Igualdad y tolerancia

 

 

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  Alternancia

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En política, el concepto de alternancia se entiende fundamentalmente como ‘alternancia de poder’, y expresa la necesidad de que se produzcan periódicamente cambios en las personas y/o partidos políticos que ejercer el poder dentro de un Estado, como forma de garantizar el pluralismo y la democracia.

La alternancia en el poder constituye un pilar esencial de la democracia, ya que en los sistemas donde no se produce ésta, generalmente los mecanismos de participación y libertad política no funcionan correctamente. La mejor forma de garantizar la alternancia consiste en incrementar la participación de los ciudadanos en la vida pública y en asegurar el pluralismo ideológico mediante la libertad de expresión de las ideas y la igualdad de oportunidades a los partidos políticos en la difusión de sus programas durante las elecciones y en su acceso a los medios de comunicación social.

 

 

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  Androcéntrico

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Se conoce como androcentrismo la actitud de convertir al varón en el centro de referencia y en posición de superioridad sobre la mujer.

El androcentrismo es, por tanto, una forma de machismo, por cuanto defiende la superioridad intelectual y física del hombre, además de otorgar a la mujer el papel de persona dependiente con respecto al varón.

También se utiliza el adjetivo ‘androcéntrico’ para expresar una visión exclusivamente masculina sobre un conjunto de problemas.

El vocablo ‘androfobia’ expresa, en cambio, el rechazo sistemático y visceral hacia todo aquello que sea masculino.

 

 

 

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 Cívico-Civismo

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Palabras que provienen del término latino civitas, que significaba ‘ciudad’ pero también ‘conjunto de ciudadanos’, en cuanto que éstos poseían derechos y participaban en la vida del Estado. En sentido etimológico, pues, cívico significa algo que pertenece o que es relativo a los ciudadanos.

Hoy en día entendemos por civismo la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos o en asuntos privados que afectan a otros ciudadanos, siguiendo un comportamiento respetuoso con las normas morales y sociales que regulan la convivencia entre individuos portadores de derechos, y contribuyendo con ese comportamiento a la consecución de objetivos comunes a todos los ciudadanos.

 

 

 

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 Clasismo

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Consiste en la postura de los que defienden la existencia de diversas clases sociales como algo acorde con el orden natural, o también en el comportamiento de determinadas personas que actúan con una conciencia de clase exagerada.

Por extensión, también se denomina clasismo a las teorías que afirman la superioridad de un cierto grupo social sobre los demás.

Los discursos clasistas poseen un alto componente aristocrático, ya que defienden el predominio de cierta clase social, basándose en cuestiones hereditarias, en su relevancia histórica, en su poder económico o en otras razones que tratan de justificar la desigualdad entre los grupos sociales. Por regla general, el clasista está en contra de que se produzcan relaciones estrechas entre personas pertenecientes a diferentes clases sociales.

 

 

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 Discriminación

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Proviene del término latino ‘discrimen’, que significa ‘distinción’. Discriminar quiere decir establecer desigualdades y diferencias entre personas, a causa del sexo, la raza, la religión, la posición económica, el poder político, etc.

La discriminación puede darse en una doble dirección. En ocasiones son las minorías las que discriminan a las mayorías (como en las dictaduras o las oligarquías, donde un grupo escaso de personas detentan todo el poder, sin permitir a los demás expresar su voluntad democráticamente), y, en otras, son las mayorías las que discriminan (como en el caso de la marginación social y cultural de minorías étnicas en muchos países o comunidades).

Desde una perspectiva racional, la discriminación no tiene ninguna justificación o explicación natural, aparte de que va en contra de la moral y de la democracia. Su origen hay que buscarlo en razones históricas, y en prejuicios sociales. Así, y a partir de la constatación de que existen diferencias biológicas y culturales entre los grupos humanos, se intenta establecer algún tipo de jerarquía entre seres humanos superiores e inferiores con el fin de justificar teóricamente la discriminación.

