Inmigración y racismo

 

 

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 Darwinismo social

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Doctrina sociológica errónea, aparecida a finales del siglo XIX -y aún mantenida por muchos movimientos racistas- que trató de aplicar los descubrimientos de Darwin sobre la evolución de las especies al ámbito de las sociedades humanas y de las civilizaciones 

Darwin había demostrado que, en las especies animales, aquellos seres más capacitados para la adaptación al medio ambiente sobrevivían, mientras que los poco aptos desaparecían. El darwinismo social intentó aplicar esta teoría biológica a la sociología.

Según ese movimiento, la inteligencia consistía en la capacidad de adaptación del ser humano a su medio. Los mejores adaptados eran necesariamente los más inteligentes. De esa manera se justificaba el orden social vigente, afirmando que la existencia de ricos no obedecía a la explotación económica de unas clases sociales sobre otras, sino a que su inteligencia era superior a la de los pobres. El mismo argumento servía para justificar el dominio de la raza blanca sobre las demás o el imperialismo de unos países sobre otros.

El darwinismo social, además de convertirse en una teoría que justificaba el racismo y la desigualdad de derechos, cometió un gravísimo error científico: interpretó la evolución de la Historia en clave biológica, sin tener en cuenta que el ser humano ha superado el estadio de la selección natural puesto que evoluciona fundamentalmente por la llamada selección cultural, siendo capaz de alterar las leyes de la naturaleza mediante su acción inteligente sobre el medio que le rodea.

 

 

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  Derecho de asilo

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Constituye uno de los derechos básicos de las personas, reconocido expresamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 14.1: "En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país". Sin embargo, la Declaración de los Derechos Humanos aclara las limitaciones de este derecho en el Artículo 14.2: "Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas".

Por tanto, el derecho de asilo sólo se concede a las personas que puedan demostrar que son perseguidas en sus lugares de origen o residencia por motivos políticos, religiosos o ideológicos, es decir, por cuestiones que afecten a sus creencias, a su ideología, a su religión, a la libertad de expresión o a las libertades políticas.

Cuando un Estado concede el derecho de asilo a una persona que lo solicita, le otorga protección, además de permiso de residencia y de trabajo.

 

 

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 Etnia

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Con este nombre se designa a un grupo humano que posee rasgos físicos y biológicos similares, además de compartir tradiciones históricas, lengua, cultura, creencias y valores, es decir, un grupo que forma una comunidad socio-cultural forjada históricamente. Las etnias poseen un árbol genealógico evolutivo común, y se asientan sobre relaciones de parentesco y de herencia que se remontan hacia lejanas épocas del pasado.

No hay que confundirla con el concepto de ‘raza’, ya que éste designa la existencia de unos rasgos genéticos que son comunes y exclusivos de un grupo humano. Sin embargo, dentro de cada raza existen numerosas etnias, ya que muchos de los grupos humanos que constituyen una raza han tenido una experiencia histórica y cultural exclusiva, diferente de otras experiencias vividas por el resto de los grupos.

 

 

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 Etnocentrismo

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Término, de reciente creación, cuyo origen etimológico proviene de los vocablos griegos ethnos (raza) y céntron (centro). En la moderna sociología se entiende el etnocentrismo como la propensión de individuos o culturas a considerar como modelo de referencia sus propias normas morales, sociales y culturales, a las que se considera mejor o más cercanas a la verdad que las normas de otras culturas o civilizaciones. En palabras de Morin, el etnocentrismo consiste en "el intento de situar en el centro del universo -y considerar como la medida de cualquier valor al propio grupo étnico".

Las actitudes etnocéntricas se encuentran muy arraigadas en casi todas las culturas, aunque aparecen con especial intensidad en el llamado ‘mundo occidental’ o ‘mundo industrial’, por cuanto muchos de sus ciudadanos piensan que la civilización tecnológica es superior a otras formas de vida y de entender la naturaleza. De ahí que se considere a la ciencia como la única manera de acceder a la objetividad y a la verdad; a la cultura occidental como la única fundada en la Razón universal; a las formas de vida y a las creencias de las sociedades industriales como las más desarrolladas y acordes con las aspiraciones humanas; y, en fin, al conjunto de la civilización occidental como el resultado de la evolución social humana más desarrollada. Por contra, se considera a otras culturas como ‘menores’ o ‘retrasadas’ por cuanto no han optado por la ciencia, la tecnología y los valores occidentales.

Como han señalado numerosos autores, el etnocentrismo consiste en un rechazo al pluralismo cultural, es decir, a negar el valor que posee la diversidad como fuente misma de cultura, en la medida en que no existe una única forma de ver y entender el mundo.

