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Decimos que una persona es adicta al consumo de una sustancia cuando la conducta de ese sujeto es obsesiva con respecto a la disponibilidad de esa sustancia, ya que psicológica o físicamente, o incluso ambas cosas a la vez, no puede prescindir de su consumo. En el caso de que le falte éste, al sujeto se le presenta el llamado síndrome de abstinencia. En muchas ocasiones, el adicto se resiste a ser considerado como tal, es decir, se niega a sí mismo que sufre dependencia con respecto a determinada sustancia. Según el Doctor Washton, cuatro son los rasgos que caracterizan la adicción: 1. Obsesión: Toda o parte importante de la vida del sujeto gira alrededor de la droga, siendo incapaz de dejar de pensar en ella. 2. Consecuencias negativas: la adicción se vuelve contra uno mismo y, casi siempre, contra las personas que le rodean. Se alteran así las relaciones familiares, se va abandonando la atención en el trabajo, se provocan trastornos de salud psíquica y física, el sujeto se vuelve egoísta, ya que para él la adquisición de la droga es lo más importante, etc. 3. Falta de control: el autocontrol va desapareciendo paulatinamente y la voluntad del individuo resulta incapaz de controlar la propia conducta. 4. Negación: Se trata de un mecanismo de defensa que se pone en funcionamiento dentro del psiquismo de muchos adictos. Según Washton, esto se manifiesta cuando el adicto comienza a negar dos cuestiones: una, "que la droga o actividad en cuestión constituya un problema que no pueda controlar"; dos, "que los efectos negativos en su vida tengan alguna conexión con el uso de la droga o actividad". De ahí que muchos sujetos adictos expresen frases como las siguientes: "yo no tengo ningún problema con esa sustancia", "mi adicción no es tan grave" o "muchos hacen lo mismo que yo".
Se llama adolescencia al periodo temporal comprendido entre la pubertad (periodo entre la infancia y la adolescencia) y el momento en que el organismo alcanza un completo desarrollo físico y psíquico. Cuando termina su adolescencia, decimos que una persona ya ha entrado en su edad adulta. Es, por tanto, un momento biológico dentro del desarrollo orgánico de los individuos. Aunque no en todos los sujetos la adolescencia comienza y acaba en las mismas edades (ya que unas personas maduran física y psíquicamente antes que otras), podemos hablar, de modo genérico, de un periodo temporal comprendido entre los 12 y los 18 años de edad. Desde el punto de vista psicológico, la adolescencia se caracteriza por algunos rasgos significativos. Por ejemplo: - Descubrimiento de la sexualidad del propio cuerpo y del deseo sexual del otro. En esta fase comienzan a concretarse las tendencias sexuales del sujeto. - Predominio de los aspectos sociales y de integración en grupos. Así, los adolescentes se caracterizan generalmente por la importancia afectiva que dan a grupos o relaciones como la pandilla, el amor, la amistad, las modas juveniles, etc. - Además de esa voluntad de integración social, este periodo también se caracteriza por la configuración de una personalidad individual, ya que durante estos años van fijándose ciertos rasgos de carácter que perdurarán durante casi toda la vida del sujeto. - Afán de rebeldía y de autoafirmación frente a la autoridad de los adultos, lo que desemboca habitualmente en un conflicto generacional. Durante la adolescencia, se produce un momento importante dentro del desarrollo de la conciencia moral: el sujeto comienza a ser consciente del significado profundo de las normas morales y sociales, y también de su propia libertad de elección. Por tanto, comprende la necesidad de elegir, voluntaria y conscientemente, las normas morales que guiarán su conducta ética.
