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Concepto ético kantiano que expresa el fundamento de la moralidad: se trata de una actitud y una determinación a obrar siempre por respeto al deber, sometiéndose a los dictados del imperativo categórico. Como el mismo Kant escribe: "la buena voluntad es buena no por su actitud para alcanzar algún fin propuesto, sino únicamente por el querer, esto es, buena en sí". Quiere decir con esto Kant que, para obrar moralmente, no debemos atender a fines ajenos al deber, sino tan sólo a nuestra disposición a actuar siempre moralmente, porque eso es lo que nos dicta nuestra razón, y como tal debemos quererlo.
Doctrina o teoría contraria al monismo, y según la cual existen al menos dos sustancias o principios que son los constituyentes de la realidad. Hay diferentes tipos de dualismo, clasificados según sus diferentes concepciones de esos dos principios. Así, por ejemplo, hablamos de dualismos: - De tipo religioso: (el maniqueísmo: el bien y el mal luchan en el universo; el cristianismo: Dios y la materia son dos realidades distintas y separadas, ya que la última ha sido creada por el primero; etc.). - De tipo cosmológico: (el platonismo: existen dos mundos separados entre sí, el de las Ideas y el mundo sensible). - De tipo antropológico: (creencia en la existencia de la dualidad alma-cuerpo; afirmación de que la mente es algo diferente al cuerpo puesto que se rige por leyes distintas a las corporales, etc.).
Es una expresión lingüística o formal (por ejemplo, una fórmula matemática), construida según las reglas de un lenguaje (natural o artificial), y que posee un significado completo por sí mismo. Para algunos autores, enunciado y proposición deben ser considerados como sinónimos, mientras que otros niega tal identidad, estableciendo diferencias entre ellos dos, como el hecho de que sea condición necesaria de una proposición la posibilidad de afirmar de ella que es verdadera o falsa, cuestión que no se considera necesaria en el enunciado según estos últimos autores. Por ejemplo, son enunciados del lenguaje natural los siguientes: "hoy estoy alegre", "la mentira es un mal moral", etc. Y son enunciados formales: "x = y", "p v q", etc.
Deriva del término griego ‘episteme’, que significa ‘ciencia’. En sentido estricto es la disciplina filosófica que versa sobre el conocimiento científico. Sus temas fundamentales de reflexión son: cuál es el origen del conocimiento, y cuáles son los límites y los fundamentos teóricos del mismo. Trata, igualmente, sobre problemas de justificación de los métodos científicos y sobre los criterios de verdad y falsedad utilizados por la ciencia. En ocasiones, el término ‘epistemología’ se utiliza indistintamente por Gnoseología o Teoría del conocimiento. En este sentido, cabe destacar que la epistemología es una rama o disciplina de la llamada Filosofía de la Ciencia. Son muchos los que señalan que la función primordial de la filosofía en la actualidad es la de servir como herramienta de la ciencia, bien mediante la búsqueda de una metodología y un lenguaje lógico comunes y aplicables a la totalidad de las ciencias (ideal del neopositivismo), bien como un análisis lógico del lenguaje para "curarse" de los problemas generados por un uso incorrecto del mismo en las proposiciones científicas (ideal de la filosofía analítica).
De una manera muy genérica, en filosofía se entiende por espiritualismo la creencia en un espíritu o conciencia que constituye una sustancia radicalmente separada de la materia o cuerpo, y que se guía por leyes propias y específicas. Dentro de la psicología y de la antropología, el espiritualismo es entendido como la actitud de quienes defienden que los procesos psíquicos no pueden reducirse exclusivamente a leyes materiales, sino que están determinados por un conjunto de leyes propias, diferentes a las puramente biológicas corporales. Es decir, establece una distinción radical entre lo físico y lo psíquico.