 

 

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 Discriminación positiva

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No todas las formas de discriminación son moralmente reprobables. Existen casos donde entran en conflicto dos o más derechos legítimos, y debemos optar por dar la primacía a uno de ellos aunque sea en perjuicio del otro (en razón de su mayor importancia social o porque creamos racionalmente que eso es más justo que la opción contraria). En tales casos queda justificado algún tipo de discriminación, y con el fin de distinguirla de la que es moralmente ilegítima, la llamamos discriminación positiva.

En la mayoría de casos de discriminación positiva entran en conflicto la igualdad social y la igualdad legal. Aunque todas las Constituciones democráticas establecen la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y promueven acciones para alcanzar la igualdad social, la experiencia nos muestra que no existe tal igualdad social en la vida real, es decir, que existen colectivos perjudicados socialmente y colectivos beneficiados.

La cuestión moral que se plantea entonces es la siguiente: ¿debe intervenir el Estado u otros poderes públicos para ayudar a esos colectivos perjudicados a igualarse socialmente con el resto de colectivos? ¿Y por qué debe ayudar a unos y no a otros si todos somos iguales? La respuesta ética es la siguiente: precisamente porque no somos iguales en la realidad, los poderes públicos deben beneficiar a las minorías o a los colectivos desfavorecidos para que éstos alcancen la igualdad social. Y esa ayuda deberá ser a costa de las mayorías favorecidas. De esta manera se discrimina a estas últimas, pero con una finalidad moral.

Veamos un ejemplo: los marginados sociales, los parados de larga duración que se han quedado sin recursos económicos, ciertas minorías raciales y otros colectivos diversos viven en unas condiciones de pobreza extrema que no les permiten acceder, bajo ninguna forma presente ni probablemente futura, a un derecho recogido en nuestra Constitución: el uso de una vivienda. A través de sus programas de ayudas sociales, el Estado les concede una vivienda de protección oficial en unas condiciones inmejorables, condiciones a las que no pueden acceder el resto de los ciudadanos.

Los grupos sociales que suelen beneficiarse de este tipo de medias son todos aquellos que se encuentren en una situación de desigualdad social: mujeres, jubilados, minusválidos, pobres, minorías étnicas, etc.

Existe un límite moral dentro de las medidas de discriminación positiva: éstas deben cesar en el mismo momento en que los colectivos desfavorecidos hayan alcanzado la igualdad social con respecto a los demás colectivos sociales.

En los últimos tiempos, y sobre todo dentro de la política y la administración, se está sustituyendo la denominación ‘discriminación positiva’ por la de ‘acciones positivas’.

 

 

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 Estereotipo

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La Real Academia Española lo define como la "imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable". Por eso decimos que situaciones, gestos o expresiones son estereotipadas cuando se repiten sistemáticamente sin variación alguna. La expresión ‘un individuo estereotipado’ quiere significar que el carácter y la personalidad de ese individuo es totalmente previsible debido a que repite frecuentemente y sin variación actitudes y opiniones.

Hablamos de estereotipos sociales cuando la imagen que se posee o se expresa de un colectivo determinado es generalista y tópica, presentando rasgos genéricos de ese colectivo según los ha transmitido la tradición o los prejuicios sociales.

Los estereotipos sexuales son las características invariables que se atribuyen tanto a los colectivos de mujeres como al de varones. Por ejemplo, el estereotipo de la mujer suele presentarla como persona sensible, emotiva, maternal, etc., mientras que el estereotipo de varón expresa agresividad, competencia, distancia emotiva, etc. Como bien puede apreciarse por estos ejemplos, los estereotipos son generalidades tópicas que esconden un buen número de prejuicios.

En muchas ocasiones, estereotipo se utiliza como sinónimo de rol, aunque este último concepto tiene mayor entidad sociológica.

