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Desde el punto de vista histórico, el absolutismo es un sistema de gobierno que consiste en la concentración máxima del poder en manos de una sola persona, como cuando nos referimos a la Monarquía absoluta. La significación política de absolutismo equivale a la de totalitarismo, y, por tanto, designa un sistema político no democrático.
Originariamente el anarquismo fue un movimiento revolucionario obrerista, inspirado en las ideas de dos pensadores del siglo XIX: Proudhom y Bakunin. Se caracterizó por su radicalismo ideológico y por su enfrentamiento directo con los poderes públicos y con las clases sociales altas. Sus principales ideas son las siguientes: - Defensa a ultranza de la libertad individual, puesto que consideran que el hombre es bueno por naturaleza (al modo del filósofo ilustrado Rousseau), y que su maldad y egoísmo proviene de una sociedad basada en la desigualdad y en la explotación de unas clases por parte de otras. - Propone la supresión de la propiedad privada y de toda forma de explotación económica. Su ideal consiste en la creación de comunidades autogestionarias (que se gobiernen a sí misma mediante procedimientos de democracia directa) y autosuficientes (producir por ellas mismas todo lo que se necesite para satisfacer las necesidades básicas). Estas comunas se gestionarían mediante un trabajo colectivo y comunitario. La forma de relacionarse unas con otras sería a través de federaciones o confederaciones de comunas, cuya pertenencia o no a las mismas sería libremente elegida por ellas mismas. - Eliminación de cualquier tipo de poder coactivo, sobre todo por parte del Estado y de todas sus instituciones y organismos represivos de la libertad individual: policía, ejércitos, jueces, etc. - Rechazo a la religión, a la que consideran una forma de alienación social que favorece la desigualdad y la resignación de los trabajadores. - Aceptación de la violencia y la revolución como forma de derribar las instituciones del Estado para poder construir una sociedad anarquista. - Creencia en la igualdad radical entre todos los seres humanos, independientemente del sexo, la raza, etc. El anarquismo afirma que sólo mediante la educación igualitaria pueden alcanzarse los ideales anarquistas. - Rechazo de la democracia representativa, a la que no consideran democrática en sí misma. Su propuesta es la democracia directa ejercida en asambleas, las cuales poseen todo el poder soberano. En la actualidad, el término ‘anarquismo’ ha perdido parte de su sentido originario e histórico (el número y los militantes de asociaciones anarquistas son escasos). Hoy en día suele utilizarse el término para designar a alguien inconformista con las reglas sociales, que se niega a participar en las elecciones política ni siquiera como votante, que defiende la autogestión como forma de tomar decisiones colectivas y que se muestra rebelde contra cualquier forma de poder.
Palabra que proviene de los términos griegos ‘aristoi’ (los mejores, los más fuertes) y ‘cracia’ (gobierno). Su significado etimológico es, pues, ‘gobierno de los mejores o más aptos’. Ese es el sentido que le da Platón cuando, en su obra La República, considera a la aristocracia como la mejor forma de gobierno posible. En su significación política, entendemos por aristocracia un régimen en el que gobierna una minoría o élite (en algunos países puede tratarse de castas) exclusivista y convencida de ser la mejor. No obstante, con el paso del tiempo, el término ‘aristocracia’ fue adquiriendo otro significado y se utilizó para designar al conjunto de la nobleza hereditaria, significación que se mantiene en la actualidad. El filósofo Nietzsche rescató su significación etimológica para designar con ella al hombre superior (superhombre) que no acepta valores morales ajenos, sino que los crea él mismo. Según afirma, "el aristócrata tiene conciencia de que él determina sus propios valores". Contrapuso así la moral aristocrática a la moral plebeya o vulgar de los débiles (encarnada fundamentalmente en el pensamiento y la ética cristianos).
Su significado más extendido es el de clase social cuyos componentes se caracterizan por no ser asalariados, esto es, por ser los propietarios de los medios de producción. Ésa es concretamente la significación de burguesía en el pensamiento marxista. Por extensión, también se denomina burgueses a los poseedores de grandes sumas de capital. En Sociología, la clase burguesa suele ser descrita como una clase conservadora política y socialmente, aunque emprendedora en materias profesionales.