El origen del término viene del griego, concretamente de la unión de dos vocablos: ‘filo’, verbo que significa querer, desear, amar; y ‘sofía’, sustantivo que significa sabiduría. En ese sentido, filosofía es el deseo del conocimiento por sí mismo. Sin embargo, en la actualidad esa significación no resulta tan convincente como en la Grecia clásica, cuna de la filosofía occidental, puesto que no todos los que aman la sabiduría quieren ser filósofos. Conviene, pues, matizar el sentido originario del término. Resulta prácticamente imposible proponer una definición de filosofía que contente a todos los especialistas. De las cientos de definiciones que existen, ninguna han resultado satisfactoria en todos los sentidos posibles: a algunas se las acusa de ser demasiado restrictivas, a otras de no incluir aspectos esenciales, a muchas de ser pura retórica, etc. Creemos, por tanto, que ante esa dificultad resulta más conveniente proponer una serie de rasgos que definen o caracterizan al pensamiento filosófico. Algunos de ellos son: - El objeto de estudio de la filosofía es todo lo existente, ya sea la realidad física, ya sea la realidad ideal o espiritual, e, incluso, hasta la propia no-existencia o Nada, la cual también ha sido objeto de análisis filosófico. - La filosofía no es una ciencia en el sentido estricto del término, puesto que no utiliza los métodos científicos tradicionales en su búsqueda de la verdad. Sin embargo, lo anterior no implica que se trate de un saber irracional. Al contrario, lo que caracteriza al discurso filosófico es la racionalidad y la coherencia lógica de su pensamiento, aunque debido a la abstracción de sus conceptos no puedan ser comprobados éstos mediante procedimientos experimentales. - La filosofía es inevitable, puesto que afecta a cuestiones esenciales del ser humano, cuestiones ante las que éste no puede inhibirse, como son el sentido de su existencia, los límites de su conocimiento o las razones por las que debe comportarse moralmente. - Como bien han señalado algunos autores, lo esencial de la reflexión filosófica no es proporcionar respuestas definitivas, sino más bien plantear preguntas que nos orienten en nuestra búsqueda de sentido frente a todos los fenómenos de la existencia. A ese respecto, las palabras de A. Gide resultan significativas: "Cree a aquéllos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado". Las ramas o disciplinas fundamentales que componen el corpus general de la Filosofía como saber son: - Lógica: Ciencia formal que se ocupa de las formas del razonamiento humano. - Metafísica. - Ontología: Disciplina filosófica que estudia la realidad y los conceptos mediante los que la describimos, tales como ser, ente, sustancia, materia, causa, etc. - Ética. - Gnoseología: Su significado etimológico es ‘teoría del conocimiento’. Se ocupa de los problemas generales relacionados con el conocimiento. - Estética: Rama de la filosofía que estudia el origen y la justificación del concepto ‘bello’. Aparte de estas tradicionales disciplinas, existen algunas especialidades de la filosofía que se hallan en relación directa con otras ramas del saber. Se habla así de Filosofías de la Ciencia, del Derecho, de la Historia, de la Tecnología, de la Sociología, etc. En estos casos, la filosofía suele ejercer una función clarificadora de los conceptos que manejan estas ciencias, de los métodos que utilizan, de las cuestiones morales que se derivan de sus descubrimientos o de la fundamentación y justificación de sus teorías. Algunas ciencias o saberes, como la Psicología o la Política, formaron parte del corpus filosófico hasta su desgajamiento del mismo, siendo consideradas en la actualidad como saberes plenamente autónomos. Algunas de las principales funciones de la filosofía son: - La racionalidad: analizar y describir las funciones de la razón y las facultades intelectuales como la abstracción, la intuición, el razonamiento, la inteligencia lógica... - El conocimiento: describir las condiciones de posibilidad del mismo, con sus procedimientos y sus límites; estudiar los métodos científicos y sus criterios de verificación o falsación; llevar a cabo una fundamentación de la verdad... - La praxis: búsqueda de ideales de justicia y libertad, proponiendo y ejecutando acciones tendentes a la transformación de la sociedad a través de las ideas. En ese sentido, destaca la función crítica de la filosofía, crítica que debe ir orientada contra cualquier forma de dogmatismo (político, religioso, científico...) y también contra cualquier ideología manipuladora de las conciencias. - La cultura: en cuanto la filosofía ha contribuido a la génesis y difusión de las ideas sociales, artísticas, estéticas, políticas, etc. En ese sentido, la historia de la humanidad no tendría sentido sin la aportación de la filosofía a la evolución cultural de las sociedades y los individuos.
Es la parte de la filosofía encargada del estudio de la moralidad. Su misión es determinar la fundamentación de una ética inspirada en criterios no confesionales o religiosos, estableciendo las nociones de bien y de mal moral, así como de Justicia y de Ley. También llamada filosofía práctica, la ética es la disciplina que se ocupa de valorar las acciones humanas en cuanto a si son buenas o malas, justas o injustas, según las normas morales. De igual modo, busca los fundamentos últimos en los que se inspiran dichas normas morales.
