La memoria es sabia. Si nos juega malas pasadas, si nos lleva por caminos erróneos, es para salvaguardar nuestra identidad y mantener nuestro bienestar. Es fácil afirmar que, sin memoria, no hay pasado. Lo revolucionario es que la neuropsicología ha descubierto que, sin memoria, tampoco hay futuro. Curiosamente, cuando imaginamos lo que viene, se activan las mismas partes del cerebro que cuando recordamos el pasado.