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Una maestra
quiso demostrar a sus niños de primaria que Dios es un mito. La clase ocurrió así:
MAESTRA: Hoy vamos a aprender que Dios
no existe.
(Entonces, dirigiéndose a uno de los niños dice:) ¿Tito, ves el árbol allá afuera?
TITO: Si, maestra.
MAESTRA: ¿Tito, ves la hierba?
TITO: Si, maestra.
MAESTRA: Vete afuera y mira
hacía arriba y dime si ves el
cielo.
TITO: (Regresando unos minutos mas tarde) Si, vi el cielo, maestra.
MAESTRA: ¿Y vistes a Dios?
TITO: No, maestra.
MAESTRA: Esto
es exactamente mi
punto. Podemos ver todo lo que
existe, pero no podemos ver a Dios porque
El no existe. Es un cuento.
En
ese
momento, María, una compañera de
Tito, pidió
a la maestra si podría hacerle mas
preguntas a Tito.
La maestra, algo
sorprendida, accedió.
MARIA:
¿Tito, ves los árboles afuera?
TITO: Si.
MARIA: ¿ves la
hierba?
TITO: (ya aburrido de
tantas preguntas,
contesta) Siiiiiiiii
MARIA:
¿ves a la maestra?
TITO: Siiiiii
MARIA: Todo lo que existe se
ve, ¿cierto?
TITO: Siiii
MARIA: ¿ves el
cerebro de la maestra?
TITO: Noooo.
MARIA: Entonces, Tito,
según nos han enseñado hoy, ¡nuestra maestra no
tiene cerebro!
Cuando
era joven, mi carácter fuerte, impulsivo y explosivo,
me hacía reventar en
cólera a la menor provocación.
La mayoría de las veces,
después de uno de estos
incidentes,
me sentía avergonzado y
me esforzaba por
consolar a quien había
dañado.
Un día mi maestro, quien
me vio dando excusas a un
compañero de
salón después de una explosión
de ira,
me llevó a un aula, me
entregó una hoja
de papel lisa y me dijo:
"¡Estrújalo!".
Asombrado, obedecí, lo
arrugué e hice con él una
bolita.
Luego me dijo:
"Ahora déjalo como
estaba antes" ...
Por supuesto que no pude
dejarlo como estaba.
Por más que
traté, el papel quedó lleno de
pliegues y arrugas.
El profesor me dijo:
"El corazón de las
personas es como este papel ...
La impresión que dejas
en ellos, será tan difícil
de
borrar como esas arrugas y esos
pliegues que
has hecho en el papel" ...
Así aprendí a ser
más comprensivo y paciente.
Cuando siento ganas de
estallar, recuerdo ese papel arrugado.
La impresión que dejamos
en los demás es
imposible de borrar ...
más aún cuando lastimamos
con nuestras reacciones o con
nuestras palabras ...
Si te
has levantado
de la cama esta mañana… recuerda cuantos no pueden. Un
millón de personas no va a sobrevivir esta semana…
Si
nunca has
experimentado el peligro de una batalla, la soledad del
encarcelamiento, la agonía de la tortura, o la angustia del
hambre… recuerda a 500 millones de tus hermanos que lo sufren en este
momento.
Si
puedes asistir a
la iglesia sin temor de ser acosado, arrestado, torturado, o matado…
recuerda que tres billones de tus hermanos en el mundo no gozan de esa
libertad.
Si
tienes alimentos
en el refrigerador, ropa para ponerte, un techo sobre tu cabeza, y un
lugar donde dormir… recuerda que eres mas rico que el 75% de tus
hermanos.
Si
tienes dinero en
el banco, en tu billetera, y menudo o cambio en algún lugar de
tu casa… estas en el tope del 8% de los ricos del mundo.
Si
tus padres siguen
casados… esto es algo extraordinario en cualquier parte del mundo.
Si
agradeces a Dios
por tantas bendiciones en tu vida y le correspondes de corazón,
eres afortunado pues la mayoría pueden, pero no lo hacen.
Si te
olvidas de ti
mismo y vives para Dios y para tus hermanos, si te acercas a ellos para
compartir tus riquezas espirituales y materiales, has encontrado la
felicidad mas grande.
Si
puedes leer este
mensaje, eres dichoso pues tienes vista y la estás utilizando en
un lugar que alimenta tu fe. Dios te ama. Comparte tu dicha.
Alaba a Dios y se agradecido. Dos billones de personas en el mundo ni
siquiera pueden leer muchos millones mas son ciegos.
Ten
un buen
día, cuenta tus bendiciones, y compártelas. Comparte
también este mensaje.
PAGADO CON
UN VASO DE LECHE
Un joven que pagaba
sus estudios trabajando de vendedor
ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para
almorzar. Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar
y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No
obstante, perdió su nervio cuando una hermosa joven le
abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un
vaso de agua.
Ella, sin embargo,
se apiadó de el y le trajo un
vaso de leche. El se lo tomó tímidamente y
preguntó, "¿Cuanto le debo?". - "No me debe nada,"
respondió ella. "Mi madre nos enseñó a nunca
aceptar pago por hacer un favor." "Entonces le agradezco de
corazón.", respondió el joven.
Aquel joven llamado
Howard Kelly se fue de
aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino
también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del
incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.
Muchos años
mas tarde aquella joven, ya mayor,
se enfermo gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados.
Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba
un famoso especialista en aquella enfermedad.
Cuando el
médico se dio cuenta del nombre de su
nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se
levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente.
Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar
su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó.
Por su parte la
señora andaba muy preocupada
sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería
astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió
órdenes que le pasaran a el la cuenta final. Después de
examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que
fuese enviada a la señora.
Ella abrió
aquella cuenta con gran temor,
pensando que pasaría el resto de sus días
pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró
cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:
Todo
Pagado por completo con un
vaso de leche.
Firmado: Dr. Howard Kelly.
POR UNA PESETA
Hace años un predicador se mudó
para Houston, Texas. Poco después, se montó en un
autobús para ir al centro de la
ciudad. Al
sentarse, descubrió que el chofer le había
dado una peseta de más en el cambio.
Mientras consideraba que hacer, pensó para si mismo, "Ah,
olvídalo, es solo una peseta. ¿Quien se va a preocupar
por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de autobús recibe
mucho de las tarifas y no
la
echarán de
menos. Acéptalo
como un regalo de Dios." Pero cuando llegó a su
parada,
se detuvo y, pensando de nuevo,
decidió darle la peseta al conductor diciéndole, "Tome, usted me dio esta
peseta de más."
El conductor, con una sonrisa le
respondió, "Se que eres el nuevo
predicador
del pueblo. He pensando regresar a la
iglesia y quería ver que usted
haría si
yo le daba demasiado cambio”
Se
bajó el predicador sacudido por dentro y dijo: "Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una peseta."
Nuestras vidas serán la única Biblia
que algunos jamás leerán.
Había
una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al
rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se
dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era
siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar.
Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto?¿Qué
secreto, Majestad?¿Cuál es el secreto de tu
alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!. No me
mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una
mentira.
No le miento,
Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué
está siempre alegre y feliz? ¿Por qué? Majestad,
no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me
honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos
viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y
alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con
algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no
estar feliz? Si no me dices ya mismo el secreto, te haré
decapitar, dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has
dado!!!! Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me
gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo
esté ocultando...Vete, ¡Vete antes de que llame al
verdugo!
El sirviente
sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de
la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió
explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado,
usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los
cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de
sus asesores y le contó su conversación de la
mañana. ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad,
lo que sucede es que él está fuera del
círculo..¿Fuera del círculo? Así es.
¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo
hace infeliz.
-A ver si
entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
-Así es.
-¿Y cómo salió?
-Nunca entró
-¿Qué circulo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que
entendiera,
sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, obliguémoslo a entrar.
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad.
-Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
Son pocos los hombres tan grandes que sean capaces de resistir.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su
infelicidad?
-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.
-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá
salir?
-Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. Les
llamamos "santos".
-Que esperas, hagamos la prueba.
-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente
sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener
preparada una
bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos.
¡99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si
acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
-Hasta la noche.
Así
fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se
escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa
del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se
encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa
y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es
el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a
nadie cómo lo encontraste.”Luego ató la bolsa con el
papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a
esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban
desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente
vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar
el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa
contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se
arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente
había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado
sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el
contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo
que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas,
tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje
las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz
de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas
de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas
de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro,
cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que
formó la última pila: 9 monedas !!!Su mirada
recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego
el piso y finalmente la bolsa.“No puede ser”, pensó. Puso la
última pila al lado de las otras y confirmó que era
más baja.¡Me robaron -gritó- me robaron,
malditos!!Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la
bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los
muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como
burlándose de él, una montañita resplandeciente le
recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99
monedas. Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda.
Noventa y nueve no es un número completo, pensaba- Cien es un
número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su
asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma,
estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se
habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un
horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente
guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para
ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre
la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó
a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría
que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número
cien?.Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a
trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no
necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre
puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con
cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que
recibía, en once o doce años juntaría
lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el
pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo,
él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde,
podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por
ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de
su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera
llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo
por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida
habría para vender.... vender.... Vender.... estaba haciendo
calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?¿Para
qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en
cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El
rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en
el círculo del 99... Durante los siguientes meses, el sirviente
siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una
mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las
puertas, refunfuñando y amargado.¿Qué te pasa?-
preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa.
Antes, no
hace
mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo,
¿No? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su
bufón y su juglar también? No pasó mucho tiempo
antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un
paje del círculo del 99.
¿ERES
UNA ZANAHORIA,UN HUEVO O CAFE?
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y
cómo las
cosas le resultaban tan difíciles. No
sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de
luchar. Parecía que cuando solucionaba
un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.
Allí llenó tres ollas con agua y
las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó
zanahorias, en otra colocó huevos y en la
última colocó granos de café. Las dejó
hervir sin decir palabra.
La
hija esperó impacientemente, preguntándose qué
estaría haciendo su padre. A los veinte
minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los
huevos y los colocó en otro plato.
Finalmente, coló el café y lo
puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija
le dijo: "Querida, ¿qué ves?"
-"Zanahorias,
huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse
y le pidió que tocara las zanahorias. Ella
lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle
la cáscara, observó el huevo duro.
Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió
mientras disfrutaba de
su rico aroma. Humildemente la hija
preguntó: "¿Qué significa esto, padre?"
El le
explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma
adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma
diferente. La zanahoria llegó al agua
fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de
deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su
cáscara fina protegía su interior líquido; pero
después de estar en agua hirviendo, su
interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de
estar en agua hirviendo, habían cambiado al
agua.
"¿Cual
eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando
la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?
¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando
la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con
un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido,
pero después de una muerte, una separación, o un despido
te has vuelto duro y rígido? Por fuera
te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero,
con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O
eres como un grano de café? El café cambia al
agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al
punto de ebullición el café alcanza
su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas
se ponen peor tú reaccionas mejor y
haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
Y
tú,¿cual de los tres eres?
LA
CARGA QUE SE HIZO DULCE
Después
de
crear la luz, las estrellas, el sol, la luna, el agua, las nubes y la
tierra; Dios quiso crear los seres vivos, y empezó con las
plantas. Y así creó la hierba que la hizo verde, fresca y
suave. Viendo que era buena se animó y creó las flores
dando rienda suelta a su imaginación (figuraos lo que puede dar
de sí la imaginación de Dios) y las hizo de todos los
colores tamaños y formas. Aquí también
quedó satisfecho, así que pensó en avanzar un poco
más y formó los arbustos y matorrales más duros y
resistentes. Y cuando ya había ensayado con el herbaje las
flores y los arbustos, decidió culminarlo todo con la obra
maestra de los vegetales e hizo los árboles. Uno alto, espigado,
con hojas pequeñas y gruesas, y el tronco resinoso. Era bonito,
pero Dios quiso hacer otro mejor aún, así que puso todo
su amor e hizo otro con tronco mucho más grueso, con unas ramas
que se abrían y bifurcaban infinitas veces formando ramas
inmensas llenas de hojas. ¡Y qué hojas! Grandes, con forma
de estrella, y de un verde, que al soplar el viento producían
unos brillos de lentejuelas y un susurrar que calmaba al más
espírico. Y todo ello sustentado por raíces tan grandes y
fuertes que sobresalían de la tierra. Y tal era el aspecto del
nuevo árbol que daba la impresión de que si no estuvieran
ahí, todo el árbol
subiría a los cielos. Era, con mucho, el más bonito de
todo el Jardín del Edén. Tanto era así que los
pájaros, cuando todo estuvo creado, buscaban sus ramas para
anidar, las ardillas buscaban las rugosidades de su corteza para
cobijarse, todo tipo de animales buscaban sombra bajo sus ramas, se
rascaban en su tronco. Todos estaban muy felices con ese árbol
tan bonito. Todos... menos él. Siempre estaba
refunfuñando y de mal humor. Un día Dios le
preguntó el motivo de su enfurecimiento y él le dijo
-¿Por qué me has maldecido así? ¿Qué
he hecho yo? No comprendo que afrenta te habré causado para que
me pongas estas ramas tan grandes y pesadas, que encima tienen que
soportar estas infinitas y enormes hojas que son muchas más de
las que puedo cargar. ¡¿No ves que pesan mucho?! El otro
árbol lleva con ligereza esas hojitas minúsculas que le
has dado, pero yo debo cargar con semejante lastre. Me has hecho mal.
¡No quiero estas hojas! Dios, al ver su cerrazón le dijo:
- De acuerdo, si crees que es lo mejor así sea. A partir de
mañana no tendrás hojas. El árbol se quedó
encantado ante la idea y esa noche durmió feliz y esperanzado.