 

 

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 Fanatismo

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El fanatismo se caracteriza por su totalitarismo, ya que considera sus propias ideas como dogmas absolutos y las trata de imponer a los demás a través de la fuerza y la coacción. Algunos de los rasgos que lo definen son: ausencia de autocrítica (el fanático no se cuestiona jamás las ideas en las que se cree), voluntad de apostolado (trata de ‘convertir’ a sus ideas a otras personas), conductas uniformizadoras (no se admite el pluralismo ni la tolerancia) y utilización de la fuerza y la coacción tanto para la defensa de sus ideas como para su extensión a otros colectivos.

Existen numerosos tipos de fanatismo: religioso (integrismo, fundamentalismo), político (nazismo, comunismo estalinista...), nacionalista (basado, por lo general, en las ideas de pueblo elegido, ya sea por algún tipo de divinidad, ya sea por razones históricas), etc.

 

 

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 Feminismo

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Por una parte, es un movimiento social que lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Por otra, una actitud personal mediante la cual se reconoce la existencia de una desigualdad social (en los países democráticos no existen desigualdades legales) entre los hombres y las mujeres, y se trata de contribuir a su eliminación. Esta actitud feminista debe mostrarse en nuestra vida cotidiana, suprimiendo de ella valoraciones sexistas y estereotipos sexuales, y desarrollando una conducta igualitaria en todos nuestros actos y manifestaciones.

En los países democráticos, el feminismo trata de acabar con:

- La existencia de una sociedad patriarcal (tipo de organización social donde la autoridad es ejercida por el varón cabeza de familia).

- La desigualdad económica, ya que estudios estadísticos demuestran que las mujeres cobran, por término medio, menos salario que los hombres por idénticos trabajos.

- La mayor dificultad de la mujer para incorporarse al mercado laboral. Por ejemplo, en España la tasa de paro femenino dobla a la masculina.

- El mantenimiento de visiones androcéntricas sobre el papel social de la mujer.

Existen muchos grupos feministas, prácticamente de todas las ideologías políticas. En algunos de ellos, incluso, se acepta la militancia de hombres. Es importante señalar que el feminismo no es necesariamente una actitud femenina, sino que existen muchos hombres a los que podíamos catalogar de ‘feministas’ porque también luchan por la igualdad de derechos de las mujeres.

Suele distinguirse entre dos grandes tipos de feminismo:

- Feminismo de la diferencia: acepta que existen diferencias significativas entre los dos sexos. Defiende que, desde el origen de la humanidad, ha existido una ‘cultura autónoma femenina’ que ha sido desarrollada esencialmente por mujeres, y que se ha caracterizado por la defensa de valores y cualidades femeninas como la ternura, la no-violencia, la emotividad, etc. Entre los logros de este tipo de feminismo está el aceptar que la mujer tienen un ser propio, diferente al del varón, y el haber puesto al descubierto la importancia de lo femenino en la historia. Sus detractores le acusan de no incidir lo suficiente en la igualdad, ya que mantienen la creencia en roles sexuales separados.

- Feminismo de la igualdad: considera que las diferencias de género que pueden apreciarse no son algo natural, sino el resultado de la educación transmitida por las saciedades patriarcales. Su lucha se centra en terminar con los roles y los estereotipos sexuales. A su favor está la lucha social (se caracteriza por un activismo militante muy alto) que lleva a cabo en todos los ámbitos de la sociedad. Los que son críticos con este tipo de feminismo, sin embargo, le acusan de reproducir la conducta de los varones y de aspirar a que la mujer desarrolle actitudes que hasta ahora habían sido patrimonio de los hombres: competitividad, lucha por el poder, etc.

También existen algunos grupos feministas marginales cuyo modelo social aspira a una especie de revanchismo: el que la mujer sustituya al hombre en los puestos de poder, como una especie de compensación por los siglos de discriminación que han padecido las mujeres. Como es obvio, este tipo de feminismo marginal es como una especie de machismo pero a la inversa.

 

 

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 Igualdad

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El derecho a la igualdad está reconocido expresamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y, junto con los derechos a la vida y a la libertad personal, constituye uno de los pilares fundamentales del código universal de la ética.