Se trata tanto de una ideología como de un sistema político, inspirados en las teorías de Karl Marx y llevado a la práctica, por primera vez en la historia, por Lenin, tras el triunfo de la Revolución rusa en 1917. Posteriormente, y a lo largo de todo el siglo XX, existieron numerosas revoluciones que culminaron con la implantación de Estados comunistas en muchos países del mundo. Hacia el final del siglo, se produjo una crisis política y económica en la Unión Soviética, crisis que culminó con la caída del régimen comunista no sólo en Rusia, sino también en los países del Este europeo, y cuyo símbolo fue la caída del Muro de Berlín y la posterior reunificación alemana. En la actualidad, existen regímenes comunistas en muy pocos Estados (Cuba y China entre ellos). Las ideas esenciales del comunismo son las siguientes: - Supresión de la propiedad privada, la cual pasa a ser del Estado, quien distribuye los recursos de manera igualitaria entre toda la población. - Desaparición de las clases sociales, puesto que según la teoría marxista lo que caracteriza a dichas clases es la posesión o no de los medios de producción. Ahora bien, al desaparecer la propiedad privada, desaparecen simultáneamente las clases sociales. - Dictadura del proletariado. Significa que sólo existe un partido único: el partido comunista, representante de todos los trabajadores o proletarios. Según el pensamiento marxista, los partidos políticos cumplen la función de representar a las clases sociales (los partidos conservadores y liberales, a la burguesía; los partidos obreros, al proletariado), pero puesto que en un régimen comunista no existen clases sociales, resulta absurda la existencia de diferentes partidos, ya que todos los ciudadanos se han convertido en trabajadores. Este hecho no significa, para el comunismo, ausencia de democracia, ya que, según esa ideología, la verdadera democracia consiste en elegir candidatos y opciones dentro del partido único. - Afirmación de la revolución como única forma de transformar socialmente el Estado, para lo cual justifican los medios violentos como necesarios para derrocar a la burguesía del poder. Del mismo modo, apoyan la revolución internacional, puesto que consideran que no deben existir fronteras ni patrias para los proletarios del mundo. - Planificación de la economía: El Estado establece cuáles son las prioridades económicas de la nación y centraliza toda la producción para alcanzar la satisfacción de dichas prioridades. - Sistema igualitario: la riqueza se reparte igualitariamente entre todos los ciudadanos sin que existan –al menos teóricamente– diferencias salariales significativas entre las diversas profesiones. Cabe destacar también que el Estado asegura gratuitamente una serie de servicios sociales básicos al conjunto total de la población: educación, sanidad, derechos sociales, etc.
El origen de la palabra proviene de la política y del derecho romanos (de ‘dictatura’). En Roma, el dictador era un magistrado supremo que el Senado nombraba en épocas de graves peligros para la nación, y al que investía de poderes extraordinarios mientras ese peligro continuase vigente. De ahí que, en nuestros días, dictador sea aquel que recibe de otros o se concede a sí mismo poderes políticos ilimitados, incluso por encima de la propia ley. Por extensión, y en un sentido coloquial, llamamos dictador a la persona que abusa de su autoridad sobre los demás, ejerciéndola con dureza y métodos represivos. En la Historia contemporánea el vocablo dictadura ha ido asociado, casi siempre, o militares o civiles, apoyados militarmente por el ejército, que dieron golpes de Estado derrocando al sistema anteriormente vigente, y que ejercieron el poder absoluto de un modo totalitario y represivo. El marxismo utilizó el término ‘dictadura del proletariado’ para reflejar la superación de las clases sociales tras la abolición de la propiedad privada y el hecho de que el Poder quedaba concentrado en manos del pueblo. En la dictadura del proletariado no existen partidos políticos (puesto que la misión de éstos es representar a las diferentes clases sociales, y en el comunismo no hay ya clases), salvo el partido único de los trabajadores.