Por la mañana se llenó de júbilo al ver que todas
sus hojas estaban secas en el suelo. Pero pronto su alegría se
tornó en tristeza. Ya nadie iba a acogerse bajo su sombra, las
ardillas ya no correteaban por él, los pájaros ya no
anidaban sobre sus ramas... Bien es cierto que antes eran un incordio
con sus piares, sus arañazos, su continua presencia no le dejaba
descansar, pero... estaba ahora tan solo, y pasaba tanto frío
que empezó a llorar. Tanto lloró que Dios se
apiadó de él y le dijo: -Ahora te das cuenta de tu gran
soberbia y comprendes que no hay nadie más sabio que Yo. Esas
hojas que te di eran precisamente lo que te hacía el ser el
más deseado. ¿No compensaba eso con creces el peso de las
hojas? ¿No te das cuenta de que ya te había dado yo
fuertes ramas para sujetar semejante follaje? Voy a devolverte tus
hojas, pero para que no se te olvide tu osadía, todos
los años, en invierno te quitaré tus hojas, y para que
compruebes Mi misericordia te las devolveré en primavera, y
así el resto de los animales podrán volver a disfrutar de
tu sombra. Y así fue. Y el árbol, cada vez que apreciaba
el peso de sus hojas se alegraba al pensar en la gran suerte que
tenía al llevar semejante peso. Y esto se transmitió de
generación en generación entre todas las familias de los
árboles descendientes de aquel árbol. Y es por eso que
aún hoy hay árboles a los que se les caen las hojas.
Tus Acciones Te Delatan
Hace años un sacerdote
se mudó para Houston, Texas. Poco después, se montó en un
autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse,
descubrió que el chofer le había
dado una moneda de 25 centavos de más en el cambio.
Mientras consideraba que hacer, pensó para sí mismo:
"¡Ah!, olvídalo, son sólo
25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca
cantidad? De todas formas la
compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y
no la echarán de menos. Acéptalo
como un regalo de Dios".
Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo,
decidió darle la moneda al conductor
diciéndole: "Tome, usted me dio 25 centavos de
más".
El conductor, con una sonrisa le respondió: "Sé que es el
nuevo sacerdote. He pensando regresar a la
Iglesia y quería ver que haría
usted si yo le daba demasiado cambio".
Se bajó el sacerdote sacudido por dentro y dijo: "¡Oh
Dios!, por poco vendo a Tu Hijo por 25
centavos."
Tus acciones son vistas por todos.
¿Que
testimonio das por Cristo?
... como un
billete de $10 parece tan grande cuando lo llevas a la Iglesia y tan
pequeño cuando lo llevas a las tiendas.
.... cuán larga parece una hora cuando servimos a Dios, pero
qué corta cuando vemos nuestro programa favorito.
.... qué difícil nos vienen las palabras al rezar y
cuán fácil cuando hablamos con un amigo.
.... cuánto nos emocionamos cuando un partido de futbol se
extiende a tiempos extras y cuánto nos quejamos cuando una misa
es mas larga de lo usual.
.... lo difícil que es leer un capítulo de la
Biblia, pero qué fácil leemos100 páginas de una
novela popular o de un periódico deportivo.
.... cómo las personas desean los asientos del frente en
cualquier juego o concierto, pero cómo hasta se esfuerzan para
buscar asientos en la parte de atrás de la Iglesia.
...
qué necesitemos 2 ó 3 semanas de aviso para responder a
un evento de la Iglesia pero ajustamos nuestros compromisos sin previo
aviso para otros eventos aunque sea en el último momento.
.... lo difícil que es aprender una verdad simple del Evangelio
para compartirla con otros, pero qué fácil que es para la
misma persona entender y repetir un chisme.
.... cómo creemos lo que dicen los periódicos pero
cuestionamos lo que dice la Biblia.
... cómo podemos enviar miles de chistes por correo
electrónico y se esparcen como reguero de pólvora, pero
cuando empezamos a enviar mensajes acerca de Dios, la gente lo piensa
dos veces antes de compartirlos.
...que
en nuestros países cristianos los sitios mas visitados en el
internet son los que ofenden al Señor.
... que
muchos sean tan cuidadosos para
escoger lo que entra en su estómago pero no se preocupan de lo
que entra en su mente o en su
corazón.
....
que todos quieran ir al cielo y pocos se preocupan de vivir las
exigencias del evangelio necesarias para lograrlo.
Es
extraño, ¿no te parece?
Desde una isla remota, el
único
sobreviviente de un naufragio oraba
fervientemente, pidiendo a Dios que lo rescatara, y todos los
días revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta
nunca llegaba.
Cansado, eventualmente empezó a construir una pequeña
cabañita para protegerse, y proteger sus pocas posesiones. Un día, después de andar buscando
comida, encontró la pequeña choza en llamas, el humo
subía hacia el cielo. Todo lo perdió en
aquel incendio. Confundido y enojado con
Dios le decía: “¿Cómo pudiste hacerme esto?” y se
quedó dormido sobre la arena.
Temprano en la mañana del siguiente día, escuchó
asombrado la sirena de un barco que se acercaba
a la isla. Venían a rescatarlo. Les
preguntó, ¿Cómo sabían que yo estaba
aquí?. Y sus rescatadores le contestaron,
"vimos las señales de humo que nos
hiciste...."
Moraleja: Permite que Dios actúe aunque no
entiendas
sus caminos.
SEMILLAS
Anoche
tuve un sueño raro: En la plaza mayor de
la ciudad habían abierto una tienda nueva. El rótulo
decía: "Regalos de Dios". Entré: Un ángel
atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté:
-
¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor?
- Ofrezco cualquier don de Dios.
- ¿Cobras muy caro?
- No, los dones de Dios son gratis. Miré los grandes estantes;
estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de
esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo
tenía gran necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor
y le dije al ángel:
- Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un
bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.
Mucho me sorprendí cuando vi que el ángel, de todo lo que
yo le había pedido, me había hecho un solo paquete; y el
paquete allí estaba en el mostrador, un paquete tan
pequeño como el tamaño de mi corazón.
- ¿Será posible? - pregunté - ¿Esto es
todo? El ángel me explicó:
- Es todo, Dios nunca da frutos maduros; El sólo da
pequeñas semillas, que cada quien debe cultivar.
Un barbero
le decía a su
cliente mientras le recortaba el pelo:
- Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted
dice.
- Pero, ¿por qué dice usted eso? -pregunta el cliente.
- Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse
cuenta de que Dios no existe. O... dígame, ¿acaso si Dios
existiera, habría tantos enfermos?
¿Habría niños abandonados? Si
Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo
pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder
para evitar una discusión. El
barbero terminó su trabajo y, recién abandonaba la barbería, vio en
la calle a un hombre con la barba y el cabello
largo; se veía muy desarreglado. Entonces
entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.
- ¿Sabe una cosa? ¡Los barberos no
existen!.
- ¿Cómo que no existen? -pregunta
el barbero- Si aquí estoy yo y soy barbero.
- ¡No! -dijo el cliente- no existen, porque si existieran barberos no habría personas con el pelo y la
barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.
- Ah, los barberos si existen, lo que pasa es que esas personas no
vienen hacia mi.
- ¡Exacto! -dijo el cliente- Lo mismo ocurre con
Dios. Las personas no van a Dios y por
eso hay tanto dolor y miseria.
YO PUEDO
HACER MAS QUE ESO
La madre, de
26 años de edad, se paró al lado de la cama de su hijito
de 6 años, que estaba muriendo de leucemia. Aunque su
corazón estaba lleno de tristeza y angustia, ella también
tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como
cualquier otra madre, ella quería que su hijo creciera y
realizara sus sueños. Ahora, eso no sería más
posible, por causa de la leucemia terminal. Pero, aún
así, ella todavía quería que aquel sueño de
su hijo se transformara en realidad.
Ella
tomó la mano de su hijo y le preguntó:
- Billy,
¿pensaste ya alguna vez en lo que te
gustaría ser cuando crezcas? ¿Soñaste ya lo que te gustaría hacer con tu vida?
- Mamá,
siempre quise ser un bombero, la madre
sonrió y dijo:
- Vamos a ver
si podemos transformar ese sueño en realidad.
Más
tarde, ese mismo día, ella fue al cuerpo de bomberos local, en la ciudad de Phoenix, Arizona, donde se
encontró con un bombero de gran corazón, llamado Bob.
Ella explicó la situación de su hijo, su último
deseo, y le
preguntó si sería posible dar una vuelta en el
camión de bomberos con su hijito de seis años, alrededor
de la manzana.
El bombero Bob
dijo:
- Mire,
¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Si tienes tu hijo
listo, a las siete horas de la mañana, el próximo
miércoles, nosotros lo haremos un bombero honorario
por todo el día. ¡Él podrá venir al cuartel, comer con nosotros, salir para atender las
llamadas de incendio! Y si nos das sus medidas, nosotros le
conseguiremos un uniforme de verdad, con sombrero, con el emblema de
nuestro batallón, un saco amarillo igual al que vestimos y
también botas. Ellos son todos confeccionados aquí mismo
en la ciudad y los conseguiremos rápidamente. Tres días
después, el bombero Bob buscó al niño, lo
vistió en su uniforme de bombero y lo escoltaron desde la cama
del hospital hasta el camión de
bomberos. Billy se sentó en la parte de atrás del
camión, y lo llevaron hasta el cuartel central.
El estaba en
el cielo. Ocurrieron tres llamadas aquel día, en la ciudad de
Phoenix, y Billy acompañó a todos. En cada llamada, el fue en vehículos diferentes: en el
camión tanque, en la van de los paramédicos y hasta en el
coche especial del jefe del cuerpo de bomberos. El también fue
filmado por el programa de televisión local. Tuvo su
sueño realizado. Todo el amor y atención que le dieron lo
tocó tan profundamente, que Billy vivió tres meses
más de lo que todos los médicos habían previsto.
Una noche,
todas sus funciones vitales empezaron a caer dramáticamente
y la enfermera-jefe, que creía en el concepto de que nadie
debería morir solo, empezó a llamar al hospital a toda la
familia. Entonces, ella recordó el día que Billy
había pasado como un bombero, y llamó al jefe,
preguntando si sería posible enviar algún bombero al
hospital, en ese momento difícil, para
quedarse con el niño.
El jefe de los
bomberos contestó:
¡NOSOTROS
PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! estaremos ahí en cinco
minutos. Y hágame un favor. Cuando escuche las sirenas y vea las
luces de nuestros autos, avise al sistema de seguridad que no se trata
de un incendio. Solamente es el cuerpo de
bomberos que viene a visitar, una vez más, a uno de sus
más distinguidos integrantes. ¿Y
podrías abrir la ventana de su habitación? ¡Gracias!
Cinco minutos
después, una van y un camión con escalera telescópica
llegaron al hospital, extendieron la escalera hasta el piso donde
estaba el niño y 16 bomberos subieron hasta su cuarto. Con el
permiso de la madre, ellos lo abrazaron, lo
tomaron en los brazos y dijeron lo mucho que ellos lo amaban.
Con un suspiro
final, Billy miró al jefe y preguntó:
- Jefe,
¿yo realmente soy un bombero?
- Billy,
¡eres uno de los mejores! dijo el jefe.
Con estas
palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última
vez.
EL
VERDADERO
AMOR
Un
sabio maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes
que se declaraban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban
que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y
que es preferible acabar con la relación cuando éste se
apaga en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.
El
maestro les escuchó con atención y después les
relató un testimonio personal:
- Mis
padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi
mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el
desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la
alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la
subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el
hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda
agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había
fallecido.
Durante
el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no
lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En
un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas.
Él pidió a mi hermano teólogo
que dijera algunas reflexión sobre la muerte y la eternidad. Mi
hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte.
Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió
"llévenme al cementerio".
"Papá"
respondimos "¡Son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio
ahora!" Alzó
la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por
favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue
su esposa por 55 años". Se produjo un momento de
respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio,
pedimos permiso al velador y, con una linterna llegamos a la
lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus
hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos
años...¿saben?, Nadie puede hablar del amor verdadero si
no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así".
Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos
en todo. Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando me
echaron de mi trabajo, cuando ustedes enfermaban",
continuó "Siempre estuvimos juntos. Compartimos la
alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos
uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la
sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos
abrazamos y perdonamos nuestras faltas... hijos, ahora se ha ido y
estoy contento, ¿saben por que?, porque se fue antes que yo, no
tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse
sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y
le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que
sufriera..."
Cuando
mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el
rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos
consoló:
- "Todo
está bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen
día". Esa noche entendí lo que es el verdadero amor.
Dista mucho del romanticismo y no tiene que ver con el erotismo.
Más bien es una comunión de corazones que es posible
porque somos imagen de Dios. Es una alianza que va mucho mas
allá de los sentidos y es capaz de sufrir y negarse cualquier
cosa por el otro."
Cuando
el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios
no pudieron debatirle. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero,
aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato,
podían presentir que estaban ante el amor verdadero. El maestro
les había dado la lección mas importante de sus vidas.
John X se
levantó del banco, arregló su uniforme, y estudió
la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran
Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón
él conocía pero cuya cara nunca había visto, la
chica de la rosa.
Su
interés en
ella había comenzado 13 meses antes, en una Biblioteca de
Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no
por las palabras del libro, sino por las notas escritas en el margen.
La escritura reflejaba un alma pura, de grandes valores y capaz de
grandes sacrificios. En la contraportada del libro descubrió el
nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell.
Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección en Nueva
York. Él le escribió una carta para presentarse y para
invitarla a corresponderle.
Al día
siguiente John fue enviado en barco para servir en la Segunda Guerra
Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a
través del correo, y un romance fue creciendo. John le
pidió una fotografía, pero ella se negó porque
sentía que una relación verdadera no se puede fundamentar
en apariencias.
Cuando por
fin
llegó el día en que él regresaría de
Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 PM en la Gran
Estación Central de Nueva York. "Tú me conocerás"
dijo ella, "por la rosa roja que llevaré en la solapa".
Así
que a las
7:00 PM, puntual, John estaba en la estación buscándola.
Dejaré
que el
señor "X" les diga lo que sucedió:
"Una joven
vino
hacia mí, su figura era alta y esbelta. Su cabello rubio y
rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos
eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían
una gentil firmeza y en su traje verde pálido lucía como
la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme
cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una
pequeña sonrisa curvó sus labios: "¿Buscas a
alguien marinero?" murmuró la dama. Casi incontrolablemente di
un paso hacia ella y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba
parada casi directamente detrás de la chica, con la rosa en la
solapa. Una mujer, ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo y
algo gruesa.
La chica del
traje
verde se iba rápidamente. Sentí como si me partieran en
dos: mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez mi tan profundo anhelo
por la mujer de corazón puro que por correspondencia me
había acompañado y apoyado durante tiempos
difíciles. Y ahí estaba ella, tenía un aspecto
amigable y sereno.