Se utiliza, en muchas ocasiones, como sinónimo de Ética. Kant la denomina Razón práctica; por ejemplo, en su famosa obra Crítica de la Razón Práctica, donde sienta las bases de su sistema ético. La filosofía práctica, de un modo genérico, debe entenderse como filosofía transformadora de la praxis, sobre todo mediante una acción moral ("la transmutación de todos los valores", decía Nietzsche), política (las utopías, la profundización de la democracia y el consenso dialogado, o la lucha contra los mecanismos ideológicos de alienación como propugnaba Marx) y social (la búsqueda del ideal de justicia y de la emancipación del ser humano).
En filosofía, la palabra ‘juicio’ posee numerosos significados, según se utilice en disciplinas como lógica, teoría del conocimiento, ética, estética, etc. En lógica, juicio es una proposición que consta de la siguiente estructura: sujeto + cópula verbal + predicado. Del sujeto se afirma o se niega algo; esto que se afirma o niega es el predicado, mientras la cópula verbal posee la función de poner en relación al sujeto con el predicado. Del juicio lógico podemos afirmar su verdad o su falsedad según esté conforme a las reglas de un sistema lógico o no. Veamos un ejemplo: en el juicio "el hombre es una animal racional", el término ‘hombre’ hace las veces de sujeto, mientras que ‘animal racional’ es el predicado, es decir, lo que se afirma (en este caso) o se niega del sujeto. Si atendemos a la verdad o falsedad del juicio, en nuestro ejemplo concreto diremos que es verdadero. En teoría del conocimiento, los juicios son las proposiciones donde se relacionan conceptos entre sí. De este tipo son los juicios científicos; por ejemplo: "la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado". Lo que define a este tipo de juicios es que se refieren a hechos de la realidad (en las ciencias empíricas), y que para comprobar su verdad o falsedad deben ser verificados En ética, los juicios no son juicios de hechos, sino que se trata de juicios morales, esto es, juicios que valoran moralmente una acción o circunstancia. Al no estar referidos a los hechos empíricos, los juicios morales no pueden ser verificados científicamente: su validez o no dependerá de la racionalidad de la norma moral que expresen. Existen diversas clasificaciones de los juicios, dependientes de las diferentes categorías que se elijan para clasificarlos. A este respecto, es muy conocida la clasificación que hizo el filósofo neopositivista Ayer sobre los juicos. Según él se dividen genéricamente en: - Juicios lógicos (matemáticas y lógica). - Juicios fácticos (los de las ciencias empíricas). - Juicios emotivos y, por tanto, proposiciones cuya verdad no puede ser verificada, ya que sólo realizan valoraciones (juicios de la ética, la estética, la teología, etc.).
Término filosófico introducido por el filósofo empirista D. Hume para referir los juicios que versan sobre hechos empíricos y, por tanto, susceptibles de ser conocidos de una manera objetiva. Los contrapone a lo que él llama Juicios de ideas, que son los que no se refieren a hechos, puesto que tratan sobre las verdades matemáticas y lógicas, es decir, sobre las ciencias formales. A diferencia de los primeros, cuya verdad debe probarse mediante la experiencia, estos últimos prueban su verdad según las leyes de la lógica.
El lenguaje consiste en un sistema de signos cuya funcionalidad permite establecer una comunicación entre un conjunto de sujetos. De un modo muy general podemos distinguir dos grandes tipos de lenguajes: - Lenguaje artificial: construido con signos lógicos o matemáticos, cuya función consiste en expresar, de una manera restringida y formal, enunciados de carácter científico. Tenemos así el lenguaje lógico, el matemático, el informático, etc. Este tipo de lenguaje suele tener una mayor precisión conceptual y unas reglas sintácticas rígidas (habitualmente consisten en operaciones o signos formales), lo que permite utilizarlo para verificar y comprobar leyes científicas. - Lenguaje natural: la capacidad biológica que tienen los seres humanos para expresar su pensamiento y comunicarse a través de símbolos y signos lingüísticos. Gracias a ellos podemos referirnos a las cosas y a los hechos para nombrarlos y comunicarlos a los demás. Existen otras especies animales que también tienen la capacidad de comunicarse mediante signos, y cuando se da esta capacidad hablamos de lenguaje animal. Sin embargo, éste es incapaz de transmitir ideas, puesto que esa facultad es exclusiva de los humanos, limitándose a intercambiar informaciones relacionadas con las funciones biológicas: comida, sexualidad, orientación espacial... Por otra parte, conviene distinguir entre lenguaje y lengua. El primero, como hemos dicho anteriormente, es la capacidad genérica -perteneciente a toda la especie humana- de comunicar pensamientos e ideas, mientras que la segunda consiste en una forma concreta mediante