Sin embargo, no debe entenderse la igualdad en el sentido de identidad, sino en el sentido genérico de igualdad de derechos y oportunidades. Efectivamente, no existen dos personas idénticas, como no existen dos objetos absolutamente iguales en el universo. Cuando se usa el concepto con el significado de ‘identidad’ se producen errores de apreciación que conducen a conclusiones erróneas. Por ejemplo, si digo que el hombre y la mujer son iguales, no quiero expresar que tengan unas mismas características morfológicas o que no existan diferencias generales en la forma en que procesan la información los cerebros de los hombres y los de las mujeres, sino que me estoy refiriendo a que deben ser iguales en su dignidad humana y en la consideración de seres que poseen los mismos derechos y deberes fundamentales en tanto que ambos son seres humanos.

Por tanto, debe entenderse el concepto igualdad como "igualdad entre seres diferentes aunque portadores de los mismos derechos". Esa igualdad esencial no implica que no sea ético el actuar, en ocasiones, favoreciendo a unos en perjuicio de otros, siempre que esa actuación pretenda un acto de justicia, como sucede en los casos de la llamada discriminación positiva. A este respecto, escribe W. Vossenkuhl: "El principio democrático de la igualdad obliga al Estado a velar no sólo por la igual aplicación del derecho, sino también a proteger a los individuos y grupos a los que podría lesionar un igualitarismo ciego (derecho a la diferencia)".

Existen distintos tipos de igualdad:

- Igualdad política: todos los ciudadanos deben participar, en condiciones de igualdad, en la vida política de una nación, teniendo los derechos de elegir y ser elegidos como cargos públicos, así como los derechos a la igualdad del voto (una persona, un voto), a la militancia y a la creación de partidos políticos, a la libertad ideológica, etc.

- Igualdad jurídica: todos los ciudadanos deben ser iguales ante la ley.

- Igualdad económica: no significa, en puridad, que todos posean los mismos recursos, independientemente de sus méritos o trabajo, sino que debe interpretarse como ‘igualdad de oportunidades’, es decir, que nadie sea discriminado por falta de recursos económicos frente a aquellos que sí los tienen, ya que un Estado democrático debe proporcionar los medios y las ayudas económicas necesarias (becas, pensiones, educación igualitaria, solidaridad económica a través de una política fiscal que grave a los grandes y medianos capitales, etc.) para que todos los ciudadanos puedan acceder, en igualdad de condiciones, a la educación profesional o universitaria y al mercado de trabajo.

- Igualdad sexual, racial, religiosa, etc.

En resumen, el derecho a la igualdad se constituye como el fundamento último de cualquier sistema democrático.

 

 

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  Librepensador

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Con este término se denomina a una persona que defiende ideas propias y no las de algún movimiento o escuela. Lo que caracteriza a un librepensador es que no se encuentra adscrito a ninguna corriente cultural o de expresión y que hace de esa libertad ideológica una de sus señas de identidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

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 Machismo

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El concepto machismo tiene al menos dos significados:

- Uno, más genérico, que consiste en expresar la prepotencia de los varones con respecto a las mujeres.

- Dos, machismo entendido como discurso o teoría que justifica la superioridad de los hombres sobre las mujeres.

Como actitud paradójica es curioso resaltar que el machismo -aunque es una posición típicamente masculina- también es defendido por algunas mujeres, las cuales, debido a la educación tradicional y represora que recibieron, consideran justificado moral y biológicamente la superioridad del hombre en muchos aspectos, sobre todo los relativos al mundo laboral y a su capacidad de mando.

No obstante, desde un punto de vista moral, el machismo es una actitud reprobable, ya que justifica situaciones de desigualdad entre los sexos. Ni científica ni jurídicamente, sin embargo, cabe hablar de ningún tipo de superioridad biológica o legal de los varones sobre las mujeres.

