Ética y sexualidad

 

 

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  Ablación

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La ablación es una técnica que consiste en la extirpación del clítoris de la mujer. Suele realizarse a niñas de muy poca edad en algunas culturas africanas y en ciertas sociedades del Oriente Próximo. Su justificación reside en ciertas tradiciones de origen religioso, que resultan incomprensibles e inmorales para cualquier persona que no comulgue con esas ideas religiosas.

Diversas organizaciones internacionales calculan que, en nuestros días, cerca de 150 millones de mujeres podrían haber sufrido la extirpación de sus genitales. La ablación no afecta al sistema reproductivo de la mujer, aunque sí limita enormemente su capacidad de sentir placer sexual, así como constituye un ataque a su integridad física y psíquica, derechos expresamente reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

 

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  Educación sexual

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Una de las cuestiones que más intensamente viven los adolescentes es la de la sexualidad. Para ellos, el despertar sexual lleva aparejado, en la mayoría de los casos, un desconocimiento bastante elevado sobre cuestiones relativas al sexo, además de plantearse dudas morales acerca de la conveniencia o inconveniencia de ciertas conductas sexuales sobre las que existen numerosos prejuicios. De ahí la necesidad de abordar la educación sexual en el colegio desde una perspectiva informativa, pero también moral, que les ayude a adquirir información seria y responsable sobre esos temas.

Además, la sexualidad se encuentra relacionada con otros temas sociales y éticos como la salud, la igualdad legal y moral entre los sexos o la educación para la convivencia.

 

 

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 Gay

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Anglicismo que significa homosexual. Aunque no está admitido aún por la Real Academia Española de la Lengua, su uso se encuentra muy extendido. Al principio se utilizaba exclusivamente como sinónimo de homosexual masculino, pero en los últimos tiempos se usa genéricamente para designar a cualquier persona de tendencia homosexual.

 

 

 

 

 

 

 

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 Heterosexual

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Heterosexual es alguien que siente atracción sexual exclusivamente por personas pertenecientes al otro sexo. Se diferencia del bisexual en que éste puede sentir atracción indistintamente por uno u otro sexo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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 Homosexualidad

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Consiste en la atracción sexual hacia personas del mismo sexo. En sentido estricto, para ser considerado homosexual no es necesario haber practicado relaciones íntimas con personas del mismo sexo, ya que también existen homosexuales castos.

El término surgió en la segunda mitad del siglo XIX; hasta entonces se utilizaban los de ‘sodomía’ y ‘sodomita’ para expresar las tendencias homosexuales.

Desde una perspectiva histórica es necesario resaltar que la homosexualidad no ha sido interpretada siempre como una tendencia contra natura, tal y como pasó a ser considerada tras la implantación del cristianismo en Occidente. Esta religión se caracterizó y se caracteriza por su fobia ante la homosexualidad y, por extensión, contra cualquier tipo de sexualidad que sea entendida como placer y no exclusivamente como mecanismo de reproducción.

Es conocido que en la cultura clásica de Grecia el placer sexual entre los hombres se asociaba especialmente a las relaciones homosexuales, relaciones que eran consideradas como superiores a las heterosexuales, las cuales cumplían un papel reproductivo y familiar más que puramente hedonista. Todavía existen numerosas culturas no occidentales donde la homosexualidad y la bisexualidad son aceptadas como tendencias absolutamente naturales que son practicadas habitualmente por los hombres (en algunos casos, sólo antes del matrimonio; en otros, incluso después).

En Occidente, sin embargo, la homosexualidad fue considerada tradicionalmente como una perversión y como una enfermedad aberrante. De ahí que los homosexuales fueran perseguidos y castigados con penas muy severas. Hasta bien entrado el siglo XX, y tras numerosos estudios científicos, no se ha reconocido expresamente que la homosexualidad no es ni una desviación ni un trastorno físico-mental, sino que hoy en día es considerada como una tendencia sexual plenamente natural.

Para ello ha sido necesario variar la concepción clásica sobre la sexualidad: hoy día no es entendida como una función orgánica tendente exclusivamente a la reproducción de la especie, sino que se reivindica y se valora como una fuente de placer y como un instinto cuya satisfacción -siempre que sea responsable y sana- es primordial para mantener la vida afectiva y el equilibrio de nuestra personalidad.

Desde el campo de la ciencia se ha discutido con vehemencia sobre si la homosexualidad viene determinada por factores genéticos o por influencias ambientales (educación y experiencias habidas en los años infantiles). La últimas teorías parecen inclinarse por una síntesis de ambos elementos, es decir, por ciertas tendencias genéticas que se verían influidas por ambientes educativos y familiares que ayudan a su desarrollo. Sin embargo, no hay que olvidar que numerosas personas eligen la homosexualidad voluntariamente (o la bisexualidad en muchos casos) como una forma de obtener placer, sin que quepa hablar en sus casos de tendencias biológicas determinantes.

