Louisse Redden, una dama pobremente vestida con el fracaso reflejado en su mirada, entró a una tienda de comida. Se le acercó al dueño de la tienda de la manera mas humilde y le preguntó si le podría dar crédito para ella poder comprar alimentos. Con suavidad le explicó que su esposo estaba muy enfermo y no podía trabajar, que tenían siete niños y que necesitaban comida.

John Longhouse, el dueño, la puso en ridículo y le pido que se marchara de la tienda. Ella apremiada por la situación de su familia, le dijo: 'Por favor, Señor!' Yo le traeré el dinero tan pronto pueda.

John le dijo que no le podía dar crédito, ya que ella no tenia una cuenta abierta en su tienda. Parado junto al mostrador estaba un cliente que había escuchado la conversación entre los dos. El cliente se acercó y le dijo al dueño que él respondería por las cosas que ella necesitaba para su familia.

El dueño le dijo resueltamente, "¿Tiene usted una lista de lo que necesita?". Louise le respondió: "Si señor", "OK" dijo él, "ponga su lista sobre la balanza y la cantidad que su lista pese se la daré en alimentos". Louise vaciló un momento cabizbaja, entonces entró la mano en su bolsa, sacó un pedazo de papel y escribió algo en él. Con su mirada todavía en el suelo ella puso cuidadosamente el pedazo de papel en la balanza.

Los ojos del dueño y del cliente mostraron sorpresa cuando la balanza bajó por completo y se quedó abajo. El dueño mirando la balanza se volvió al cliente y dijo: "No lo puedo creer!"

El cliente sonrió y el dueño empezó a poner en una bolsa los alimentos al otro lado de la balanza. El otro lado de la balanza no se movió así que él continuó poniendo más y más alimentos hasta que la balanza no pudo más.

El dueño se quedó parado completamente disgustado. Finalmente, cogió el pedazo de papel de la balanza y lo leyó con gran asombro. No era una lista de alimentos, era una oración que decía:

"Querido Señor, tu sabes mis necesidades y yo dejo esto en tus manos." El dueño le dio los alimentos que había puesto en la bolsa sobre la balanza y se quedó parado en un silencio asombroso.

Louise le agradeció y se fue de la tienda. El cliente le tendió un billete de $50 dólares a John diciéndole: "Cada centavo gastado valió la pena." No fue sino hasta un tiempo después que John Longhouse descubrió que la escala había estado rota; por lo tanto, sólo Dios sabe cuánto pesa una oración.


 


¿TIENES TIEMPO?

    Una vez un hombre se levantó por la mañana, pero como era tarde no encontró tiempo para agradecer a Dios por la mañana, y dijo que lo haría en el coche, pero sonó su móvil, había un gran atasco y además iba desayunando, por lo que tampoco encontró tiempo para agradecer en el coche y pensó en hacerlo al llegar a la oficina.

    Llegó a su oficina pero entre las juntas, las llamadas, los e-mails y los compromisos no encontró el tiempo para agradecer y pensó hacerlo en el almuerzo. A esa hora unos compañeros le invitaron a almorzar fuera y pensó en hacerlo cuando volviera, pero recordó que tenía una junta toda la tarde y parte de la noche.

    Al llegar estuvo tan cansado que cayó rendido en su cama y pensó en agradecer la mañana siguiente, la cual no llegó pues tuvo un paro cardíaco durante la noche.

    Este hombre llegó al cielo a pedir que lo dejaran entrar pero un ángel que custodiaba la puerta lo buscó en el libro de la vida y le dijo: "Lo siento pero no puedes entrar, es que hemos estado muy ocupados y no hemos tenido tiempo de inscribirte.



EL ALPINISTA

    Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.

    Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima, le oscureció.

    La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

    Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía  ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

    Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos... Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

    En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo más que gritar:

    "AYUDAME DIOS MIO..."

    De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

    "QUE QUIERES QUE HAGA?"

    "Sálvame Dios mío "

    "REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR? "

    "Por supuesto Señor "

    "ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE..."

    Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y decidió no cortarla.

    Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza a una cuerda... A DOS METROS DEL SUELO...

    ... Y tú ?... Tan confiado estás de tu cuerda?

    ... Por qué no la sueltas ?

 



EL ACUSADO

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.

En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente de reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas posibilidades de escapar al terrible veredicto: ¡¡ La horca !! El Juez, también complotado, cuidó, no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de El tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras "culpable" e "inocente".

Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino. Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE", y la pobre víctima, aun sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.

No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados elevando una ungida oración, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente... "Pero, que hizo...!!, y ¿ahora...? ¿Cómo vamos a saber el veredicto...?!

"Es muy sencillo, respondió el hombre...." Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué..."

Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado salvando la vida milagrosamente.


EL EQUILIBRISTA

    En Nueva York se han construido dos rascacielos impresionantemente altos, a treinta metros de distancia uno del otro. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de estos edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre ella. Antes dijo a la multitud expectante:
 
    -"Me subiré y cruzaré sobre la cuerda, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr"...
 
    - Claro que sí, respondieron todos al mismo tiempo.
 
    Subió por el ascensor y ayudándose de una vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja.
 
    Habiendo logrado la hazaña bajó y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada.
 
    -" Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito su confianza y su fe en mí".
 
    El equilibrista subió por el ascensor y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía.
 
    Entonces el equilibrista bajó y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo:
 
    - "Ahora pasaré por última vez, pero será llevando una carretilla sobre la cuerda... Necesito, más que nunca, que crean y confíen en mí".
 
    La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible...
 
    - Basta que una sola persona confíe en mí y lo haré, afirmó el equilibrista.
 
    Entonces uno de los que estaba atrás gritó:

    - Sí, sí, yo creo en ti; tú puedes. Yo confío en ti...
 
    El equilibrista para certificar su confianza, lo retó:
 
    - "Si de veras confías en mí, vente conmigo y súbete a la carretilla..."
 

Cuando en verdad le creemos a Jesús nos subimos a su cruz,
muriendo a todo aquello que no nos deja vivir.
Este tipo de fe nos permite ver lo invisible y esperar contra toda esperanza,
ya que todo es posible para el que cree.


 

EL BORDADO DE DIOS

Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando.