Algunos psicólogos han destacado que las actitudes etnocéntricas se producen habitualmente de manera inconsciente y que se dan incluso en personas que en su vida consciente dicen defender la diversidad cultural. En muchos casos, esas actitudes inconscientes provienen de la educación y los aprendizajes recibidos, ya que éstos suelen inspirarse en la tradición científica y cultural de la sociedad donde se nace, sin hacer hincapié en la existencia de otras formas legítimas de entender el universo en su conjunto.

Un etnocentrismo extremo conduce invariablemente al racismo y a la xenofobia. Los que no son o no piensan como él, tienden a ser considerados por el etnocentrista como seres inferiores, bien biológicamente, bien culturalmente. De ahí que sea necesaria una educación que haga de la diversidad cultural un bien o un valor social, como forma de comprender que no existen puntos de vista absolutos y que las diversas maneras de vivir forman parte de la riqueza cultural de la humanidad.

 

 

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 Genocidio

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Consiste en llevar a cabo una política de exterminio sistemático de un grupo social determinado a causa de motivos raciales, políticos o religiosos.

Un genocida es tanto aquel que lleva a cabo labores de exterminio humano como aquel otro que, sin intervenir directamente, las ordena, las defiende o, incluso, las silencia.

El genocida busca justificación teórica o moral -sin encontrarla, puesto que es absolutamente injustificable- en motivos tales como el nacionalismo extremista, la superioridad racial de unos grupos sobre otros, la verdad absoluta de una religión frente a las demás, cuyos fieles son considerados enemigos de Dios, etc. Es frecuente que los genocidas culpen al grupo social que combaten de ser el responsable de los males de la patria, o de estar confabulado para alcanzar el poder y vengarse de ellos.

Tradicionalmente, y con el fin de calmar sus sentimientos de culpa, los genocidas tratan de argumentar que si el grupo rival estuviera en una situación dominante procedería a perseguirlos a ellos hasta su total exterminio. De esta manera, tratan de presentar sus actos ante los demás, pero también ante su propia conciencia, como un acto de legítima defensa.

 

 

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 Identidad

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La identidad de un sujeto, es decir, el reconocerse a sí mismo como portador de unos rasgos diferenciales que se asumen como propios e intransferibles -por tanto, diferentes a los de otros individuos-, posee distintos niveles, según el psicólogo Erikson:

El primero es el de la propia personalidad, definida por las características genéticas del sujeto y por las influencias de su educación.

Un segundo nivel sería la identidad étnica, es decir, el sujeto se identifica con rasgos de su grupo étnico (lengua, hábitos de comidas, costumbres sociales aceptadas...).

La identidad cultural representa el tercer nivel. Por ejemplo, la pertenencia de un individuo a un grupo religioso concreto, a un partido político, a un grupo cultural, etc.

La identidad, pues, es un elemento básico de nuestra personalidad para aceptarnos a nosotros mismos y al entorno que nos rodea. Sin embargo, cuando esa identidad -fundamentalmente la étnica- se convierte en excluyente con respecto a los que no pertenecen al grupo, acaba finalmente transformándose en una forma de discriminación y de xenofobia.

 

 

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 Inmigración

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Un inmigrante es una persona que se instala en un país que no es el suyo originario. Las causas que la llevan a abandonar su lugar de nacimiento pueden ser múltiples: deseo de conocer nuevos países, por motivos laborales o de estudio, por matrimonio con un/a extranjero/a, etc.

Desde el comienzo de la historia siempre hubo inmigración. De hecho, ese fenómeno contribuyó, de una manera primordial, a la evolución cultural y científica, pues permitió la libre circulación de las ideas y de los inventos técnicos entre civilizaciones que permanecían aisladas entre sí, al poner en contacto a individuos pertenecientes a distintas culturas.

Además, y ya en tiempos más recientes, la inmigración contribuyó al repoblamiento de las nuevas tierras descubiertas, como el continente americano, contribuyendo a su evolución industrial y cultural. Así, pues, la inmigración ha representado a lo largo del tiempo un importante impulso para la difusión de las ideas entre los pueblos de la tierra.

No obstante, en las últimas décadas, la inmigración se ha convertido en un problema social grave para los países desarrollados. La desigualdad entre naciones pobres y naciones ricas ha contribuido a disparar el fenómeno de la inmigración. Muchas personas de países subdesarrollados huyen de la pobreza y el hambre, y, jugándose la vida en muchas ocasiones, tratan de llegar a los países ricos, donde esperan encontrar trabajo y bienestar. Por su parte, los Estados desarrollados se ven incapaces de frenar este fenómeno, a pesar de aprobar medidas policiales de control y de poner obstáculos legales a los que tratan de asentarse en su territorio. Esta circunstancia es aprovechada por mafias internacionales que trafican con los inmigrantes, cobrándoles fuertes sumas económicas por trasladarlos, en condiciones peligrosas e inseguras, al mundo desarrollado.

