Paz y libertad

 

 

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 Adoctrinamiento

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En un sentido literal, significa instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una determinada doctrina. Sin embargo, su uso más frecuente es el de inculcar a otro ciertas ideas o creencias con el fin de captarle para una causa, una ideología política, una religión, etc., sin que la persona que está recibiendo esas ideas sea consciente del fin que persigue el adoctrinador.

En este último sentido, el adoctrinamiento es una forma de manipulación de la conciencia que busca una finalidad concreta: convencer a alguien de unas ideas en las que anteriormente no creía o que desconocía, con el objeto de transformarlo en ‘otro’ (alienación) y en un adepto de la nueva doctrina.

 

 

 

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  Crítica

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El término ‘crítica’ posee un uso polisémico. Etimológicamente procede del griego kritiké, que designaba la facultad del pensamiento o la capacidad de razonar. Para los filósofos griegos, la kritiké era una disciplina de la lógica, cuyo objeto de estudio eran los juicios.

El significado más habitual y genérico del término es el de llevar a cabo un examen detenido de algo con el fin de establecer un juicio de valor acerca del mismo, bien en sentido positivo, bien en sentido negativo. Hablamos así de ‘crítica literaria’ o de ‘crítica de cine’.

Es frecuente utilizar las expresiones ‘conciencia crítica’ o ‘actitud crítica’ para referirse a personas que no aceptan ideas o doctrinas sin haberlas sometido previamente a un análisis riguroso que les demuestre su verdad o falsedad. En ocasiones, y dentro de esta última significación, utilizamos el adjetivo ‘crítico’ como sinónimo de ‘inconformista’, es decir, de una persona que está contra las normas sociales vigentes y mayoritariamente aceptadas.

En la filosofía moderna, el término fue introducido por Kant. Con él se refería a la investigación filosófica acerca de las posibilidades y límites del conocimiento. Decía Kant: "no entiendo por tal crítica la de libros y sistemas, sino la de la facultad de la razón en general, en relación con los conocimientos a los que puede aspirar". Kant publicó tres grandes Críticas: Crítica de la razón pura (donde se interroga sobre las condiciones y límites del conocimiento objetivo), Crítica de la razón práctica (donde plantea las posibilidades de los juicios e imperativos éticos) y Crítica del juicio (donde estudia los conceptos de ‘bello’ y ‘sublime’).

En el lenguaje coloquial, también existe un uso peyorativo del término -el asociado al verbo ‘criticar’- con el significado de ‘hablar mal de alguien’ o ‘manifestar la desaprobación de las conductas de otros u otros". De un modo no peyorativo, ‘criticar’ también puede significar, sin más, mostrar el desacuerdo con determinadas ideas. En este último sentido, se suele distinguir entre las que habitualmente se denominan crítica ‘constructiva o positiva’ (cuando se acompaña de alternativas a las ideas que se critican) y crítica ‘negativa o destructiva’ (cuando no se ofrecen alternativas).

Finalmente haremos referencia a un último significado: el que se deriva de ‘crisis’. Así, hablamos de una ‘etapa crítica’ o un ‘momento crítico’.

 

 

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 Determinismo

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De una manera genérica y poco precisa, definimos determinismo como el acto de negar la existencia de la libertad. Desde un punto de vista científico y filosófico -y por tanto con mayor rigor conceptual-, se entiende por determinismo la doctrina para la cual el universo está sometido a leyes fijas e inmutables que dirigen todos sus acontecimientos, y donde no hay lugar para la libertad o el azar.

Tradicionalmente, y en razón de su contenido, se ha distinguido entre:

- Determinismo causal: Todo suceso del universo obedece a una causa o ley invariable de la naturaleza.

- Determinismo teleológico o finalístico: el universo está dirigido por un fin o finalidad hacia el que tiende inexorablemente. Es decir, algo así como la existencia de un plan del universo, de tal manera que la evolución del mismo sigue los pasos prefijados por dicho plan.