Yo observaba el trabajo de mi mamá desde una posición más baja que donde estaba sentada ella, así que siempre me quejaba diciéndole que desde mi punto de vista lo que estaba haciendo me parecía muy confuso.

Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: "Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde mi posición".

Me preguntaba porqué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y porqué me parecían tan desordenados desde donde yo estaba. Unos minutos más tarde escuchaba la voz de mi mamá diciéndome: "Hijo, ven y siéntate en mi regazo."

Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo se veía tan confuso. Entonces mi mamá me decía: "Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Había un diseño, sólo lo estaba siguiendo. Ahora míralo desde mi posición y sabrás lo que estaba haciendo."

Muchas veces a lo largo de los años he mirado al Cielo y he dicho:

"Padre, ¿qué estás haciendo?

Él responde: "Estoy bordando tu vida".

Entonces yo le replico:

"Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros, ¿por qué no son más brillantes?".

El Padre parecía decirme:

"Mi niño, ocúpate de tu trabajo... y yo haciendo el mío, un día te traeré al cielo y te pondré sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces entenderás..."


 


LA PAZ PERFECTA

    "Hace mucho tiempo en un reino muy lejano, un rey ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas de todo el imperio lo intentaron.

    El rey observó y admiró una por una todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

    La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que realmente reflejaba la paz perfecta.

    La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas.

    Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el rey observó cuidadosamente, él miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido... Paz perfecta.

    El rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?

    Porque, explicaba el rey, "paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz".

Cuando encuentres la paz en tu interior, encontrarás el equilibrio en tu vida.

 



LÉELO

Un maestro al despedirse de su discípulo, luego de haberle enseñado todo lo que necesitaba para defenderse en la vida, le dijo:

"Mi amado discípulo, ya te he enseñado todo lo necesario para salir triunfante en ésta vida, sin embargo me falta darte este último regalo
(entregándole un trocito de papel doblado). Y añadió:

Cuando estés en los momentos más tristes de tu vida:    Lee el papelito.

Cuando te encuentres en problemas y sientas que no puedes más:    Lee el papelito.

Cuando te sientas incomprendido y muy sólo:    Lee el papelito.

Cuando te sientas la persona más feliz de ésta tierra, y que nada te falta: Lee el papelito.

Cuando te encuentres en los momentos más angustiantes de tu vida:    Lee el papelito.

Entonces luego de escuchar al maestro, el discípulo leyó el papelito y decía:

          "Solo el amor de Dios es eterno, nada más puede perdurar para siempre"
 

Uno de los principales problemas que tenemos los seres humanos, es que le
damos dimensiones de eternidad a los problemas, y creemos que estarán con
nosotros siempre. Cuando tengas un problema muy serio, debes recordar y te
tienes que convencer de que eso va a pasar, y que si hay algo que perdura
para siempre es el amor de Dios, aunque hay situaciones muy duras y tristes
para todos, debes saber que esas cosas van a pasar, y que la vida debe
continuar como lo ha hecho desde la creación del mundo y como seguirá hasta
que se termine.

Recuerda que nunca serás abandonado por tu creador, y que no hay nada que te
pueda apartar de su pensamiento.


EN LOS MOMENTOS DE CRISIS

    Un piloto de avión decía que cuando el avión cae en medio de una tormenta, lo que nunca se debe hacer, es hacer lo que se siente; en medio de la turbulencia, vientos que azotan al avión de todos lados, agregado a la no visibilidad, generan en el piloto un montón de sensaciones como sentir que el avión está girando pero en realidad no lo está haciendo, sentir que desciende, pero en realidad asciende o viceversa. Quizás el piloto conoce la ruta y se puede estar diciendo que si sigue como siente se va a estrellar contra una montaña, pero ellos saben bien que sus sentimientos los engañan, que si responden a ellos de seguro se terminarán estrellando y en esos momentos que podrían decirse de crisis es cuando más tienen que confiar en los instrumentos ciegamente.

    Me imagino que debe ser un momento difícil, es negarse a sí mismo conociendo sus  limitaciones y terminar dependiendo totalmente de los instrumentos.

    La Biblia dice que nuestro corazón puede ser engañoso más que todas las cosas, así que deberíamos aprender como los pilotos, que en los momentos en que nuestra fe está en crisis es cuando menos tenemos que hacer lo que sentimos, por más razonable que nos parezca y buscar del Señor y hacer lo que El nos diga que hagamos por más irrazonable que nos parezca. Será negarnos a nosotros mismos conociendo nuestras limitaciones y terminar dependiendo totalmente del Señor y así llegaremos a buen puerto.



UN ENCUENTRO CON DIOS

Había una vez un pequeño niño que quería conocer a Dios. El sabía que había que hacer un largo viaje hacia donde vivía Dios, entonces empaquetó una maleta con panecillos y un tetrabrick de zumo y emprendió su partida.

Cuando había recorrido cerca de 3 Km., se encontró con una viejecita. Ella estaba sentada en el parque, observando algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta. El estaba a punto de tomar su zumo cuando notó que la viejecita se veía con hambre, entonces él le ofreció un panecillo. Ella lo aceptó muy agradecida. Su sonrisa era tan bella que el niñito quería ver esa sonrisa nuevamente, entonces le ofreció a ella un zumo. Nuevamente ella volvió a esbozar su hermosa sonrisa. El niño estaba encantado.

Ellos se quedaron allí toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de ellos decía palabra alguna.

Cuando empezó a oscurecer, el niño estaba cansado y se levantó para irse. Antes de haber dado unos pasos más, el se dio la vuelta y corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le dio la más grande y hermosa sonrisa.

Cuando el niño abrió la puerta de su casa, su madre estaba sorprendida por la felicidad que el niño demostraba. Ella le preguntó cual era la causa. El le contestó:

- "He comido con Dios. ¿Y sabes qué? Ella tiene la sonrisa mas bella que he visto!". Mientras tanto la viejecita, también con mucha felicidad, regresó a su casa. Su hijo estaba anonadado por la paz que mostraba en su cara y preguntó:

- "Madre, ¿qué hiciste hoy que te ha hecho tan feliz?". Ella contestó:

- "Yo comí panecillos en el parque con Dios. ¿Y sabes qué?, él es más joven de lo que esperaba."

