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Ética y Religión

 

 

 

Dilemas

 

Tal vez conozcas este dilema por la historia de la literatura española o porque hayas leído el libro. Lo plantea Unamuno en su obra San Manuel, bueno y mártir. En ese libro cuenta la historia de un sacerdote que pierde la fe en Dios y deja de creer en la religión católica.

En ese momento se le plantea el siguiente dilema: decir claramente a sus feligreses que no cree en Dios, provocando en ellos dudas y angustia, o callarse y seguir predicando el Evangelio como si él aún creyera.

Tras pensarlo mucho, se decide por la segunda opción, porque considera que la religión da esperanzas a los creyentes y, además, les proporciona un conjunto de normas morales que les permiten hacer el bien. Piensa que si siembra en ellos la duda sobre la fe, los hará más infelices y provocará angustia en aquellos corazones simples. Es decir, opta por la solución que considera menos mala e intentando, además, hacer el bien, aunque para ello tenga que mostrar una actitud hipócrita.

En un caso semejante, ¿qué hubieras hecho tú y cuáles serían las razones morales con las que justificarías tu decisión.

 


 

 

Por regla general, los agnósticos no son propiamente ‘indiferentes religiosos’. Los sociólogos intentan diferenciar las dos categorías, en cuanto que los agnósticos han pensado y meditado sobre la existencia o no de Dios, mientras que los segundos no se han planteado siquiera ese problema.

Por eso, el agnóstico (a diferencia del ateo, quien está firmemente convencido de que Dios no existe) se enfrenta en cierta medida a la duda religiosa. Al final, lo que le hace optar por el agnosticismo es su imposibilidad de convencerse de manera definitiva acerca de que si Dios existe o de si se trata de una invención humana.

Si tú fueras agnóstico y alguien te demostrara lógicamente (es decir, mediante argumentos racionales que aparentemente no poseen ninguna contradicción) la existencia de Dios, aunque no fuera capaz de hacerlo empíricamente (es decir, con pruebas basadas en la experiencia sensorial), ¿modificarías tu actitud de agnóstico o no?

 


 

 

Imagínate que eres un agnóstico o un ateo plenamente convencido, incluso te sientes especialmente anticlerical. En un momento dado, tus padres deciden que debes asistir a un colegio religioso por tu propio bien (decide tú mismo la causa que prefieras: porque están convencidos de que allí la enseñanza es mejor y eso te va ayudar en el futuro, o porque han oído que en ese colegio aprobar es más fácil y tú tienes dificultades para ir superando las asignaturas en el centro donde estudias). Lo importante es que la decisión de tus padres teóricamente te va a beneficiar a ti.

Tú debes decidir, entonces, entre ser fiel a tus ideas y negarte a asistir a ese colegio, o dejar de lado tus sentimientos contra la religión y matricularte en él para obtener posibles ventajas en tus notas o en tu preparación académica.

¿Qué decidirías y por qué?

 


 

 

Imagínate que tienes un niño pequeño aquejado de una extraña enfermedad cuyo origen y remedio son ignorados por los médicos. Llevas ya varios meses yendo de un especialista a otro y no consigues nada. Tú eres ateo, pero alguien de tu familia te comenta que deberías llevar al niño a Fátima o a Lourdes (santuarios de vírgenes famosas porque en ellos se producen, según afirman los cristianos, curaciones milagrosas). La familia tenéis muy poco dinero y te planteas si será conveniente gastarlo en el viaje a esos santuarios, cuando tú no crees para nada en los milagros. Sin embargo, tu familiar te insiste contándote numerosos casos de curaciones milagrosas. ¿Qué harías?:

- No ir, porque tú crees que se trata de supersticiones y que no merece la pena gastar el tiempo ni el dinero en falsas ilusiones.

- Ir, aunque no creas en los milagros, porque al fin y al cabo puedes estar equivocado y se deben agotar todas las posibilidades, incluso las más imposibles.

 


 

 

En el caso de estar enfermo y no encontrar curación por los métodos tradicionales de la medicina, ¿irías a un curandero, aunque el tratamiento de éste te pudiera hacer daño? ¿Por qué sí o por qué no?

 


 

 

Supónte que eres médico (voluntario de una ONG internacional) y llegas a una tribu donde existe miedo ante ciertos tabúes. Uno de ellos es el de no acercarse a alguien que tenga determinada enfermedad. Según las costumbres religiosas de la tribu, cuando alguien enferma de ese mal debe ser sacado de la aldea y abandonado en el bosque.

Como médico que eres tú debes intentar ayudar al enfermo, pero sabes que si lo haces te habrás contagiado del tabú y los miembros de la tribu no querrán acercarse a ti bajo ninguna excusa. Tu venida a esa aldea obedece a una campaña de vacunación, con el fin de evitar la proliferación de una enfermedad epidémica en la zona.

Se te plantea, pues, un dilema moral importante: ¿Qué debes hacer: abandonar al enfermo considerado tabú y vacunar al resto, porque así podrás salvar más vidas, o curarlo siguiendo tu ética profesional, aunque eso te impida llevar a cabo la campaña de vacunación?