En las sociedades actuales se reconoce mayoritariamente el derecho de los individuos a elegir y a vivir su propia sexualidad, derecho recogido en todas las Constituciones de los países democráticos. Sin embargo, todavía existen impedimentos legales que discriminan a los homosexuales con respecto a los heterosexuales: prohibición de matrimonio entre personas del mismo sexo, imposibilidad de adoptar niños, el no reconocimiento del derecho a una pensión de viudedad, a la herencia del cónyuge, etc. No obstante, hay que resaltar que se están produciendo avances significativos, aunque muy lentamente, en cuanto a la equiparación de derechos; por ejemplo, algunos países como Holanda y Dinamarca han aprobado recientemente leyes en este sentido.

Ahora bien, la igualdad legal no implica necesariamente que exista una tolerancia social. Todavía son frecuente las discriminaciones, el rechazo, la burla o el desprecio hacia los homosexuales en amplias capas de la población. De ahí la existencia de numerosos grupos y movimientos en defensa de los derechos y la dignidad de los homosexuales, quienes luchan no sólo por desterrar, mediante la información y la educación, los tópicos y prejuicios sobre la homosexualidad, sino también por la conquista de sus derechos sociales.

 

 

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 Lesbianismo

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El lesbianismo consiste en mantener relaciones afectivas y/o sexuales entre mujeres. Se trata, por tanto, de una modalidad de la homosexualidad. Los movimientos a favor de la aceptación social del lesbianismo se han integrado, en muchas ocasiones, dentro de movimientos feministas, caracterizándose -además de por su reivindicación de la homosexualidad- por su defensa de la igualdad social de las mujeres.

 

 

 

 

 

 

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 Masoquismo

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En su significación más extensa expresa un estado patológico que consiste en la necesidad de buscar sufrimientos (físicos y/o psíquicos) para alcanzar el placer o una situación de equilibrio psíquico.

En su variante de masoquismo sexual es la necesidad de sufrir dolor físico o psíquico para lograr un placer sexual.

Para algunos psicólogos, el masoquismo es una variante del sadismo, con la peculiaridad de que la violencia se ejerce sobre uno mismo.

 

 

 

 

 

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 Prostitución

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Según la Real Academia Española es la "actividad a la que se dedica la persona que mantiene relaciones sexuales con otra a cambio de dinero".

Según un dicho popular, "la prostitución es el oficio más viejo del mundo". Lo cierto es que ya desde la remota antigüedad existen testimonios históricos de estas prácticas. Las causas que empujan a muchas personas a prostituirse son, fundamentalmente, las siguientes: pobreza, marginación social, falta de cultura, drogadicción, engaños, secuestros de jóvenes, violencia de proxenetas y mafias.

En muy pocos países del mundo está legalizada la prostitución (se considera a los que la ejercen como trabajadores sin más, con todos los derechos y deberes laborales). En muchos otros países está despenalizada, es decir, nadie puede ser castigado legalmente por ejercer libremente la prostitución, aunque no se encuentre legalizada. En decenas de Estados, sin embargo, está prohibido y penalizado su ejercicio.

En España, y tras la aprobación del nuevo Código Penal en 1995, la prostitución ha quedado despenalizada. Sin embargo, sí es considerado delito el inducir a alguien a que se prostituya. Los proxenetas pueden ser castigados con penas de 2 a 4 años de prisión.

 

 

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 Proxeneta

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Persona que promueve la prostitución de otros con el fin de obtener dinero. El proxeneta típico suele encarnarse en un varón que obliga a una o varias mujeres a practicar la prostitución, quedándose con una parte considerable de las ganancias obtenidas por éstas. A cambio, les ofrece protección frente a la acciones violentas de otros proxenetas o de los clientes.

Por regla general, el proxeneta obliga y violenta a las mujeres a su cargo, llegando a amenazarlas y/o agredirlas en caso de desacuerdo. En los últimos tiempos, la figura tradicional del proxeneta estás siendo sustituida por mafias o grupos de delicuentes que aspiran a controlar el elevado negocio que mueve a su alrededor la prostitución.

 

 

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 Sadismo

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Genéricamente se entiende por sadismo la conducta que encuentra placer (físico y/o psicológico) ejerciendo violencia sobre una persona, grupo social, animales, etc.

El sadismo sexual es una variante que consiste en obtener placer haciendo daño físico o provocando humillaciones psíquicas a la pareja sexual.

Cuando en un mismo individuo se produce simultánea o alternamente la necesidad de causar dolor y de sufrirlo, hablamos de sadomasoquismo.