 

 

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 Militancia

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Alguien es militante cuando pertenece y participa activamente en una organización social o cuando se adhiere y defiende públicamente unas ideas. Tradicionalmente la militancia se da en partidos políticos, sindicatos, ONG, grupos religiosos, etc.

Generalmente, dentro de ese tipo de organizaciones existen comités o grupos directivos que deciden si admiten a alguien como militante, las normas que regulan la pertenencia a la organización, las sanciones que recaen sobre los miembros de las mismas en caso de no cumplir con la disciplina o los estatutos vigentes y los mecanismos de expulsión o retirada de la militancia si se dan determinadas circunstancias.

A veces, ese control llega a ser tan férreo que impide un correcto funcionamiento democrático, por cuanto impone restricciones a las disidencias ideológicas de los propios militantes.

 

 

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 Minorías

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Se entiende por minorías grupos sociales, ideológicos o culturales que sean minoritarios dentro de una sociedad. El término posee numerosas acepciones, entre ellas, las de élite (minorías prestigiosas en un determinado campo), minoría política (constituida por el conjunto de partidos que no tienen mayoría de votos en un Parlamento), minorías sociales (grupos con peculiaridades propias que los diferencian esencialmente de los grupos sociales mayoritarios), minorías religiosas, etc.

Desde el punto de vista de la Sociología, las minorías poseen una enorme importancia por cuanto representan uno de sus objetos de estudio fundamentales. Cuestiones como la identidad de las minorías, los mecanismos de integración social, las formas de transmisión cultural, su estatus y sus roles, etc., constituyen temas de estudio sociológico. Desde la perspectiva del Derecho, se plantean los derechos de las minorías en cuanto a si deben ser objeto de algún tipo de discriminación positiva que facilite su integración social y en cuanto a las garantías jurídicas que deben preservar sus diferencias y posibilitar su participación en condiciones de igualdad.

Desde el ámbito de la Ética, el problema de las minorías está directamente relacionado con el problema de la igualdad y la discriminación, con el de la libertades ideológicas y de expresión, y con la cuestión de la tolerancia.

 

 

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 Pluralismo

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De forma genérica, se habla de pluralismo cuando coexisten varias y distintas realidades dentro de una unidad.

En cuanto a su significación filosófica, se llama pluralismo a la defensa de una realidad múltiple frente al monismo (todo está compuesto por una sola sustancia). Los filósofos presocráticos plantearon la pregunta sobre el arjé (origen y materia de la que estaba constituido el universo) y ofrecieron a ella distintas respuestas. Los monistas afirmaron que una única materia (así, el aire o el agua o la inteligencia creadora, etc.) formaba la esencia de las cosas. Contra esa opinión se levantaron los filósofos pluralistas, para quienes la naturaleza estaba formada de distintas sustancias, que se combinaban entre sí para formar las cosas concretas. Por ejemplo, los atomistas dijeron que todo estaba compuesto de átomos; Empédocles creyó que la naturaleza era el fruto de la combinación de cuatro elementos (aire, tierra, fuego, agua), etc.

Sin embargo el concepto ‘pluralismo’ es usado fundamentalmente en las Ciencias políticas y en la Sociología. Una sociedad es pluralista cuando permite la existencia de grupos sociales e ideológicos distintos dentro de su seno, fomentando el intercambio de ideas entre ellos y permitiendo una crítica constructiva sobre dichas ideas. De ahí que el pluralismo constituya la esencia de la democracia. Por contra, una sociedad autoritaria o absolutista no permitirá el pluralismo y el libre intercambio de ideas; en ellas o bien los partidos políticos están prohibidos o bien existe el Partido único, además de perseguir a grupos sociales que se muestren contrarios ideológicamente al régimen gobernante.

Hablamos de pluralismo político cuando la base de la democracia parlamentaria es la confrontación electoral entre diversos partidos de ideologías y estrategias políticas diferentes. Para que el pluralismo sea real -y no una mera cuestión formal o legal-, es necesario que los poderes públicos fomenten la participación de los partidos en la vida pública, garantizando la libertad de expresión, el debate ideológico y la posibilidad de que esos partidos puedan trasladar sus ideas al resto de los ciudadanos a través de los medios de comunicación.