En razón de la ‘intensidad’ con que se conciba el determinismo se habla de:

- Determinismo físico fuerte: creencia en una absoluta determinación del universo por las leyes de la naturaleza. Se suele citar como ejemplo del mismo la famosa afirmación de Laplace, mecanicista del siglo XIX: "Una inteligencia que conociera en un momento dado todas las fuerzas que actúan en la naturaleza y la situación de los seres de que se compone, que fuera suficientemente vasta para someter estos datos al análisis matemático, podría expresar en una sola fórmula los movimientos de los mayores astros y de los menores átomos. Nada sería incierto para ella, y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante su mirada".

- Determinismo físico débil: defiende que los sucesos están determinados por ciertas leyes, pero éstas no son absolutas o fijas, sino tan sólo probabilísticas, es decir, nunca sabremos de manera absoluta si un suceso se dará o no, sino tan sólo seremos capaces de calcular su probabilidad.

- Determinismo débil en relación con las ciencias humanas: sin afirmar una determinación absoluta, muchas escuelas o corrientes humanísticas de la psicología, la historia, etc., han defendido que existen condicionantes biológicos, históricos o psicológicos que limitan sobremanera la libertad humana de elección.

Finalmente, y en relación con la Ética, decir que la creencia en el determinismo impide la existencia de cualquier tipo de moralidad, ya que es necesaria la libertad para poder realizar apreciaciones y juicos morales sobre las intenciones y los actos humanos.

 

 

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 Emancipación

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En su significación originaria, ‘emancipar’ significaba liberarse de la tutela de alguien, de una servidumbre o del sometimiento a la patria potestad ejercida por padres u otras personas. Por extensión, se aplica a la liberación de cualquier grado de subordinación o sometimiento.

En política, la emancipación de un territorio se equipara a la independencia política y jurídica de dicho territorio.

 

 

 

 

 

 

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 Guerra justa

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Se trata de un concepto ampliamente debatido a lo largo de toda la historia del pensamiento. Los partidarios de la guerra justa defienden su existencia basándose en los siguientes argumentos, entre otros:

- Una guerra es justa si un Estado ha sufrido una agresión previa contra su soberanía, sus territorios o sus ciudadanos, sin que él haya iniciado las hostilidades armadas. En este caso, se trata de una guerra en legítima defensa. Sin embargo, cabe una excepción: en el caso de un Estado autoritario y absolutista que haya sido atacado con el fin de acabar con ese régimen e instaurar un sistema democrático y respetuoso con los Derechos Humanos. En este último caso, el Estado agredido no podrá invocar una guerra justa, ya que no le asisten razones morales puesto que él no está legitimado por la voluntad de sus ciudadanos, sino por la imposición del poder autoritario a través de la fuerza.

- Para algunos pensadores, una guerra también será justa cuando su fin consista en acabar con una situación de injusticia manifiesta, siempre que se hayan agotado todos los medios pacíficos y diplomáticos sin haber obtenido resultado alguno, y siempre que no quede más salida que la guerra para restaurar la propia justicia. Por ejemplo, se justificó el ataque armado contra Yugoslavia llevado a cabo por la OTAN, puesto que su finalidad era impedir que el régimen de Milosevic continuara con su política de limpieza étnica en los Balcanes. No obstante, también existen numerosos pensadores en contra de esta opinión, argumentando que existen otros medios de presión diplomática y económica para conseguir los mismos fines sin necesidad de acudir a la guerra.

- Ciertos discursos revolucionarios también consideran justa la guerra o violencia ejercida contra un Estado o una clase social que no se rijan por los principios de igualdad social; así, muchos grupos guerrilleros o terroristas justifican sus acciones con el argumento de que luchan por conseguir una sociedad más justa o más libre. Esta última opción, sin embargo, es fácilmente rebatible desde una posición ética, sobre todo cuando la acción de estos grupos se produce dentro de Estados democráticos, ya que éstos poseen medios de participación política de los ciudadanos y libertad de partidos políticos que pueden defender cualquier opción electoral siempre que ésta no implique el uso de la violencia.