No puedo
negar que
me sentí de pronto decepcionado. Pero enseguida comprendí
que ese sentimiento respondía sólo a la pasión y
la fantasía. Contradecía todo lo que precisamente, con la
ayuda de Miss Maynell, había descubierto sobre el amor
verdadero. Fue por eso que di el paso y la saludé con
auténtico entusiasmo. Es cierto, esto no sería romance, pero sería algo
preciado, algo quizás mejor que el romance, una amistad por la
que había y debía estar siempre agradecido.
"Soy
el Teniente John X, y usted debe ser la Srta. Maynell. ¿la puedo
llevar a cenar?" "Muchas gracias, dijo la mujer, pero usted busca a mi
hija, es la joven con el vestido verde que se acaba de ir. Me
entregó su rosa y me dijo que si usted me invitaba a cenar se la
entregase para que usted se la lleve. Lo está esperando en el
restaurante de enfrente."
Aquel
encuentro ocurrió al fin de la Guerra Mundial, hace más
de 50 años. John y Maynell son ya muy ancianos pero los
años solo han aumentado aquel amor probado que resultó
ser verdadero.
SOBREVIVE
A LA GUERRA Y MUERE POR FALTA DE AMOR
Al regresar de la
Guerra de Vietnam, un soldado
telefoneó a sus padres desde San Francisco: -"Mamá,
Papá: Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un
favor. Traigo a un amigo que me gustaría se quedara con
nosotros".
-"Claro que
sí", le contestaron llenos de
alegría por su regreso, "Nos encantaría conocerlo."
-"Pero hay algo que
deben saber", el hijo,
siguió diciendo, "mi amigo fue gravemente herido en la guerra.
Pisó una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna.
Sus padres no lo quieren. No tiene donde ir y quiero que se venga a
vivir con nosotros a casa"
-"Siento mucho el
escuchar eso, hijo. A lo mejor
podemos encontrar un lugar en donde el se pueda quedar."
-"No, mamá y
papá, yo quiero que el viva
con nosotros y que seamos su familia."
-"Hijo," le dijo el
padre, "tú no sabes lo que
estas pidiendo. Una persona tan limitada físicamente
sería un gran peso para nosotros. Tenemos nuestras propias
vidas que vivir y no podríamos cuidarle adecuadamente. Yo pienso
que estás demasiado afectado con ese caso. Deberías
regresar a casa y olvidarte de él. Tú amigo
encontrará una manera en la que pueda vivir el solo.
Además él es la responsabilidad del gobierno y puede
ingresar en un lugar para veteranos de guerra. Para eso pagamos
impuestos."
Al oír esas
palabras, el hijo colgó el
teléfono. Los padres no volvieron a saber nada de él
hasta que unos días mas tarde recibieron una llamada
telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo
había muerto al caer de la ventana de un edificio. La
policía creía que era un suicidio. Los padres,
destrozados por la noticia, volaron a San Francisco y fueron llevados a
la morgue de la ciudad para que identificaran a su hijo. Con horror,
descubrieron que su hijo tan solo tenía un brazo y una pierna.
El representante del ejército les relató algo que el
joven había querido mantener en secreto:
Había sufrido los efectos de la explosión de una
mina. El mismo era el "amigo" y quería saber de antemano
si sus padres de verdaderamente lo aceptarían.
Lamentablemente, al percibir la negativa, se suicidó desesperado.
Reflexión:
La
desesperación y el suicidio jamás son el camino.
Jesús nos ama y nos acoge tal cual somos y si le entregamos
nuestra vida miserable, El nos lleva a la casa del Padre. Pero muchas
personas necesitan de nuestra acogida para comprender ese amor
divino.
Los
padres de esta
historia son como muchos de
nosotros. Encontramos muy fácil amar a quienes nos resultan
atractivos, pero rechazamos a los que retan nuestro egoísmo y
nos causan inconveniencias.
Como
cualquier buena
mamá, cuando Karen supo que estaba esperando un
bebé, hizo lo que pudo para ayudar a su
hijo Michael de tres años a
prepararse para una nueva etapa en su vida.
Supieron
que el
nuevo bebe iba a ser una niña, y día y noche, Michael
le cantaba a su hermanita en el vientre de su madre. El estaba
encariñándose con su hermanita aun
antes de conocerla.
El
embarazo de Karen
progresó normalmente. A tiempo empezó su labor de
parto, pronto los dolores eran cada cinco, cada tres y finalmente cada
minuto. Pero una complicación se presentó de
repente y Karen tuvo
horas de labor de parto.
Finalmente,
después de muchas horas de lucha, la hermanita de Michael
nació, pero en muy malas condiciones. La llevaron
inmediatamente en una
ambulancia a la Unidad de Cuidados Intensivos, sección neonatal
del
Hospital St. Mary en Knoxville, Tennessee.
Los
días pasaron y
la niña empeoraba. Los pediatras tuvieron que decirle
finalmente a los padres las terribles palabras: "Hay muy pocas
esperanzas,
prepárense para lo peor". Karen y su esposo contactaron al
cementerio
local para apartar un lugar para su hijita. Ellos habían
creado un cuarto
nuevo para su hija y ahora se encontraban haciendo arreglos para un
funeral.
Sin
embargo,
Michael, les rogaba a sus padres que le dejaran ver a su
hermanita. "Quiero cantarle", decía una y otra vez.
Estuvieron
dos
semanas en Terapia Intensiva y parecía que el funeral
vendría antes de que acabara la semana. Michael
siguió insistiendo que quería
cantarle a su hermanita, pero le explicaban que no se permitía
la
entrada de niños a Terapia Intensiva.
De
pronto Karen se
decidió. Llevaría a Michael a ver a su hermanita,
¡la dejaran o no! Si no veía a su hermanita en ese
momento, tal vez no la
vería viva nunca.
Ella
le puso un
overol inmenso y lo llevo a Terapia Intensiva, Michael
parecía una enorme canasta de ropa sucia. Pero la jefa de
enfermeras
se dio cuenta de que era un niño y se enfureció.
"¡Saquen a ese niño de
aquí ahora mismo! No se admiten niños
aquí" El carácter de Karen afloró y,
olvidándose de sus lindos modales de dama, que siempre la
habían
caracterizado, miró con ojos de acero a la enfermera, sus labios
eran
una sola línea y con firmeza dijo: Él no se va
hasta que le cante a su
hermanita" y levantó a Michael y lo llevó a la cama de su
hermanita.
El
miró a la
pequeñita, perdiendo la batalla por conservar la vida.
Después de un momento empezó a cantar con la voz que le
salía del corazón
de un niño de tres años. Michael le
cantó: "Eres mi luz del sol, mi única luz,
tú me haces feliz cuando el cielo es gris...." (conocida
canción en inglés
"You´re my sunshine").
Instantáneamente,
la bebé pareció responder al estímulo de la voz de
Michael, su pulso se empezó a volver normal.
"Sigue
cantando,
Michael" le pedía desesperadamente su mamá con
lágrimas en los ojos. Y el niño
seguía: "Tú no sabrás nunca, querida,
cuanto te amo, por favor no te lleves mi luz del sol... "Al
tiempo que Michael
cantaba a su hermana, la bebé se movía y su
respiración se volvía tan suave como
la de un gatito cuando lo acarician. "Sigue cantando,
cariño" le decía
su mamá y él continuaba haciéndolo como cuando
todavía su hermanita estaba
en el vientre de su madre. "La otra noche, querida, cuando
dormía, soñé que
te abrazaba en mis brazos..." seguía cantando el niño; la
hermanita de
Michael empezó a relajarse y a dormir con un sueño
reparador que parecía
que la mejoraba por segundos. "Sigue cantando Michael"... ahora
era la voz de
la enfermera que, con lágrimas en los ojos, no dejaba de pedirle
al niño
que continuara.
"Tú
eres mi
luz del sol, mi única luz del sol, por favor no te lleves mi
sol..."
Al
día
siguiente... el mismísimo día siguiente... la niña
estaba en
perfectas condiciones para irse a casa.
La
revista "Woman"s Day" lo
llamó "El Milagro de la canción del
Hermano".
Los
doctores le
llamaron simplemente un milagro. Karen le llamó "El
Milagro del amor de Dios".
"Nunca
te rindas por
la gente que Amas.... El Amor es increíblemente
poderoso."
La
vida es demasiado
buena como para desperdiciarla...
Confía en que Dios sabe que estas exactamente donde debes estar.
Nunca olvides las infinitas posibilidades que nacen de la FÉ
Había
una vez un payaso que
divertía a los niños pero el mismo siempre estaba muy
triste. Cuando regresaba a
su casa, se encontraba que a su
esposa no le importaba si existía y los hijos se burlaban de el
por ser payaso. Aquella casa no era un hogar porque faltaba el
amor.
Cada
día aquel pobre hombre volvía a su papel de payaso. Todos los
niños se reían de el, menos un pequeñín que
lo miraba con una gran ternura, como si le viera mas allá del
maquillaje.
Un
día, ya muy cansado y deprimido, el payaso se acostó en
una banca del parque y se durmió. ¿Como podré
seguir de payaso si ya no me queda fuerza para hacer reír? Al
despertar se encontró con aquel pequeñín que lo
miraba con ojos llenos de amor. El payaso, sorprendido, le pregunta
¿Como descubriste que yo era el payaso si no tengo maquillaje?
El niño respondió. Para mi tu no eres un payaso sino mi
hermano, hijo de Mi Padre. Soy Jesús. Yo di mi vida por ti.
Historia
de la vida real.
Cerca
de la ciudad de Beloxi en EE.UU., un huracán amenazaba con
grandes vientos. Ya de noche y bajo una fuerte lluvia, un hombre se
atravesó en la carretera. Habiéndose quitado la camisa,
la enarbolaba y agitaba ante los vehículos. Los choferes
pensaron que era un loco. Algunos lo esquivaron y siguieron de largo,
otros, no pudiendo evitarlo, pararon muy enojados y le amenazaron con
llamar a la policía si no despejaba el camino.
Fue
entonces que el "loco" tuvo la oportunidad de hablarles: "El puente que
está adelante ha sido arrastrado por las aguas. Si no los paraba
de alguna manera, ustedes hubieran muerto como los otros
choferes". Todos comprendieron que aquel "loco" era en realidad
un héroe. Había arriesgado su vida para salvar la de
ellos.
¿Le
has dado gracias a los "locos" que han
intervenido en TU vida?
¿ES
USTED LA
ESPOSA DE DIOS?
Un
niño de 10 años, descalzo y temblando de frio, miraba a
través de la vitrina de una zapatería. Una señora
se acercó al niño y le dijo:
"MI
PEQUEÑO AMIGO,
¿QUÉ
ESTAS MIRANDO CON TANTO INTERÉS EN ESA VENTANA?".
"LE
ESTABA PIDIENDO A DIOS QUE ME DIERA UN PAR
DE ZAPATOS", fue la respuesta
del niño.
La
señora lo tomó de la mano y lo metió en la tienda,
le pidió al empleado que le diera media docena de pares de
calcatines para el niño. Preguntó
si podría darle un recipiente con agua y una toalla. El empleado
le trajo lo que pidió. Ella se llevó al niño a la
parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó
los pies al niño y se los secó con la toalla.
Entonces
el empleado llegó con los calcetines. La señora le puso
un par al niño y después le compró unos zapatos.
Cogió el
resto de los
calcetines y se los dió al niño. Le acarició en la
cabeza y le dijo:
"¡NO HAY
DUDA
PEQUEÑO AMIGO QUE TE SIENTES MAS CÓMODO AHORA!".
Mientras ella se
daba la vuelta
para irse, el niño la alcanzó, le dió la mano y
mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó:"¿ES USTED LA
ESPOSA DE DIOS?".
CUATRO
GRANDES LECCIONES PARA AMAR
La
Lección Más Importante: Ama
Durante el segundo mes de escuela de
enfermeras,
nuestro profesor nos dio un examen de sorpresa. Yo era una estudiante
concienzuda y había encontrado todas las preguntas
fáciles hasta leer la última: "¿Cual es el
primer nombre de la mujer que limpia la escuela?" Indudablemente esto
era un chiste. Yo había visto a la señora varias veces.
Era alta, trigueña, y en sus cincuentas, ¿pero como
podría saber su nombre? Entregué mi papel dejando la
última pregunta en blanco. Un poco antes que terminara la clase,
un estudiante preguntó si la última pregunta
contaría para el grado del examen. "Absolutamente," dijo el
profesor. "En sus carreras, ustedes conocerán muchas personas.
Todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado,
aunque lo único que hagan es sonreírles y decirles
"hola".
Esto
es una lección que
nunca se me ha olvidado. También aprendí que su nombre
era Dorotea.
Segunda
Lección Importante: Ama
Una noche de gran tormenta, a las 11:30 PM, una
señora mayor de raza negra estaba parada al lado de la carretera
en el estado de Alabama. Estaba empapada por la lluvia. Se le
había dañado el coche y desesperadamente necesitaba
ayuda. Un joven blanco paró para ayudarla, algo que generalmente
no ocurría en los años 1960 con sus conflictos raciales.
El joven la llevó a un lugar más seguro, la ayudó
a recibir asistencia, y le llamó un taxi. Ella lucía
estar en un apuro muy grande, pero escribió su dirección
y le dio las gracias. Siete días pasaron y alguien le
tocó a la puerta al joven. Sorprendido le entregaron un
televisor de color de consola. Una nota especial estaba pegada que
decía:
"Muchas
gracias por su asistencia
en la carretera la otra noche. La lluvia, no solo empapó mi ropa
sino también mi espíritu. Entonces llegó usted.
Gracias a su ayuda pude llegar al lado de mi esposo moribundo,
justamente antes de que muriera. Que Dios lo bendiga por ayudarme y
servir sin egoísmo a otros. Sinceramente, Sra. Nat King
Cole (Esposa del famoso cantante)
Tercera
Lección Importante: Ama
Siempre recuerda con gratitud a quienes te sirven. En los días
cuando un refresco con helado costaba mucho menos, un niño de 10
años entró a la cafetería de un hotel y se
sentó en una mesa. Una camarera le puso un vaso de agua
delante.
-"¿Cuanto
es un refresco
con helado?" preguntó el niño.
-"Cincuenta centavos," respondió la camarera.
El niñito sacó su manito de su bolsillo y contó el
menudo. "Bueno, ¿y cuanto es una copa de helado solo?"
preguntó.
Habían más personas esperando por una mesa y la camarera
estaba perdiendo su paciencia. "Treinta y cinco centavos", le
respondió bruscamente.
El niñito de nuevo contó su menudo. "Por favor deme una
copa de helado solo", dijo el niño.