Debemos distinguir entre inmigración legal e inmigración ilegal o irregular. En el primer caso, se cumplen las normas que regulan las condiciones de inmigración, por lo que esas personas se hallan en una situación legal en el país de acogida, poseyendo todos los derechos reconocidos a los extranjeros.

El emigrante irregular, sin embargo, no posee ningún derecho económico o social (no tiene ni permiso de residencia ni permiso de trabajo), puesto que se encuentra en una situación ilegal. En el caso de ser descubierto, las autoridades proceden a su deportación (expulsión del territorio estatal mediante el traslado forzoso a su país de origen).

El fenómeno de la inmigración en masa ha provocado, entre otros, los siguientes problemas sociales:

- Marginación de los inmigrantes que no se encuentran en situación legal, por lo que no pueden encontrar trabajo y deben subsistir en condiciones extremas. En algunos casos, este hecho lleva a algunos de ellos a caer en la delincuencia para poder sobrevivir.

- Importantes gastos sociales para los Estados que los acogen.

- Rechazo, racismo y xenofobia por parte de grupos sociales del país que sufre ese fenómeno, pues muchos de ellos ven en los inmigrantes a posibles competidores en el precario mercado laboral. Sin embargo, los países ricos reconocen que necesitan mano de obra extranjera para la realización de trabajos que los nacionales no quieren llevar a cabo.

- Conflictos sociales provocados por las diferentes costumbres del país de acogida y las de muchos de los inmigrantes.

La soluciones a estos conflictos son difíciles. Desde un punto de vista ético, la exigencia más demandada es la de tender, paulatinamente, hacia un equilibrio de la riqueza entre todos los países del mundo. Eso obligaría a las naciones ricas a invertir en infraestructuras (carreteras, maquinaria agrícola, hospitales, etc.) y en educación dentro de los países pobres. De esa manera se combatiría la pobreza y el hambre, creándose las mínimas condiciones económicas para que su población no tuviera que marcharse para escapar a las lacras del subdesarrollo

 

 

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 Integración

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Para una persona, integrarse socialmente significa ser capaz de adaptarse a las costumbres y a la cultura de un colectivo diferente al suyo, manteniendo a la vez sus propias señas de identidad étnicas y culturales.

En las sociedades actuales, la movilidad de la población ha aumentado espectacularmente, lo que ha contribuido a fomentar fenómenos de integración entre colectivos diversos. Ese hecho contribuye a la riqueza cultural por cuanto aporta el conocimiento y el respeto hacia formas culturales diferentes a las nuestras.

 

 

 

 

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 Limpieza étnica

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Cuando en un territorio geográfico determinado, un grupo étnico lleva a cabo acciones de exterminio (genocidio) o inicia procedimientos para provocar la huida o la expulsión de otro grupo étnico diferente que habitaba en ese territorio, hablamos de limpieza étnica.

Históricamente, la limpieza étnica fue un procedimiento que utilizaron muchos ejércitos conquistadores de nuevos territorios o grupos étnicos que estaban en el poder y deseaban expulsar a comunidades étnicas diferentes hacia otros territorios. Casos como el de los indios norteamericanos; la persecución de judíos, moriscos y gitanos en la España imperial o el genocidio contra los judíos del régimen nazi son claros ejemplos históricos de la limpieza étnica. Desgraciadamente, esos procedimientos no han desaparecido en nuestro mundo actual. En los últimos tiempos hemos asistido a dos guerras donde se ha practicado una cruel y sangrienta limpieza étnica: el conflicto entre tutsis y hutus en Ruanda y Burundi, y las guerras de Bosnia y Kosovo, además de otros conflictos étnicos que continúan vigentes desde hace décadas, como la persecución del pueblo kurdo en Turquía y en Irak.

Actualmente, la limpieza étnica es considerada por la Justicia internacional como un crimen contra la humanidad, cuyos delitos no prescriben a pesar del tiempo transcurrido.

 

 

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 Racismo

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De un modo genérico, se denomina racismo a cualquier teoría que defienda la superioridad biológica o intelectual de unas razas sobre otras.

Existen, al menos, dos formas generales de racismo:

- Racismo biológico: afirma que existen razas cuya capacidad intelectual está por encima de las de otras razas, y que en razón de esa diferente capacidad intelectual pueden establecerse jerarquías entre razas superiores y razas inferiores.