 

 

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 Libertad

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La palabra ‘libertad’ posee numerosas acepciones, y dentro de éstas tan variados matices semánticos que resulta muy difícil proponer una definición generalista. Aun así, podemos definirla como la capacidad o facultad que nos permite autodeterminarnos, es decir, ser un sujeto con posibilidad de elegir entre varias alternativas sin estar sometidos a la coacción de fuerzas exteriores (la naturaleza, pero también el poder, por ejemplo) o internas (como pudiera ser un determinismo de nuestra voluntad o un condicionamiento psicológico tan importante que hiciera imposible tomar una decisión tan sólo con nuestra voluntad).

Se distinguen numerosos tipos de libertades según sea el objeto desde donde se la analice: libertad política, económica, de conciencia, de expresión, libertad moral...

A lo largo de toda la historia de la filosofía se ha planteado un problema de hondo calado metafísico y ético: ¿existe realmente la libertad o se trata tan sólo de una falsa ilusión de nuestra conciencia? Para unos (indeterministas), la libertad es algo incuestionable; en cambio, para otros (deterministas) no se puede demostrar en absoluto, siendo más probable suponer que estamos determinados (es decir, no somos libres) por leyes invariables e inmutables de la naturaleza, de Dios, de la historia, etc.

En general, y dentro de cada disciplina científica o humanística, se han dado soluciones contradictorias al problema de la libertad. Así, por ejemplo, la ciencia y la filosofía de la naturaleza han discutido sobre si las leyes de la naturaleza son fijas e inevitables, hasta tal punto que el universo entero esté sometido a dichas leyes sin poder alterar su curso ni evolución. Eso creyeron movimientos filosóficos como el estoicismo, el mecanicismo (el universo es una máquina) tanto filosófico como científico, o el panteísmo de un Spinoza, por ejemplo. Sin embargo, otros muchos han insistido en que el universo no está determinado rígidamente ya que el azar actúa en las leyes de la naturaleza, como mantienen los partidarios del llamado Principio de Incertidumbre físico, o -de una manera más filosófica- el vitalismo y el existencialismo, para quienes la esencia del ser humano consiste precisamente en la vida y la libertad.

Desde el punto de vista cristiano y religioso en general, el debate sobre la libertad humana ha girado en torno a la siguiente pregunta: ¿puede ser el hombre libre si ha sido creado por un Dios omnipotente que conoce todo el acontecer del universo? Dos tipos de respuestas esenciales se han dado a esta pregunta:

- Una, la afirmación de la libertad humana como algo esencial, puesto que gracias a ella el ser humano es responsable moral de sus acciones, pudiendo ganar o perder la salvación eterna.

- Dos, existe un destino del universo y una predestinación de las almas para condenarse o salvarse trazados por Dios contra los que la voluntad del hombre nada puede hacer.

En otro orden de cosas, el concepto de libertad ha tenido una importancia capital dentro de la historia y la política. Hoy día nadie duda que los sistemas democráticos se asientan fundamentalmente sobre los conceptos de libertad individual y social de los ciudadanos de un Estado. La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce ese valor como uno de los esenciales para la dignidad humana.

Sin embargo, en las Ciencias políticas se discute sobre cuáles deben ser los límites morales y también legales para el ejercicio responsable de la libertad individual. Según las teorías clásicas del Contrato social, los partidos políticos partidarios de la idea de Hobbes acerca de que el ser humano es egoísta por naturaleza, defenderán un mayor poder del Estado para con su ciudadanos, limitando en cierta medida las libertades para evitar el ejercicio de ese egoísmo individual; en cambio, los seguidores de la idea roussoniana de que el ser humano es bueno por naturaleza, tenderán a promover un mayor grado de libertad.

Finalmente cabe hablar en este breve repaso sobre la libertad moral. Desde una concepción ética hay que decir que la libertad es condición absolutamente indispensable para poder hablar de Moral: si no existe ésta tampoco existirían actos morales, ya que sólo podemos juzgar éticamente una conducta cuando el sujeto que la ha llevado a cabo lo ha hecho en el ejercicio de su libertad de elección.

 

 

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 Libertad negativa

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Una de las clasificaciones tradicionales sobre la libertad es la que establece la distinción entre libertad positiva y libertad negativa.