Esta historia nos muestra que tú encuentras a Dios en Todos los lugares y
rostros. Desafortunadamente, muchos de nosotros pasamos la vida buscando una
visita de Dios, sólo para estar muy ocupados para reconocerla cuando la tenemos...




NO ME BUSQUES


Había una señora que todos los días se dirigía a la Iglesia del pueblo para orar desde las siete de la tarde. Era muy puntual y nunca faltaba. Cuando se atrasaba porque las cosas de la casa o la cena le ocupaban más de lo acostumbrado, iba corriendo por la calle para llegar a tiempo.

Tan rápido hacía las cosas para cumplir con el horario de su oración que, muchas veces, trataba mal a la gente en la fila del mercado o caminaba atropellando a los demás. Si algún mendigo le pedía una moneda en la puerta de la Capilla, ni lo miraba; estaba tan apurada que entraba veloz como un rayo.

Un día, "le pasaron todas". Se peleó con el almacenero, porque tardó mucho en hacer la cuenta de las cosas que había comprado; atropelló a una señora que tenía la bolsa llena de patatas y caminaba lentamente; por último, le volvió la cara a unos chicos que se le acercaban para pedirle unos pesos para comprar leche.

En su propia casa, las cosas no anduvieron mejor. Uno de sus hijos le pidió ayuda para hacer una tarea, le dijo que se las arreglara solo. El marido, que había llegado muy cansado de trabajar, tuvo la ocurrencia de conversar un rato con ella, mientras tomaban un café; lo dejó plantado en el patio.

A pesar de todos estos "obstáculos", salió de su casa, llegó a la Iglesia casi a tiempo.... y se encontró con que estaba cerrada.

¡¡ Cómo puede ser !! ¡¡ Le dio una rabia !!.

Se metió por un pasillo lateral que bordeaba la construcción, pero, nada. Todo estaba cerrado.

Volvió a ir por la entrada principal y, precisamente allí, vio que en la puerta del templo había un cartelito clavado con chinches que decía:

"NO ME BUSQUES AQUI... ESTOY ALLÁ AFUERA". JESÚS.

Cuántas veces el Señor Jesucristo nos ha dicho y enseñado sobre la verdadera relación con él, cuántas veces nos ha enseñado sobre el amar a los demás, sobre respetarnos unos a otros, sobre adorar al Padre en espíritu y verdad, entonces, ¿qué nos pasa a veces que caemos en actitudes religiosas?. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos (Santiago 1:22).

Jesucristo mismo en Lucas 6:46 dijo "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?.



LA LUCHA DE LA MARIPOSA

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por poder salir de capullo.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio en el capullo , hasta que llego un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio del capullo para hacerlo más grande y así fue que por fin la mariposa pudo salir.

Sin embargo al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas... Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa, para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

Libertad y vuelo solamente podrán llegar tras la lucha. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud. Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si Dios nos permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como podíamos haberlo sido. ¡Cuánta verdad hay en esto! Cuántas veces hemos querido tomar el camino corto para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser libres.

Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a través de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortalecidos, así como el oro es refinado con el fuego.

Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no debemos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos tener.

No pensemos ni nos enfoquemos en lo que no tenemos, disfrutemos cada instante de cada día por lo que tenemos y nos ha sido dado.


LA HERRAMIENTA FAVORITA 

En una tienda de herramientas, dentro de un estuche de cartón y plástico, colgado en una mampara se encontraba un destornillador, era el último modelo que se había sacado al mercado, su mango estaba pintado de vistosos colores que lo hacían ser bastante llamativo.. cuando caía la noche y toda la gente abandonaba la tienda, las herramientas se ponían a platicar...

-- Hoy vino un electricista y me estuvo observando por varios minutos, seguro que en cuanto junte el dinero viene a comprarme -- platicaba emocionada la caja de herramientas.

-- Pues hoy se vendieron diez de mis hermanos destornilladores, seguramente no tarda en que alguien me compre a mí, somos las herramientas más nuevas y bonitas que hay en toda la tienda -- decía el orgulloso destornillador.

Y tenía razón, al día siguiente un padre de familia, de esos que les gusta hacer un poco de todo y que no contratarían a un plomero o a un electricista hasta no estar seguros de haber dejado sin remedio aquello que querían arreglar por sí mismos con tal de ahorrarse unos centavos.. El señor iba en busca de un nuevo destornillador y nuestro orgulloso amigo resultó ser el afortunado elegido... camino a su nuevo hogar iba pensando en todos los tornillos que atornillaría o destornillaría... . Después de todo él había sido fabricado para hacer eso y le emocionaba cumplir con su destino. Por fin llegó a su nuevo hogar y su dueño lo metió dentro de la caja de herramientas, el destornillador se puso a observar a sus nuevos compañeros, todos lucían sucios y grasientos,

-- Todos lucen terribles, definitivamente soy la herramienta más bella que tiene mi amo, no creo tardar en convertirme en su destornillador favorito--pensaba nuestro amigo, sin embargo se puso a buscar a su competencia, ¿en dónde estaban los otros destornilladores?, no podía encontrarlos.

Después de algunos minutos de búsqueda la llave de tuercas le informó que no había más destornilladores, el único que había se rompió y por eso el dueño tuvo que comprar otro.

Las palabras de la llave de tuercas tranquilizaron al destornillador, él sería el favorito y no tendría competencia.. Al poco tiempo comenzó su trabajo, un día a quitar los tornillos de un contacto eléctrico, al otro a desarmar la plancha y así fue pasando la vida del destornillador, hubo un día en que el amo estaba pintando unas ventanas y quiso revolver la pintura, la única herramienta que se encontraba cerca de él era el destornillador así que lo tomo, lo metió a la lata de pintura y comenzó a revolver. El destornillador estaba confundido, el no estaba hecho para eso, él era un DESTORNILLADOR no un revolvedor, al sacarlo de la lata estaba todo manchado de pintura y eso no le gustaba mucho a un destornillador tan orgulloso de su apariencia.

-- Espero que no tarde mucho antes de que mi amo me lave, no quiero lucir así por el resto de mi vida-- sin embargo ese día nunca llegó y tuvo que vivir manchado por siempre.

