Ética y Religión

 

 

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  Agnosticismo

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Voz que procede del sustantivo griego ‘gnosis’ (conocimiento, sabiduría) y de la partícula privativa ‘a’ (negación, carencia). En sentido literal, pues, agnosticismo es la ausencia de conocimiento cierto sobre alguna cuestión.

El término fue utilizado por primera vez en 1869, cuando el pensador T. H. Huxley lo usó para señalar que, ante teorías que pretendían ir más allá de la experiencia humana, había que adoptar una actitud agnóstica, es decir, ni afirmarlas ni negarlas desde el punto de vista científico, ya que sus enunciados eran imposibles de verificar o refutar debido a que aludían a realidades que estaban más allá de nuestro conocimiento sensible.

Sin embargo, pronto el término fue utilizado en la filosofía de la religión, siendo éste su significado más habitual en nuestros días, aunque todavía continúe usándose en su sentido originario. Un agnóstico, así, es el que ni afirma ni niega la existencia de Dios, puesto que dice carecer de pruebas concluyentes en uno u otro sentido. Por tanto, se limita a señalar que la cuestión escapa a su conocimiento, puesto que trasciende el mundo de los fenómenos naturales, los únicos cuyo conocimiento puede ser objetivo. Se diferencia del ateo en que este último está convencido de que Dios no existe y de tener pruebas a favor de que los conceptos ‘Dios’ y ‘Religión’ han sido creados por los seres humanos a lo largo de su transcurrir histórico.

Tampoco hay que confundir al agnóstico con el puro ‘indiferente religioso’, ya que éste no se plantea teóricamente la existencia o no de la divinidad; se limita a ignorar las cuestiones religiosas en su totalidad; en cambio, el agnóstico ha reflexionado previamente sobre la cuestión y ha llegado a la conclusión de que no puede formar un juicio definitivo sobre la existencia de Dios. Por tanto, vive como si Dios no existiera, es decir, suspende el juicio (epojé) y se limita a no opinar acerca del problema existencial de la divinidad.

 

 

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  Anticlerical

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El anticlericalismo es la actitud militante que mantiene una persona en contra del clero o clase sacerdotal. Dicho con otras palabras, el anticlerical se encuentra enfrentado a todas las Iglesias por entender que se trata de instituciones exclusivamente humanas (y, por tanto, no representan ni hacen de intermediarias de ninguna divinidad) y que aspiran a ejercer un poder manipulador sobre las conciencias de los creyentes.

De igual modo, el anticlerical está en contra de cualquier intervención de la Iglesia en asuntos públicos que no estén relacionados directamente con la religión, es decir, en cuestiones políticas, sociales, sexuales, educativas, etc.

Es frecuente identificar anticlericalismo con ateísmo. Ahora bien, esa identificación no es del todo correcta, ya que, aunque en muchos casos los anticlericales se consideran a la vez ateos, no siempre puede decirse que dicha actitud implique necesariamente la negación de Dios. Estar en contra de la Iglesia como institución no significa sin más negar la existencia de la divinidad: muchos anticlericales creen en Dios pero no en la Iglesia.

 

 

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 Ascesis-Ascético

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Los términos provienen del vocablo griego askésis, cuyo significado era el de ‘ejercicio o práctica’. Dentro de la moral y la religión, la ascesis consiste en un conjunto de prácticas tendentes a liberar al espíritu o alma de los placeres mundanos y de las preocupaciones del mundo exterior con el fin de alcanzar una perfección moral una vez desatada el alma de sus ataduras terrenas.

El ascetismo parte, pues, de una actitud contra la naturaleza: renuncia a los deseos del cuerpo y lo mortifica, al considerar que la materia, el mundo exterior y el reino de los instintos representan obstáculos para la purificación del espíritu. Numerosas religiones han predicado el ascetismo como una forma del liberación del mundo para lograr el ascenso hacia Dios.

Sin embargo, algunos psicólogos como Freud han visto en el ascetismo una forma de represión radical de los instintos de autoconservación y del placer (Eros), lo que en muchas ocasiones conduce a trastornos del comportamiento.

El ascetismo se caracteriza por una renuncia voluntaria (para Freud sería, en cambio, inconsciente) del disfrute corporal, en la suposición de que el placer y el mundo sensorial son ataduras terrenas que impiden una actitud mística.

 

 

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 Ateísmo

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El ateísmo consiste en negar la existencia de Dios. No debe confundirse con el agnosticismo (ni se niega ni se afirma la existencia de una divinidad), ya que el ateo está firmemente convencido de que Dios no existe: se trata de una idea inventada por los seres humanos, por lo que sólo puede hablarse de él como de una ilusión de la mente.

El ateísmo no es un fenómeno moderno, aunque en sus formas radicales comenzó a forjarse durante los siglos XVII y XVIII en el pensamiento de ciertos filósofos, para extenderse después, durante los dos últimos siglos, a amplios sectores sociales. Sin embargo, en la Antigüedad ya hubo doctrinas ateas: por ejemplo, los atomistas griegos negaron la existencia de un principio ordenador del cosmos y atribuyeron su génesis al azar (actitud materialista), o, en la India, surgieron movimientos que negaban la existencia de la divinidad en sí misma.