Se entiende por libertad negativa la capacidad para actuar sin estar sometido a ningún tipo de coacción. Esta coacción puede ser de dos tipos:

- Externa: cuando la ejerce un poder exterior sobre un individuo, por ejemplo, el poder político o la presión social.

- Interna: la coacción ejercida por nuestra conciencia o por los determinantes biológicos de nuestro cuerpo. La educación, los aprendizajes anteriores, las pautas de conducta adquiridas que se han convertido en fijas, nuestro pasado psicológico y otros rasgos fijados de nuestra personalidad condicionan y determinan en gran medida nuestra libertad de actuar y pensar, aunque cabe decir que esa determinaciones (al menos para la gran mayoría de autores) jamás son absolutas, ya que podemos vencerlas con la fuerza de nuestra voluntad.

 

 

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 Libertad positiva

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Según una clasificación tradicional filosófica, consiste en un tipo de libertad que se contrapone a la libertad negativa. A la capacidad que posee el individuo para ejecutar acciones y pensamientos libremente la denominamos libertad positiva. Normalmente suele distinguirse entre:

- Libertad positiva externa: la posibilidad de ejercer la libertad activa de los derechos individuales.

- Libertad positiva interna, llamada por algunos libertad de conciencia, concepto que se identifica con el del libre albedrío y que expresa la facultad de elegir internamente.

 

 

 

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 Libre albedrío

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Concepto que designa el poder o la capacidad de elegir y tomar decisiones por uno mismo. También es denominado ‘libre arbitrio’.

Por tanto, se utiliza como un sinónimo de libertad, aunque aplicada exclusivamente al ser humano como sujeto con razón y voluntad, esto es, con el poder de decidir entre dos opciones que se le presenten.

En la historia del pensamiento, numerosos autores han señalado que el libre albedrío constituye una de las esencias humanas, mientras que otros han insistido en que se trata de una falsa ilusión en la que creemos psicológicamente, pero que no existe en la realidad ya que el ser humano se encuentra sometido al determinismo.

 

 

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 Manipulación

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Del término latino manipulus, con el significado de ‘manojo’. En un sentido literal, significa trabajar con las manos o con un instrumento sobre un objeto determinado. A veces, se usa para indicar un cambio o transformación de un hecho mediante engaño. Por ejemplo, "el dictador manipuló los resultados electorales".

En psicología se habla de ‘manipulación de conciencia’ para designar el proceso mediante el cual una persona actúa sobre las ideas de otra con el fin de influir en ellas o de modificarlas, generalmente en interés propio o ajeno. Este último sentido es el empleado en la ética.

 

 

 

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  No-violencia

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Forma radical de pacifismo que rechaza el uso de la violencia en cualquier situación, incluso aunque otros ejerzan la violencia contra nosotros. Sus partidarios responden siempre de manera pacífica (también en el caso de haber resultado agredidos) como forma de poner en evidencia la actitud inmoral de los que ejercen la violencia.

La doctrina de la no-violencia fue popularizada por Ghandi, quien la utilizó para luchar contra el colonialismo británico en la India. En EE. UU. la utilizó Martin Luther King para conseguir el fin de la segregación racial y la igualdad de derechos entre negros y blancos. También es defendida y practicada por muchos grupos religiosos de diferentes confesiones.

 

 

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 Pacifismo

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El pacifismo consiste en afirmar la inmoralidad de la guerra (aunque, para algunos pacifistas, en casos muy extremos puede justificarse una guerra siempre que sea moralmente justa e imposible evitarla por otros medios), y en luchar por la preservación de la paz y la superación de los conflictos armados a través del diálogo y de soluciones negociadas. Como escribe J. L. Buhigas: "Pacifista, en términos rigurosos, es aquel que valora de tal forma la paz como bien supremo que está dispuesto a preservarla a cualquier precio, utilizando todos los medios a su alcance para evitar la guerra. Si desgraciadamente ésta se produce, emplea el mismo empeño en restaurar la paz, contribuyendo intelectualmente a la derrota de los belicosos y no premiando a éstos con una actitud de neutralidad que forzosamente es parcial".

