Los fines de semana, los bosques de la comarca catalana del Berguedá sufren una 'invasión' de "boletaires", algunos recorren hasta 300 kilómetros para ir a por setas. Hasta ahora en Cataluña lo de ir a por setas siempre ha sido gratis, pero visto el grado de sobrexplotación de algunas comarcas seteras, la Generalitat ha empezado a poner coto a la seta.

En los bosques que rodean al monasterio de Poblet, en Tarragona, se lleva a cabo la primera medida de regulación pública. A cambio de 10 euros se entrega un carnet que permite recoger setas durante toda la temporada. El canon pretende ser disuasorio, como medida de protección al medio ambiente, pero la medida no está exenta de polémica.

Existen varios cotos de setas repartidos por España, pero tal vez sea el del valle navarro de Ultzama, el que sirva de ejemplo como modelo de gestión forestal que genera beneficios económicos a toda la zona. En el parque micológico, los guardas forestales hacen algo más que cobrar un canon a los buscadores, elaboran un "parte micológico", o lo que es lo mismo, informan al visitante sobre qué tipo de setas encontrará según temporada y climatología u ofrecen también un servicio de consultoría donde comprueban la posible toxicidad de algunos ejemplares dudosos. La creación de estos cotos ha creado puestos de trabajo y la hostelería local también ha visto crecer su fuente de ingresos.