Un alcohólico es un individuo que tiene dependencia con respecto al consumo de alcohol. Esta drogodependencia es una de las más extendidas en el mundo occidental. Se calcula que cerca del 10 % de su población presenta algún grado de alcoholismo, en algunos casos grave y en otros moderado. Aunque no hay acuerdo generalizado sobre cuándo cabe considerar a una persona alcohólica (ya que el alcohol afecta de muy diversa manera a cada persona concreta, sin que pueda hablarse por ello de reglas universales), diversos estudios cuantifican el alcoholismo de la siguiente manera:
Entendemos por ‘unidades de consumo’ las siguientes: - Una unidad: un vaso de vino, una cerveza, una copa de cava, etc. (aproximadamente 12 gramos de alcohol puro). - Dos unidades: una copa de whisky, coñac, ginebra, ron, incluidos los combinados que se elaboran con los mismos. El alcohol provoca una dependencia física moderada y una alta dependencia psicológica, y también tolerancia (es decir, ne necesitan cada vez más dosis para conseguir los mismos efectos). Los efectos sociales del alcoholismo son evidentes: violencia, marginación, absentismo laboral, malos tratos...
El término comuna designa a un conjunto de personas que viven en comunidad, alejados de la sociedad organizada. Por regla general, en ellas no existe la propiedad privada, ya que todos los bienes y recursos son compartidos igualitariamente por la totalidad del grupo. Algunas comunas se caracterizan por incluir una comunidad sexual, donde se practica el amor libre sin vínculos estables de pareja, y donde los niños son educados por la totalidad del grupo y no sólo por sus padres biológicos. Históricamente, parece ser que las comunas existieron desde tiempos inmemoriales y prácticamente en todas las civilizaciones. En la Edad Media alcanzaron celebridad algunas comunas de herejes, que fueron perseguidas por la Iglesia católica. Durante el siglo XIX, algunos teóricos socialistas, y particularmente los anarquistas, hicieron de las comunas un ideal con el que alcanzar una verdadera igualdad social y económica. Para ellos, la comuna era una forma de organización política y social basada en la propiedad colectiva y en la eliminación de los valores familiares burgueses y religiosos. Durante el siglo XX, los hippies crearon numerosas comunas con el fin de llevar a cabo sus formas ideales de vida.
Se denomina problema o conflicto generacional al enfrentamiento que se produce entre dos generaciones a causa de los valores sociales y morales que defienden cada una de ellas. En síntesis, ese conflicto consiste en lo siguiente: la generación anterior suele defender el orden social y las normas morales imperantes en un momento histórico, con el fin de mantener una continuidad en la evolución de la sociedad. Por contra, la generación nueva trata de cambiar los valores dominantes buscando un cambio social más acorde con las ideas que defienden. Los sociólogos han comprobado que el problema generacional es cíclico, puesto que aparece cuanto menos dos veces en la vida de cada generación: una, cuando ésta es joven y se enfrenta a la generación de sus mayores; y otra, cuando esta misma generación tiene que hacer frente a las nuevas ideas que defienden sus hijos. Por tanto, a cada generación le toca vivir, a lo largo del tiempo, en las dos perspectivas del problema. El problema generacional es uno de los factores que más contribuye al cambio y a la evolución de las sociedades, puesto que a través de él van modificándose las ideas sociales, morales y culturales. En la Antigüedad, el problema generacional tenía menos intensidad que en nuestros días, debido a la dificultad de expansión que experimentaban las nuevas ideas. Sin embargo, en las sociedades contemporáneas, los medios de comunicación de masas favorecen la difusión de modas e ideas innovadoras, además de la importancia que tienen las nuevas tecnologías y la ciencia en el cambio social, modificando continuamente los hábitos de trabajo, las ideas sobre el universo, la psicología del ser humano y las costumbres sociales. De igual modo, en sociedades más cerradas, donde aún predomina la influencia de la religión en la vida social y en las creencias del grupo, el problema generacional es menor que en las sociedades más abiertas y laicas, donde el intercambio de ideas novedosas es más frecuente. El problema generacional no sólo se da entre padres e hijos, sino que también aparece entre alumnos y profesores, políticos maduros y jóvenes, artistas consagrados y artistas innovadores, etc. Los dos más extendidos, puesto que afectan a la mayoría de los individuos, son los que se producen en las relaciones padres-hijos y en las de profesores-alumnos. Los psicólogos han llamado la atención sobre dos rasgos que caracterizan al comportamiento adolescente en el conflicto generacional: Uno, la necesidad de autoafirmación de la propia personalidad que se da en el adolescente, lo que se manifiesta en un rechazo a las formas de comportarse y a muchos valores de sus padres y de las personas adultas que le rodean, con el fin de crearse una personalidad propia, distinta de los modelos que le proponen. Y dos, el deseo de libertad que se manifiesta en la adolescencia, mediante la rebeldía contra cualquier forma de autoridad y el mantenimiento de una actitud inconformista ante los valores sociales.
