
El Cometa que descubrió su luz
Miles de
personas contemplaban admiradas la estela que iba dejando el cometa.
Hasta los astrónomos se habían quedado cortos en sus
cálculos acerca de su luminosidad y magnitud.
Sin
embargo, lo que hoy era portada de todos los periódicos muy bien
pudo no ocurrir. Todo comenzó unos días antes.
El cometa
cansado y exhausto de vagar por el cosmos, se rendía con un "no
quiero seguir". Instantes antes de su posible desaparición
repasó su vida hallando, tan sólo en ella, oscuridad. Sus
recuerdos siempre desembocaban en la imagen que los demás
tenían de él: "un ser funesto y terrorífico,
portador de desgracias y catástrofes allá por donde iba".
Sus ayes llegaron hasta la estrella que, preocupada por la
situación, corrió en su ayuda.
El cometa
se desahogó desgranando uno por uno todos sus sentimientos
mientras, la estrella escuchaba. Después vino el silencio y la
negrura del cosmos. Cometa y estrella no iluminaban más que un
pabilo vacilante.
Pasado un
tiempo, el cometa arrancó un desgarrador "no puedo" que
sirvió de pretexto a la estrella para iniciar un tímido
diálogo.
-
Sólo ves una imagen de ti mismo, afirmó la estrella. El
cometa se quedó perplejo.
- Esa
imagen negativa tuya no se corresponde con la realidad. Lo que para ti
es vagar por el firmamento es, en realidad, poner vida donde todo es
quietud.
El cometa
se quedó pensativo. La estrella prosiguió desmontando
todas esas leyendas y patrañas que le acusaban de maleficios.
-
Quizás "puedo intentarlo", musitó el cometa.
-
¡Claro que sí puedes!. Imagina todo lo que te queda por
ver, por disfrutar, por hacer. Tu ser quedará grabado para
siempre en la mirada limpia de los niños, sellará muchas
promesas de amor y recordará a las personas su dimensión
trascendental... ¡Ah! y no olvides que eres portador de luz y la
luz es vida. Esa es una de tus riquezas.
-Ayúdame...
"¡Tengo que conseguirlo¡".
E
incorporándose, cometa y estrella volvieron a brillar.
El cometa
inició de nuevo su trayectoria.
Ahora,
más luminoso qué nunca. Aceleró y cuando ya
parecía perderse, se detuvo. Miró a la estrella y
gritó:
- ¡Lo
he logrado!