 

 

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   Segregación

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En sentido general, segregar significa apartar, separar a unas personas de otras. En un sentido más específico, la segregación es una forma de establecer desigualdades entre los individuos, puesto que la separación entre ellos viene determinada mayoritariamente por motivos sexuales (sexismo), a causa de la raza (racismo), de la religión (fundamentalismo), de la anexión y las explotación económica (imperialismo y colonización), de las diferencias de clase (clasismo), etc.

Es decir, está causada por razones ideológicas discriminatorias que pretenden justificar la segregación apelando a diferencias biológicas o culturales, a partir de las cuales se establecen jerarquías entre los seres humanos.

Con el nombre de segregacionismo se conoce a las políticas discriminatorias que llevaron a cabo ciertos Estados que eran partidarios de la segregación por motivos raciales, como los Estados sureños de EE.UU. antes de la Guerra Civil o de Secesión norteamericana, o el régimen de Sudáfrica antes de la abolición de sus leyes racistas que obligaban a la separación social entre blancos y negros.

 

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  Sexismo

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Sexismo es cualquier teoría o discurso que defienda la superioridad biológica, intelectual o social de un sexo sobre otro, ya sea del masculino sobre el femenino, ya sea a la inversa.

El sexismo no tiene ninguna justificación científica ni moral. En efecto, las pruebas sobre Cociente de Inteligencia (CI) han demostrado que no existen diferencias entre las puntuaciones medias que obtienen los conjuntos globales de hombres y mujeres. Y desde una perspectiva sociológica no hay duda alguna de que las diferencias sociales existentes en la actualidad son fruto de siglos de discriminación social y cultural de las mujeres.

El sexismo, analizado desde la reflexión ética, constituye un atentado contra la igualdad fundamental de los seres humanos.

 

 

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  Sociedad civil

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El término ‘civil’ significa ‘relativo o perteneciente a los ciudadanos’. De ahí que, en un sentido estricto, ‘sociedad civil’ sea aquella constituida por ciudadanos que se reconocen entre sí determinados derechos.

El término fue introducido por Hobbes y Rousseau, dentro de sus teorías sobre el Contrato social, para significar la creación de una sociedad organizada según acuerdos entre los ciudadanos (cesión de parte de su libertad a cambio de obtener la protección de sus derechos e incluso de su propia vida) para salir del estado de naturaleza.

El pensamiento marxista le dio una nueva significación, en este caso de matiz económico: un grupo de individuos que se asocian entre sí para satisfacer sus necesidades, intercambiándose servicios y productos.

En nuestros días con el concepto ‘sociedad civil’ se designa a los ciudadanos que participan en organizaciones jurídicas, políticas, profesionales, etc., con el fin de intervenir en asuntos de interés general o, cuanto menos, de interés social para determinados colectivos.

Los sociólogos han señalado que la existencia de una sociedad civil fuerte y organizada dentro de un Estado contribuye a un mejor funcionamiento de la democracia, puesto que la participación masiva en organizaciones sociales contribuye a fomentar el debate ideológico y a poner en marcha medidas que solucionen problemas sociales. En aquellas sociedades donde la participación ciudadana en la sociedad civil es baja, los poderes del Estado encuentran un menor control social sobre su actuación, lo que facilita determinados abusos de poder.

 

 

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  Sufragismo

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De manera genérica, sufragismo es cualquier movimiento que luche por el reconocimiento del derecho de voto para una minoría o una mayoría.

Históricamente, sin embargo, suele aplicarse a los movimientos feministas que, ya desde el siglo XIX, lucharon por la consecución de los derechos políticos para la mujer, el primero de los cuales era el derecho de voto.