Decimos de una persona que es dependiente con respecto a algo o alguien cuando no puede evitar su relación con respecto a esa cosa o persona, es decir, cuando su voluntad nada puede, o puede muy poco, en la dirección de la conducta en esa área concreta. Otra acepción de la palabra es la relacionada con el concepto ‘autonomía’. En ese sentido, decimos que una persona es dependiente cuando no es autónoma, es decir, cuando no tiene responsabilidad de sus actos, ya que esa responsabilidad recae en otra persona. Así, por ejemplo, un menor de edad depende de sus padres o tutores. Una persona es dependiente a una droga cuando no puede evitar su consumo.
Según una definición propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS), droga es "toda sustancia que introducida en el organismo vivo puede modificar una o más de las funciones de éste". Por tanto, y según esa definición, una amplísima gama de productos y sustancias serían drogas. Sin embargo, el uso cotidiano del término ‘droga’ posee una significación mucho más limitada: llamamos drogas a las sustancias que provocan una alteración de los estados psíquicos y físicos, y que son capaces de causar adicción. Entre las drogas, por tanto, pueden ser incluidos medicamentos, productos naturales como ciertos hongos y plantas, bebidas que contengan alcohol o café, productos químicos derivados de sustancias naturales, como la heroína, e incluso cierto tipo de pegamentos. Por tanto, no podemos categorizar a las drogas como buenas o malas de forma absoluta, ya que muchas de ellas nos sirven para curar enfermedades o el dolor, para mejorar ciertos tratamientos médicos, para atenuar ciertos efectos de trastornos psíquicos, e incluso para calmar nuestra ansiedad en ciertas ocasiones. Así pues, más que hablar de drogas en genérico, debería hablarse de diversos tipos de sustancias, en mayor o menor medida adictivas, que pueden ser consumidas y usadas de muy variadas maneras por individuos diferentes. Ahora bien, un problema diferente es la drogadicción. Con ese término damos a entender que una persona se encuentra ‘enganchada’ al consumo de una o varias sustancias estupefacientes, de tal manera que la droga se impone a la voluntad del sujeto, provocándole importantes alteraciones físicas y psíquicas. Para calmar su organismo, el drogadicto debe consumir periódicamente la droga. Cuando sucede esto decimos de un sujeto que es adicto a determinada sustancia y que tiene dependencia de ella. Además, muchas drogas provocan tolerancia, es decir, el sujeto necesita ir aumentando progresivamente la cantidad que consume de cierta sustancia para experimentar los mismos efectos que antes obtenía con menores dosis. Las drogas pueden ser legales o ilegales, según esté o no penalizado o prohibido su consumo en un Estado concreto. Por ejemplo, el alcohol es legal en España, mientras que está prohibido en Irán. A su vez, el consumo de hachís es considerado como algo normal en algunos países magrebíes, mientras que está prohibido en casi todos los países occidentales. Por tanto, el que una droga sea legal o no depende de numerosos factores culturales y de los hábitos sociales de cada una de las civilizaciones, sin que ello signifique, ni mucho menos, que las drogas legales sean mejores que las otras. Suele distinguirse, sin ninguna base científica, entre drogas duras y blandas. Esta clasificación es rechazada por todos los especialistas, puesto que los efectos de las drogas dependen de numerosos factores personales, sociales y culturales. Cada cultura suele considerar como blandas aquellas drogas que están legalizadas y a cuyo consumo está acostumbrada. Así sucede en nuestro país con respecto al alcohol. Sin embargo, las consecuencias médicas y psicológicas del alcoholismo son mucho más graves que las producidas por el consumo de hachís o marihuana, salvo que consideremos a éstas como una antesala para irse introduciendo paulatinamente en el consumo de otras sustancias más destructivas, cuestión esta última que depende de cada persona en particular. Incluimos aquí una clasificación, elaborada por el Instituto para el Estudio de las Adicciones, de algunas de las drogas más consumidas en el mundo, indicando si son depresoras o estimulantes, y su grado de dependencia psicológica (DP) y dependencia física (DF): - Alcohol: Depresor. DP alta. DF moderada. - Barbitúricos: Depresores. DP y DF altas. - Tranquilizantes. Depresores. DP y DF moderadas. - Narcóticos de origen natural (heroína): Depresores. DP y DF altas. - Narcóticos sintéticos: - Morfina: Depresor. DP y DF altas. Su usa en medicina como calmante. - Metadona: Depresor. DP moderada y DF alta. - Marihuana, hachís: Depresores. DP moderada. DF: se desconoce. - LSD (alucinógeno sintético): Estimulante. DP baja. DF: ninguna. - Anfetaminas y éxtasis: Estimulantes. DP alta. DF moderada. - Cafeína (café): Estimulante. DP baja. DF ninguna. - Cocaína, crack: Estimulante. DP alta. DF moderada. - Nicotina (tabaco): Estimulante. DP alta. DF moderada. El problema de la drogadicción está asociado a numerosos conflictos sociales: existencia de mafias internacionales de traficantes, violencia, marginación social y familiar de los drogadictos, aumento de la delincuencia y la prostitución como forma de adquirir dinero para comprar drogas, descenso paulatino de la edad en que se comienzan a consumir distintos tipos de estupefacientes, etc. Desde el punto de vista ético, existen dos grandes debates en torno al problema de las drogas: 1. ¿En nombre de qué principios debe prohibirse el consumo consciente de drogas a individuos libres que, voluntariamente y en posesión de información sobre los efectos y consecuencias de las drogas, deciden consumirlas aun a riesgo de sufrir problemas físicos y psíquicos? Como aún no se ha alcanzado consenso en este punto, muchos Estados han decidido despenalizar el consumo de drogas (es decir, nadie irá a la cárcel por consumir sustancias prohibidas, aunque se le podrán requisar) y, en cambio, sancionar el tráfico de drogas. 2. El debate sobre la conveniencia o no de legalizar el consumo de drogas. Los partidarios de su legalización esgrimen, entre otros, los siguientes argumentos: - La prohibición de las drogas no consigue evitar su consumo. Es más, muchas personas se inician en ellas por afán de probar lo que está prohibido por la sociedad. - Los que realmente obtienen beneficios de la prohibición son los traficantes y las mafias. Según algunos informes, hoy en día la droga es la industria que más dinero mueve en el mundo. Además, la lucha entre las mafias por el control de la droga provoca crímenes y asesinatos; el dinero recaudado con su tráfico se convierte en dinero negro que escapa al control de los Estados; el poder económico de la droga provoca numerosos casos de corrupción entre funcionarios públicos (policías, jueces, políticos, etc.), ya que, en ocasiones, algunos de ellos son comprados a cambio de su silencio, de "hacer la vista gorda" o de facilitar la impunidad de los traficantes. - La prohibición hace que la droga se encarezca enormemente, lo que lleva a muchos adictos a la delincuencia, como única forma de obtener el dinero necesario para comprarla. En muchas ocasiones, además, se vende droga adulterada, lo que provoca muertes por sobredosis o trastornos psíquicos irreparables. - Si la droga fuera legal y se vendiera en farmacias con un control médico, el precio bajaría enormemente, las mafias y traficantes desaparecerían, los drogadictos no tendrían que recurrir a la delincuencia para adquirir estupefacientes, habría un control sanitario sobre ellos, desaparecerían las adulteraciones, etc. Es decir, se conseguiría con ello muchos más beneficios que con su prohibición. En cambio, los partidarios de mantener su prohibición, argumentan de la siguiente manera: - El Estado no puede contribuir a deteriorar la salud de los ciudadanos permitiéndoles adquirir drogas libremente. Es cierto que algunas drogas, como el alcohol o el tabaco, son legales en muchos países, pero eso se debe a que fueron autorizadas porque no se conocían con propiedad sus efectos nocivos. Si se prohibieran hoy en día sería contraproducente, ya que el hábito social las ha consolidado. Sin embargo, esas "drogas legales" cuestan mucho dinero al Estado, ya que éste debe hacerse cargo de los costes sanitarios causados por las enfermedades y provocadas por ellas, gasto muy superior al que obtienen los Estados por la recaudación de impuestos con que están gravadas las ventas de dichos productos. - En el caso de que se legalizaran, aumentaría el consumo global de drogas. - Hay que luchar contra las drogas educativamente, enseñando a los jóvenes sus efectos perjudiciales; policialmente, persiguiendo a los traficantes; y médicamente, estableciendo y financiando programas de desintoxicación para los drogadictos. Legalizar las drogas no conduciría a mejorar la situación, según afirman los partidarios de esta postura.