La camarera le trajo el
helado, le
puso la cuenta en la mesa y se fue. El niñito terminó el
helado, le pagó a la cajera y dejó su propina. Cuando la
camarera regresó a la mesa, empezó a llorar mientras
limpiaba la mesa. Allí al lado de la copa vacía de helado
habían dos monedas de cinco centavos y cinco
centavos
sueltos. El niño renunció al refresco para tener
suficiente para la propina.
Cuarta
Lección Importante: Ama
Hace muchos años, cuando yo
trabajaba de voluntaria en un hospital, conocí una niñita
llamada Liz que sufría de una enfermedad rara y seria. Su
única oportunidad de recuperación era una
transfusión de sangre de su hermanito de 5 años, quien se
había salvado milagrosamente de esta misma enfermedad y
había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El médico le explicó la situación al hermanito, y
le preguntó que si estaba dispuesto a darle sangre a su hermana.
Lo vi vacilar por solo un momento antes de respirar fuertemente y
decirle, "Si, lo haré si se salvará." Mientras que
progresaba la transfusión, el estaba acostado al lado de su
hermanita y sonrió viendo como el color regresaba a sus
mejillas. Entonces el niño se puso pálido y su sonrisa
desapareció. Miró al doctor y preguntó con una voz
temblorosa, "¿Moriré enseguida?"
El
niño había
malentendido al médico; pensó que le tendría que
dar toda su sangre a su hermana para salvarla y que entonces el
moriría.
La
justicia con Amor te hace justo, sin Amor
te hace duro.
La amabilidad
con Amor te hace amable, sin Amor te hace
hipócrita.
La inteligencia
con Amor sirve a la razón, sin Amor
te hace cruel.
La agudeza con
Amor te hace capaz
de adquirir la verdad, sin Amor te hace agresivo.
La autoridad
con Amor te hace guía y protector, sin
Amor te hace déspota.
La amistad con
Amor te hace generoso, sin Amor te hace
interesado.
El apostolado
con Amor te hace servicial, sin Amor te da
una excusa para lucirte.
La alegría
con Amor te ayuda a ver a Dios en todo,
sin Amor te hace un bufón.
La libertad con
Amor te hace capaz del mayor bien, sin
Amor te hace un abusador.
Tus éxitos
con Amor te hacen crecer, sin Amor te
hacen orgulloso.
Tus
enseñanzas con Amor te hacen maestro, sin Amor
te hacen arrogante.
LA VIDA CON
AMOR, LO ES TODO; SIN AMOR, NO VALE NADA.
En un día
caluroso de
verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar
en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la
puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba
cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.
Su mamá desde
la casa
miraba por la ventana, vio con horror lo que sucedía. Enseguida
corrió hacia su hijo gritándole lo más
fuerte que podía. Oyéndole, el niño se
alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle
la
mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el
caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada,
con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo más fuerte pero la
mamá
era mucho
más apasionada y su amor no lo abandonaba.
Un señor que
escuchó
los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y
mató al cocodrilo.
El niño
sobrevivió
y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aun pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma un periodista le preguntó si le
quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño
levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con
gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las
cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe ver son
estas". Eran las marcas de las uñas de su mamá que
habían presionado con fuerza. "las tengo porque mamá no
me soltó y me salvó la vida".
LAS SIETE
MARAVILLAS DEL MUNDO
El
maestro pide a los alumnos que
compongan una
lista de las 7 maravillas del mundo.
Mas tarde pidió lean su lista. A pesar de algunos
desacuerdos, la mayoría
votó por lo siguiente:
1. Las Pirámides de Egipto
2. El Taj Mahal
3.
El Canal de Panamá
4.
El Empire State
5.
La Basílica de San Pedro
6.
La Muralla China
El maestro buscaba consenso
para la
séptima maravilla
cuando notó que una
estudiante
permanecía callada y no había entregado aún su
lista, así que le
preguntó si tenía problemas para hacer su
elección.
La muchacha tímidamente respondió: "Si, un poco" no
podía decidirme, pues son tantas las maravillas.....
El maestro le dijo: "Dinos lo que has
escrito, tal vez podamos ayudarte"
La muchaca, titubeó un poco y finalmente leyó:
"Creo que las siete maravillas del Mundo son:
1. Poder pensar
2. Poder hablar
3. Poder actuar
4. Poder
escuchar
5. Poder servir
6. Poder rezar
7. Y la mas importante de todas..... poder
amar
Después de leído esto, el
salón quedó en absoluto silencio....
Es muy sencillo para nosotros poder ver las obras del
hombre y referirnos a ellas como maravillas,
cuando a veces pasan desapercibidas las maravillas que Dios hace en nosotros con su gracia
y que cada uno debe desarrollar.
¡Usted fue creado por Dios
para ser una
maravilla!
EL
AMOR MADURO
Ante los padres
ancianos
Hoy
te desesperas
porque tus padres están viejos y achacosos. Se han convertido en
una intromisión en tu apretada agenda, en una vergüenza
cuando estas con tus amigos.
Comprende.
Ahora tus
padres están viejos. Es tu oportunidad de reflexionar y crecer
en el amor. Los he puesto en tus manos para que aprendas a amar. El
problema no son ellos. Eres tu que has olvidado de lo que es amar. Se
te ha endurecido el corazón y ahora es el momento de
recapacitar. Ahora te llamo al amor para con ellos. El amor todo
lo vence.
Si
ellos derraman su
comida sobre su ropa, si les cuesta atarse los zapatos. Así
fuiste tu y ellos te amaron.
Si
les cuesta hablar
y repiten lo mismo. Así fuiste tu y ellos te amaron.
Si
tienen sus
manías y sus achaques. Recuerda, así fuiste tu y te
amaron.
Si
te parecen
inútiles y si no comprenden las nuevas tecnologías.
Recuerda así fuiste tu y ellos te amaron.
Si
caminan muy
despacio y sacarlos a pasear requiere de tu paciencia. Recuerda,
así fuiste tu y ellos te amaron.
Si
se hacen las
necesidades en la cama. Recuerda así fuiste tu y te amaron.
Si
te gritan y se
incomodan sin razón, recuerda los lloriqueos que ellos
soportaron de ti. Todo por amor.
Si
te dicen que no
quieren vivir. Comprende. Solo te están demostrando su dolor y
frustración porque sienten ser una molestia en tu vida. Es tu
oportunidad para demostrarles con tu amor que ellos son mas bien un don
porque los amas. Ellos te están enseñando a amar.
Recuerda,
no hace
mucho fuiste pequeño y ellos estuvieron a tu lado. Las mismas
cosas de que te quejas las hiciste tu y ellos lo comprendieron todo.
¿sabes por qué? porque te amaron.
La
misión de
tus padres contigo no ha terminado. Yo me serví de ellos para
darte vida y formarte en un hombre adulto, ahora te los pongo en tus
manos para que te liberes de ti mismo y entres en la madurez del amor.
No temas. Yo
estoy a tu lado.
Aprende a interpretar lo que te digan a la luz de mis enseñanzas
y tendrás paz.
Tu
Señor y Salvador,
EL HIJO,
EL
HIJO, ¿QUIÉN SE LLEVA AL HIJO?
Un hombre rico y su
hijo tenían gran pasión
por el arte.
Tenían de todo en su colección, desde Picasso hasta
Rafael. Muy a menudo, padre e hijo se sentaban juntos a admirar
las grandes obras de arte.
Cuando el
conflicto
de Vietnam surgió, el hijo
fue a la
guerra. Fue muy valiente y murió en batalla mientras
rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y
sufrió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes
más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la
puerta. Un joven con un gran paquete en sus manos le dijo al
padre: “Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado
por quien su hijo dio la vida. El salvó muchas vidas ese
día, y me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le
atravesó el pecho, muriendo así
instantáneamente. El hablaba muy a menudo de usted y de su
amor por el arte.”
El muchacho extendió el paquete: “Yo se que
esto no es
mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le
hubiera gustado que usted recibiera esto.”
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo
pintado por el joven soldado. El contempló con
profunda admiración la manera en que el soldado había
capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre
estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su
hijo que los suyos propios se inundaron de lágrimas. Le
agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el
cuadro.
“ Oh no señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo
hizo por mí. Es un regalo.”
El padre colgó el retrato arriba de la
repisa de su
chimenea. Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su
casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa
galería.
El hombre murió unos meses más tarde y se anunció
una subasta para todas las pinturas que poseía. Mucha
gente importante y de influencia acudió con grandes expectativas
de hacerse con un famoso cuadro de la colección.
Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador
golpeó su mazo para dar inicio a la subasta. “Empezaremos los
remates con este retrato titulado "El Hijo".
¿Quién ofrece por este retrato?” Hubo un gran
silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación
gritó: “¡Queremos ver las pinturas famosas!
¡Olvídese de ésta!” Sin embargo el subastador
persistió: ¿Alguien ofrece algo por esta
pintura?, ¿$100.00 dólares?, ¿$200.00
dólares?”.
Otra voz
gritó con enojo: “¡No
venimos por
ésta pintura! Venimos a ver los Van Goghs, los
Rembrants. ¡Vamos a las ofertas de verdad!”
Pero aun
así el subastador continuaba su
labor:
“¡El Hijo!, ¡El Hijo! ¡¿Quién se lleva
"El Hijo"?!
Finalmente, una voz se
oyó desde muy atrás del
cuarto: “¡Yo doy diez dólares por la pintura!”
Era el viejo jardinero que por muchos años había servido
en la casa con el padre y el hijo. Siendo muy pobre, no
podía ofrecer más.
“¡Tenemos $10
dólares!, ¡¿Quién da
$20?!” gritó el subastador.
“¡Dásela
por $10! ¡Muéstranos
de una
vez las obras maestras!”, dijo otro exasperado."
“¡$10
dólares es la oferta!
¡¿Dará alguien $20?! ¿Alguien da $20?”
La multitud se estaba poniendo bien enojada. Nadie
mas
quería aquella pintura, "El Hijo". Querían las que
representaban una valiosa inversión para sus propias
colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo: “Va una,
van dos, ¡VENDIDA por $10 dólares!”
Un hombre que estaba sentado en segunda fila gritó feliz:
“¡Ahora empecemos con la colección!”
El subastador soltó su mazo y dijo: “Lo siento mucho damas
y caballeros, pero la subasta llegó a su final.”
“Pero, ¿qué de las pinturas?”
“Lo siento.
Cuando me llamaron para conducir esta
subasta, se me informó de un secreto estipulado en el testamento
del dueño. Yo no tenía permitido revelar esta
estipulación hasta este preciso momento. Solamente la
pintura de "EL HIJO" sería subastada. Aquel que la
comprara heredaría absolutamente todas las posesiones de este
hombre, incluyendo las famosas pinturas. ¡El hombre que
compró EL HIJO se queda con todo!
Reflexión:
Dios nos ha entregado a
su Hijo Jesús que murió
para salvarnos. Así, como el subastador, su mensaje hoy
es: "¡EL HIJO, EL HIJO, ¿QUIÉN SE LLEVA EL
HIJO?" Quien ama al Hijo lo tiene todo.
Un
hombre
había pintado un
lindo cuadro. El día de la presentación al
público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos,
periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor,
reconocido artista. Llegado el momento, se
tiró el paño que velaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.
Era
una
impresionante figura de
Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús
parecía vivo. Con el oído junto a la puerta,
parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.
Todos
admiraban
aquella preciosa
obra de arte. Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no
tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista:
“¡Su puerta no tiene cerradura! ¿Cómo
se hace para abrirla?“ El pintor tomo su Biblia, buscó un
versículo y le pidió al observador que lo leyera:
Apocalipsis 3, 20:
"He aquí, yo estoy á la
puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la
puerta, entraré á él, y cenaré con
él, y él conmigo.”
”Así
es”, respondió el
pintor. “Esta es la puerta
del corazón del hombre.” "Solo se abre por dentro.”
Un
niño
visitaba a sus
abuelos en su finca. Le habían dado un tira piedra para que
jugara en el bosque y, por mucho que el practicaba, nunca le daba al
blanco. Al fin, desanimado y cansado, caminaba hacia su casa para
cenar, cuando se encontró el pato favorito de su abuela. En un
momento de impulso lanzó una piedra, y le dio directamente a la
cabeza del pato el cual quedó muerto. El niño se
espantó y por el pánico que tenía, escondió
el pato muerto en una pila de madera. Entonces vio que su hermana Sally
lo había visto todo, y no dijo nada. Pero ese día,
después del almuerzo, la abuela dijo, "Sally vamos a lavar los
platos". Sally respondió, "Abuela, Johnny me dijo que el
quería ayudarte en la cocina." Entonces le susurró a su
hermano, "¿recuerdas el pato?". Johnny, sintiéndose
chantajeado, lavó los platos.
Más
tarde el abuelo le preguntó a los niños si querían
irse de pesca, y la abuela dijo, "Lo siento pero necesito que Sally se
quede y me ayude a preparar la cena. "Sally solo sonrió y dijo,
"Bueno, está bien, pero Johnny me dijo que el te quería
ayudar." De nuevo le susurró al hermano, "¿Recuerdas el
pato?" Así que Sally se fue a pescar y Johnny se quedó
ayudando en la casa. Después de varios días en que Johnny
hacía los quehaceres de Sally, no pudo aguantar más,
y fue a donde estaba su abuela y le confesó que él
había matado el pato. La abuela lo abrazó y le dijo, "Mi
amor, yo lo sabía. Yo estaba parada en la ventana y lo ví todo. Tú mismo
te hiciste esclavo de Sally por el miedo de confiarme tu problema. Yo
te amo y te perdono, solo esperaba que tu fueras honesto conmigo para
liberarte del chantaje de Sally."
Pensamiento:
¿Hay
algo en
tu vida que no te atreves a contarle a Jesús?. El está
esperándote. El lo sabe todo y quiere perdonarte.
JUAN PABLO II Y EL MENDIGO
Un sacerdote
norteamericano de la diócesis de Nueva
York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma
cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de
observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que
conocía a aquel hombre. ¡Era un
compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día
que él¡. Ahora mendigaba por las
calles.
El sacerdote, tras identificarse y saludarle,
escuchó de labios del mendigo cómo había perdido
su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.
Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía
la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que
podría saludar al final de la celebración, como suele ser
la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de
arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo
compañero de seminario, y describió brevemente la
situación al Papa.
Un día después recibió la invitación del
Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo
al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y
le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el
mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció
ropa y la oportunidad de asearse.
