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 Ética y sexualidad

 

 

 

Dilemas

 

Habitualmente, un problema que sufren los transexuales es el de conseguir que sus familiares y amigos acepten su condición. En muchas ocasiones, la propia familia trata de evitar el cambio de sexo, a veces por vergüenza social (temen las burlas y el rechazo de sus vecinos) y en otras ocasiones porque están firmemente convencidos de que su hijo o su hija padecen "una enfermedad", la cual puede curarse mediante ciertos tratamientos psicológicos o médicos.

No caen en la cuenta de que la transexualidad es un fenómeno natural (viene definida por la propia naturaleza) y de que, para conseguir la adecuación entre la personalidad y el cuerpo biológico, el mejor remedio es la cirugía (cambio de sexo) o un tratamiento hormonal. En el caso contrario, se produce una perpetua insatisfacción del individuo, obligado a tener un cuerpo que no se corresponde con sus sentimientos, personalidad y rol sexual.

En el caso de que un hijo tuyo te dijera un día que deseaba convertirse en mujer, ¿qué harías?:

- Apoyarlo, y ayudarlo humana y económicamente.

- Llevarlo a un psiquiatra para que intentara quitarle esas ideas de la cabeza.

- Decirle que es libre de hacer lo que quiera, pero que si se cambia de sexo, debe marcharse de casa para no volver nunca más, porque tú no puedes comprender esa decisión ya que está por encima incluso de tus propios sentimientos familiares.

 


 

 

Una cuestión tremendamente debatida en torno a los transexuales es la de si la Seguridad Social debe pagar o no la operación de cambio de sexo (en algunas Comunidades Autónomas la sanidad pública se hace cargo de ella; en otras no). Los defensores de que la sanidad pública costee los gastos de la operación argumentan que se trata de una disfunción biológica y como tal debe ser considerada una patología. Los que están en contra de dicha medida afirman que se trata de un ‘deseo’ personal y no de una necesidad biológica.

Si de ti dependiera que se aprobara una ley en este sentido, ¿qué decidirías y por qué?

 


 

 

Te planteamos a continuación un caso real que, en estos momentos, todavía está pendiente de resolución judicial. Una mujer, que había tenido una hija con su compañero sentimental, descubre de pronto sus deseos homosexuales y, tras separarse de su pareja, se va a vivir con otra mujer. Entre ambas educan a la hija de la primera durante varios años. Al cabo del tiempo, surgen las disputas y ambas mujeres se separan. La madre biológica le niega entonces a su pareja femenina que vea a su hija, argumentando que no le une con ella ningún vínculo familiar y que además puede ejercer una influencia negativa en la hija.

La antigua compañera sentimental de la madre acude al juzgado y plantea el caso como si de un divorcio o separación tradicional se tratase: al igual que un marido tiene el derecho a ver y a pasar determinado tiempo con sus hijos aunque la custodia legal corresponda a la madre, ella considera que su unión ha sido ‘una pareja de hecho’ y exige judicialmente los mismos derechos que un compañero heterosexual tendría.

Si tú fueras el juez, ¿qué sentencia dictarías en este caso? ¿En qué argumentos fundamentarías tu decisión?

 


 

 

Te planteamos un dilema que, desgraciadamente, han sufrido muchísimas personas a lo largo de toda la historia. Supónte que no tienes recursos económicos ni posibilidad de encontrar trabajo de forma inmediata (bien porque eres un/a inmigrante en situación irregular, bien porque ya lo has intentado sin conseguir nada, bien porque necesitas tanto dinero para poder satisfacer una adicción que no es suficiente con el que ganas...), y que de ti dependen otras personas (hijos, padres sin recursos, una familia en un país del Tercer Mundo); ¿llegarías a prostituirte como un medio para conseguir aquello que te resulta absolutamente indispensable?

¿Lo harías también en el caso de no tener una necesidad acuciante, es decir, solamente para obtener dinero con el que mejorar tu posición económica, tal y como hacen algunas personas para quienes prostituirse no es tan grave (un trabajo más, llegan a afirmar)?

Si consideras que esta actividad afecta directamente a tu intimidad y a tus creencias personales, no la contestes. Tienes derecho a negarte, puesto que la Constitución Española así lo establece en su artículo 16.2, donde se recoge que nadie podrá ser obligado a expresar sus creencias íntimas.

 


 

 

Un debate social que cada cierto tiempo reaparece en los medios de comunicación es el de la legalización o no de la prostitución. No debes confundir, sin embargo, legalización con despenalización. Por ejemplo, en España, la prostitución está despenalizada puesto que nadie es sancionado por ejercer libremente la prostitución, si así es su deseo. Ahora bien, no está legalizada, es decir, no existe como profesión oficial, por lo que aquellas personas que la ejercen no tienen derechos laborales reconocidos, como el derecho a la huelga, a la Seguridad Social, al paro, etc.

Los partidarios de legalizarla se basan, entre otros, en los siguientes argumentos:

- Los que ejercen la prostitución son trabajadores como los demás, por lo que deben tener sus mismos deberes (p.e: pagar el Impuesto de Actividades Económicas, cotizar a la Seguridad Social), así como los mismos derechos laborales que los demás trabajadores.