En otra ocasión, el dueño estaba clavando unas maderas, cuando sólo le faltaba colocar un clavo se dio cuenta que el martillo se encontraba algo lejos, así que tomó el destornillador y utilizó su mango como martillo. El destornillador sintió dolor, los golpes le dejaron algunas marcas y su apariencia se había deteriorado aún más y así fueron pasando los días, en ocasiones servía como espátula, otras como martillo o como palanca, en una ocasión hasta sirvió de asta de bandera para que el hijo de su amo jugara a los soldaditos, un día se dio cuenta que los colores que tanto orgullo le causaban ya no podrían distinguirse entre tantos rasguños, abolladuras y manchas, pero era el único así que no tenía de que preocuparse...

Casualmente ese mismo día su dueño llegó con un destornillador nuevo, un nuevo modelo con colores aun más vistosos que los que él había tenido cuando era nuevo.. nuestro amigo se preocupó,

-- Ya no me va a utilizar, ahora él va a ser el destornillador favorito, luce mucho mejor que yo -- nuestro amigo se llevó una gran sorpresa al día siguiente cuando se dio cuenta que su amo lo seguía utilizando en sus labores diarias.

Nuestro amigo no entendía lo que pasaba, cada día su apariencia era peor, cada día estaba más maltratado, en cambio su rival lucía totalmente nuevo, bello y lleno de color, simplemente no podía comprender que era lo que pasaba, ¿porque él tenía tanto trabajo y el otro destornillador no?, pronto se llenó de envidia.

-- Todo el trabajo lo hago yo y por eso tengo esta apariencia tan horrible, mi cuerpo esta cansado, en cambio tu no haces nada y por eso luces así de bello, no es justo!! -- le gritó desesperado al otro destornillador, en eso se escuchó la voz de su amo platicando con otra persona.

-- Pero aun no tengo dinero ¿con qué quieres que cubra mi deuda?--

-- Puedes darme algo a cambio del dinero, por ejemplo tu caja de herramientas--

El amo de las herramientas se dirigió a la caja y separó su viejo, manchado y maltratado destornillador y dijo en voz alta, "este destornillador es lo único que me voy a quedar, es mi favorito, me ha servido para muchísimas cosas, el resto de las herramientas son tuyas".

El corazón del viejo destornillador se llenó de alegría, pudo comprender que nunca fue el favorito por su apariencia sino por todo el trabajo que había realizado para su amo, al recordar todo lo que había hecho desde que salió de la tienda se dio cuenta de que no solo había servido para poner y quitar tornillos sino que había servido para muchas otras cosas que jamás imaginó y que gracias a todo eso fue que su amo le tomó mayor aprecio.


Cuando estés cansado, desvelado o enfermo y veas que eres el que más ha trabajado para el único dueño que todos nosotros tenemos no te enojes con el que luce limpio, sano y poco cansado, por el contrario siéntete feliz porque tú eres el favorito, si de pronto te sucede lo que al desarmador, que recibes golpes, rayones, maltratos o trabajos, cansancios, preocupaciones, problemas y responsabilidades con los que otros no tienen que vivir, entonces alégrate de ser la herramienta favorita de Dios porque igual que al destornillador del cuento, puedes estar seguro que en el día de la verdad vas a ser de los seleccionados para quedarse por siempre a acompañarlo en su casa.

La clave está en estar siempre dispuesto a trabajar por Dios en lo que Dios te pida sin importar si fue para eso para lo que te preparaste y sin importar que tanto hayas trabajado por él, por el contrario, preocúpate si tú o tu vida luce demasiado bien debido a que nunca te has preocupado por trabajar para El.

 


ELIGIENDO CRUCES

Este cuento relata la historia de un hombre que hacía ya unos años había abandonado a su familia y a sus amigos, y se había largado a buscar aventuras.

Cierto día de fea llovizna, amargado y cansado, llegó nuestro amigo a la estación de ferrocarril, donde consiguió un permiso para pasar la noche. Comió un poco de estofado que le dio el sereno de la estación, y reconfortado preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la humedad. Se tapó con unas bolsas, se hizo la señal de la cruz y rezó el Padrenuestro, tal como se lo enseñara su madre. Tal vez fue el recuerdo de su madre el que lo hizo pensar en Dios, y como no tenía otro a quien quejarse, se las agarró con el Todopoderoso reprochándole su mala suerte. A él tenían que tocarle todas, parecía que el mismo Dios se las había agarrado con él haciéndolo cargar con todas las cruces del mundo. Y con estos pensamientos se quedó dormido. En un sueño, Dios le dijo: ven amigo, estoy cansado de que los hombres se anden quejando siempre, parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado, así que desde ahora dejo que cada uno elija la cruz que quiera llevar, pero que después no me vengan con quejas, la que elijan la van a tener que llevar sin protesta.

Acabo de recorrer el mundo quitando todas las cruces, y usted va a ser el primero en tener la oportunidad de elegir.

El hombre quedó sorprendido al ver que el lugar estaba lleno de cruces, de todos los tamaños, pesos y formas.

Miró primero para el lado que estaban las más chiquitas, pero le dio vergüenza pedir una tan chiquita, Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó enseguida porque se dio cuenta que no le daba el hombro para tanto. Fue entonces y se decidió por un tamaño medio, ni muy grande ni tan chica. Pero resulta que entre éstas había unas muy pesadas de plomo, y otras ligeritas de cartón. Le dio no sé que elegir una de juguete y tuvo miedo de no poder cargar una de las pesadas. Se quedó con una de peso regular. Pero todavía faltaba tomar otra decisión porque no todas las cruces tenían la misma terminación. Había lisitas y parejas, que se acomodaban perfectamente al hombro y había otras llenas de rugosidades y nudos que al menor movimiento podían sacar heridas.

Se decidió por fin y, tomando una de las medianas en tamaño, la que era regular de peso y tamaño, se dirigió a Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz.

Dios lo miró a los ojos, y le preguntó si estaba seguro de su elección, que lo pensara bien para luego no arrepentirse y venir otra vez con quejas.

Pero el hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que lo había pensado muy bien, que aquella cruz era justa para él.

Dios, casi riéndose le dijo: esa cruz que has elegido es la que has venido llevando hasta el presente. Así que de ahora en adelante carga tu cruz y sígueme, y déjate de protestas que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar bien a mi casa.