El Pontífice, después de la cena, indicó al
sacerdote de Nueva York que los dejara solos,
y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre,
impresionado, respondió que ya no era sacerdote, a lo que el
Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero
estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el
mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el
Papa.
El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le
pidió a su vez que escuchara su propia confesión.
Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II
le preguntó en qué parroquia había estado
mendigando, y le designó asistente del párroco de la
misma, y encargado de la atención a los mendigos.
Existía un
monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus
monjes
eran
pobres, pero conservaban
en una vitrina tres manuscritos antiguos,
muy
piadosos.
Vivían de su
esforzado trabajo rural y
fundamentalmente de las
limosnas
que les dejaban los
fieles curiosos que se acercaban a conocer
los tres
rollos,
únicos en el
mundo. Eran viejos papiros, con fama
universal de
importantes
y profundos
pensamientos.
En
cierta oportunidad un
ladrón robó dos rollos y se
fugó por la ladera. Los
monjes
avisaron con rapidez al
abad. El superior, como un rayo,
buscó la parte
que
había quedado y con
todas sus fuerzas corrió tras el
agresor y lo alcanzó:
"¿Qué
has hecho?
Me has dejado con un solo rollo. No me
sirve. Nadie va a venir
a
leer un mensaje que
está incompleto. Tampoco tiene valor lo
que me robaste. O
me
das lo que es del templo o
te llevas también este texto.
Así tienes la obra
completa."
"Padre, estoy
desesperado, necesito urgente hacer dinero con
estos
escritos
santos".El abad le
dijo "Bueno, toma el tercer rollo. Si no se
va a
perder
en el mundo algo muy
valioso. Véndelo bien. Estamos en
paz." y lo dejó ir
con
el tesoro.
Los
monjes no llegaron a
comprender la actitud del abad. Estimaron que
se había
comportado
débil con el
rapaz, y que era el monasterio el que
había perdido.
Pero
guardaron silencio, y
todos dieron por terminado el episodio.
Cuenta la historia que a
la semana , el ladrón regresó.
Pidió hablar con el
Padre
Superior: " Aquí
están los tres rollos, no son
míos. Los devuelvo. Te pido
en
cambio que me permitas
ingresar como monje. Cuando me alcanzaste,
todo me
esperaba
menos que tuvieras la
generosidad como para darme el tercer
rollo, la
confianza
en mí como
para creer el valor de mi necesidad y que
todavía me
dijeras
que estábamos en
paz, perdonándome con mucha
sinceridad. Eso me ha hecho
cambiar.
Mi vida se ha
transformado".
Nunca
ese hombre, había
sentido la grandeza del perdón,
la presencia de la
generosidad
excelente. El abad
recuperó los tres manuscritos
para beneficio del
monasterio,
ahora mucho
más concurrido por la leyenda del robo y
del
resarcimiento.
Y además
consiguió un monje trabajador y
de una honestidad a toda
prueba.
El agresor
espera
agresión, no una respuesta creativa,
inesperada, insólita. No
sospecha, la
conmoción,
del poder incalculable de poner la otra
mejilla.
EL
REY QUE SUPO IMITAR LA MISERICORDIA DEL REY DEL CIELO
Testimonio
Eucarístico
Por el año 987
Roberto fue coronado rey de Francia. Era un
príncipe piadoso y un gran devoto de Jesús en la
Eucaristía. Su mayor placer fue el de adornar los
altares y las iglesias, y lo más hermoso y precioso lo dejaba
por Jesús.
Algunos hombres impíos y
ambiciosos habían conspirado
para asesinarlo y así apoderarse del gobierno. Mas la
confabulación fue descubierta y los culpables fueron
traídos ante el tribunal que los condenó a muerte. El rey
les envió a un sacerdote a la
cárcel. Los malhechores se arrepintieron y, después de
una
sincera confesión,
recibieron la Sagrada Comunión.
Era la mañana del
día de su ejecución. Las esposas
y madres de los sentenciados fueron al rey a pedirles perdón,
pero sus consejeros no querían de
ninguna manera indultarlos.
Entonces una anciana madre se
echó a los pies del rey y
llorando, dijo: "Es cierto que estos hombres
han merecido tal castigo; pero, tened presente, oh
rey, que han sido, hace pocos instantes, huéspedes de
Jesús, porque acaban de recibir la Santa
Comunión. Él les ha perdonado todo; perdonadles
también".
Al oir el rey estas palabras de
la afligida madre, y recordando la
infinita misericordia de Jesús en la Santa Comunión, hizo
llamar inmediatamente a los condenados y,
estrechándoles la mano, los indultó.
Todo el pueblo aplaudió
la bondad del rey que, en adelante, fue
el ídolo de sus súbditos.
Se
cuenta
que en Inglaterra había una pareja que gustaba de visitar las
pequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en una de
ellas se quedaron prendados de una hermosa tacita. "¿Me permite
ver esa taza?" preguntó la señora, "¡nunca he visto
nada tan fino!"
En las manos de la señora,
la taza comenzó a contar su historia: "Usted
debe saber que
yo no siempre he sido la taza que usted está sosteniendo. Hace
mucho tiempo yo era solo un poco de barro. Pero un artesano me
tomó entre sus manos y me fue dando forma. Llegó el
momento en que me desesperé y le grité: "¡Por
favor..ya déjeme en paz...!" Pero mi amo sólo me
sonrió y me dijo: ..."Aguanta un poco más,
todavía no es tiempo"
Después me
puso en un
horno. ¡Nunca había sentido tanto calor!....
toqué a la puerta del horno y a través de la ventanilla
pude leer los labios de mi amo que me decían: ..."Aguanta un
poco más, todavía no es tiempo."
Cuando
al fin
abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero,
apenas me había refrescado, me comenzó a raspar, a lijar.
No se cómo no acabó conmigo. Me daba vueltas, me miraba
de arriba a abajo. Por último me aplicó meticulosamente
varias pinturas...Sentía que me ahogaba... "Por favor
déjame en paz", le gritaba a mi artesano; pero él
sólo me decía:..."Aguanta
un poco más, todavía no es tiempo."
Al
fin,
cuando pensé que había terminado aquello, me metió
en otro horno, mucho más caliente que el primero. Ahora si
pensé que terminaba con mi vida. Le rogué y le
imploré a mi artesano que me respetara, que me sacara, que si se
había vuelto loco. Grité, lloré; pero mi
artesano sólo me decía: "Aguanta un poco más,
todavía no es tiempo."
Me
pregunté entonces si había esperanza... si
lograría sobrevivir aquellos tratos y abandonos. Pero por alguna
razón aguanté todo aquello. Fue entonces que se
abrió la puerta y mi artesano me tomó
cariñosamente y me llevó a un lugar muy diferente. Era
precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas,
verdaderas obras de arte, resplandecían como solo ocurre en los
sueños. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que
estaba en una fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas
maravillas era yo. ¡No
podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo!
Mi artesano
entonces me
dijo: "Yo se que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu
hermosa figura. Se que pasaste terribles calores, pero ahora
observa tu sólida consistencia, se que sufriste con las raspadas
y pulidas, pero mira ahora la finura de tu presencia... y la
pintura te provocaba nausea, pero contempla ahora tu hermosura.. y,
¿si te hubiera dejado como estabas?
¡"Ahora
eres una obra terminada! ¡lo que imaginé cuando te
comencé a formar!".
Querido
hermano que lees. Usted es una tacita en las manos del mejor
alfarero: Dios. Confíate en Sus amorosas manos aunque
muchas veces no comprendas por qué permite tu sufrimiento.
AGUANTA UN POCO MÁS Y
SERÁS EL HIJO/A QUE EL SOÑÓ PARA
TODA LA ETERNIDAD...
Cuando yo era
chico me
encantaba ir al circo, especialmente para ver al elefante. Durante la
función, la enorme bestia hacia despliegue de peso,
tamaño y fuerza descomunal ... pero después de su
actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el
elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de
sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo,
la estaca era minúscula, me parecía insuficiente para
atar un elefante. Aquel animal capaz de arrancar un árbol
de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar
la estaca y huir.
El
misterio:
¿Que lo mantiene entonces?, ¿Por que no huye? Pregunte a
muchas personas y me daban razones insuficientes. Uno me dijo que el
elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Entonces la pregunta
obvia:-Si esta amaestrado, ¿por que lo atan a la estaca? No
recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo
aquella incógnita se quedó guardada en los recesos de mi
memoria sin darle mas atención.
Un
día
encontré la explicación: "El elefante del circo no escapa
porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy
pequeño". Cerré los ojos y me imaginé al
pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de
que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y
sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no
pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para el. Al día
siguiente volvió a probar, y también al otro y al que
seguía... Hasta que un día, un terrible día para
su historia, el animal acepto su impotencia y se resignó a su
destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que NO
PUEDE. El tiene registrada en su memoria el recuerdo de su impotencia,
de aquella impotencia y jamás se ha vuelto a cuestionar
seriamente ese registro. Jamás ... Jamás ...
intentó poner a prueba su fuerza contra la estaca otra vez.
...
Cada uno de
nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a
estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón
de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no
pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo ... No puedo y nunca
podré. Crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a
nosotros mismos y nunca mas lo volvimos a intentar. La única
manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO TU
CORAZON.
LOS CLAVOS DEL
MAL CARÁCTER
Esta
es la
historia de un joven que tenía muy mal carácter. Su padre
le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la
paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
Pronto la puerta se llenaba de clavos. Pero, a medida que
aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos
detrás de la puerta. Descubrió que podía controlar
su genio, pues el clavar le hacia pensar sobre su mala actitud.
Llegó
el día
en que pudo controlar su carácter y ya no tenía
razón de clavar. Después de informar a su padre,
éste le sugirió que retirara un clavo cada día que
lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el
joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más
clavos para retirar de la puerta. Era ciertamente un gran logro, pero
su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos
hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que
tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que
aquí ves. Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero
la herida permanece y el mal se propaga. Una ofensa verbal es tan
dañina como una ofensa física. Ahora hace falta trabajar
mucho mas para que la puerta quede como nueva. Hay que reparar cada
agujero y muy difícilmente lograrás que quede como nueva.
No es suficiente dejar de
pecar. Hay que reparar. Todo se sana con la gracia de Dios, pero
requiere mucho sacrificio y reparación. Las heridas que deja el
pecado requieren como remedio la cruz.
Había una vez un hombre que calumnió
grandemente a un
amigo suyo, todo por
la envidia que le tuvo al ver el
éxito que este había
alcanzado.
Tiempo después se arrepintió
de la ruina que trajo con
sus calumnias a ese
amigo, y visitó a un hombre sabio a
quien le dijo:
"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi
amigo. ¿Cómo
puedo hacerlo?", a
lo que el hombre respondió: "Toma una bolsa
llena de plumas de ave y
suéltalas
por donde vayas".
El
hombre al cabo de
un día las había soltado todas. Volvió
donde el sabio y le dijo:
"Ya he terminado", a lo que el sabio contestó:
"Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar la bolsa con las mismas plumas
que soltaste. Sal a la calle y búscalas".
El hombre se
sintió muy triste, pues sabía que eso era
imposible.
El sabio le dijo: "Así como no
pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el
viento,
así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca
y el daño ya está hecho.
Se humilde y reconoce el daño pidiendo
perdón a tu amigo, y jamás
vuelvas a repetirlo".
COMO PAJARITOS ENJAULADOS...
El pastor de un
pequeño
pueblo de Nueva Inglaterra llegó a su iglesia un domingo
cargando una mohosa jaula de pájaros, doblada y vieja, y la
colocó sobre el púlpito. Se fruncieron varios
ceños y, a manera de contestación, el pastor
comenzó a hablar.
"Estaba caminando por el pueblo ayer, cuando vi un joven caminando
hacia mí meciendo esta jaula de pájaros. Dentro de
ella habían tres pajarillos silvestres, temblando de frío
y de miedo. Detuve al muchacho y le pregunté,
'¿Qué llevas ahí, hijo?'"
"Son tan solo unos pajarracos," fue la respuesta.
"¿Y qué vas a hacer con ellos?" le pregunté.
"Los voy a llevar a
casa y me voy
a divertir con ellos," me contestó. "Voy a molestarles, a
sacarles las plumas y hacerles pelear. Esa será mi
diversión por hoy con mis amigos."
"Pero te vas a
cansar de esos
pajarillos tarde o temprano. ¿Qué harás con ellos
entonces?"
"Tengo
unos gatos," dijo el
muchacho. "Les gustan los pájaros. Se los daré de postre
y se pondrán contentos."
Me quedé sin palabras. Por fin le dije. "¿Cuánto
quieres por esos pájaros, hijo?"
"¿¡Eh!? ¿Para que los quiere?. Son unos simples
pájaros viejos del campo. No cantan. ¡Ni siquiera son
bonitos!
"¿Cuánto?", insistí. El muchacho me miró
como si estuviera loco y me dijo, "$10?"
Busque
en mi bolsillo y puse
en sus manos un billete de diez dólares.
En un
segundo el joven
desapareció. Yo recogí aquella jaula y la
llevé al final del callejón, donde había un
árbol y césped. Poniendo la caja en el piso, abrí
la puerta y, golpeando suavemente los barrotes, convencí a los
pajaritos a que salieran a la libertad.
Bueno, esa es la historia de la jaula vacía sobre el
púlpito. La traje porque me recordó de otra
historia infinitamente mas gloriosa. Se trata de nuestra
historia.
Un
día Satanás
y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de venir del
Jardín del Edén y estaba jactándose. "Acabo de
capturar al mundo lleno de gente allí abajo. Me hice una trampa,
utilicé carnada que sabía que ellos no podían
resistir. ¡Los agarré a todos!"
"¿Qué vas
a hacer con ellos?" preguntó
Jesús.
Satanás
respondió, "¡Me voy a divertir! Voy a
incitarles toda clase de fantasías. Se creerán poderosos
y sabios. Terminarán peleándose entre ellos mismo. Hasta
las parejas se divorciarán. Las mismas cosas buenas has creado
les dominarán: el sexo, el dinero. Esos hombres que tanto
amas serán borrachos y drogadictos. Les voy a enseñar
como inventar armas y destruirán entre ellos mismos... ¡Me
voy a divertir en grande!
"¿Y
qué
harás con ellos cuando termines?" preguntó Jesús.
"Oh,
los mataré",
exclamó Satanás con una risa sarcástica.