- Legalizando la prostitución, se llevarían a cabo revisiones médicas obligatorias para los que ejercieran esa profesión, con lo cual disminuiría sensiblemente el número y la cantidad de enfermedades contagiosas de transmisión sexual.

- Se limitaría, en gran medida, la acción e incluso la propia existencia de los proxenetas, ya que, al ser una actividad legal, los empresarios que se dedicaran a ello estarían sometidos a las leyes laborales vigentes y a las inspecciones de los distintos poderes públicos. De igual modo, la legalización disminuiría la marginación social de este colectivo.

Los que están en contra de dicha legalización esgrimen argumentos como los siguientes:

- La prostitución es un mal social, por lo tanto el Estado no debe promover ninguna iniciativa que contribuya a extenderlo; al contrario, debe poner al alcance de los que se dedican a tal profesión ayudas sociales, económicas y educativas para que puedan abandonarla y dedicarse a otras actividades. Sin embargo, eso no significa que deba penalizarse la prostitución.

- Legalizar la prostitución contribuiría a aumentar el número de personas que se dedican a ello.

- La legalización no acabaría con los proxenetas, puesto que lo único que haría sería convertirlos en empresarios "legales y honrados" que continuarían explotando a las personas que trabajan para ellos -valiéndose de su necesidad-, aunque ahora lo harían legalmente.

Imagina por un momento que eres un diputado que debe votar en el Congreso a favor o en contra de la legalización. Ante ese dilema cómo votarías: a favor, en contra o en blanco.

 


 

 

Como seguramente sabrás, las personas masoquistas gozan sexualmente sintiendo dolor o humillación. En caso de que convivan con una persona que posea rasgos o tendencias sádicas, sus relaciones son satisfactorias para los dos miembros de la pareja, y las repercusiones de ese dolor placentero son asumibles, en términos generales, para ambos.

El problema sexual aparece cuando uno de los dos miembros de la pareja no goza con tales actos. Por ejemplo, un individuo que conviva con una persona masoquista se ve en el dilema de causar dolor (algo que en sí mismo le repugna moralmente) para que su pareja goce.

Si tú te encontraras en una situación de ese tipo, ¿accederías a causar dolor a la persona a la que quieres o decidirías romper con ella a pesar de tu amor por creer que estás cometiendo acciones inmorales?

 


 

 

¿Debe ser legal la posibilidad de que los homosexuales puedan adoptar niños? Hace muy poco tiempo, el parlamento holandés ha autorizado el matrimonio de parejas gays y lesbianas, y también la posibilidad legal de que éstas puedan adoptar hijos. Como han señalado sus políticos, Holanda se ha convertido en el primer país del mundo que reconoce la plena equiparación de los derechos de los homosexuales y los heterosexuales.

Sin embargo, esta medida ha provocado la protesta de amplios colectivos, para quienes los niños adoptados por parejas homosexuales pueden desarrollar problemas psicológicos al no identificar convenientemente los papeles sexuales del padre y la madre. Otros colectivos, en cambio, han aplaudido la medida como un paso más en la lucha por la igualdad, señalando además que no está probado que los daños psicológicos de los niños adoptados sean reales, ya que lo importante en la educación de los niños es el amor con que sean tratados y no los roles sexuales de sus padres adoptivos.

Lee las dos siguientes opiniones acerca de ese problema (publicadas en Diario 16 el 21 de diciembre del 2000) y después opta por una u otra elección en este dilema, argumentando tu decisión en algunas de las razones expuestas en cualquiera de los dos textos:

 

- A favor

Existe ya plena equiparación en derechos para lesbianas y gays en Holanda, incluida la adopción. No se trata, pues, de un sueño inalcanzable (...). Habría que recordar que en España la legislación reconoce la posibilidad de ser adoptantes a las personas solteras, a las unidas por vínculo matrimonial y a las parejas de hecho heterosexuales (omitiendo las homosexuales). Si tenemos en cuenta que los solteros homosexuales pueden adoptar y convivir en pareja, resulta discriminatorio que se nos niegue la misma posibilidad cuando pretendemos la adopción conjunta. Se arguye, por los que nos lo niegan, el interés del menor. Pues bien, según el Senado alemán, sólo en Alemania un millón de menores conviven, desamparados legalmente, con parejas homosexuales. Nuestra realidad familiar es un hecho innegable. Guste o no.

Zerolo, P., Presidente de la Federación estatal de gays y lesbianas.

 

- En contra

La familia, fundada sobre el matrimonio, complemento de hombre y mujer, es el lugar donde debe brotar la vida, como fruto del amor. Cuando faltan los padres, la sociedad y el Estado deben buscar para eses hijo una familia que lo adopte, la mejor familia posible. No entiendo un matrimonio entre personas del mismo sexo, entiendo que establezcan entre ellos una sociedad o asociación como tantas otras sociedades, pero no entiendo que a eso se le pueda llamar matrimonio. Creo que cada cosa tiene y debe tener su nombre. Volviendo a la pregunta de si los homosexuales deben adoptar hijos, mi respuesta es no. Y no me vale un pretendido ‘derecho’ de los homosexuales a la adopción. El derecho es del niño, a tener la mejor familia de adopción. Y para ello, lo mejor es que tenga la referencia de un hombre y una mujer. Es lo mejor para su educación y maduración personal.

García, I., Director del Secretariado Delegación Episcopal para la familia.

 


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