LAS GRIETAS

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:

"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir."

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente:

"Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?. Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados. Uno no deja de reír por hacerse viejo, se hace uno viejo por dejar de reír.

REFLEXION:

Callar de sí mismo es humildad.
Callar los defectos ajenos es caridad.
Callar las palabras inútiles es penitencia.
Callar a tiempo es prudencia.
Callar en el dolor es heroísmo.




MANOS QUE ORAN

Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una familia con 18 niños. Para poder poner pan en la mesa para tal prole, el padre, y jefe de la familia, trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.

A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durer tenían un sueño. Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.


Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario.

Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albretch Durer ganó y se fue a estudiar a Nuremberg. Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.


Los grabados de Albretch, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.


Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albretch se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad.

Sus palabras finales fueron: "Y ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti".
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en lágrimas, y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez: "No... no... no...".

Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus lágrimas. Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le dijo suavemente: "No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las
minas han hecho a mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis... mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano... para mí ya es tarde".

Mas de 450 años han pasado desde ese día. Hoy los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albretch Durer pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente la mayoría de las personas, sólo recuerde uno, tal vez hasta tenga uno en su oficina o en su casa.

Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert, Albretch Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a esta maravilla y le cambió el nombre por el de "Manos que oran".




VOLAR SOBRE EL PANTANO

Si sientes que la vida no tiene sentido, que los problemas te están acabando, memoriza esta parábola:

"Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo.

Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta que iba a morir.

En un deseo repentino de salvarse comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado cómo volar, pero enfrentó el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso"

Los problemas son como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te están obligando a elevar el vuelo... o a morir...

Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, no importa los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades que se hayan dejado pasar, no importa la edad, siempre estamos a tiempo para decir basta, para oír la llamada que tenemos de buscar la perfección, para sacudirnos el cieno y volar alto y muy lejos del pantano.


LAS TRES PIPAS

Una vez un miembro de la tribu se presento furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!

El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.

Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.

También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.

Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.

Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.

El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca.

Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo mejor veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho".

El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenia que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tu mismo".


 


DAR SIN RECIBIR

Un día un muchacho muy pobre, quien era vendedor de puerta a puerta para pagar sus estudios, se encontró con solo diez centavos en su bolsillo y tenía mucha hambre. Entonces decidió que en la próxima casa iba a pedir comida. No obstante, perdió su coraje cuando una linda y joven muchacha abrió la puerta.

En lugar de pedir comida pidió un vaso con agua. Ella pensó que el se veía hambriento y le trajo un gran vaso con leche. El se lo tomó lentamente y luego le preguntó, "Cuánto le debo?"
"No me debe nada," ella respondió. "Mi mamá nos enseñó a nunca aceptar pago por bondad." El dijo..."Entonces le agradezco de corazón." Cuando Howard Kelly se fue de esa casa, no solo se sintió más fuerte en sus fuerzas sino también en su fe en Dios y en la humanidad. El ya estaba listo para rendirse y renunciar.

Años más tarde esa joven muchacha se enfermó gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad donde llamaron a especialistas para que estudiaran su rara enfermedad. Uno de esos especialistas era el Dr. Howard Kelly.

Cuando él se dio cuenta del nombre del pueblo de donde ella venía, una extraña luz brilló en sus ojos.Inmediatamente él se levantó y fue al cuarto donde ella estaba. Vestido en sus ropas de doctor fue a verla y la reconoció inmediatamente. Luego volvió a su oficina determinado a hacer lo posible para salvar su vida.

Desde ese día le dio atención especial al caso. Después de una larga lucha, la batalla fue ganada. El Dr. Kelly pidió a la oficina de cobros que le pasaran la cuenta final para darle su aprobación. La miró y luego escribió algo en la esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella sintió temor de abrirla porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida tratando de pagar esa cuenta. Finalmente ella miró, y algo llamó su atención en la esquina de la factura. Ella leyó las siguientes palabras...."Pagado por completo con un vaso de leche."

 


AMAR ES DARSE TODO

El hombre estaba tras el mostrador, mirando la calle distraídamente.

Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.

-"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?". -dijo ella.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

-¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:

- "¿Esto alcanza?".

Eran apenas algunas monedas las que exhibía orgullosa.

-"¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos"

El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.

-"Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado".

Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo. Aún no acababa el día, cuando una linda joven entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:

-"¿Este collar fue comprado aquí? "¿Cuánto costó?

- "Ah!", - habló el dueño del negocio. "El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".

La joven exclamó:

-"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo".

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven y le dijo:

- "Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar: ELLA DIO TODO LO QUE TENÍA".

El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no conoce límites para los gestos de ternura. Agradece siempre, pero no esperes el reconocimiento de nadie. Gratitud con amor no sólo reanima a quien recibe, reconforta a quien ofrece.

 



EL REGALO MÁS GRANDE DEL MUNDO


"El día que mi María José nació, en verdad no sentí gran alegría porque la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener hijo. Yo quería un varón.

A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento. Todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes, todo sería para mi María José."

Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María José. Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, un diálogo que todos escuchamos...

-Papi, cuando cumpla quince años... ¿Cuál será mi regalo?.
-Pero mi amor si apenas tienes diez añitos... ¿No te parece que falta mucho para
esa fecha?.
-Bueno papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.

La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.

Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años.
El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de nueve y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café.

María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de su familia, especialmente en el corazón de su padre. Todo ocurrió un domingo, muy temprano, cuando nos dirigíamos a misa... En ese momento María José tropezó con algo, o eso creímos todos, y ella dio un traspié. Sin embargo, en ese momento no cayó pues su padre la tomó de inmediato, evitando que se lastimara. De cualquier forma, ya instalados en el coche, vimos como María José se tumbó lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. Inmediatamente, buscando un taxi, la llevamos al hospital.

Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debían practicársele otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.

Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él. Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:

- ¿Voy a morir, no es cierto?. Te lo dijeron los médicos.
- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo- respondió el padre.

- ¿Van a algún lugar?. ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas?. ¿Sabes si pueden volver?.

- Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el mas allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
- ¿Al viento?- replicó María José. - ¿Y cómo lo harías?.
- No tengo la menor idea hija, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.

Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón!. ¿Dónde hallaría un corazón?. ¿Lo vendían en la farmacia acaso, en el
supermercado, o en una de esas grandes tiendas que propagan por radio y televisión?. ¡Un corazón!. ¿Dónde?.

Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estuvo operada y todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!.

Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y María José lo comenzó a extrañar. Su mamá tuvo que explicarle que ya que todo estaba bien, a partir de ese momento su papá era quien trabajaría para sostener la familia. María José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron. Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.

María José, mi gran amor:
"Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no poder estar a tu lado en este instante. Cuando supe que ibas a morir sentí que yo también moriría contigo, y me preguntaba ¿qué podía hacer?... después de tanto pensar y sentir mil cosas dentro de mi, decidí finalmente que la mejor manera de hacer algo por ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez años y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna para que hagas con ella lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que en el mundo lo más importante es que quieras vivir, ¡Vive hija!. Te amo!!!!...

También quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu lado, siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más grande y hermoso que Dios me ha dado... siempre estaré contigo, siempre TE AMARÉ..."

María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurró:

-Papi ahora puedo comprender cuanto me amabas, yo también te amo aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir "TE AMO". Y te pido perdón por haber guardado silencio... en ese instante las copas de los árboles se movieron suavemente y cayeron algunas flores.

Sintió María José que un suave viento rozó su cara y una brisa fresca besó sus mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y dio gracias a Dios por eso. Se levantó y caminó a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón "el amor más grande del mundo"...


 
PAPÁ OLVIDA

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me encontraba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar; te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso, te levanté de los cabellos y te empujé violentamente para que fueses a cambiarte de inmediato.

Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del coche llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo sólo te advertí que no hicieras travesuras.

Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puesto unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte, te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indiqué que caminaras erguido. Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque tú no parabas de jugar. Dije que no soportaba más ese escándalo y subí a mi estudio.

Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia. pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer su teatro de indignación, mostrarse tan sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta.

"Adelante" - dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Me volví con seriedad hacia ti. "Ya te vas a dormir? Vienes a despedirte?". No contestaste. Caminaste lentamente, con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suave en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba.

"Hasta mañana, papi" - me dijiste. Me quedé helado en mi silla.

¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueses igual a mí y ciertamente no eras igual. Tú tenías una calidad humana de la que yo carecía; eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabías demostrar amor... ¿Porqué me costaba a mí tanto trabajo? ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba ocurriendo? Yo también fui niño. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme? Después de un rato entré a tu habitación y encendí la luz con sigilo. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé...

Me incliné para rozar con mis labios tus mejillas, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener la congoja y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Es tan difícil aprende a dominarse, a comprender la pureza de nuestros hijos.
Somos los adultos quienes los hacemos temerosos, rencorosos, violentos... Te cubrí cuidadosamente y salí de la habitación.

Si Dios me da otra oportunidad y te permite vivir, algún día, cuando leas esta carta, sabrás que a veces nuestros padres no son perfectos. Pero sobre todo, ojalá que siempre te des cuenta que, pese a todos sus errores, ellos te aman más que a su propia vida.
 



EL CONEJO EN LA LUNA

Ryokan es un monje japonés, famoso por su humor en las cosas del espíritu y por la sencillez de su pobreza. Narra este hermoso cuento, en el que nos recuerda que nuestros mayores sabían ver mas allá de los simples fenómenos naturales y miraban el mundo y la realidad con ojos de fantasía.

Hace muchísimo tiempo, había un mono, una zorra y un conejo que vivían juntos como buenos amigos. Durante el día se divertían en los campos y en los prados y por la noche regresaban al monte.

Así transcurrieron varios años. Pero un día el Señor del cielo oyó hablar de ellos y queriendo comprobarlo con sus propios ojos, se disfrazó de viejo vagabundo y se acercó por aquellas tierras.

“He viajado por valles y montañas, estoy cansado y me faltan fuerzas. ¿Me podrían dar algo de comer?…. dijo, dejando caer su bastón y sentándose a descansar”

El monito, aprovechando su agilidad, salió enseguida a buscar frutos de los árboles y se los trajo. La zorra aprovechando su astucia le trajo peces del río. El conejo corrió por los campos en todas direcciones pero no consiguió encontrar nada. Cuando los tres volvieron, el mono y la zorra se burlaban de el.

“ NO SIRVES PARA NADA “

El conejo se quedó triste y pensativo. Al cabo de un rato, pidió que el mono fuese a recoger leña y a la zorra que encendiese un gran fuego lo que hicieron sin tardanza.

Entonces el conejo le dijo al anciano: “Cómeme, por favor”, y arrojándose al fuego se ofreció en holocausto.

Al ver esto el “viejo vagabundo” experimentó un profundo dolor, y lloró copiosamente mirando al cielo. Luego, golpeando el suelo con su bastón exclamó:

“Todos merecéis mis alabanzas, pues habéis sido buenos y valientes. No hay ni vencedores ni vencidos, pero la prueba de AMOR del conejo ha sido excepcional”

Y volviendo el conejo a su forma original, llevó su cadáver consigo al cielo y lo enterró en el Palacio de la Luna”

Y en las noches de luna llena se ve un conejito.

La extrema pobreza del conejito y la tremenda grandeza de su corazón.
La zorra y el monito ofrecieron su habilidad y destreza pero el conejito se dio él.

 



LOS TRES DESEOS

Este es un cuento viejo. Lo he escuchado mucha veces y de distintas manera. Pertenece a aquellos que han rodado mucho y que vienen muy golpeados.

Erase una noche de invierno. Y en ella una pareja que habitaba un rancho frío, por el que se colaba el viento haciendo parpadear el candil de sebo que lo alumbraba. Don Ciriaco y la Nemesia, su mujer, aparentemente ya no tenían nada que decirse. Hacía años que vivían juntos, y los hijos habían dejado el rancho buscando otros horizontes donde anidar. La ancianidad se les iba acercando despacio como para que tuvieran todo el tiempo de sentirle los pasos cansados.

Se encontraban uno frente al otro, simplemente porque el braserito improvisado con una lata, estaba entre ellos. Sus miradas clavadas en los carbones incandescentes que de vez en cuando chisporroteaban, buscaban mirar realidades muy lejanas. El diálogo ya parecía inútil. Se había desdoblado en dos monólogos interiores en el que cada uno soliloquiaba con sus propios recuerdos.