"¿Cuánto quieres por ellos?" preguntó Jesús.
"Oh, tú no quieres a esa gentuza. No valen nada. Se
reirán de ti en tu cara ¡Te escupirán, te
maldecirán y te matarán de la manera mas salvaje!
¡Tú no quieres a esa gente!".
"¿Cuánto?" insistió Jesús.
Satanás miró a Jesús y, mofándose, dijo...
"¿Cuanto? Nada menos que tu propia vida, hasta la última
gota de tu sangre."
"¡HECHO!" dijo Jesús.
El
pastor levantó la
jaula, abrió la puerta, y se fue del púlpito.
Alfredo, con el rostro
abatido de pesar, se reúne con su amigo
José a tomar un café. Deprimido, descargó en
el sus angustias ... que el trabajo, que el dinero, que la
relación con su pareja, que su vocación ... todo
parecía estar mal en su vida.
José sacó
entonces de su bolsillo un billete de 100
dólares y le dijo: -"Alfredo, ¿quieres este
billete?"
Alfredo, un poco confundido, le
dijo: -"Claro ... son 100
dólares, ¿quién no los querría?"
Entonces José tomó el billete, lo apretujó entre
sus puños, lo arrugó hasta hacerlo un pequeño
bulto de papel. Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo,
volvió a preguntarle: -"Y ahora igual lo quieres?"
-"No sé qué
pretendes con esto", dijo Alfredo, "pero
siguen siendo 100 dólares, claro que los tomaré si me lo
entregas."
Entonces José
desdobló el arrugado billete, lo
tiró al piso y lo restregó con su pie en el suelo,
levantándolo luego sucio y marcado. -"¿Lo sigues
queriendo?"
-"Mira José, sigo sin
entender que pretendes, pero ese es un
billete de 100 dólares y mientras no lo rompas conserva su
valor..."
-"Entonces, debes saber que
aunque a veces algo no salga como quieres,
aunque la vida te arrugue o pisotee, SIGUES siendo tan valioso como
siempre lo has sido. Lo importante es saber cuanto vales y eso ya
Jesucristo te lo demostró muriendo por ti en la cruz. El
crucifijo nos
lo recuerda: tu vales el precio de Su Sangre derramada para salvarte.
Así nos amó.
Entonces,
lo que
importa es saber CUANTO VALES y no lo golpeado que puedas estar en un
momento determinado".
Alfredo se quedó mirando a José sin atinar con palabra
alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su
cerebro. José puso el arrugado billete en la mesa cerca de
Alfredo y con una sonrisa cómplice agregó: -"Toma,
guárdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas mal ...
¡pero me debes un billete nuevo de 100 dólares para poder
usarlo con el próximo amigo que lo necesite!"
Alfredo volvió
a mirar el billete, sonrió, lo guardó en su billetera y
dotado de una renovada esperanza llamó al mesero para pagar la
cuenta.
EL
PRECIO DE LA
SALVACIÓN
Un
párroco muy querido presento a su feligresía un
señor, explicando que era su amigo mas querido de la infancia y
que deseaba darle unos minutos para que les saludara y compartiera con
ellos lo que él sintiera que fuese apropiado.
El
señor miró con cariño a todos y comenzó:
"Un padre, su hijo, y un amigo del hijo navegaban en el
Pacífico, cuando una tormenta los sorprendió haciendo
imposible todos los intentos de regresar a la costa. Las olas eran tan
altas que, aunque el padre era un navegante experimentado, no pudo
dominar el velero y los tres fueron arrastrados mar adentro."
El
invitado titubeó por un momento, haciendo contacto de ojo con
dos jóvenes, que por primera vez desde que el servicio
comenzó, empezaron a lucir un poco más interesados en su
historia. Continuó con su historia: "Después de
unas 4 horas de intensa lucha por mantenerse a flote, una gigantesca
ola barrió la cubierta con una fuerza brutal. Los dos
jóvenes fueron echados al mar. El padre, agarrando la soga de
rescate, tuvo que hacer la decisión mas difícil de su
vida: A cual de los dos muchachos le iba a tirar la soga. Tenía
nada más unos segundos para hacer su decisión. El padre
sabía que su hijo era Cristiano y que su amigo no. La
agonía de su decisión era mayor que el ímpetu de
las olas. El padre le gritó a su hijo, 'te amo, hijo
mío!', y le tiró la soga de rescate al amigo. Cuando
volvió por su hijo, este había desaparecido bajo la olas
en la noche oscura. Por mas que lo buscaron, nunca apareció. Ni
siquiera se encontró jamás su cuerpo."
Mientras
los jóvenes sentados derechitos en el banco, estaban
ansiosamente esperando las próximas palabras. "El padre,"
continuó, "sabía que su hijo iba a estar en la eternidad
con Jesús pero temía por el destino del otro joven que no
conocía a Jesucristo. Es por eso que decidió entregar a
su hijo para salvar la vida del amigo de su hijo. ¡Que grande es
el amor de Dios que hizo lo mismo por nosotros!. Nuestro Padre
Celestial sacrificó su Hijo único para nuestra
salvación. Yo les suplico que acepten la oferta de rescate y
agarren la soga de vida que El les está ofreciendo en este mismo
momento."
La
Iglesia quedó en profundo silencio. A la salida, los dos jóvenes se
acercaron al
anciano y uno le dijo: "Fue una
bonita historia, comprendo que
ayuda
a entender el amor de Dios al entregar a Su único Hijo por cada
uno de nosotros. Pero no creo que fue muy realista, que un padre
entregase la vida de su hijo con la
esperanza que
el otro se
convirtiera al Cristianismo."
"Bueno,
comprendo lo que dices", el anciano replicó. Quedó
entonces en silencio mientras de su mejilla corría una
lágrima. "No parece muy realista", continuó diciendo.
Miró entonces serenamente a los jóvenes, su rostro al
mismo tiempo reflejaba dolor y un gran gozo. "De verdad que no
fue muy realista, ¿cierto?" pero tengo algo mas que decirles.
Queridos amigos, yo soy ese padre, y vuestro párroco era el
amigo de mi hijo.
Habían
dos
piedrecitas que vivían en medio de otras en el lecho de un
torrente. Se distinguían entre todas porque eran de un intenso
color azul. Cuando les llegaba el sol, brillaban como dos pedacitos de
cielo caídos al agua. Ellas conversaban en lo que serían
cuando alguien las descubriera: "Acabaremos en la corona de una reina"
se decían.
Un
día por fin
fueron recogidas por una mano humana. Varios días estuvieron
sofocándose en diversas cajas, hasta que alguien las tomó y oprimió contra una pared, igual que
otras, introduciéndolas en un lecho de cemento húmedo.
Lloraron, suplicaron, insultaron, amenazaron, pero dos golpes de
martillo las hundieron todavía más en aquel cemento.
A
partir de entonces
solo pensaban en huír. Trabaron amistad
con un hilo de agua que de cuando en cuando corría por encima de
ellas y le decían: -
"Fíltrate por debajo de nosotras y arráncanos de
está maldita pared". Así lo hizo el hilo de agua y al
cabo de unos meses las piedrecitas ya bailaban un poco en su lecho.
Finalmente
en una
noche húmeda las dos piedrecitas cayeron al suelo y yaciendo por
tierra echaron una mirada a lo que había sido su prisión.
La luz de la luna iluminaba un espléndido mosaico. Miles de
piedrecitas de oro y de colores formaban la figura de Cristo. Pero en
el rostro del Señor había algo raro, estaba ciego. Sus
ojos carecían del iris. Las dos
piedrecitas comprendieron. Eran ellas las ojos de
Cristo. Por la mañana un sacristán distraído
tropezó con algo extraño en el suelo. En la penumbra
pasó la escoba y las echó al cubo de basura.
Cristo
tiene un plan
maravilloso para cada uno de nosotros, y a veces no lo entendemos y por
hacer nuestra propia voluntad malogramos lo
que él había trazado. Tu eres los ojos de
Cristo. Él te necesita para mirar con amor a cada persona que se acerca a tu vida.
Tú
también has sido encontrado y eres parte del Cuerpo de Cristo
que es la Iglesia.
OPERACIÓN
DE CORAZON ABIERTO
Me
encuentro en
el quirófano, acostado boca arriba, la cabeza en una
almohada pequeña y las luces deslumbrantes sobre mi
rostro. Se está realizando una
operación de corazón abierto. El
mío. Me inclino un poco y puedo ver al
médico. El gira su cabeza hacia mí y
con voz suave y confortante me dice:
-Tu
corazón se
encuentra endurecido y envejecido. Es muy peligroso.
-¿Endurecido?
-pregunto, sorprendido.
-Y
envejecido -me
responde, con voz suave.
-¿Envejecido?
¿A mi edad? -pregunto, más extrañado
aún-. ¿Cómo puede ser?
El
médico gira su cuerpo
hacia mí completamente y me dice:
-Endurecido
y envejecido.
Algunas cosas logran ese efecto: tu poco esfuerzo y tus virtudes
adormecidas, la suciedad del mundo y las pasiones, la falta de
oración y las pocas visitas de Dios en
él. Pocas personas saben esto. Viven de esta
manera y mueren pronto. No es bueno que continúes
como estás ahora. Necesitas que te cambie el
corazón.
-Deseé
cambiar
mi corazón antes, pero no pude. Ahora lo veo claro;
yo sólo no podía... Gracias por traerme
aquí -digo, inclinando la cabeza hacia atrás de
nuevo. El toma mi mano en un gesto de comprensión y yo
agrego, en un hilo de voz:- Sigue, por favor; haz lo que desees
conmigo.
Y Jesús
siguió adelante con la cirugía.
ORACIÓN
DE UN NIÑO:
"Quiero ser un televisor"
Dios mío,
tu que me quieres mucho,
Quiero pedirte un gran favor:
Hazme ser un televisor.
Así mis padres me
cuidarán como lo cuidan a él.
Mami me mirará todos los
días como mira su telenovela
preferida
Papi me escuchará como
al telediario.
Cuando alguien habla por la
tele, toda la familia calla para escucharle,
Quiero que, cuando yo me
ponga enfermo,
papi y mami se preocupen por mi
como cuando se rompe la tele.
Quiero ser televisor para ser
el mejor amigo de mis padres y su
héroe favorito.
Dios mío,
déjame
ser televisor aunque sea un solo
día.
AUNQUE NO ESCRIBAS
LIBROS
Aunque no
escribas libros, eres el
escritor de tu vida.
Aunque no
seas Miguel Angel, puedes
hacer de tu vida una obra maestra.
Aunque no
entiendas de cine, ni de
cámaras, tu existencia puede transformarse en un film primoroso
con Dios de productor.
Aunque
cantes desafinado, tu
existencia puede ser una linda canción, que cualquier afamado
compositor envidiaría.
Aunque no
entiendas de
música, tu vida puede ser una magnífica sinfonía
que los clásicos respetarían.
Aunque no
hayas estudiado en una
escuela de comunicaciones tu vida puede transformarse en un reportaje
modelo.
Aunque no
tengas gran cultura puedes
cultivar la sabiduría de la caridad.
Aunque tu
trabajo sea humilde,
puedes convertir tu día en oración.
Aunque
tangas cuarenta, cincuenta,
sesenta o setenta años, puedes ser joven de espíritu.
Aunque
las arrugas ya marquen tu
rostro, vale más tu belleza interior.
Aunque
tus pies sangren en los
tropiezos y piedras del camino, tu rostro puede sonreír.
Aunque
tus manos conserven las
cicatrices de los problemas y de las incomprensiones, tus labios pueden
agradecer.
Aunque
las lágrimas amargas
recorran tu rostro, tienes un corazón para amar.
Aunque no
lo comprendas, en el cielo
tienes reservado un lugar...
Todo, Todo... depende de tu confianza en
Dios y de tu empeño en SER un digno hijo suyo.
UN NIÑO
ABORTADO ESCRIBE A SU
MAMÁ
Querida
mamá:
Soy tu hijo. ¿recuerdas?. No he desaparecido, pues Dios me
infundió un alma eterna en el momento en que fuí
concebido. No ví nunca la luz del
día pero vivo para siempre.
Sé
porqué me mataste. El que debió haber sido mi padre
andaba lejos del país. Tu te sentías sola porque el
andaba muy ocupado en sus negocios. En su ausencia, surgió
otro hombre. De ese romance fuí
engendrado yo.
Nunca olvidaré los meses
que me acunaste en tu vientre, ¡me sentí tan seguro y
amado!. ¡Comprendo que no me desearas; pues que pensaría
papá a su regreso! Había que blanquear al desliz matando
al delator, y ese era YO. Por entonces no supe de las discusiones con
tu amante, pues él quería verme nacido y tú no.
¡Qué peleas, hasta que le arrancaste el dinero que
costó mi defunción! A todo le ponen
precio, hasta el asesinato de un inocente. "¡Que caros son lo
abortos!" comentaste.
No
justifico tu
crimen, pero te perdono. Perdono a papá por haber sido tan
irresponsable. También perdono al que, vestido de blanco,
se manchó con mi sangre. ¡Que dolor cuando me punzó
con aquella enorme aguja y después me despedazó a sangre
fría!. Se que tú nunca
olvidarás el ruido de aquella aspiradora que se tragó mi
cuerpecito a pedazos. Se que te causó un trauma que llevas
en silencio tratando de pensar que no fue nada. Si era algo. Era
alguien, era yo, tu hijo.
Conozco
mamá,
tus largas noches en vela y tus sobresaltos. Se que luchaste mucho en
tu interior sobre tu decisión de abortarme. En el fondo me
amabas pero pudo mas en ti el miedo. Sé que me amabas, pues aun
sueñas conmigo y más de una vez te haz preguntado, con
remordimientos, si soy niña o niño, piensas como
sería hoy día y que alegrías te hubiera
traído...
¡Soy
niño! Me parezco mas a ti que al seductor con que andabas.
¡como me vas a olvidar, si yo a cada momento pido a Papá
Dios que borre esas pesadillas que turban tu descanso y te dan muerte
en vida! Por eso, ¡que alegría cuando buscaste al
sacerdote que te inspiro confianza, y te reconciliaste con el
señor de la vida!
Querida
mamá,
quiero verte feliz. Recuerda los consejos que te dio el sacerdote al
despedirte: "¡hija, Dios padre ya ha hecho su obra de amor en ti
y a su tiempo iras sanando.