Ya desde los tiempos de la Grecia clásica algunos filósofos (fundamentalmente, los cínicos y los estoicos) se declararon expresamente pacifistas. El pensamiento cristiano incidió igualmente en el discurso pacifista, aunque eso no impidió que los Papas convocaran Cruzadas (guerras santificadas por Dios) contra los infieles. Durante la Ilustración, ciertos pensadores defendieron con vigor la doctrina pacifista (por ejemplo, Kant escribió una obra con el significativo título de La paz perpetua).

Sin embargo, el pacifismo como movimiento social no apareció hasta bien entrado el siglo XX, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial. Los primeros movimientos que hicieron del pacifismo su seña de identidad más significativa fueron los contraculturales (es muy conocido el eslogan hippie: "haz el amor y no la guerra"). Durante los años de la llamada Guerra Fría (la confrontación política, estratégica y militar entre los países capitalistas desarrollados y los Estados comunistas), la amenaza de una posible guerra nuclear activó la creación de movimientos pacifistas en todo el mundo.

Algunas de las señas de los movimientos pacifistas son:

- El antimilitarismo: rechazo de los ejércitos y de las políticas armamentísticas (investigación y creación de nuevos armamentos, que ponen en peligro la propia existencia de la humanidad).

- La no-violencia: el pacifismo va más allá de la lucha contra la guerra, extendiéndola a cualquier forma de violencia contra los seres humanos e incluso contra la propia naturaleza. De ahí, que haya sido frecuente la unión de movimientos pacifistas y ecologistas.

- La lucha por la justicia social: los movimientos pacifistas han entendido que la sola paz no es suficiente para garantizar los derechos de las personas, por lo que también han luchado junto con otros movimientos sociales (utilizando la objeción de conciencia y la desobediencia civil) por alcanzar el ideal de "paz y justicia".

Sin embargo, no todos los movimientos pacifistas defienden las mismas ideas teóricas. En términos generales, podemos dividirlos en dos grandes grupos: los que justifican algún tipo de guerra justa o violencia legítima (sólo en casos excepcionales y siempre que no existan otros medios) y aquellos otros, partidarios del pacifismo de la no-violencia, para quienes ningún tipo de violencia puede ser considerada legítima.

 

 

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 Pena de muerte

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Se trata de una condena que castiga a los culpables de ciertos delitos con la ejecución legal. En muchos países se encuentra expresamente abolida en sus legislaciones; en otros, aunque admitida legalmente, hace años que no se practica; finalmente, existen todavía numerosos Estados donde continúa vigente este tipo de condena.

Muchas personas se oponen a la pena de muerte por considerar que es moralmente inaceptable, ya que para ellas el derecho a la vida debe ser respetado incluso en aquellos que no han sido respetuosos con él y han asesinado a otros individuos.

Otras personas, en cambio, se muestran a favor de la pena de muerte, y la consideran legítima, puesto que, para ellas, se trata de un medio de defensa social contra la acción de individuos peligrosos y nocivos para la integridad física de las personas.

El debate acerca de esta cuestión ha sido arduo a lo largo de la historia de la humanidad, pero ha adquirido un auge especial durante los últimos años, ya que en la antigüedad la pena de muerte era aceptada como algo moral en prácticamente todas las sociedades.

Los partidarios de la pena de muerte esgrimen, esencialmente, los siguientes argumentos a favor:

- Es un medio de autodefensa de los ciudadanos contra los que no respetan su derecho a la vida. Por tanto, el ‘mal’ de la pena de muerte es justificable porque ésta resulta útil socialmente al castigar las transgresiones graves contra la vida de las personas.

- La pena de muerte es justa según el viejo principio de "ojo por ojo, diente por diente’ (también se afirma que "el que la hace, la paga").

- La implantación de la pena de muerte en las leyes de un Estado disminuye el número de crímenes cometidos.

Los contrarios a ella defienden las siguientes razones:

- La pena de muerte es irreparable: si existe un error judicial al condenar a un inocente, nada puede hacerse para compensarlo.

