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Son las instituciones, personas o medios que ejercen la función de socialización, es decir, que van educando mediante la trasmisión de normas y aprendizajes al niño –y en menor medida, también en el adulto–, relacionados con las conductas sociales. Su importancia es decisiva en la vida psicológica del individuo. El agente más importante de socialización es la familia; luego, el colegio, los amigos, los grupos sociales, la religión en su caso, los medios de comunicación, las élites culturales o artísticas, etc.
Literalmente es aquella persona que no tiene ideas políticas y que no participa en actividades de esa índole. En un sentido más restringido, se utiliza en algunas ocasiones para designar a individuos que no votan o apenas se interesan en la información política. Si entendemos política en el sentido aristotélico, es decir, como participación en los asuntos ciudadanos o colectivos, resulta difícil admitir la existencia de apolíticos, por cuanto la vida social ya sería una forma de hacer política. De ahí que muchos autores insistan en que todos somos políticos en cuanto vivimos en colectividad. Sin embargo, y desde la perspectiva de la significación actual de política, sí podemos afirmar la vigencia del apoliticismo, por cuanto amplias capas sociales renuncian a participar – movidas por distintas razones– en los asuntos públicos.
Con esta noción se designa a una colectividad de individuos que ocupan una posición social determinada dentro del conjunto de ciudadanos de un Estado. Lo que une a los miembros de una clase social concreta son sus similares posiciones de poder en la escala jerárquica de la sociedad, su capacidad y recursos económicos, y/o sus respectivas ocupaciones profesionales. De igual modo, los miembros de una determinada clase social mayoritariamente defienden valores, actitudes e ideas similares, los cuales pueden ser considerados como señas ideológicas de identidad. Eso no quita que existan individuos pertenecientes a una clase social que disientan de las ideas y actitudes defendidas por su propio grupo de referencia. Ejemplos de clases sociales son: burguesía, proletariado, nobleza, etc. Una clasificación económica tradicional distingue entre clases sociales altas (con grandes recursos económicos), clases medias (constituidas por los profesionales liberales, funcionarios o trabajadores especializados en sectores industriales avanzados) –las cuales pueden subdividirse en clase media-baja y clase media-alta–, y finalmente clases bajas (trabajadores y obreros no cualificados que ganan un salario escaso). Los sociólogos han destacado algunos rasgos constitutivos de las clases sociales, entre ellos los siguientes: - Los miembros de una clase social tienen, por regla general, un alto sentimiento de pertenencia a ese grupo. Ese hecho fomenta las relaciones de solidaridad y ayuda entre miembros de la misma clase. - Las clases sociales establecen mecanismos diferenciadores entre ellas, tales como estilos de vida, forma de vestir, creencias, actitudes, gustos estéticos, etc. De esa manera, procuran que existan rasgos externos e ideológicos que cohesionen al grupo, con el fin de separarlo del resto de clases. - Los individuos de una clase generalmente están unidos por relaciones económicas y profesionales entre ellos, y, en muchas ocasiones, por relaciones políticas. Por ejemplo, según el marxismo, los partidos políticos no son más que representantes de los intereses económicos e ideológicos de las clases sociales. Según Marx, la historia y el progreso avanzan gracias a lo que él llamó la lucha de clases. - Su estructura es rígida o, cuanto menos, semicerrada. Aunque no es imposible cambiar de clase social, existen en la realidad numerosos obstáculos para impedir la pertenencia a dicha clase de individuos no deseados (por ejemplo, los nuevos ricos). Esa actitud de rechazo a los que no pertenecen al grupo adquiere frecuentemente la forma de clasismo.
Se entiende por diplomacia las relaciones oficiales que mantienen unos Estados con otros. Se considera una disciplina del arte de la política, cuya misión consiste en establecer las relaciones internacionales entre los Estados, ya sea desde el punto de vista político, ya sea desde los intereses comunes en cuestiones estratégicas, militares o económicas.
Término sociológico que expresa el prestigio y consideración social que tienen las personas pertenecientes a determinado rango jerárquico dentro de una sociedad. El estatus establece, por tanto, la posición o situación en la que deben ser enclavados individuos que llevan a cabo determinados roles sociales. Generalmente, el estatus viene determinado por consideraciones económicas, culturales, de clase, del nivel de poder que detenta un grupo o persona, del grado de influencia social, etc.