Mientras
te estoy
escribiendo, tengo a mi lado a mi amigo Antonio. Lo mató su
mamá porque ella decía ser demasiado joven para ocuparse
con ser madre. Tampoco el recibió nombre alguno de sus padres
pero si de Dios quien nos ama infinitamente. Tengo
muchísimos amigos que corrieron la misma suerte. A
Carlitos lo abortaron porque su madre fue violada. El odio y el dolor
resultante lo descargaron sobre el pobre inocente. El se pregunta:
"¿Por qué si mi mamá no amaba al hombre que la
violó, me mato a mi, que la hubiera amado siempre y jamás
me hubiera avergonzado de ella?" Aquí en el reino del amor, solo
entendemos el lenguaje del amor; por eso, no comprendemos esos
"argumentos" acerca del aborto; por mala conformación del feto,
por violación, por dificultades económicas de los padres,
por no querer más hijos, "que la familia pequeña vive
mejor", etc.
Me
cuentan que ni las
guerras, ni Hitler con sus cámaras de gas letal han realizado
tan brutal y desmedida masacre. Con los abortos se ha privado a la
humanidad de brillantes poetas, sacerdotes, médicos,
filósofos, músicos, pilotos, estadistas, pintores,
arquitectos, santos y santas. A mí todos me dicen que
quizá hubiera sido un habilidoso cirujano o un pianista a la
Mozart. Cuando nos reunamos, mami, ¡ya veras que manos tengo! Lo
que mas me agrada es cuando me dicen "¡tu mamá tiene que
ser muy hermosa!"
No
llores mami.
Confía en Dios hasta que nos volvamos a ver. ¡ah!,
se me olvidaba, aunque me consumo por verte, no te des prisa en venir,
pues mis hermanos te necesitan. Hazle a ellos lo que nunca pudiste
hacerme a mí. Fíjate que cuando bañas a mis
hermanitos o lo amamantas, no sé, me entra un poquito de
añoranza de todo lo que pudo ser y no fue. Me hubiera gustado
ser amamantado con la leche de tus pechos; ser acariciado por esas
manos tuyas tan lindas y tan semejantes a las mías, manos de
cirujano malogrado.
Quizás
te
preguntas donde estoy. No te preocupes, estoy en los brazos de
Jesús que me amó hasta derramar su sangre por
mí. En El todos encontramos la Vida.
Y
termino
pidiéndote un favor. No para mí, comprenderás,
sino para otros niños. ¡no los maten como a mí!, si
conoces a una joven que quiera abortar o a un sujeto que monta
campañas a favor del aborto o un médico asesino que se
burla de Hipócrates, o una enfermera que se presta a ese crimen,
extiéndeles el amor de Dios, nuestro Padre. Entonces
recuérdate de nosotros y dile que no mate más.
Que los niños le pertenecen a Dios. Grítales a
todos que tenemos derecho a vivir como ellos, y que aunque nadie nos
ame tenemos derecho a vivir y amar.
¡Te espero con
la boca aún sin estrenar, rebosante de besos que tengo guardados
solamente para ti!
ALGUNAS
COSAS QUE HE APRENDIDO
-
Felicidad.
-La verdadera felicidad
no
la tienen los millonarios, ni las estrellas
famosas, sino solo los santos. La
felicidad es la presencia de Dios reinando en nuestro corazón.
Todos podemos ser santos con la gracia de Dios. -Encontrar la
felicidad no depende de la suerte ni del éxito de nuestros
planes. Solo depende de nuestra total confianza y
entrega en Dios.
-
Amor. El único amante es Dios... y todo aquel
que se deja amar por El.
-
Honestidad.
Toma años construir la confianza y sólo segundos
destruirla.
-
Comparaciones.
Debemos compararnos solo a los santos para aprender de ellos. Otras
comparaciones proceden del mal espíritu.
-
Riqueza.
Ser rico es ser hijo del Rey que es dueño de todo. Quien conoce
a su Padre buscará los tesoros mas altos que no se compran con
dinero.
-
Deseos y
emociones. Quien
no controla sus deseos y emociones será
controlado por ellos. El yugo se irá cerrando hasta que la pobre
víctima quede estrangulada. Dominio de sí es la verdadera
libertad que cuida de nuestros deseos y emociones como
el jardinero un jardín. Arranca lo malo y abona lo bueno.
-
Edificar.
Derrumbar es fácil y rápido. Construir es difícil
y largo.
-
Palabra. Una palabra basta para derrumbar años de
esfuerzo. Una palabra puede dar vida. Depende que espíritu la
inspira.
-
Cruz. La
mejor escuela es la contemplación de la cruz: solo así se
aprende a amar, a perdonar, a sufrir, a ser plenamente
humanos....
-
Tentaciones.
"En tiempo de tempestad no se hacen mudanzas" (San Ignacio de
Loyola) Es decir: en tiempo de tentación jamás
debemos cambiar de postura ni apartarnos de lo que habíamos
decidido en tiempos de consolación.
-
Amistad.
El verdadero amigo es un aliado de Dios que nos dice la verdad y no lo
que deseamos escuchar.
-
Corazón.
Cuando se trata del corazón, los hombres no saben sino lo que
aprenden de los corazones de Jesús y de María.
-
Caso perdido.
No existe nadie que sea un "caso perdido" pues el pecado mas terrible
encuentra cabida en el Corazón traspasado de
Jesús.
Algunos
errores
que debemos evitar.
-
Preocuparse por
el futuro sin confiar en Dios. Perderíamos tanto en el presente
como en futuro.
-
Querer ser lo
que
no somos. Nuestra felicidad no está en soñar
fantasías sino en realizar con audacia la vocación de
Dios para nosotros.
-
Perder la vida
para tener dinero. Luego perderemos el dinero y no tendremos vida.
-
Vivir como si no
fuéramos a morir. La muerte entonces sería definitiva.
LOS
INGREDIENTES DEL BIZCOCHO
Un
niño le contaba a su
abuelita que todo iba mal: la escuela, problemas con la familia y
enfermedades. Entretanto, su abuela confeccionaba un bizcocho.
Después
de escucharlo, la
abuelita le dice: "¿Quieres una merienda".
A lo
cual el niño le
contesta: "¡Claro que sí!".
-"Toma,
aquí tienes un poco
de aceite de cocinar."
-"Yuck",
dice el niño.
-"¿Que
te parecen un par de
huevos crudos?".
-"ARRR,
¡abuela!".
-"Entonces,
¿prefieres un
poco de harina de trigo, o tal vez un poco de levadura?
-"Abuela,
¿te has vuelto
loca?, ¡todo eso sabe horrible!"
A lo
que la abuela responde:
"Sí, todas esas cosas saben horrible,
cada una aparte de las otras. Pero si las pones juntas en la forma
adecuada, haces un delicioso bizcocho. Dios trabaja de la misma forma.
Muchas veces nos preguntamos por qué nos permite andar caminos y
afrontar situaciones tan difíciles. ¡Pero cuando Dios pone
esas cosas en su orden divino, todo obra para bien! Solamente tenemos
que confiar en Él y a la larga veremos que Dios hace algo
maravilloso.
¡Dios te ama con locura!. Si
Dios tuviera una nevera, pondría tu retrato en la puerta! Si
tuviera una billetera, tu foto estaría allí. Te
envía flores cada primavera y el sol sale para ti cada
mañana. Cuando quieres hablar, Él te está
escuchando. Puede vivir en cualquier parte del universo y ha escogido
vivir en tu corazón. Y qué te parece el regalo de Navidad
que te envió a Belén. Su locura de amor se
demostró plenamente aquel viernes en el Calvario y el domingo de
Resurrección. La locura de Su amor por tí
no tiene límites. Llora todo lo que necesites llorar...
Él
secará tus lágrimas. Él te dará otro
día para
reír de lo que un día te hizo llorar, solo espera y sobre
todo TEN FE .
LA
MAMÁ MÁS MALA DEL MUNDO
Yo tuve la mamá
más mala del mundo. Mientras que los
otros niños podían irse a la escuela sin desayunar, yo
tenía que comer todo el cereal, el huevo y el pan tostado.
Cuando los demás niños tomaban refrescos gaseosos y
dulces para el almuerzo, yo tenía que conformarme con comer
siempre comidas nutritivas.
Mi madre insistía en
saber todo lo que hacíamos y donde
estábamos, parecía que estábamos encarcelados;
tenía que saber quiénes eran nuestros amigos.
Insistía en que, si decíamos que íbamos a tardar
una hora, de hecho tardáramos una hora y no dos.
Me da vergüenza admitirlo,
pero hasta rompió la "Ley contra
el trabajo de los niños menores", e hizo que laváramos
los trastos, tendiéramos nuestras camas, aprendiéramos
nuestras tareas de la escuela y muchas cosas más; hasta creo que
se quedaba despierta por la noche pensando en las cosas que
podría obligarnos a hacer, tan sólo por molestarnos: Que
lávate los dientes, cepíllate el cabello, respeta a los
mayores, obedece...
Siempre insistía en que
dijéramos la verdad, toda la
verdad y nada más que la verdad. Así, entre tanta
crueldad, transcurrió mi infancia. Para cuando llegamos a la
adolescencia y fue más sabia, nuestras vidas se hicieron
aún más miserables. Nadie podía tocar el claxon
para que saliéramos corriendo, nos avergonzaba hasta el extremo
de obligar a nuestros amigos a llegar hasta la puerta de la casa para
preguntar por nosotros.
Pasaron los años y
resulta que todos sus hijos somos felices.
Hemos sabido superar las dificultades de la vida y desarrollar
magníficas relaciones tanto en la familia como en la iglesia y
en nuestros trabajos. ¿A quién debemos culpar de nuestra
situación actual?
Tienen razón, a nuestra
"Mala Madre".
Verán lo que nos hemos
perdido: Nada que valga la
pena.
Hemos
descubierto que
nuestra "mala madre" es en realidad la mejor del mundo. Gracias a ella
mis hermanos y yo nos hemos propuesto continuar el camino trazado por
Jesús: Vivir para servir. Así es el amor. "Mi alma
tiene sed de Dios, del Dios vivo" (Salmo 41).
Estamos
tratando de
educar a nuestros hijos como lo hizo nuestra madre. Estoy llena de
orgullo cuando mis pequeñitos me dicen que soy "mala".
Sonrío recordando mis propios arrebatos de cólera y le
doy gracias a Dios por haberme dado a la "Mamá más mala
del mundo".
Si su madre fue tan
mala como la mía, ¿no cree que usted debería
expresarle su mas profundo agradecimiento?
AMA
HOY, MAÑANA PUEDE SER MUY TARDE
¿Ayer?...¡Eso
hace tiempo!...
¿Mañana?...No nos
es permitido saber...
Mañana puede ser muy
tarde...
Para decir que amas, para decir
que perdonas, para decir que disculpas,
para
decir que quieres intentar
nuevamente...
Mañana puede ser muy
tarde...
Para pedir perdón, para
decir: ¡Discúlpame, el
error fue mío...!
Tu amor, mañana, puede
ser inútil;
Tu perdón,
mañana, puede no ser preciso; Tu regreso,
mañana, puede que no sea
esperado; Tu carta,
mañana, puede no ser leída; Tu
cariño, mañana, puede no
ser más necesario; Tu
abrazo, mañana, puede no encontrar
otros brazos...
Porque mañana puede ser
muy, muy tarde!
No dejes para mañana
para decir: ¡Te amo! ¡Te
extraño!, ¡Perdóname!,
¡Discúlpame!
¡Esta flor es para ti!, ¡Te
encuentras muy bien!
No dejes para mañana
Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu
cariño, Tu trabajo, Tu sueño,
Tu ayuda...
No dejes para mañana
para preguntar:
¿Puedo ayudarte?
¿Por qué estás triste?
¿Qué te pasa? ¡Oye!...ven aquí, vamos a
conversar. ¿Dónde
está tu sonrisa?
¿Aún me das la oportunidad? ¿Por qué no
empezamos nuevamente? Estoy
contigo. ¿Sabes que puedes contar
conmigo?
¿Dónde
están tus sueños?
Recuerda: ¡Mañana
puede ser tarde...muy tarde!
¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!,
¡Intenta una vez
más! ¡Solamente el "hoy" es
definitivo! ¡Mañana puede ser
tarde...muy tarde!
Busca a Cristo hoy.
¡Mañana pueda ser muy tarde!
LA AFORTUNADA
ESTRELLA DE MAR
Cierto día,
caminando por la playa reparé en un hombre
que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo
lanzaba al mar.
Al acercarme, me dí
cuenta de que tomaba de la arena estrellas de mar, y una a una las
arrojaba de nuevo al océano.
Intrigado, lo interrogué
sobre lo que estaba haciendo, a lo cual
me respondió:
-Estoy lanzando estas estrellas
marinas al
océano. Como ves, la marea es baja y estas estrellas han quedado
en la orilla si no las arrojo al mar morirán aquí en la
arena.
- Entiendo, le dije, pero hay
miles de estrellas
de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas.
Además esto sucede en cientos de playas,
¿No tiene sentido?
El hombre se inclinó y
tomó una
estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta
al mar me respondió :
- ¡ Para ésta si
lo tuvo !
Un
viejo carpintero
comunicó al contratista para quien trabajaba sus planes de
retirarse del negocio de construir casas para disfrutar de su
familia. Reconoció que
echaría de menos su trabajo y su cheque pero había
llegado la hora de decir adiós.
El contratista le pidió si el
pudiese construir solo una casa mas como un último favor
personal. El carpintero aceptó, pero el tiempo demostró
que su corazón ya no estaba en su trabajo. No ponía el
mismo cuidado y utilizaba materiales de inferior calidad. Fue una
desafortunada manera de terminar una carrera dedicada.
Cuando el carpintero terminó su
trabajo, el empleador vino a inspeccionar la casa y al final le
entregó al carpintero la llave de la casa diciéndole,
“Esta es tu casa, es mi regalo de despedida.”
El carpintero se asombro. ¡Qué
lastima, si hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa,
hubiese hecho las cosas tan diferente!
Así es con nosotros. Construimos
nuestras vidas día tras día, muchas veces poniendo menos
de lo mejor en el edificio. Entonces nos asombramos cuando nos damos
cuenta que tenemos que vivir en la casa que hemos construido. Si
pudiéramos hacerlo de nuevo lo hubiésemos hecho muy
diferente. No se puede regresar, pero si te queda el futuro.
Tu eres el carpintero. Cada día
martillas un clavo, colocas una madera, o construyes una pared en tu
propia vida. Tus actitudes y lo que eliges hoy construyen “la casa”
donde tu vivirás mañana.