- ¡Vaya con mi triste suerte! - se decía Ciricaco -. Haber renunciado a tantas cosas por atarme a la Nemesia. Yo era libre. Sólo los caminos eran mi querencia. Anidaba al sereno, y entre el montado y el carguero repartía mi cuerpo y mis cosas en mi libre andar de pago en pago. Pero un día me embretaron los ojos de la Nemesia, y me dejé atrapar. Me aquerenció en este trozo de tierra, y aquí levanté este ranchito lleno de sueños, que ahora se va despojando, yo que podría haber llegado a tener tantas cosas. Yo, que habría podido conocer mundo, aquí estoy, estancado por haber creído que la Nemesia me iba a hacer feliz. Quizá la pobre no pudo dar más. Pero lo mismo. Aquí estoy y es esta mi triste suerte.

También la Nemesia tenía sus recuerdos para rumiar. Ella había sido la flor del pago. Cuántas veces los troperos al pasar habían detenido adrede sus fletes delante del rancho, con cualquier excusa, por el simple deseo de recibir de sus manos el mate cordial y prometedor. Si, recordaba bien aquella tarde en que él, mozo guapo, con montado y carguero de tiro, había pedido humildemente permiso para desensillar en cualquier parte, mientras con la mirada decía bien a las claras, cual era el patio donde quería hacer pie. Tantas cosas había ella soñado aquella noche. Sus ilusiones le habían prometido un futuro feliz, con horizontes infinitamente más amplios que los de aquel rancho que terminaba con la mirada entre los cardos. Lo vio libre, y se imaginó que sería el creador de la libertad. Lo vio fuerte, y lo soñó el distribuidor de la firmeza y la seguridad. No estaba segura de haberse equivocado. Pero sentía pena que no le había podido llenar sus sueños.

Y así estaban los dos, en sus soliloquios, deseando imposibles y desperdiciando oportunidades. Pidiendo a Dios en el secreto de sus corazones todo aquello que creían podría llenar sus anhelos y curar sus frustraciones.

Y Dios los estaba escuchando. Como escucha todo lo que pasa por dentro del corazón de cada uno de nosotros, aunque no nos animemos a sacarlo hecho súplica y palabra. Y Tata Dios en su bondad quiso hacerles dar un paso hacia delante. Eligió a uno de los mejores. Mandó al ángel Gabriel que fuera volando a llevarles su propuesta.
¡Impresionante! A pesar de lo serenito de aquella noche de frío en que las estrellas brillaban como nunca, el rancho fue sacudido por el trueno, y un relámpago lo llenó de luz. La Nemesia se santiguó, como en un conjuro, mientras que Ciriaco levantó instintivamente el brazo izquierdo a la altura de la cara, como si en él tuviera enrollado el poncho.

- ¡Nómbrese a Dios! ¡La paz con ustedes! ¡No tengan miedo! - dijo Gabriel con tono tranquilo, como para infundirles confianza.

No podían creer lo que sus ojos veían a pesar del encandilamiento. En su mismo rancho, un ángel del cielo había aparecido, y les hablaba. Si parecía un sueño. Pero no. Ahí estaba, todo resplandeciente, hecho un temblor de luz, trayéndoles un mensaje del mismo Dios para ellos dos.

- ¡Nómbrese a Dios! ¡La paz esté con ustedes! - volvió a repetir el arcángel San Gabriel -. Vengo de parte de Dios para anunciarles que El ha escuchado lo que ustedes piensan, desean y andan diciéndose en su corazón. Y ahora les manda el siguiente recado: tres deseos se les van a cumplir. Los primeros que ustedes pidan. Usted, doña Nemesia, tiene derecho a pedir individualmente un deseo. El primero que pida en voz alta se le va a cumplir en el acto. Lo mismo para usted, don Ciriaco. Lo primero que se le ocurra en voz alta será cumplido en el acto. Piénselo bien cada uno. Porque más luego, tendrán todavía la oportunidad de un tercer deseo. Pero para que éste se realice tendrán que ponerse de acuerdo los dos y pedirlo en forma conjunta. Ya saben: piénsenlo bien, y que Dios esté con ustedes.

Dichas estas palabras el ángel desapareció como había venido, en medio de luces y temblor de plumas.
Imagínense cómo habrán quedado los dos esposos con semejante sorpresa. No podía hacerse a la idea. Pero al final tomaron conciencia de que la cosa era cierta. La primera en reaccionar fue la Nemesia. Como fuera de sí por la emoción, se levantó de un salto y tomando el banquito donde estaba sentada lo dio vueltas dando la espalda a su esposo, mientras le decía:

- ¡Por favor Ciriaco, no me digas nada, no me hables! Déjame pensar a solas lo que tendré que pedir. - Y luego exclamó para sí: ¡Ay, mi diosito lindo! Quien lo hubiera imaginado! Podré al fin cumplir mis sueños. Esos que el Ciriaco nunca pudo darme.

Y extasiada consigo misma comenzó a pasar a toda velocidad la película de sus sueños, sus deseos y sus ambiciones personales. Pensó en pedir de nuevo la juventud, la belleza, las oportunidades. Luego se imaginó que todo eso era poco. Pediría plata, salud, larga vida. Tampoco así quedaba satisfecha del todo. Debería pedir además amistades, un palacio, vestidos, cantidad de sirvientes, y la oportunidad de hacer fiestas todas las semanas.

Mientras la Nemesia continuaba su soliloquio fantasioso, el Ciriaco hacía más o menos lo mismo. Dando vueltas la cabeza de vaca que le servía de asiento, comenzó a golpearse despacito las botas, mientras soltaba la tropilla de ambiciones por los campos de su imaginación. Ya se veía al trotecito del redomón haciendo punta a su tropilla de un pelo, con madrina zaina y cencerro cantor. La estancia que pensaba pedir no tendría límites, y la hacienda que la poblaría no necesitaría ser contada. Hasta donde diera la vista, campo y cielo, todo sería de don Ciriaco.