 

 

 

 

 

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  Sexualidad

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Desde un punto de vista evolutivo, la sexualidad es un mecanismo por el que se asegura la perpetuación de los genes individuales y de la propia especie. Debido a ello, el impulso sexual es algo instintivo, o cuanto menos innato.

Mientras que todas las especies animales ejecutan automáticamente la conducta sexual, y se aparean siempre que aparece el impulso si no existen condiciones adversas que se lo impidan, el ser humano es el único ser que puede controlar y reprimir la satisfacción del impulso sexual aunque todas las condiciones le sean favorables. Lo que no puede evitar, sin embargo, es el propio impulso sexual, ya que éste aparecerá cíclicamente o ante situaciones que actúen como estimulantes del mismo.

En nuestra especie la sexualidad juega un papel principal dentro del comportamiento biológico y psicológico. De hecho, algunas escuelas como el psicoanálisis la consideran el principio motivador más importante de nuestra conducta.

A lo largo de la historia, el papel y la función de la sexualidad han sido debatidos en medio de grandes polémicas científicas, médicas y teológicas: desde algunas religiones, que la consideran pecaminosa si no va orientada exclusivamente a la reproducción, hasta aquellos otros movimientos sociales que hicieron del amor libre su bandera ideológica, los planteamientos sobre la sexualidad han recorrido todo el abanico de posibilidades.

Es necesario distinguir entre el sexo biológico y lo que se conoce como identidad sexual. El primero se define a partir del código genético, de tal manera que el resultado de las combinaciones entre los cromosomas de la madre (XX) y los del padre (XY) determinará si el feto se convierte en mujer o en varón. Ahora bien, llamamos ‘identidad sexual’ al papel de masculinidad o feminidad mediante el que cada persona siente sus tendencias sexuales. Así, puede darse el caso de que un varón biológico sienta psíquicamente como mujer, y a la inversa.

La conducta social de un individuo viene marcada no sólo por sus tendencias genéticas, sino también, y en igual medida cuanto menos, por la educación familiar recibida y por las influencias de la cultura y la religión. Cuando se produce un conflicto entre los deseos sexuales de un sujeto y las normas morales dominantes en un momento dado, este conflicto puede provocar importantes trastornos psíquicos en el individuo.

Durante muchos siglos, la influencia del cristianismo en la cultura occidental llevó a considerar a la sexualidad como algo pecaminoso -salvo en el caso de que tuviera exclusivamente fines reproductivos- que nos acercaba al un comportamiento puramente animal. Así, las normas morales imponían restricciones sexuales severas a las conductas de los individuos, a la vez que el placer sexual era considerado como un deseo reprobable desde el punto de vista moral. La única razón que fundamentaba esa represión eran las leyes o mandamientos divinos.

Sin embargo, y afortunadamente, la evolución cultural y científica ha liberado a la sexualidad de esa concepción pecaminosa, demostrando que la sexualidad es un componente básico para alcanzar el equilibrio psíquico de las personas. En ese sentido, la reivindicación de una sexualidad ejercida libre y responsablemente, que tenga como límite el respeto a los demás, ha sido una de las señas de identidad de los movimientos sociales del siglo XX.

Igualmente, se han ido reconociendo los derechos de las personas a decidir sus propios comportamientos sexuales y a buscar sus propias fuentes de placer, siempre que éstas no afecten a los derechos de los demás. Tendencias como la homosexualidad o la transexualidad han dejado de ser consideradas como patológicas o reprochables, reconociéndose los derechos de las personas a decidir sobre sus propias tendencias sexuales.

Se denominan ‘roles sexuales’ al papel que juegan y a las características específicas que les son atribuidas al conjunto de los varones, por un lado, y al de las mujeres, por otro. A lo largo de la historia, los roles sexuales han contribuido a fomentar el sexismo. Sin embargo, durante el siglo XX, y gracias fundamentalmente a los movimientos feministas, surgió la conciencia de acabar con la discriminación por motivos de sexo, utilizando para ello una educación igualitaria y un conjunto de medidas sociales que contribuyesen a lograr la igualdad real entre los sexos.

 

 

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 Transexual

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Según la Real Academia Española de la Lengua, un transexual es "la persona que mediante tratamiento hormonal e intervención quirúrgica adquiere los caracteres sexuales del sexo opuesto". Por regla general, en los transexuales se produce una disfunción entre sus sentimientos y percepciones psicológicas (se sienten del sexo contrario al que les corresponde por biología) y su morfología sexual biológica. De ahí la necesidad metal de procurar un cambio de sexo que adecue sus tendencias psicológicas con su sexualidad biológica.

 

 

 

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