Palabra que proviene directamente del francés, aunque originariamente derivada del término latino ‘eligere’ (elegir, seleccionar). Con ella se designa a una minoría o a un grupo selecto, cuyas opiniones y actos ejercen influencia política, cultural, etc., sobre los demás. En otras ocasiones, sin embargo, las élites se consideran a sí mismas vanguardistas y, por tanto, incomprendidas culturalmente por el conjunto de la colectividad. Elitismo significa ser partidario de las élites, sobre todo, del predominio de éstas sobre los individuos no pertenecientes a esa minoría. En todas las sociedades han existido élites, ya fueran los ancianos en las tribus primitivas, ya fuera la nobleza y la aristocracia en los mundos clásicos y medieval. Las élites históricas provenían tradicionalmente del linaje, y muy escasamente del saber y el conocimiento. Con la evolución histórica, las élites han ido perdiendo su cualidad aristocrática, destacándose como cualidades elitistas un cierto grado de predominio en los diferentes sectores sociales. Así hablamos de élites económicas, literarias, científicas, deportiva, etc. En muchas ocasiones, se ha acusado a las élites de ser discriminatorias. Sin embargo, las élites pueden jugar –y de hecho así lo hicieron en muchas ocasiones– un papel liberador y beneficioso para la sociedad, siempre que pongan sus conocimientos o su poder de influencia al servicio de causas justas.
Con este nombre genérico se denomina a los sistemas o grupos políticos ultraderechistas que se inspiran en las organizaciones creadas originariamente por Mussolini en Italia –en 1922 fundó el primer partido fascista, con el nombre de Fasci di Combattimento– y Hitler en Alemania (partido nazi, nombre con el que se conocía al Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores). En España, desde el final de la Guerra civil y hasta la muerte del dictador, se dio un régimen fascista, encarnado en la figura del general Franco. Hoy día están surgiendo, en algunos países desarrollados, numerosos grupos violentos que se denominan a sí mismos neonazis y que tienen como ideario la defensa de ciertas ideas hitlerianas. Aunque los diversos fascismos tienen peculiaridades propias, podemos destacar algunas características comunes a todos estos grupos: - Existencia de un líder o caudillo carismático, quien aglutina en su persona un poder autoritario y absolutista. Por regla general, ese líder posee gran poder de oratoria y ejerce una influencia notoria sobre las masas. Es rasgo habitual de los fascismos el que todo el régimen político se identifique con la figura de ese dictador. - Nacionalismo extremo, que se manifiesta en una exaltación de los sentimientos patrióticos y en el deseo de superioridad histórica y cultural con respecto a otras naciones. - Ideología xenófoba y racista, asociada a ese nacionalismo extremo. En los últimos tiempos, los partidos neo-fascistas se muestran contrarios a la llegada de inmigrantes, argumentando que quitan el trabajo a los nacionales y contaminan la cultura nacional; por ello, proponen duras medidas represivas contra dichos inmigrantes. - Defensa de un sistema político dictatorial, con la prohibición de todos los partidos políticos salvo el partido fascista correspondiente; eliminación del sistema parlamentario; prohibición de la libertad de creencias y de expresión; persecución policial a los opositores políticos al régimen, etc. - Política económica autosuficiente, con una centralización y un control de la producción por parte del Estado, quien se presenta a sí mismo como el protector de los ciudadanos, algo así como un padre que cuida de sus hijos, proporcionándoles trabajo pero exigiéndoles a cambio obediencia ciega.
Teoría y práctica tanto política como económica, cuyos orígenes teóricos se remontan a los siglos XVII y XVIII, cuando filósofos como Locke y Montesquieu, o economistas como Adam Smith, sentaron las bases teóricas de esta ideología. Además, el liberalismo fue el estandarte que levantaron los revolucionarios franceses y americanos del siglo XVIII para luchar contra el régimen de la monarquía absolutista o los sistemas políticos autoritarios. Por regla general, se distingue entre el liberalismo político y el liberalismo económico, aunque es frecuente que ambos aparezcan unidos en muchos sistemas políticos. Las características generales del liberalismo son: - Desde el punto de vista político, la defensa de las libertades individuales frente al poder del Estado. Así se reivindican la libertad de expresión, de creencias, de religión, del derecho a la propiedad privada, etc. El papel del Estado debe limitarse a garantizar a los ciudadanos el disfrute de esas libertades individuales (de ahí que insistiesen en el papel estatal de garantizar policialmente el orden público interno y el respeto a la propiedad), sin intentar interferir en la vida pública mediante la regulación de ésta, regulación que queda en manos de la iniciativa de los mismos ciudadanos. El liberalismo político es partidario del sistema democrático y de la libre alternancia de partidos en el poder, aunque durante los siglos XVIII y XIX los partidos liberales defendieron el llamado ‘sufragio restringido’ (sólo votaban los ciudadanos que pagaban ciertos impuestos, que eran los únicos a los que se consideraba capacitados, tanto por su posición como por sus riquezas, para participar en la vida política). - Desde el punto de vista económico, el liberalismo se caracteriza por defender la iniciativa privada como el motor de la economía, rechazando la intervención del Estado en el área económica. El lema de este movimiento fue el famoso: laissez faire (dejad hacer), con el que querían expresar que el Estado no debía aprobar leyes (como un salario mínimo, regulación del despido, protección de ciertos derechos laborales, etc.) que interfirieran en el libre mercado y en la libre competencia de productos y empresas. El liberalismo es partidario, pues, de la libertad de contratación de trabajadores, del despido libre, de la libertad de salarios y horarios, etc., condiciones que, a su juicio, favorecen el crecimiento económico y la creación de riqueza. Este crecimiento favorece directamente a todos los ciudadanos por cuanto mejora las condiciones materiales de la sociedad. Los partidos socialdemócratas critican este modelo económico porque, a su entender, favorece las desigualdades sociales.