la que se manifiesta y hace posible esa capacidad; distinguimos así numerosas lenguas: español, francés, arameo... En cuanto al origen y naturaleza del lenguaje, los psicólogos han discutido acerca de si es una capacidad innata que se manifiesta espontáneamente (ésa es la tesis que mantiene el psicolingüista Chomsky) o de si lo adquirimos mediante aprendizajes (tesis mantenida por el conductismo). En el terreno de la Ética cabe destacar que el análisis del lenguaje ha jugado un importante papel en la verificación de los juicios y de las leyes morales. Ya los sofistas plantearon la cuestión de si cabía considerar las normas morales como leyes naturales o de si habían de ser interpretadas exclusivamente como enunciados lingüísticos que expresaban un acuerdo o convención entre los miembros de una determinada cultura, acerca de lo que ellos consideraban justo o injusto. La Filosofía analítica y el neopositivismo, ya en el siglo XX, procedieron a realizar una crítica de los enunciados morales, señalando la imposibilidad de verificar en la realidad los términos lingüísticos que componen dichos enunciados, concluyendo que las leyes morales no expresaban una realidad objetiva, sino tan sólo sentimientos, emociones, etc., que surgen en nosotros cuando valoramos éticamente las acciones morales.
Se entiende por materialismo cualquier teoría para la cual todo lo existente es material. El materialismo, pues, reduce la totalidad de los seres a materia, por lo que es considerado un tipo de monismo (toda la realidad está formada de una única sustancia). El materialismo no es una teoría reciente; ya en la antigüedad hubo muchas doctrinas materialista en diferentes culturas como la india o la griega. En la Grecia clásica existieron importantes movimientos filosóficos materialistas, entre los que cabría destacar a los atomistas (todo lo existente estaba compuesto de átomos materiales) y al epicureísmo, cuya interpretación de la naturaleza se inspiró en muchas teorías atomistas. Posteriormente el materialismo resurgió con fuerza en la filosofía occidental durante los siglos XVII y XVIII, y su influjo fue creciendo con el auge que el cientifismo experimentó durante los siglos XIX y XX. En filosofía, el materialismo ha tenido una importancia capital en el debate sobre las relaciones entre el cuerpo y la mente. Para él, la mente no es una entidad autónoma de la materia, ya que se reduce al cerebro, y por tanto no cabe hablar de realidades (alma, conciencia separada de sus componentes cerebrales, etc.) espirituales o inmateriales. El término materialismo fue utilizado por Marx y Engels para referirse a ciertos estados sociales. Así Marx llamó materialismo histórico a la tesis de que todas las llamadas ‘ideas espirituales’ de los hombres no son sino el reflejo de las condiciones materiales de la existencia. Y Engels acuñó la expresión ‘materialismo dialéctico’ para expresar su creencia en que la vida y la conciencia no representan exclusivamente un desarrollo cuantitativo de la materia inerte, sino que representan un ‘salto cualitativo’ (aunque material también) sobre la pura materia.
Aristóteles la definió como la ciencia del ser en cuanto ser. En ese sentido, la metafísica estudiaría los primeros principios y las primeras causas de todos los seres existentes, concretamente en aquello que todos tienen en común: el hecho de ser seres y de existir. Así, el objeto de estudio de la metafísica lo constituirían ideas como Dios, causa, alma, sustancia, esencia, etc. El término metafísica adquirió un nuevo significado a finales del siglo XVIII, tras la publicación de la obra de Kant, Crítica de la Razón Pura. En esta obra, Kant intentó demostrar que la metafísica no constituía un conocimiento objetivo, puesto que su campo de estudio estaba más allá de la experiencia sensorial y no podía ser objeto de conocimiento humano. El término, por extensión, pasó a designar también aquellas ideas de la mente humana que se encuentran más allá de nuestra experiencia y que no pueden ser comprobadas. En ese sentido, un conocimiento metafísico sería aquel que no es susceptible de comprobación. Coloquialmente, pues, conocimiento metafísico se opone a conocimiento científico u objetivo.
Término que procede del vocablo griego ‘monos’: uno solo, único. Llamamos monista a cualquier teoría o doctrina que defienda la existencia de una sola realidad en la naturaleza, es decir, que todo lo existente está compuesto de una sola sustancia o materia. Ahora bien, existen dos grande tipos de monismo: el materialismo, para quien todo está compuesto de materia y, por tanto, gobernado por las leyes de la materia, incluida la mente o conciencia; y el monismo espiritualista, para el cual sólo existe un espíritu al que se identifica con el universo, siendo la materia una falsa ilusión de esa realidad espiritual. Este último tipo de monismo se identifica muchas veces con el panteísmo de origen religioso.