- El Estado no debe quitar la vida a ningún ciudadano, ya que su fin es garantizar el derecho a la vida de todos ellos.

- La pena de muerte no disminuye el número de crímenes; muchos de ellos son cometidos por psicópatas, profesionales mafiosos, fanáticos políticos o religiosos, individuos con enajenación mental transitoria, etc.; todos ellos individuos que no reparan en la existencia legal o no de la pena de muerte a la hora de cometer un crimen.

Finalmente, hay que destacar que casi todas las religiones se oponen a esta práctica, argumentando que sólo Dios puede quitar la vida.

 

 

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 Violencia

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En sentido estrictamente literal, violencia es ejercer una coacción sobre alguien para obligarle a hacer o a no hacer algo que él no desea. Podemos distinguir, sin embargo, diversos tipos de violencia:

- Violencia física: la ejercida directamente sobre la integridad de una persona, usando una situación de predominio físico o de autoridad sobre ella.

- Violencia moral o psicológica: cuando no se produce agresión física, pero sí una coacción de índole psicológica sobre alguien para obligarle a realizar determinados actos en contra de su voluntad.

- Violencia institucional: la ejercida por los poderes públicos o instituciones contra los ciudadanos, basándose en que ellos detentan en exclusiva el uso legal (aunque no siempre legítimo) de la fuerza y el poder.

- Violencia de grupo: la ejercida por unos grupos sociales (por ejemplo, terroristas, movimientos revolucionarios o contrarrevolucionarios, mafias, organizaciones racistas, etc.) sobre otros grupos sociales de ideología contraria a la suya.

Desde el punto de vista biológico-psicológico, se ha discutido -sin alcanzarse un acuerdo definitivo sobre la cuestión- acerca de si la violencia es un componente innato en la especie humana o no. En la historia de la filosofía ese debate se centró en la discusión sobre los orígenes de la sociedad (teorías del Contrato social). El filósofo Hobbes defendió que el hombre era un animal egoísta y que, en estado de libertad sin sufrir las coacciones de un poder político, se encontraría en un estado de guerra continua contra el resto de sus semejantes. Por contra, Rousseau defendió que el hombre era bueno por naturaleza y que, antes de la creación del Estado, vivía en paz con sus semejantes, pero que, tras la aparición de la propiedad privada y del trabajo a cuenta del otro, se había convertido en un ser agresivo y egoísta.

Hoy día, parece aceptarse, desde una perspectiva puramente biológica, que la agresividad es un componente fundamental de nuestra especie, y que sus funciones están relacionadas con la lucha por la supervivencia y con la adaptación a un medio ambiente hostil (por tanto, habría sido seleccionada evolutivamente como algo ventajoso para los individuos).

Sin embargo, se admite que la educación y el aprendizaje pueden hacer que el uso de la agresividad se limite a situaciones extremas de supervivencia, a reacciones de defensa frente a agresiones externas o que se encamine hacia actividades sociales útiles (así, por ejemplo, hacia el deseo de superación o de triunfo social). Es decir, aun aceptando el carácter violento de nuestra especie, los científicos afirman que es posible someter la agresividad ante los criterios morales de la razón, la cual nos dicta que es mejor y más útil para todos una convivencia pacífica.

Desde el punto de vista moral, el debate sobre la violencia tiende a centrarse en la siguiente discusión: ¿cuándo puede considerarse a ésta legítima desde una concepción ética? Existen numerosas posturas al respecto:

En cuanto a la violencia personal, prácticamente todos la admiten como moralmente aceptable cuando se trata de una acción de legítima defensa para responder a una agresión injustificada contra las personas. Muchos pensadores también la justifican cuando, agotados todos los caminos del diálogo y todos los medios pacíficos, no quede otro remedio para combatir contra una situación de injusticia manifiesta (por ejemplo, luchar contra una dictadura que no respete los derechos humanos). En estos casos, se habla de violencia por fuerza o causa mayor. No obstante, los partidarios de la no-violencia rechazan esta última opción.

 

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