El concepto de ‘ideología’ posee un significado ambiguo. De forma general, podemos definirla como un sistema de creencias y valores, además de una cierta manera de ver y comprender el mundo. Desde esa perspectiva, la ideología conduce a defender conceptos y actuaciones acordes con ese sistema de creencias, y a criticar aquellos otros modelos que están inspirados en ideas contrarias. Por ejemplo, en política podemos hablar de ‘ideologías liberales’ cuando se defienden las ideas esenciales del liberalismo, o de ideología socialista cuando se lucha por una justicia social inspirada en el igualitarismo económico. En la historia de la filosofía, el término tuvo una importancia especial en la obra de Marx. Para éste, la ideología es un instrumento que utiliza la clase dominante para mantener el poder y seguir ejerciendo la explotación sobre las clases sociales dominadas. Así, y según Marx, la burguesía utiliza justificaciones ‘ideológicas’ para explicar su situación de predominio y convencer a los proletarios de que el orden social es fruto de la naturaleza y no de unas condiciones de explotación capitalistas determinadas. Para Marx, tanto la religión como la filosofía son ‘ideologías’ cuyo fin es el de mantener un orden social basado en la desigualdad económica.
El mandato imperativo se caracteriza por la elección de un representante por parte de una colectividad (distrito electoral), con la finalidad de que traslade su opinión y defienda sus intereses en los órganos de poder para los que ha sido elegido. El mandato imperativo exige que el elegido sea una mera correa de transmisión de la voluntad de sus electores, ya que está obligado a votar en el sentido que éstos le hayan indicado, para lo cual debe estar en continuo contacto con ellos. El tipo de mandato imperativo obliga a que las circunscripciones electorales sean reducidas, con el fin de que los electores puedan utilizar procedimientos asamblearios para expresar sus opiniones a su diputado o cargo público, el cual se limitará a trasladarlas –y a votar, si fuera necesario, en el mismo sentido que lo han hecho los electores– a los órganos de representación política.
Es el otorgado por los electores al candidato o partido a quienes ofrecen su voto con el fin de que los represente (es decir, defienda sus intereses ideológicos, económicos, culturales, profesionales, etc.) en los órganos de poder correspondiente. A diferencia del mandato imperativo, en este tipo de mandato la persona elegida posee libertad de voto, con lo cual no está obligada legalmente a consultar el sentido del mismo con los electores que lo han designado.
La participación política es uno de los pilares esenciales de la democracia. Consiste en la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, ya sea directamente, ya sea eligiendo a sus representantes, ya sea presentándose como candidatos a los cargos políticos o representativos. Por ello cualquier sistema democrático que se precie, debe propiciar la existencia de variados mecanismos que hagan posible la participación de los ciudadanos en los asuntos de interés general. Existen una serie de organizaciones cuya función consiste precisamente en promover este tipo de participación; entre otras, partidos políticos, grupos de opinión, asociaciones vecinales, etc. Los ámbitos donde se produce la participación ciudadana pueden ser municipales, autonómicos, estatales, internacionales (por ejemplo, en la Unión Europea)... También existen otros campos de participación indirecta, como son las asociaciones de consumidores, las ONG, los sindicatos, etc. Por otro lado, podemos distinguir entre una participación activa y una pasiva. El primer tipo lo llevan a cabo aquellas personas que están afiliadas a partidos, asociaciones, etc., y que pueden ser candidatos (y, más tarde, cargos políticos), afiliados, militantes o simplemente simpatizantes que colaboran ocasionalmente en tareas políticas. Se caracterizan por defender públicamente una ideología, por trabajar –profesionalmente o sólo como militantes– para los grupos políticos, y por intervenir directamente en los debates públicos y en las campañas electorales. La participación pasiva se reduce a votar en las elecciones o simplemente a participar en los asuntos públicos de una manera individualizada desde el ámbito profesional, vecinal o cultural. La democracia se asienta en la participación ciudadana por cuanto admite que la soberanía radica en el pueblo, esto es, que el poder de decisión se asienta en los propios ciudadanos, quienes con sus votos eligen el sistema de gobierno que desean en cada momento. De ahí la importancia de las elecciones periódicas, ya que éstas constituyen el instante esencial donde los ciudadanos con derecho a voto expresan públicamente sus preferencias. Sin embargo, la participación política no se agota en las citas electorales; es necesaria también la llamada ‘sociedad civil’, esto es, la existencia de asociaciones cívicas y culturales que permitan a los ciudadanos participar de una manera más directa e inmediata en los asuntos que les preocupan, como pueden ser la cultura, la solidaridad, la justicia, la economía, etc.