Literalmente, dependencia con respecto a algún tipo de droga. Puede ser de dos tipos: a) Dependencia física o biológica: la droga se incorpora al metabolismo del individuo, hasta tal punto que éste se habitúa a la presencia de esa sustancia y necesita mantener un cierto nivel de ella en el organismo para funcionar con normalidad. En el caso de adicciones a ciertas sustancias que crean una alta dependencia física, cuando el organismo detecta la falta de un cierto nivel de esa sustancia, aparece el llamado síndrome de abstinencia. b) Dependencia psicológica: consiste en una tendencia compulsiva de la conducta que lleva a la necesidad de consumir sistemáticamente la droga para alcanzar un estado de bienestar corporal o para evitar situaciones de angustia y ansiedad. Por ejemplo, ciertas personas tienen dependencia psicológica al alcohol, porque necesitan imperiosamente beber para poder relacionarse socialmente. Si no lo hacen, se encuentran angustiados o caen en conductas pesimistas y depresivas.
Con este término designamos a amplios conjuntos de sujetos que tienen una edad parecida (no existe un acuerdo general para cuantificar numéricamente la distancia de edades entre generaciones, aunque la mayoría de sociólogos habla de veinte años o veinticinco años de diferencia entre una y otra generación), y que han recibido un determinado tipo de educación en los valores históricos y culturales dominantes durante la etapa de su formación, de tal manera que comulgan con un conjunto de ideas parecidas, y poseen una forma de ver y entender el mundo radicalmente distinta a la de otras generaciones, es decir, a la de individuos educados en otros valores. Cada generación defiende, pues, un conjunto de normas morales que, en muchas ocasiones, chocan contra las normas morales defendidas por las generaciones posterior y anterior en el tiempo. De ahí que sea frecuente el llamado problema o conflicto generacional.
El movimiento hippy surgió a principios de los años sesenta en EE.UU. como continuación al movimiento beat iniciado en los cincuenta. Pronto alcanzaron gran popularidad, siendo objeto de un seguimiento masivo por parte de los medios de comunicación. Con el paso del tiempo, la filosofía hippy fue debilitándose, aunque sin desaparecer del todo. Todavía hoy quedan grupos o comunas hippies, y muchas de sus ideas, que fueron consideradas como radicales y peligrosas en sus orígenes, son hoy aceptadas y defendidas por amplias capas de la población. Sin duda, los hippies fue la corriente contracultural más importante. Así, la estética hippy se adueñó de la moda, el cine, la música y el arte. En lo esencial fue un movimiento de rebeldía que defendió las grandes ideas contraculturales: pacifismo, ecologismo, vuelta a la naturaleza, crítica a la sociedad de consumo y a la economía capitalista, libertad sexual y política, etc.