- Racismo cultural: no habla de superioridad genética, sino de superioridad histórico-cultural entre unas razas y otras, lo que a la larga ha provocado que existan unas civilizaciones más desarrolladas que otras. Es decir, afirma que la mayor habilidad en la modificación del medio, a través de la técnica y el pensamiento científico, permitió a la civilización occidental un mayor grado de desarrollo humano que el alcanzado por otras civilizaciones. El racismo cultural se manifiesta especialmente en su teoría de que estas diferencias históricas impiden una convivencia armoniosa entre distintas razas dentro de un mismo Estado, ya que cada una de ellas ha sido educada mediante valores culturales distintos, que acaban enfrentándose siempre a los valores de otros grupos humanos.

El racismo y la xenofobia deben ser combatidos desde dos frentes: uno, el científico; y otro, el ético. Desde el punto de vista científico es necesario afirmar que no existen razas puras, que las pruebas científicas que se han realizado sobre el cociente de inteligencia de los diferentes grupos raciales han demostrado que no existen diferencias intelectuales entre ellos, y, finalmente, que las pruebas evolutivas demuestran que todos los seres humanos tenemos el mismo origen genético, es decir, provenimos de la misma raza.

Desde el punto de vista ético, cabe insistir en los Derechos Humanos como código ético universal alcanzado a través de la racionalidad, entre los cuales se encuentra el que establece la igualdad esencial de derechos entre todos los seres humanos. Y en que la desigualdad económica, social o cultural no está producida por fenómenos naturales, sino por la evolución histórica de las diferentes sociedades, lo que favoreció la explotación de unas naciones sobre otras y de unos grupos dominantes sobre el conjunto de grupos dominados.

 

 

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  Raza

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Desde el punto de vista biológico, raza es cada uno de los grupos en los que se divide una especie orgánica, siempre que los individuos que pertenezcan a esos grupos posean ciertos caracteres genéticos comunes que se transmiten de generación en generación. Existen, por tanto, razas humanas y razas animales.

La definición antigua de raza humana era la siguiente: cada una de la clases en que se agrupaban los seres humanos, fundamentalmente a causa del distinto color de su piel (raza blanca, negra, amarilla, etc.), del tipo de pelo, de las proporciones generales del cuerpo, y de la forma de la cabeza y la cara.

Sin embargo, los científicos actuales consideran que esa definición tradicional es poco precisa y tremendamente ambigua, porque está sujeta a numerosos errores de apreciación. Con el desarrollo y evolución de la genética, se ha intentado dar una definición de raza que cumpla con criterios científicos: raza sería la existencia de un grupo con caracteres genéticos propios y diferenciados de los de otros grupos humanos, que se conservarían a lo largo de la historia a través de una reproducción endogámica (mantener relaciones sexuales reproductivas exclusivamente con individuos de la misma raza o población).

Ahora bien, desde un punto de vista genético, no hay duda de que no existen razas puras en la humanidad. Para que pudiese existir todavía una raza pura, tendríamos que encontrar una población amplia que hubiese permanecido aislada geográficamente y sin intercambio con otras poblaciones desde tiempo remotísimo, y que mantuviera unos rasgos físicos y biológicos similares, además de diferenciados de los de otras poblaciones humanas. Y hasta ahora nadie ha sido capaz de encontrar una población de ese tipo.

Al no existir razas puras, es necesario admitir que todo aquello que coloquialmente llamamos ‘razas’ son fruto del mestizaje y de la mezcla genética. De ahí que los antropólogos hayan propuesto sustituir el concepto de raza por el de población. Según Marvin Harris, "una población humana es un grupo de personas cuyos miembros se cruzan entre ellos con frecuencia más que fortuita y que muestran frecuencias génicas diferentes cuando se comparan con otros grupos vecinos". Una población sería, por tanto, un grupo que, en un momento histórico concreto y en una zona geográfica determinada, muestran un conjunto de fenotipos (rasgos físicos evidentes) semejantes en un alto número de individuos pertenecientes a dicho grupo.

 

 

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 Xenofobia

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El diccionario de la Real Academia Española la define como "el odio, la repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros". De una forma más extensa, aunque con menor propiedad, también podemos llamar xenofobia al rechazo visceral y violento contra todos aquellos que no son como nosotros.

Por regla general, el xenófobo no manifiesta la misma hostilidad contra todos los extranjeros, sino tan sólo contra aquellos que no pertenecen a su misma etnia, cultura o civilización.

Muchas personas piensan que racismo y xenofobia son sinónimos. Sin embargo, ésa es una opinión equivocada. Efectivamente, todos los racistas son necesariamente xenófobos, pero no todos los xenófobos son obligatoriamente racistas. Por ejemplo, alguien puede pensar que no existe superioridad de una raza sobre otra (y, por tanto, no es racista), pero muestra actitudes xenófobas contra los extranjeros por motivos económicos o laborales.

Desde una valoración ética, la xenofobia es una actitud inmoral, puesto que afecta a la noción de la igualdad esencial de todos los seres humanos.

 

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