¡Construye sabiamente en Cristo!
DECÁLOGO DE ASÍS PARA LA PAZ
1. Nos comprometemos a
proclamar nuestra
firme convicción de que la violencia y el terrorismo se oponen
al
auténtico espíritu religioso, y, condenando todo recurso
a la
violencia y a la guerra en nombre de Dios o de la religión, nos
comprometemos a hacer todo lo posible por erradicar las causas del
terrorismo.
2. Nos comprometemos a
educar a las
personas en el respeto y la estima recíprocos, a fin de que se
llegue a
una convivencia pacífica y solidaria entre los miembros de
etnias,
culturas y religiones diversas.
3. Nos comprometemos a
promover la
cultura del diálogo, para que aumenten la comprensión y
la
confianza recíprocas entre las personas y entre los pueblos,
pues estas
son las condiciones de una paz auténtica.
4. Nos comprometemos a
defender el
derecho de toda persona humana a vivir una existencia digna
según su
identidad cultural y a formar libremente su propia familia.
5. Nos comprometemos a
dialogar con
sinceridad y paciencia, sin considerar lo que nos diferencia como un
muro
insuperable, sino, al contrario, reconociendo que la
confrontación con
la diversidad de los demás puede convertirse en ocasión
de mayor
comprensión recíproca.
6. Nos comprometemos a
perdonarnos
mutuamente los errores y los prejuicios del pasado y del presente, y a
sostenernos en el esfuerzo común por vencer el egoísmo y
el
abuso, el odio y la violencia, y por aprender del pasado que la paz sin
justicia no es verdadera paz.
7. Nos comprometemos a estar
al lado de
quienes sufren la miseria y el abandono, convirtiéndonos en voz
de
quienes no tienen voz y trabajando concretamente para superar esas
situaciones,
con la convicción de que nadie puede ser feliz solo.
8. Nos comprometemos a hacer
nuestro el
grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos
contribuir
con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una
esperanza
real de justicia y de paz.
9. Nos comprometemos a apoyar
cualquier
iniciativa que promueva la amistad entre los pueblos, convencidos de
que el
progreso tecnológico, cuando falta un entendimiento
sólido entre
los pueblos, expone al mundo a riesgos crecientes de destrucción
y de
muerte.
10. Nos comprometemos a
solicitar a los
responsables de las naciones que hagan todo lo posible para que, tanto
en el
ámbito nacional como en el internacional, se construya y se
consolide un
mundo de solidaridad y de paz fundado en la justicia.
SI YO CAMBIARA...
Si yo
cambiara mi manera de pensar hacia los otros... los
comprendería.
Si yo encontrara lo positivo en
todos... con qué alegría me comunicaría con
ellos!
Si yo cambiara mi manera de
actuar ante los demás... los haría felices.
Si yo aceptara a todos como
son... sufriría menos.
Si yo deseara siempre el
bienestar de los demás... sería feliz.
Si yo criticara menos y amara
más... cuántos amigos ganaría.
Si yo comprendiera plenamente
mis errores y defectos y tratara de cambiarlos...
cuánto mejoraría mi hogar y mis ambientes!
Si yo cambiara el tener
más por el ser más... sería mejor persona.
Si yo cambiara de ser Yo, a ser
Nosotros... comenzaría la civilización del
Amor.
Si yo cambiara los
ídolos: poder, dinero, sexo, ambición, egoísmo y
vanidad
definitivamente por: Libertad, Bondad, Verdad, Justicia,
Compasión, Belleza y
Amor... comenzaría a vivir la verdadera felicidad.
Si yo cambiara el querer
dominar a los demás por el autodominio... aprendería a
amar en libertad.
Si yo dejara de mirar lo que
hacen los demás...tendría más tiempo para hacer
más cosas.
Si yo cambiara el fijarme
cuánto dan los otros para ver cuánto más puedo dar
yo... erradicaría de mí la avaricia y conocería la
abundancia.
Si yo cambiara el creer que
sé todo... me daría la posibilidad de aprender
más.
Si yo cambiara el identificarme
con mis posesiones como títulos, dinero,
status, posición familiar... me daría cuenta que lo
más importante de mí es que
Yo Soy un Ser de Amor.
Si yo cambiara todos mis miedos
por Amor... sería definitivamente libre.
Si yo cambiara el competir con
los otros por el competir conmigo mismo... sería
cada vez mejor. Si yo dejara de envidiar lo ajeno... usaría
todas mis energías
para lograr lo mío.
Si yo cambiara el querer
colgarme de lo que hacen otros por el desarrollar mi
propia creatividad... haría cosas maravillosas.
Si yo cambiara el esperar cosas
de los demás... no esperaría nada y recibiría
como regalo todo lo que me dan.
Si yo amara el mundo... lo
cambiaría.
Si yo cambiara...
cambiaría el mundo!
¡Que tengas un día
lleno de Amor!
LO MÁS
BELLO
El
día más bello es hoy.
La cosa más fácil,
equivocarse.
El obstáculo más grande, el
miedo.
El mayor error, bajar los brazos.
La raíz de todos los males, el
egoísmo.
La distracción más bella,
el trabajo.
La peor derrota, el desaliento.
Los mejores profesores, los niños.
La primera necesidad, comunicarse.
Lo que hace más feliz, ser
útil a los demás.
El misterio más grande, la muerte.
El peor defecto, el mal humor.
La persona más peligrosa, la
mentirosa.
El sentimiento más ruin, el rencor.
El regalo más bello, el
perdón.
Lo más imprescindible, el hogar.
La ruta más rápida, el
camino correcto.
La sensación más grata, la
paz interior.
El regalo más eficaz, la sonrisa.
El mejor remedio, el optimismo.
La mayor satisfacción, el deber
cumplido.
La fuerza más potente del mundo,
la fe.
Las personas más necesarias, los
padres.
La cosa más bella de todas, el
amor.
Madre Teresa de Calcuta.
ACCIÓN DE GRACIAS
Una alma
recién
llegada al cielo se encontró con San Pedro. El santo
llevó
al alma a un recorrido por el Cielo. Ambos caminaron paso a paso por
unos grandes talleres llenos con ángeles. San Pedro se detuvo
frente a la primera sección y dijo: "Esta es la sección
de recibo. Aquí, todas las peticiones hechas a Dios mediante
la oración son recibidas." El ángel miró a
la sección y estaba terriblemente ocupada con muchos
ángeles
clasificando peticiones escritas en voluminosas hojas de papel de
personas de todo el mundo.
Ellos siguieron
caminando hasta que llegaron a la siguiente sección y San
Pedro le dijo: "Esta es la sección de empaque y entrega.
Aquí, las gracias y bendiciones que la gente pide, son
empacadas y enviadas a las personas que las solicitaron." El
ángel vio cuan ocupada estaba. Había tantos
ángeles
trabajando en ella como tantas bendiciones estaban siendo empacadas y
enviadas a la tierra.
Finalmente,
en la esquina más lejana del cuarto, el ángel se detuvo
en la última sección. Para su sorpresa, sólo un
ángel permanecía en ella ocioso haciendo muy poca cosa.
"Esta es la sección del agradecimiento" dijo San
Pedro al alma. "¿Cómo es que hay tan poco trabajo
aquí?" - preguntó el alma. "Esto es lo peor"-
contestó San Pedro. "Después que las personas
reciben las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su
agradecimiento." "¿Cómo uno agradece a las
bendiciones de Dios?" "Simple" - contestó San
Pedro, "Solo tienes que decir, gracias Señor"
ALFABETO
DE LA VIDA COMUNITARIA
Agradecer
a Dios el regalo de las personas con quien convivimos.
Buscar
el bien común por encima de los intereses personales.
Corregir
con amabilidad al hermano que se equivoca.
Dar
lo mejor de uno mismo, estando siempre disponible para el servicio.
Estimar
a los demás reconociendo sus capacidades.
Fortalecer
al decaído integrándolo a la vida comunitaria.
Ganar
la confianza del hermano arrimando el hombro para llevar su carga.
Hablar
con sinceridad, sin falsos halagos, pero con amabilidad.
Interceder
por los otros a Dios antes que por los intereses propios.
Juntarse
al que otros apartan o desprecian.
Levantar
al que ha tropezado o se ha hundido.
Llorar
con el que llora y cantar con el que esta alegre.
Mediar
entre los hermanos que no se comprenden.
Necesitar
de la mano del compañero sin complejos.
Olvidar
el miedo a ser considerado el último de la comunidad.
Preocuparse
por el débil o el necesitado.
Quitar
los obstáculos de los prejuicios.
Respetar
las opiniones de los demás.
Salir
al encuentro del hermano: a su mentalidad; a sus necesidades.
Tolerar
los defectos y límites con buen humor.
Unir
con la concordia a los hermanos para así vivir en paz con
todos.
Valorarse
con realismo sin considerarse más que los compañeros.
Yuxtaponerse
al lado del que necesita un empujoncito.
Zanjar
las desavenencias y ofensas sin resentimiento
Fuente:
Revista Umbrales nº 101 - Uruguay
GRIETAS
DEL ALMA
Un
cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que
colgaban en los extremos de un palo y que llevaba encima de los
hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que
la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo
camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero
cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del
agua.
Durante
dos años completos, esto fue así diariamente, desde
luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se
sabía perfecta para los fines para los que fue creada.
Pero
la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia
imperfección y se sentía miserable porque sólo
podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era
su obligación.
Después
de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguatero
diciéndole:
"Estoy
avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas
sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo
obtienes la mitad del valor que deberías recibir."
El
aguatero apesadumbrado, le dijo compasivamente:
"Cuando
regresemos a la
casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo
largo del camino."
Así
lo hizo la tinaja, y en efecto vio muchísimas flores hermosas
a lo largo, pero de todos modos se sintió apenada porque al
final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que
debía llevar.
El
aguatero le dijo entonces:
"¿Te diste cuenta
de que las
flores sólo crecen de tu lado del camino?. Siempre he sabido
de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré
semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos
los días las has regado y por dos años yo he podido
recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no
fueras exactamente como eres, incluidos y tus defectos, no hubiera
sido posible crear esta belleza."
Cada
uno de nosotros tiene sus propias grietas.
Todos
somos como vasijas agrietadas.
Siempre
existe la posibilidad de aprovechar nuestras grietas para obtener
buenos resultados.
LA
OFERTA DEL DIABLO
Se cuenta que el
Diablo decidió hacer una venta de garaje, y sacando todas sus
mejores herramientas de falsedad y muerte, les puso precio y las
colocó delante de su casa. Cada una estaba marcada según
su valor.
Allí
había
odio, envidia y celos, todo ello con el cartel de "Se
Vende". Así como engaño, lujuria, mentira y
orgullo con sus debidas etiquetas de precio.
Pero sola, por
encima de
las demás, completamente separada de las otras herramientas,
estaba una de aspecto corriente, sin pretensiones. Se hallaba
bastante gastada, por cierto que era la que más lo estaba de
todos aquellos utensilios y sin embargo tenía el precio
más
alto.
Un cliente se
acercó
y comenzó a ojear las herramientas. Luego, tomó aquella
a la que nos referimos y le preguntó al diablo: -Dígame,
¿Cómo se llama esta herramienta?. ¡ Ah, esta es
mi favorita! - contestó en tono astuto y burlón. Se
llama DESALIENTO.
-¿Se puede
negociar ese precio tan alto?. -Rotundamente no. Esta herramienta es
más poderosa que ninguna otra de las que tengo. Cuando aplico
el DESALIENTO sobre una persona, puedo utilizarlo como palanca para
abrir su corazón y luego emplear el resto de mis utensilios.
Es la herramienta clave, la más estratégica, y por lo
tanto se vende a un precio muy elevado.
Tomado
del libro CUANDO EL INFIERNO SE NOS VIENE ENCIMA - Steven J. Lawson
RESCATE EN EL MAR
Hace seis años, en un
pueblito pesquero de Holanda, un muchacho enseñó al
mundo las recompensas de servir en forma desinteresada. Como todo el
pueblo se movía en torno de la industria pesquera, hacía
falta un equipo voluntario de rescate para casos de emergencia. Una
noche los vientos empezaron a rugir, explotaron las nubes y una
tormenta increíblemente fuerte hizo zozobrar un barco pesquero
en el mar. Varados y en dificultades, los integrantes de la
tripulación enviaron el S.O.S.
El capitán del equipo
de salvataje hizo sonar la alarma y los habitantes del pueblo se
reunieron en la plaza local que daba a la bahía. Mientras el
equipo lanzaba el bote y luchaba para abrirse camino entre las olas,
los lugareños esperaban ansiosos en la playa, sosteniendo
linternas, a fin de alumbrar su camino de regreso.
Una hora más tarde,
el bote salvavidas volvió a aparecer entre la niebla y los
entusiasmados lugareños corrieron a saludarlo. Los
voluntarios, caían exhaustos sobre la arena, relataron que el
bote de rescate no podía llevar más pasajeros y que
habían tenido que dejar a un hombre, un sólo pasajero
más sin duda habría hecho zozobrar la embarcación
y todos se habrían perdido.
Frenéticamente, el
capitán convocó a otro grupo de voluntarios para ir a
buscar al sobreviviente solitario. Se adelantó Hans, de
dieciséis años. La madre lo tomó del brazo y le
suplicó:
- Por favor, no vayas. Tu
padre murió en un naufragio hace diez años y Paul, tu
hermano mayor, lleva tres semanas perdido en el mar. Hans, eres lo
único que me queda.
- Mamá, tengo que ir
-respondió Hans. ¿Qué pasaría si alguien
dijera: "No puedo ir, que lo haga otro"? Madre, esta vez
tengo que cumplir con mi deber. Cuando se trata de prestar un
servicio, todos debemos turnarnos y hacer lo que nos corresponde. -El
muchacho besó a su madre, se unió al grupo y
desapareció en la noche.
Pasó otra hora, que
para la madre de Hans, fue una eternidad. Finalmente, el bote de
rescate se dibujó contra la niebla con Hans de pie en la proa.
Formando un cono con las
manos, el capitán gritó:
- ¿Encontraron al
hombre perdido?
Conteniéndose a duras
penas, Hans respondió excitado:
Si lo encontramos. ¡Dígale
a mi madre que es Paul, mi hermano mayor!
Dan Clark
(Otro plato de Sopa de
pollo para el Alma - Jack Canfield y Mark Hansen)
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