Concepto creado por Marx para expresar la existencia de dos clases sociales con intereses contrapuestos y por ello enfrentadas históricamente. Según Marx, lo que define a una clase social es la posesión o no de los medios de producción, es decir, existen dos clases: la burguesía (propietaria de dichos medios) y el proletariado (clase explotada que no posee propiedades y que debe vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario muy inferior a su capacidad de producir riqueza). Esas dos clases sociales son antagónicas y se encuentran enfrentadas ideológica y políticamente, ya desde los inicios de la civilización. Gracias a la lucha que mantienen entre sí esas clases sociales avanza la historia y el progreso material (Marx lo expresó en su famosa sentencia: "la lucha de clases es el motor de la historia"). Según el pensamiento marxista la lucha de clases desaparecerá en el momento en que el proletariado tome el poder mediante una revolución social para acabar con la propiedad privada y, de paso, con la propia existencia de las clases sociales (no olvidemos que lo que caracteriza a una clase es tener o no tener la propiedad sobre los medios de producción). A pesar de que Marx utiliza la expresión ‘dictadura del proletariado’ para designar el nuevo estadio sin clases sociales, no debe entenderse que él propugne una nueva forma de dominación (la de los proletarios), sino que pretende la creación de una sociedad igualitaria económicamente donde los intereses de cada uno coincidan con los intereses de todos.
El marxismo es la teoría política y económica elaborada por el filósofo y economista alemán Karl Marx durante las dos primeras décadas de la segunda mitad del XIX. Para la elaboración de dicha teoría contó con la ayuda de F. Engels. Los dos textos esenciales de dicha teoría son El manifiesto comunista (1848) y El Capital (1868). Por extensión, también se aplica el adjetivo ‘marxista’ a cualquier sistema o partido político, sindicato, teoría o estructura económica cuyas ideas o reglas de actuación estén inspiradas por la obra de Marx. El término ‘marxista’ se encuentra directamente relacionado con los conceptos de socialismo, comunismo, materialismo histórico, etc. Marx llevó a cabo un análisis del sistema capitalista con el objetivo de señalar cuáles eran sus leyes económicas y políticas, a la vez que intentaba descubrir los mecanismos ideológicos que el sistema utilizaba para mantener la desigualdad social. La crítica marxista al capitalismo puso de manifiesto que las clases dominantes explotaban económicamente al proletariado a la vez que se servían del sistema político para mantener ese dominio social. Para acabar con esa situación de explotación humana, Marx propugnó una revolución social que permitiera a los proletarios acceder al poder y eliminar la propiedad privada, causa principal de esa desigualdad. La sociedad resultante debía estar inspirada en la igualdad social (no habría clases sociales, puesto que la propiedad sería de todos, es decir, del Estado) y en la solidaridad internacional de la clase proletaria. Las ideas esenciales del pensamiento marxista son: - Materialismo: Postura filosófica consistente en afirmar que todo lo que existe es de naturaleza material, negando por tanto la existencia de sustancias espirituales como alma, Dios, Yo o conciencia. Dentro del pensamiento marxista se distinguen dos tipos de materialismo: el dialéctico (elaborado teóricamente por Engels), según el cual todos los procesos humanos siguen las leyes de la dialéctica, y el histórico (creado por Marx), para quien las ideas filosóficas e ideológicas son la consecuencia de la estructura económica de una sociedad concreta, de tal manera que las clases dirigentes imponen unas ideas éticas y políticas a las clases oprimidas, las cuales buscan una función social muy concreta: hacer creer a los proletarios que la desigualdad social es algo determinado por la propia naturaleza humana (es decir, innato e inevitable), en lugar de ser la consecuencia de un desarrollo histórico y económico basado en la explotación de unas clases sociales por parte de otras. - Crítica al capitalismo como sistema político y económico que perpetúa la explotación económica, política y cultural de las clases proletarias. La desigualdad social y la alienación de los oprimidos son