Concepto que posee numerosas significaciones. En el lenguaje coloquial se entiende por naturaleza aquello que es independiente del ser humano (aunque éste también es naturaleza en cuanto organismo biológico), lo que le rodea como medio ambiente, donde vive y se relaciona con los demás seres del mundo. Así, se llama ‘natural’ a lo que pertenece a esa naturaleza y ‘artificial’ a los productos creados por el hombre. Aunque el lenguaje científico de la física evita utilizar el término, podemos decir que la naturaleza también es entendida como materia, frente a lo espiritual o a los frutos de la razón humana. Ése era el sentido que los primeros filósofos otorgaron al término fysis, que suele traducirse de un modo muy genérico como naturaleza. Dentro de las ciencias naturales, la naturaleza es concebida como un todo que abarca al conjunto completo de los seres existentes. La filosofía griega introdujo un debate sobre la naturaleza del hombre, debate que daría origen al nacimiento de la ética como disciplina del saber o filosofía. Los contendientes del debate originario fueron los sofistas, por un lado, y Sócrates y Platón, por el otro. Para los primeros, no existía una relación directa entre las normas morales y la naturaleza biológica del hombre, ya que aquellas buscaban controlar y modificar las tendencias instintivas mediante preceptos que permitieran vivir en sociedad. Para Sócrates, en cambio, la naturaleza humana era fundamentalmente moral; la esencia o naturaleza del ser humano consistía, precisamente, en alcanzar el bien. Además, y en torno al mismo concepto, se inició entonces otra discusión filosófica que aún se mantiene en el campo de la ética: la existencia o no de una ley natural que nos permite distinguir racionalmente, y de una manera directa, la existencia del bien y del mal. Como es sabido, los sofistas defendieron un relativismo ético; para ellos las normas de la moral eran convencionales puesto que provenían de un acuerdo entre los hombres. Sin embargo, para Sócrates y Platón, el bien era algo universal y no dependía de acuerdos, sino de un principio inalterable escrito en nuestra propia naturaleza. Ya durante el siglo XX, el término ‘natural’ ha adquirido una significación nueva dentro del debate ético, como algo opuesto a lo técnico o tecnológico. La contracultura y la ética ecológica han reivindicado las formas de vida naturales frente a los modelos de conducta y desarrollo propuestos por las sociedades industriales.
Etimológicamente procede de la unión de ‘panta’ (todo) y ‘theos’ (Dios o principio divino). Lo definimos como la creencia en que todo lo existente es Dios o manifestación directa de la divinidad. Así, el panteísmo identifica a ésta con la naturaleza, de tal manera que lo divino no está separado ni de la materia ni del universo. Algunas religiones, como el animismo o ciertas corrientes del budismo defienden posiciones panteístas. En cambio, el judaísmo, el cristianismo y el Islam entiende a Dios como separado del mundo, ya que él fue su creador.
Es un enunciado del lenguaje natural o del lenguaje formal (algunos autores prefieren decir "una unidad de significado completo"), del que podemos afirmar su verdad o falsedad. Por ejemplo, "luce el sol". Sin embargo, juicios valorativos ("el divorcio es bueno") y otras expresiones lingüísticas a las que no corresponde un valor de verdad o falsedad ("¡ojalá que llueva café!") no pueden ser consideradas proposiciones. Para algunos autores, proposición es sinónimo de enunciado, aunque otros distinguen ambos términos en razón de poder atribuir o no un valor de verdad a las expresiones lingüísticas con significado completo.
Consiste en un procedimiento científico y, por tanto, sometido a los criterios de la metodología y la epistemología, mediante el cual comprobamos, de una manera objetiva, la verdad o la falsedad de una proposición o un enunciado. El neopositivismo y otras corrientes relacionadas con la filosofía de la ciencia que se ocuparon de la verificación, establecieron una ley con respecto a ella: sólo pueden verificarse proposiciones empíricas, es decir, susceptibles de ser comprobadas mediante procedimientos científicos en la realidad. Cuando no sucede así (como en el caso de los juicios o proposiciones morales según estas corrientes), hablamos de enunciados metafísicos, esto es, que no poseen un contenido objetivo susceptible de ser verificado.
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