Son asociaciones que defienden una determinada ideología política, una manera de entender y ejercer el poder, y un conjunto de medidas (que se encuentran recogidas en sus programas de gobierno) para alcanzar los fines que se proponen. De una manera general, podemos decir que los partidos aspiran legítimamente a ejercer el poder dentro del Estado (o en determinados niveles del mismo, como en las corporaciones locales o regionales, por ejemplo), con el objetivo de servir a sus intereses ideológicos y sociales. La acción de los partidos políticos, pues, va encaminada a transformar y administrar la sociedad según los modelos previstos en sus programas electorales, programas que vienen marcados por la ideología política de cada partido en concreto. Las principales funciones de los partidos políticos son: - Defender y hacer públicos proyectos políticos sobre la administración del poder en una colectividad concreta, en defensa de un orden social determinado. - Creación de opinión en el colectivo de los ciudadanos sobre temas de interés público. - Participar en las elecciones, presentando a los electores sus programas de reforma y actuación legislativa. - Ejercer el poder en el caso de que los electores le concedan su confianza. - Formar cuadros técnicos que puedan ejercer el poder en las distintas áreas de la administración pública, en el caso de que dicho partido alcance la victoria en una elecciones. Dentro de las democracias modernas, los partidos políticos se han convertido en movimientos de masas, a través de los cuales se canalizan los sentimientos ideológicos y se establecen los cauces de participación pública en los asuntos del Estado. Representan un instrumento esencial en las democracias
Sinónimo de referéndum en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, algunos autores insisten en que debe establecerse una diferencia entre ambos: mientras el referéndum propone cuestiones legislativas sobre las que deben pronunciarse los ciudadanos, el plebiscito sería una modalidad de referéndum donde se plantea la confianza o no hacia una persona (generalmente Jefe de Estado o Presidente de Gobierno), o hacia su programa de gobierno o autoridad.
Política es, según la definición clásica, el arte de gobernar. La política como disciplina del saber forma parte de las Ciencias Sociales, y su objeto de estudio radica en analizar los mecanismos y las formas de poder dentro de los Estados, así como sus instituciones y sus funciones. Según un estudio realizado por un grupo de expertos de la Unesco, la política se ocupa de las siguientes tareas: - Teoría Política: su objeto de estudio es la historia de las ideas políticas. - Instituciones Políticas: análisis y reflexión sobre cuestiones como la Constitución, el Gobierno central, regional y local, la Administración Pública, etc. - Grupos políticos: Estudio sobre los partidos políticos, grupos de presión social, movimientos ciudadanos, participación democrática, etc. - Relaciones internacionales: Política internacional, relaciones diplomáticas, organizaciones e instituciones supranacionales, Derecho internacional, etc. La política se fundamenta en la noción de sistema político. Se entiende como tal el formado por los ciudadanos, sus órganos de participación política (partidos, asociaciones, mecanismos electores) y las instituciones del Estado (Gobierno, Parlamento, etc.). El término ‘política’ procede del vocablo griego ‘polis’, cuya significación literal era la de ‘ciudad-estado’, aunque por extensión podemos traducirla como Estado sin más, o como forma de organización de una colectividad que se da a sí misma sus reglas de participación y administración del poder. Para los filósofos griegos, la política era una rama o disciplina de la ética, ya que para ellos la participación de los ciudadanos en los asuntos comunes de la polis era una exigencia cuyas reglas de comportamiento debían obedecer a las reglas de moralidad. Es muy conocida la afirmación aristotélica de que "el hombre es un animal político por naturaleza", es decir, está determinado por su propia esencia a participar en la vida pública y social. Tradicionalmente, se atribuye a Maquiavelo (s. XV) la separación entre ética y política, y la constitución de esta última como una ciencia independiente, cuya misión consistía en administrar el poder de la forma más beneficiosa y útil para los ciudadanos, independientemente de los medios de los que se valiese el gobernante para alcanzar esos fines favorecedores de los intereses de la mayoría. Durante los siglos XVII y XVIII la política adquirió un enorme prestigio dentro de los estudios filosóficos, sobre todo a partir de los teóricos del llamado Contrato social (Hobbes, Locke y Rousseau, fundamentalmente). En la actualidad, se entiende la política como una actividad directamente relacionada con el Derecho y con la democracia. Es decir, el fin de toda actividad política deberá ir encaminado a lograr la participación democrática y libre de los ciudadanos en los asuntos públicos, garantizándose mecanismos que permitan la alternancia en el poder de las distintas formaciones políticas, la existencia de los derechos humanos en los códigos legislativos, y la creación de procedimientos de diálogo social entre todos los grupos de opinión, con el fin de alcanzar un consenso sobre la forma de gobernar y sobre la manera de administrar el poder mediante procedimientos democráticos.