los mecanismos esenciales de los que se valen las clases sociales dominantes para mantener su situación de privilegio. - Creación de una sociedad comunista donde no existan ni la propiedad privada ni las clases sociales (y, por tanto, se acabe con la lucha de clases) ni la explotación económica o ideológica de unos hombres sobre otros. Para alcanzar dicha sociedad deberá llevarse a cabo una revolución que transforme las condiciones materiales de la existencia humana. - Dictadura del proletariado: según Marx, tras el triunfo de la revolución, los partidos políticos debían desaparecer, puesto que representaban los intereses económicos de cada una de las clases sociales, clases que desaparecerían en la futura sociedad comunista donde ya no existiría propiedad privada. De esa manera, sólo habría una clase: los proletarios, y un sólo partido político: el de los trabajadores. El pensamiento marxista pronto caló entre las clases trabajadoras, surgiendo en el siglo XIX numerosos partidos políticos y sindicatos de esa orientación. En 1917 la Revolución rusa liderada por Lenin triunfó, lo que permitió la creación, por primera vez en la historia, de un Estado comunista inspirado en las ideas de Marx, aunque modificadas y adaptadas por el propio Lenin. A partir de ese momento histórico, otros grupos revolucionarios marxistas alcanzaron el poder en muchos Estados (los llamados Países del Este de Europa, China, Cuba, etc.). A finales del siglo XX muchos de estos Estados entraron en crisis (caída del Muro de Berlín, disolución de la Unión Soviética, etc.), y fueron sustituyendo su régimen comunista por sistemas económicos y políticos inspirados en la teoría económica capitalista y en la aceptación de la democracia como forma de ejercer el poder. Del mismo modo, y fundamentalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, los llamados Partidos socialistas fueron renunciando mayoritariamente a ciertas ideas marxistas (como las de revolución, dictadura del proletariado, abolición del capitalismo como sistema económico, etc.), a la vez que creaban un nuevo tipo de socialismo conocido desde entonces como socialdemocracia.
Término preveniente del griego que significa, literalmente, gobierno de unos pocos. En la filosofía griega se establecía una distinción entre aristocracia (gobierno de unos pocos, en este caso ‘los mejores’) y oligarquía (gobierno de unos pocos, pero atendiendo exclusivamente a sus intereses personales, por regla general pertenecientes a una misma clase social). Con el paso del tiempo, el vocablo ha ido ampliando su significado. Hoy día designa la concentración de poder en unas pocas manos dentro de un ámbito específico. Por ejemplo, se habla de oligarquía financiera para referir que todo el poder financiero de un país se halla concentrado en cuatro o cinco bancos, con lo cual pueden pactar fácilmente entre ellos para evitar la competencia real y obtener así mayores beneficios.
Concepto que significa ‘beneficio económico’. Según Marx es el fundamento de la economía capitalista, la cual se mueve exclusivamente por la búsqueda de plusvalías para los propietarios de los medios de producción. Para ello llevan a cabo una explotación laboral de la clase trabajadora, la cual aporta su fuerza de trabajo, recibiendo a cambio un salario muy inferior al rendimiento económico real de su trabajo. Esa diferencia entre lo que produce el trabajo de los proletarios y el salario que reciben por él constituye la plusvalía que obtiene el dueño de la empresa.
Según Marx, el proletariado está constituido por la clase social de los trabajadores que no poseen nada más que la fuerza de su trabajo. Frente a ella se sitúa la clase social de la burguesía, caracterizada por el hecho de poseer la propiedad de los medios de producción: fábricas, empresas, redes comerciales, etc. El sistema capitalista es el resultado de la explotación que lleva a cabo la burguesía sobre la totalidad del proletariado, explotación que permite el enriquecimiento progresivo de las clases dominantes y el mantenimiento de la subordinación de los proletarios. Para acabar con esta situación de desigualdad social, Marx propuso la revolución, llevada a cabo por los proletarios de todo el mundo, con el fin de terminar con la existencia de la propiedad privada a través de la instauración del socialismo.