El ateísmo contemporáneo se caracteriza no sólo por negar a Dios, sino también por aceptar la vida humana como finita, más allá de la cual únicamente se encuentra la nada de la existencia.

Las principales razones en las que se apoya el ateísmo son:

- Es imposible probar la existencia de Dios mediante el uso de cualquier medio científico o lógico, únicas formas de alcanzar conocimientos objetivos para el ser humano.

- La idea de Dios es innecesaria para la explicación del universo.

- El análisis filológico de los llamados Libros sagrados (que, en teoría, han sido escritos o dictados por Dios) ha revelado que son obra de seres humanos y que su redacción puede ser explicada según las ideas religiosas de su época, sin necesidad de acudir a Dios como inspirador.

- Los ateos creen posible demostrar que la idea de Dios apareció históricamente y que, por tanto, fue creada por los propios seres humanos, bien para explicar lo desconocido o por el miedo a la muerte, bien como un medio para ejercer el poder político y económico por parte de unas clases sociales (sacerdotes, reyes, etc.) sobre otras (el pueblo). En este último sentido, es famosa la frase de Marx acerca de que "la religión es el opio del pueblo".

Sobre el origen de las religiones, los ateos han invocado las siguientes causas:

- Intento de explicar los fenómenos desconocidos de la naturaleza. Los seres humanos inventaron ciertos ritos y conjuros con la esperanza de controlar los fenómenos naturales, bien mediante ruegos o sacrificios a seres divinos, bien mediante ciertos procedimientos asociados a la magia.

- Miedo a la muerte y anhelo de inmortalidad. Creer en la reencarnación o en la vida eterna sería la realización de un deseo psicológico íntimamente arraigado en el ser humano.

- La idea de Dios es una proyección de la mente humana. Se reflejan en ella las ansias de perfección y los deseos de poder que no pueden satisfacerse en la vida real y que buscan su realización en las fantasías del más allá. Esta tesis fue defendida por Feuerbach, filósofo del siglo XIX, para quien el ser humano habría creado a los dioses a su imagen y semejanza, aunque absolutamente perfeccionadas.

- La religión surgió como una ideología. Hace creer al ser humano en un mundo espiritual y en una felicidad eterna que no existen. Su origen habría que buscarlo en los mecanismos de poder que trataban de justificar la explotación del hombre por el hombre. Ésta es la tesis de Marx y del marxismo.

 

 

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 Castigo

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La noción de castigo posee diversas y variadas significaciones. En general, castigar significa sancionar, imponer penas u obligaciones por los actos realizados u omitidos. Ahora bien, existen diferentes tipos de castigo: el jurídico, el penal, el psicológico, el pedagógico, etc.

Las funciones sociales del castigo son varias:

- Disuadir a los individuos de volver a repetir acciones que supongan una vulneración de leyes jurídicas, morales, etc.

- Como forma de restitución al agredido en sus derechos o en su dignidad (ya sea una institución como el Estado, ya sea un particular). Así, por ejemplo, cuando se obliga al culpable a pagar una indemnización a su víctima.

- Como ejemplo social que haga comprender a los ciudadanos que la ley exige su cumplimiento por parte de todos, y que el que la transgrede voluntariamente debe pagar por ello.

Sin embargo, el llamado ‘castigo moral’ posee determinadas peculiaridades que lo distinguen del ‘castigo jurídico’. Aquel está directamente relacionado con el sentimiento de culpa, el arrepentimiento y la penitencia voluntaria (nos castigamos a nosotros mismos), puesto que la culpa moral sólo existe para la conciencia de uno, salvo que coincida con una culpa jurídica. Por ejemplo, si mentimos a nuestros padres no seremos sancionados jurídicamente, aunque moralmente nos sintamos culpables.

La psicología (sobre todo Freud y la corriente psicoanalítica) ha estudiado profundamente la noción de castigo psicológico. En este sentido, para muchos especialistas, el castigo moral debe entenderse como un mecanismo de control que nos insta a actuar moralmente en el futuro.

 

 

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 Confesional

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Una de las acepciones del vocablo ‘confesión’ es la siguiente: "credo religioso y conjunto de personas que lo profesan". Es decir, todas las religiones y el conjunto de sus practicantes son confesiones. Por tanto, confesional será aquella persona que sea creyente y practicante de una religión determinada. Y aconfesional será el que no pertenece a ninguna iglesia o religión.

Desde el punto de vista jurídico, un Estado será confesional cuando posea una religión oficial (por ejemplo, el Estado español en la época de Franco era oficialmente católico). El Estado confesional hace manifestación de fe religiosa en actos oficiales, protege a una religión determinada, concede ayudas económicas y sociales al clero, etc. Hablamos de Estado aconfesional cuando no tiene ninguna religión oficial, es decir, cuando es laico y neutral con respecto al conjunto de religiones implantadas en el país.

La Constitución española, en su artículo 16, establece expresamente la aconfesionalidad del Estado español.