Consiste en un procedimiento jurídico mediante el cual el gobierno u otros órganos de poder someten un proyecto (leyes, actos administrativos, ingreso o salida de organizaciones internacionales, etc.) al voto popular, de tal manera que éste ratifique o rechace el proyecto presentado. Tradicionalmente se considera un procedimiento de democracia directa, ya que los ciudadanos se pronuncian directamente y sin intermediarios. Sin embargo, algunos autores le niegan esta condición, ya que en el referéndum el ciudadano se limita a decir sí o no, pero no puede proponer alternativas diferentes al texto presentado. A causa de este motivo, prefieren considerarlo como un procedimiento de ‘democracia semidirecta’.
Término procedente del francés y que en castellano podemos traducir, de una manera amplia, como ‘papel representado’. El rol es objeto de estudio por parte de la sociología y la Psicología social. Para el sociólogo Salvador Giner, el rol es "el conjunto de actividades realizadas por un sujeto de manera normativa" El concepto de rol está íntimamente ligado al de estatus, al que podríamos definir como la valoración social que se otorga a un determinado rol. Por ejemplo, el estatus de artista posee una valoración social prestigiosa, mientras que el de jornalero la posee baja. El rol, por tanto, consiste en ejecutar una serie de pautas estereotipadas que definen a una profesión o a una situación; por ejemplo, el rol de médico es ejercer la medicina siguiendo las normas profesionales y deontológicas que caracterizan a esa actividad. Algunos sociólogos afirman que el rol consiste en desarrollar un comportamiento normativo delante de los otros. Es importante señalar que un individuo cualquiera ejerce numerosos y sucesivos roles a lo largo de su vida.
Se llama socialización al proceso mediante el cual un niño aprende e interioriza las pautas y las normas sociales, de tal manera que ese aprendizaje genera en él unas conductas sociales. Según afirman muchos psicólogos, en el momento del nacimiento el niño desarrolla pautas egocéntricas innatas; si no se ejerciera sobre él ese proceso de socialización, las dificultades de integración social aumentarían, haciendo que su vida en comunidad resultase difícil. Eso es lo que sucede con algunas personas, las cuales –debido a la situación familiar, a la marginalidad o a la incultura del medio donde nacen– no reciben de forma conveniente las pautas de la socialización, siendo de adultos personas desarraigadas socialmente, a las cuales cuesta mucho integrar dentro de los mecanismos sociales de convivencia. Es decir, si la socialización primaria es muy deficiente, las posibilidades de reinserción en el futuro son bajas. La socialización es ejercida por los llamados agentes socializadores (familia, colegio, amigos, etc.). Los sociólogos suelen distinguir entre: - Socialización primaria: la ejercida por la familia básicamente en los primeros años de vida del niño; también por guarderías o colegios infantiles y por los grupos de relación más cercana, como, por ejemplo, primos o amigos en los primeros años del niño. - Socialización secundaria: la llevada a cabo por los medios de comunicación, grupos sociales o ideológicos, amigos adultos, influencias culturales, etc. El proceso de socialización se inicia desde el mismo momento del nacimiento (algunos psicólogos apuntan también a un periodo prenatal, señalando que el niño aprende ya a relacionarse intrauterinamente con la madre) y dura prácticamente durante toda la vida, aunque, como es lógico, va decreciendo en intensidad. De forma genérica, podemos decir que el proceso alcanza su maduración en la superación de la adolescencia, cuando descubrimos un vínculo de relación social muy importante: la sexualidad.
Es la ciencia que investiga las relaciones recíprocas que se producen entre los individuos y el medio social donde se desarrollan y viven. Entre los objetos de estudio de la sociología destacan los siguientes: - Forma, estructura y organización de las sociedades humanas. - Relaciones internas y externas de los individuos que componen o forman parte de esas sociedades humanas. - Análisis, estudio e interpretación de los fenómenos sociales en todas sus vertientes (política, económica, cultural, etc.). Se considera al filósofo francés del siglo XIX, A. Comte, como el creador teórico de esta ciencia, aunque su primer sistematizador y el que le dio su orientación metodológica definitiva fue el pensador, también del XIX, E. Durkheim. Hoy en día la sociología es considerada como una Ciencia social o humana. Posee una importancia decisiva a la hora de analizar las tendencias sociales y de prever la evolución ideológica de los distintos grupos humanos. Otras disciplinas del saber como las Ciencias Políticas o la Historia, por ejemplo, acuden a la Sociología como una herramienta que les proporcione datos para sus respectivas investigaciones
Se entiende por tal la tendencia a interpretar la realidad social exclusivamente desde el ámbito o perspectiva de la sociología, sin tener en consideración otros factores que pueden influir en los hechos sociales. Los críticos con el sociologismo lo acusan de ignorar lo individual y lo no normativo en su interpretación de los fenómenos sociales, y por ello lo acusan de reduccionismo.
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