Voz que proviene del verbo latino ‘revolvere’, cuyos significados son: ‘dar la vuelta, ‘invertir’ o ‘transformar’. Habitualmente se utiliza como concepto político. Designa un cambio o transformación de las instituciones políticas y sociales de un Estado, generalmente a través de acciones violentas contra el poder establecido. Por ejemplo, la filosofía marxista usó el concepto para indicar que ése era el único camino que tenía el proletariado para derribar el orden burgués existente y poder llevar a cabo así los ideales de justicia social que propugnaba el socialismo. En las ciencias humanas (historia, sociología, antropología...), el concepto de revolución se utiliza para designar las grandes transformaciones sociales y técnicas que caracterizaron a una determinada época. Por ejemplo, hablamos de ‘revolución industrial, ‘revolución neolítica’ e incluso de ‘revolución cultural’.
Se entiende por sistema político un conjunto organizado de leyes, instituciones públicas, ideología, organización burocrática, estructuras sociales y acción de gobierno, que define el modelo político de una sociedad concreta. Los sistemas políticos se caracterizan por su complejidad; de ahí que resulte muy difícil establecer sus rasgos propios, puesto que además no se trata habitualmente de sistemas estáticos, sino que por su propia estructura son cambiantes y dinámicos. Y esto último sucede gracias a la acción directa e indirecta que ejercen la sociedad y los ciudadanos sobre el propio sistema, el cual evoluciona a causa de esa acción, bien incluyendo reformas sobre el sistema, bien sustituyendo algunos aspectos esenciales del mismo, con lo cual se produce un cambio político del sistema. En cuanto a su clasificación, pueden utilizarse muy variados criterios. Si atendemos, por ejemplo, al sistema de elección de los poderes públicos, distinguiremos entre democracias, dictaduras, totalitarismos, teocracias, etc. En cambio, si hablamos de la forma política del Estado podremos diferenciar entre Monarquías constitucionales, Monarquías absolutas o autoritarias, repúblicas democráticas, repúblicas socialistas, etc. Si atendemos, por contra, a la ideología política de los gobiernos que dirigen la acción del Estado, podemos catalogar a los sistemas políticos como liberales, socialistas, socialdemócratas, comunistas, etc. Por regla general, el marco que define a un sistema político es la Constitución, es decir, el texto legislativo fundamental que establece las instituciones del Estado, sus normas de funcionamiento, la división de poderes, los mecanismos de elección de gobernantes y representantes de los ciudadanos, y, sobre todo, el conjunto de deberes y derechos fundamentales de los ciudadanos.
Con este nombre se conoce una variante política y económica del socialismo marxista que comenzó a ponerse en práctica por primera vez en determinados países (Suecia, Alemania, etc.) durante la segunda mitad del siglo XX. A los partidos socialdemócratas también se les denomina, en ocasiones, partidos socialistas democráticos, en contraposición a los partidos socialistas de inspiración marxista o comunista. El rasgo que caracterizó inicialmente a estos partidos fue la renuncia a algunos presupuestos básicos del marxismo. Así, la socialdemocracia acepta el capitalismo como sistema económico, porque considera que es capaz de generar más riqueza y bienestar que las políticas económicas comunistas; acepta igualmente el sistema de partidos políticos que compiten electoralmente para la conquista del poder, es decir, el sistema democrático; y, finalmente, la renuncia a la revolución violenta como forma de transformar la sociedad. La socialdemocracia se muestra partidaria del llamado ‘estado del bienestar’, cuya realización se convierte en su objetivo básico. Para alcanzarlo, desarrolla una política fiscal progresiva, de tal manera que las clases pudientes pagan altos impuestos, mientras que las clases bajas cotizan poco. Con el dinero recaudado, el Estado desarrolla políticas sociales que buscan una redistribución de la riqueza, garantizando una educación y una sanidad gratuitas, y poniendo en marcha un conjunto de medidas de ayuda social para las clases más desfavorecidas. El liberalismo critica a la socialdemocracia el enorme gasto público (estatal) que conllevan estas medidas sociales, lo que supone un freno al desarrollo económico, ya que las empresas prefieren invertir en otros Estados donde los impuestos sean más bajos. Los socialdemócratas, en cambio, reprochan al liberalismo su política económica, ya que según ellos ésta crea enormes desigualdades sociales, favoreciendo claramente a los poseedores de capital y perjudicando a las clases medias-bajas. En el fondo de este debate, se perciben claramente dos opciones políticas: o bien se tiende hacia la igualdad social mediante la acción del Estado en la redistribución de la riqueza (socialdemocracia), o bien se opta por la creación de riqueza en la sociedad, aunque ese hecho favorezca la existencia de desigualdades sociales.