 


 

 

Supónte que estás casado/a y que tienes un hijo. Tu pareja es atea y tú eres, sin embargo, católico/a practicante. En ese momento surge el problema de si debéis bautizar o no al niño. Tu pareja te dice que no quiere bautizarlo, puesto que esa decisión tendrá que tomarla el niño cuando se haga mayor y pueda decidir por sí mismo si quiere o no ser católico. Tú no estás de acuerdo, puesto que crees firmemente en el catolicismo y sabes que, según él, si el niño muere sin bautizar no podrá ir al paraíso.

Le dices a tu pareja que si de verdad es atea, no le debe importar nada el hecho de que se bautice o no, porque al fin y al cabo si no existe Dios ese hecho no tiene ninguna importancia y, en cambio, si existe, sí puede resultar decisivo. Pero él se niega a modificar su opinión. ¿Qué harías tú?:

- Bautizarlo a escondidas, sin que se enterara tu pareja.

- Bautizarlo, aunque eso te costara una posible ruptura con tu pareja.

- No bautizarlo, aunque empezarías a educarlo en la religión cristiana ya de pequeñito.

- No bautizarlo y no hablarle de Dios hasta que fuera mayor y pudiera decidir por él mismo.

 


 

 

Imagínate que eres una persona que cree firmemente en el destino. ¿Condenarías a un asesino o le absolverías porque él no ha sido libre para cometer o no cometer el asesinato? ¿Le condenarías por conveniencia social aunque estuvieras plenamente convencido de que él no es responsable de sus actos y no tiene, por tanto, responsabilidad moral? Argumenta tu respuesta.

 


 

 

Un día te invitan a asistir a una sesión de espiritismo. Tú no crees en la existencia de espíritus y así se lo comunicas a los que te invitaron. Ellos te dicen que no tienes que prejuzgar antes de ver lo que pasa en esa sesión, porque a lo mejor allí te convences de que existen realmente.

¿Qué harías: ir o rechazar la invitación? En el caso de que fueras y sucedieran en la sesión ‘cosas extrañas’, ¿creerías que han sido provocadas por los espíritus o pensarías que se trata de un montaje para asustarte o burlarse de ti?

 


 

 

Muchas veces resulta difícil distinguir con claridad entre los que "sabemos" y lo que "creemos", puesto que no tenemos muy claro dónde está la separación entre una y otra certeza. El ejemplo que vamos a describir sucede muy a menudo en las clases de Física, de Filosofía o de Psicología al explicar la naturaleza de la materia, nuestra forma de captar la realidad exterior o los mecanismos de la percepción humana. Vamos con él.

Todos "sabemos" que los colores existen porque los percibimos: este objeto es verde, aquel, azul; el otro, rojo. Es decir, que la nieve "es" blanca nos parece tan evidente que no lo consideramos como una creencia, sino como un conocimiento objetivo.

Luego, llegamos a clase de Física o Filosofía y el profesor nos explica que los objetos no tienen color y que la percepción cromática sólo se produce en nuestro cerebro como consecuencia de la manera especial que tiene nuestro sistema perceptivo de captar la luz reflejada sobre los objetos. Simplificando, y aunque no sea del todo preciso, el color no está en las cosas sino en nuestro cerebro.

Pues bien, muchos profesores podrán atestiguar que después de explicar los mecanismos de percepción a los alumnos, topan con que muchos de éstos no se "creen" que el color no exista en las cosas. Por mucho que el profesor insista en su explicación, estos alumnos continúan negando lo que afirma la ciencia y siguen aferrados a sus "creencias".

¿Qué harías tú en un caso similar: aceptar la explicación científica del profesor o seguir "creyendo" en lo que tus ojos ven de manera evidente, intentando convencerte a ti mismo de que esa explicación científica tiene que estar equivocada?

Según tu opinión, ¿por qué algunas veces son más fuertes las creencias personales que los conocimientos objetivos? ¿Por que mucha gente no se "cree" a la ciencia?

 


 

 

En un futuro es posible que tengas hijos y probablemente se te planteará entonces el dilema de castigarlos o no en ciertas ocasiones.

Según tu perspectiva actual, ¿piensas que recurrirás al castigo físico si el niño se porta mal? ¿Y a otro tipo de castigos? ¿Crees que un niño al que no se le castiga (aunque se le reprenda, enseñándole así a distinguir lo que está bien de lo que está mal) acaba siendo necesariamente un ‘niño mimado’? ¿Por qué lo crees así?

 


 

 

Alguien al que tú quieres te hace daño voluntariamente e, incluso, con mala fe. Tú te planteas entonces si debes cortar tu relación con él o perdonarlo. ¿Qué harías? ¿Tu decisión dependería del mal que te hubiera hecho? ¿Dependería acaso de si era la primera vez o de si con anterioridad hubiera realizado ya acciones semejantes?

Si observaras en él sentimientos de culpa, ¿sería eso suficiente para inclinarte al perdón? En el caso de que no, ¿qué más necesitarías para poder perdonarlo?

 


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