El inconformismo consiste en una actitud de rechazo a los valores y al orden social, político, cultural..., vigente en una comunidad, por considerar que no son justos o por creer que son inmovilistas, es decir, que pertenecen a épocas pasadas y a la tradición, las cuales deben ser superadas mediante la creación de nuevos valores que reflejen las ideas innovadoras que se abren camino en los ámbitos políticos, sociales o culturales. Por oposición, un conformista es aquella persona adaptada a los valores sociales dominantes en un momento histórico concreto. En el uso cotidiano de la lengua, sin embargo, el vocablo ‘conformista’ expresa a menudo un sentido peyorativo: se designa con él a personas fácilmente manipulables por la propaganda política y social, que se adaptan fácilmente a cualquier situación, incluso aunque sea perjudicial para él, por miedo a ser rechazados socialmente.
Desde el punto de vista jurídico, la rebeldía consiste en no presentarse a juicio o a declarar ante el juez, cuando alguien ha sido formalmente citado para comparecer ante la justicia. Ahora bien, en un sentido amplio, la rebeldía es una actitud que consiste en oponerse a los mandatos de cualquier tipo de autoridad. Esa oposición puede reflejar dos formas: violenta o pacífica. En el primer caso, el rebelde usa la fuerza bien para evitar cumplir con la orden que ha recibido, bien para intentar derribar a la autoridad legítima a través de la revolución, la guerra, el terrorismo, etc. En el segundo caso, el rebelde se opone utilizando únicamente medios pacíficos: insumisión, desobediencia civil, protestas y manifestaciones públicas, etc. Existe también otra forma de rebeldía, que se plasma en conductas de inconformismo, cuya característica principal es la de oponerse culturalmente a las normas sociales, morales y políticas de una comunidad, llevando formas de vida o manteniendo opiniones y creencias (vestimenta, estética personal, gustos musicales, etc.) que van contra los valores generalizados que defiende esa misma comunidad. Desde la perspectiva moral, puede hablarse de rebeldía justa e injusta, según sean los motivos y los medios empleados para llevarla a cabo. Una rebeldía conforme a la ética será aquella que vaya contra la imposición de normas injustas o contra una autoridad totalitaria que no respete los derechos básicos de las personas. Mientras que serán inmorales aquellas acciones de rebeldía llevadas a cabo contra normas justas o contra una autoridad legítima respetuosa de los derechos individuales y sociales.
Concepto relacionado directamente con el de dependencia. Cuando un sujeto tienen una dependencia alta con respecto a determinadas drogas (como la heroína, por ejemplo) y ha pasado un tiempo sin consumirlas, el organismo reacciona con disfunciones (temblores, nerviosismo, espasmos, etc.), puesto que se ha acostumbrado a la acción de esa droga y necesita que exista un cierto nivel de ella en el organismo para poder funcionar sin desequilibrios. Algunos médicos distinguen entre dos tipos de síndrome de abstinencia: el físico y el psicológico.
Con este nombre genérico se designa o grupos o colectivos sociales, formados básicamente por jóvenes y caracterizados por mostrar unos signos externos de identidad (formas de vestir, de hablar, utilización de los mismos símbolos, etc.) que permite identificarlos fácilmente. El nombre ‘tribu’ alude a su carácter grupal, aunque anárquico y poco dado seguir los dictados de autoridad de algún líder ideológico, mientras que el adjetivo ‘urbano’ expresa que su ámbito de manifestación se da especialmente en las grandes ciudades industriales. Suelen ser seguidores de algún tipo genérico de música, muestran mayoritariamente actitudes de rebeldía social –por ello, en muchas ocasiones, viven en la marginalidad–, admiran e imitan a ídolos, bien ideológicos, bien artísticos, y reproducen hábitos fijos de comportamiento. En ocasiones, rechazan radical y violentamente a otras tribus urbanas, buscando enfrentamientos con ellas, aunque en otros casos son pacíficos. El grado de pertenencia que muestran sus miembros con respecto a la ideología, moda, forma de vivir y pensar, etc. del grupo es alta. Ejemplo de tribus urbanas son los rockers, los punkies, los heavys, los skins, etc.
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