Sistema político y económico inspirado en las ideas de Marx y Engels. Aunque antes de ellos, hubo teóricos que idearon sistemas a los que denominaron socialistas (los teóricos del llamado ‘socialismo utópico’: Fourier, Saint Simon, etc.), se considera que Marx es el primero en formular una doctrina coherente y realista sobre los objetivos de un Estado socialista (de ahí que él mismo denominara a su sistema ‘socialismo científico’). En líneas generales, el socialismo propone la abolición de la propiedad privada –a la que considera responsable de la desigualdad social–, la cual pasa a manos del Estado quien deberá distribuirla igualitariamente entre todos sus ciudadanos. El socialismo se propone también acabar con las clases sociales (burguesía y proletariado) y con la que Marx llamó ‘lucha de clases’. El socialismo se caracteriza por su crítica al sistema capitalista como modo de producción, y al liberalismo y la democracia burguesa, a los que considera sistemas políticos que buscan perpetuar la explotación económica de una clase social (la burguesía) sobre otra (el proletariado). Durante el siglo XX han surgido diversos tipos de socialismo. Aún perduran modelos marxistas-comunistas como los de China o Cuba, mientras que otros partidos políticos socialistas han aceptado la existencia del capitalismo como un modo de producción capaz de generar riqueza y bienestar material, pero al que buscan corregir sus desigualdades sociales y económicas mediante la intervención del Estado en la sociedad, buscando con ello una justicia distributiva donde la riqueza generada por el sistema se reparta de una manera más igualitaria. Estos partidos (a los que habitualmente se les denomina socialdemócratas para distinguirlos de los socialistas marxistas) utilizan la política fiscal (impuestos) como manera de alcanzar el llamado estado del bienestar.
El totalitarismo político consiste en un sistema de gobierno que dirige de manera absoluta a la sociedad civil, ejerciendo un control político y social rígido sobre todos sus miembros. Según Arendt, "el régimen totalitario transforma siempre a las clases en masas, sustituye el sistema de partidos, no por dictaduras de partido único, sino por un movimiento de masas, desplaza el centro de poder del ejército a la policía, y practica una política exterior que pretende abiertamente la dominación del mundo". Se pueden resumir los rasgos más significativos de los sistemas totalitarios en los siguientes: - Identificación de los fines morales y materiales del Estado con los todos los ciudadanos, de tal manera que, si existen personas que discrepan de tales fines, deben ser eliminadas o puestas a recaudo, puesto que no deben poseer siquiera la consideración de ciudadanos. - Control absoluto por parte del Estado: éste se encarga de fijar las metas y los fines, mientras que los ciudadanos deben obedecer escrupulosamente sus dictados. A tal fin, el Estado establece un control rígido de las actividades cívicas y políticas de la población, instaurando un sistema policial y un conjunto de medidas represoras para con los disidentes. - Inexistencia de la división de poderes, puesto que el poder queda concentrado bien en una sola persona (dictadura), bien en un grupo selecto de mandatarios (oligarquía). Desaparece así el poder legislativo democrático (Parlamentos), a la vez que se quita la independencia al poder judicial, puesto que existen personas o instituciones estatales que quedan al margen del llamado imperio de la ley. - Los totalitarismos se fundamentan en discursos patrióticos y nacionalistas, que hacen de la nación y la patria los conceptos cohesionadores de la población. En ese sentido, llevan a cabo acciones de exaltación de la raza, la cultura o la superioridad histórica de un pueblo. La palabra totalitarismo tiene otros usos distintos al de su significación estrictamente política, aunque relacionados con ella. De una manera genérica, totalitarismo es cualquier actitud que no admita más principios que los defendidos por ella misma. Se puede hablar así de totalitarismo científico, filosófico, religioso, cultural, etc.
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