En estos y otros pensamientos estaban ambos, mientras la noche seguía su curso y el viento enfriaba cada vez más el interior del rancho. Entumecida por la inmovilidad y la temperatura exterior, la Nemesia volvió a la realidad buscando con los ojos el brasero. Se dio vuelta y volvió a estirar sus manos sobre él para calentarse un poco. Y cayó en la trampa. Al ver aquellas brasas rojas y sobre ellas la parrillita, va y se le cruza el maldito con una tentación haciéndole imaginar un chorizo chirriando sobre los carbones encendidos. Imaginarlo y desearlo es casi lo mismo. Lo peor fue que lo expresó en voz alta:

- ¡Qué hermosas brasas! ¡Cómo me gustaría tener aquí sobre la parrillita un chorizo de dos cuartas de largo asándose!

¡Para qué lo habrá dicho! Aunque ni se le había pasado por la mente que este sería su deseo, de hecho lo fue. Decirlo y suceder fue lo mismo. Porque en ese preciso instante un hermoso chorizo apareció milagrosamente goteando grasa en el centro del brasero, sobre la parrillita.

Nemesia pegó un grito. Pero ya era tarde. Su deseo estaba realizado. Se quedó atónita mirando el fuego y sintiendo el crepitar de las gotitas de grasa al caer sobre las brasas, mientras un humo apetitoso comenzaba a llenar el rancho. Ciriaco, que casi ni había escuchado a su mujer, volvía la realidad con su grito. Fue ver, y darse cuenta de lo sucedido. Y como era hombre de genio arrebatado y de palabra rápida, también él cayó en la trampa que parecía pensada por el mismo Mandinga. Se levantó de un salto y dirigiéndose a su mujer la apostrofó:

- ¡Pero mujer! Tenías que ser siempre la misma. Mira lo que has hecho. Venir a gastar la gran oportunidad de tu vida pidiendo solamente un miserable chorizo. Si sería como para sacarte zumbando ahora mismo del rancho. Tenías que ser tu, siempre la misma arrebatada, incapaz de pensar con la cabeza antes de meter la pata. ¡Cómo me gustaría que este chorizo se te pegar en la nariz y no te lo pudieras sacar!

¡Para qué lo habrá dicho! Porque el hombre no imaginó que al decir aquello estaba expresando en voz alta su primer deseo. De esto solo se percató cuando ante sus ojos asombrados vio cómo el chorizo pegaba un brinco desde el brasero para ir a colgarse de la punta de la nariz de Nemesia. Imagínense el grito de dolor y de rabia de la mujer al sentir que su nariz ardía por la quemadura, lo mismo que sus dedos al querer sacárselo.

La escena que siguió no es para describir, sino para imaginar. Porque ahora le tocó el turno a la Nemesia, que arremetió con todo lo peor de su abundante vocabulario para hacerle sentir al Ciriaco la enormidad de lo que acababa de realizar. Porque no sólo había malgastado también él su oportunidad, sino que lo había hecho provocándole semejante estropicio a ella.

Todo fue inútil para calmarla. El Ciriaco se arrodilló, suplicó, lloró, prometió, quiso hacer que la Nemesia se calmara para reflexionar. Pero nada. Y no era para menos. Gritaba pidiendo que se llamara inmediatamente al ángel para que en forma conjunta le pidieran que se pudiera sacar de su nariz ese maldito chorizo que la estaba martirizando.

Ciriaco sintió que el mundo se le venía abajo. Acababan de desperdiciar ambos su oportunidad personal, y ahora veía con angustia que tendrían que malgastar también la tercera posibilidad de ser felices, simplemente tratando de arreglar el desastre que habían provocado. Pero no le quedaba otra alternativa que ceder. Y con pena cedió.

El ángel fue llamado. Apareció en el pobre rancho llenándolo nuevamente de luz. Escuchó con bondad la súplica compungida del hombre en favor de su mujer, y simplemente dijo:

- ¡Hágase como ustedes han deseado!

En aquel mismo instante todo volvió a estar como al principio. Solamente que a la pobre Nemesia le quedó ardiendo la nariz, y por todo el rancho los cuzcos y perros grandes andaban husmeando en busca del chorizo desaparecido.

A veces se me ocurre pensar que el cuento podría haber terminado diferente, si lo hubiera podido inventar yo. Me lo imaginaría al Ciriaco tomándolo de las manas a la Nemesia, y mirándola profundamente a los ojos, le diría:

- Al fin tengo la oportunidad de cumplir tus sueños. Quisiera saber cuáles son tus esperanzas y anhelos, porque deseo gastar esta gran oportunidad de mi vida, en tu favor.

Emocionada la Nemesia le respondería más o menos de la misma manera. Gastaría su oportunidad pidiendo que se cumplieran los sueños de Ciricaco. Y todavía les quedaría la tercera posibilidad conjunta. Sugiero que la piensen ustedes mismos. Porque este cuento tiene que completarlo cada uno según el momento del cuento en que esté.


24 MANERAS DE AMAR

Cuando a la gente se la habla de que "hay que amarse los unos a los otros" son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿y amar, qué es: un calorcillo en el corazón? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos o semiconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos?
Un amigo mío, Amado Sáez de Ibarra, publicó hace muchos años un folleto que se titulaba "El arte de amar" y en él ofrecía una serie de pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más vividero y, por otro, estiran el corazón de quien los hace.

Siguiendo su ejemplo voy a ofrecer aquí una lista de 24 pequeñas maneras de amar:

- Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.

- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.

- Pensar, por principio, bien de todo el mundo.

- Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían teóricamente.

- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.

- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.

- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.

- Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.

- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.

- Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.

- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.

- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.

- Contestar, si te es posible, a todas las cartas.

- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.

- Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.

- Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.

- Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.

- Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.

- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.

- Dar buenas noticias.

- No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.

- Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.

- Mandar con tono suave. No gritar nunca.

- Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.


DOS LOBOS

Un viejo amerindio estaba hablando con su nieto.

Le decía:
- "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión".

El nieto preguntó:
"Abuelo, dime, Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?"

El abuelo contestó:
- "Aquel que yo alimente" . . .

 


LA RANA Y EL ORGULLO 

Una rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar. "Déjenmelo a mí -dijo la rana-. Tengo un cerebro espléndido". Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la caña por la boca.

A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó: "¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?" Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: "¡A MI!" . Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña, cayó al vacío, y murió.