Los antecedentes más remotos del sufragismo pueden fecharse en 1790, cuando el filósofo Condorcet defendió los derechos femeninos. Un año más tarde, Olimpia de Gougues publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. En 1804 se publicó en Gran Bretaña el primer manifiesto feminista. Sin embargo, no fue hasta 1848 cuando las mujeres iniciaron movilizaciones públicas en Estados Unidos con la finalidad de obtener el derecho al voto.

En España, el derecho al voto se concedió por primera vez a las mujeres en 1932, coincidiendo con la II República.

 

 

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  Tolerancia

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La tolerancia consiste en una actitud de respeto hacia las opiniones, ideas y costumbres de otros colectivos o personas que piensan y actúan de forma diferente a la nuestra. Constituye uno de los fundamentos esenciales de la democracia y del Estado de Derecho, por cuanto es una garantía para la defensa del pluralismo político y cultural. La actitud contraria a la tolerancia es el fanatismo, caracterizado por afirmar como únicas ideas verdaderas las que profesamos nosotros.

Sin embargo, y como han señalado numerosos autores, la tolerancia no implica un relativismo cultural o que debamos ser indiferentes en materias políticas y culturales; al contrario, lo que muestra es que, a pesar de estar convencidos de nuestras propias ideas, aceptamos esencialmente dos cuestiones:

- Una, que admitimos la posibilidad de errores en nuestras apreciaciones y que, por tanto, no mantenemos una actitud dogmática, sino abierta a la recepción de nuevas ideas.

- Dos, que admitimos el derecho de las personas a defender y expresar libremente sus propias ideas y a conservar sus costumbres.

Desde el ámbito de la ética se ha planteado una cuestión importante sobre el grado de la tolerancia: ¿debemos ser tolerantes también con los intolerantes? En general, se admite que la tolerancia debe poseer unos límites, que no son otros que los del respeto a los Derechos Humanos. Si admitiéramos actitudes intolerantes en nombre de un pretendido respeto a todas las actitudes, estaríamos siendo cómplices -por no actuar en su contra- de actos e ideas totalitarias que se caracterizan por no respetar más ideas que las suyas propias. De ahí que las personas que defienden este tipos de ideologías excluyente no puedan ampararse en el respeto y la tolerancia hacia sus propias ideas, por cuanto ellos no están dispuestos a aceptar esos mismos principios.

Finalmente, hay que destacar que la tolerancia para con los demás no implica necesariamente una ausencia de crítica para con otras ideas diferentes a las nuestras, ya que nos asiste el derecho a expresar nuestra disconformidad con ellas, siempre que esa crítica sea constructiva y no excluyente, es decir, siempre que admitamos que el diálogo pacífico y en libertad es la única forma de alcanzar acuerdos y consensos integradores.

 

 

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  Uniformización

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Consiste en el acto de uniformar, es decir, de hacer iguales o semejantes a todos. En principio, la uniformización pretender conseguir colectivos sociales que se rijan por idénticas reglas y que posean atributos comunes a todos ellos. Se trata, por tanto, de una actitud unificadora que busca integrar la diversidad social bajo unas pautas y normas comunes.

Desde una tratamiento ético, no se puede decir sin más que la uniformización sea buena o mala en sí misma, ya que existen casos donde podemos hablar de uniformizaciones justas y también de casos injustos. Por ejemplo, la extensión uniformizadora de todos los derechos humanos a la totalidad de las personas puede considerarse como moralmente deseable. En cambio, discriminar a minorías en nombre de los derechos de la mayoría es algo rechazable desde un punto de vista moral.

Este concepto no debe entenderse como sinónimo del de ‘integración’, ya que les separan algunas diferencias semánticas. Mientras que el segundo consiste en alcanzar la convivencia de determinados colectivos de ideas y costumbres diferentes mediante el diálogo y el respeto mutuo, la uniformización puede convertirse algunas veces en una actitud no integradora por cuanto impone normas uniformes a todos, incluso sin respetar en ocasiones el pluralismo y la diversidad social.

 

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