Dice un pastor de Fuentepelayo que su pueblo era tranquilo, pero se ha convertido en un escenario propio de una película de acción de malos y buenos. Y es que en esta pequeña localidad que no llega a los mil habitantes están ocurriendo episodios violentos que han sumido a sus vecinos en el miedo y el silencio. Todo empieza en la planta de compostaje Agramam, cuyo dueño es vecino de Fuentepelayo. Esta empresa ha vertido numerosos camiones de residuos sin tratar en campos de cultivo dañando no sólo esas tierras sino también haciendo que el aire fuera irrespirable.

Denunciar a Agramam, sin embargo, se ha convertido casi en un acto de valentía. Los vecinos de Fuentepelayo han sido víctimas de acto vandálico cada vez que han hecho pública alguna queja contra la empresa de compostaje. José Luís Ordóñez encontró una pintada en un muro donde se le llamaba terrorista del Grapo. Hay vecinos que hablan de ruedas pinchadas, otros de persecuciones por los caminos, ha habido incluso intimidaciones cuerpo a cuerpo realizadas por personas  relacionadas con la planta de compostaje. El propio alcalde despertó una mañana con la palabra “pelele” pintada en su coche. Pero la cosa se puso fea cuando a Luís le incendiaron un pajar.

La ley del silencio se ha hecho palpable en Fuentepelayo y en otros pueblos colindantes con la planta de compostaje. La Guardia Civil investiga estos hechos mientras recopila pruebas sobre la dudosa gestión de residuos de la planta de compostaje. También ha aumentado sus efectivos en la zona para velar por la seguridad de todos. Por su parte, la Junta de Castilla y León ha paralizado la actividad de la empresa hasta asegurarse que cumple con la norma medioambiental. María, una vecina de Zarzuela del Pinar, está decidida a plantarle cara a Agramam aunque se sienta sola en esta lucha.