 

 

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 Creencias

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Creer significa dar crédito a algo o a alguien, es decir, tener confianza en la verdad de ese algo o alguien. Ahora bien, la creencia no va acompañada de pruebas objetivas sobre su verdad, ya que en ese caso no hablaríamos de creencia, sino de conocimiento.

Algunos filósofos han afirmado que la creencia es un estadio intermedio entre la opinión y el conocimiento. Mientras que la opinión consiste en tener una idea imperfecta sobre aquello de lo que opinamos, y conocer es saber algo con certeza, en el caso de la creencia se posee mayor grado de certeza que en la opinión pero sin argumentos que demuestren esa certeza.

Alain define así a la creencia: "Es la palabra común con la que se designa cualquier certeza sin prueba. La creencia designa cierta disposición involuntaria a aceptar ya sea una doctrina, un juicio o bien un hecho".

A diferencia del conocimiento, que es objetivo (esto es, válido universalmente), la creencia consiste en un sentimiento subjetivo que puede estar apoyado en hechos o ideas ciertas en algunas ocasiones, y en hechos o ideas falsas, en otras.

Ferrater Mora distingue tres acepciones del concepto ‘creencia’:

- Convencimiento personal de que una idea es verdadera.

- Adhesión completa a una ideología, religión o moral determinadas, con lo cual se excluye cualquier tipo de duda. Este sería el caso de la fe: a través de ella el adepto de una religión cree absolutamente en la verdad de ésta, aunque no tenga pruebas objetivas de ella.

- Afirmar una simple probabilidad, como cuando se dice "creo que lloverá".

 

 

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 Culpa

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En nuestra lengua, la noción de culpa tiene una doble significación; por un lado se habla de ‘culpabilidad jurídica’ cuando ha quedado probado que un sujeto ha incumplido las leyes vigentes en un país; por otro lado, hablamos de ‘culpa moral’ o de ‘sentimiento de culpabilidad’ cuando hemos actuado en contra de las normas morales que nos dicta nuestra propia conciencia. En muchas ocasiones, sin embargo, ambos significados son complementarios porque suele ser frecuente -aunque no siempre es así- que aquél que ha transgredido la ley jurídica, también haya actuado de manera reprobable desde el punto de vista moral.

Para que pueda hablarse de culpa moral, deben darse unas condiciones mínimas, entre ellas las dos siguientes:

- Que el sujeto haya obrado libremente, sin que pueda invocar causas eximentes como un estado de necesidad, una actuación en legítima defensa o haber sido obligado coactivamente por otro. En tales casos, no cabe considerar culpable al sujeto desde una concepción estrictamente moral, puesto que no se han dado las condiciones necesarias para que pueda emitirse un juicio moral sobre la acción.

- Que el sujeto haya obrado en su propio interés (egoísmo) o por su misma iniciativa, eligiendo lo beneficioso para él (ya sea material o psicológico) antes que el respeto a las normas morales de su conciencia.

Algo que diferencia a la culpa moral con respecto a la culpa jurídica es lo siguiente: mientras que en esta última existen sanciones y castigos estipulados por las leyes para aquellos que las vulneren, en la estricta culpa moral el castigo exterior no se produce, puesto que el individuo sólo ha atentado contra su propia conciencia y su código de valores éticos.

Psicológicamente se producen entonces dos mecanismos de restitución: el sentimiento de culpa y el arrepentimiento. Mediante el primero, la conciencia expresa la desazón interior por haber actuado en contra de los valores morales; a través del segundo, el sujeto acepta su culpabilidad y se fuerza a no obrar en el futuro de la misma manera.

En el ámbito de la religión, la culpa se equipara con el pecado.

 

 

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 Deísmo

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En la última mitad del siglo XVII aparecieron numerosas obras filosóficas (Locke, Hume, etc.) que defendieron la llamada religión natural. Según esta concepción, la verdad religiosa no pertenece por completo a ninguna de las Iglesias o religiones del mundo, sino que se halla por encima de ellas, siendo común a la totalidad de los seres humanos.

La religión natural cree en la existencia de una ley natural, de la cual se derivan los mandatos morales. Para sus partidarios, no existe ninguna revelación, ya que todos los Libros Sagrados fueron escritos por humanos, quienes trataron de sistematizar las verdades de la religión natural a través de relatos religiosos.

En el siglo XVIII, y como continuación de esas ideas naturalistas, apareció el deísmo. Sus principales defensores fueron los filósofos ilustrados, en particular Voltaire. Firmes partidarios de la religión natural, los deístas defendieron que la razón humana, por sí sola, puede intuir la existencia de un Dios Creador del Universo. Pero sólo esto. Es decir, la racionalidad no puede probar que dicho Dios sea omnipotente o infinito o la causa directa de los acontecimientos físicos. Por tanto afirmaron que nuestra razón es incapaz de saber cómo es ese Dios creador, aunque sí puede llegar a demostrar que existe una fuerza superior que creó la materia y la puso en movimiento. Voltaire llamó a este Dios el Gran Relojero. Pero afirmó que, una vez creado el universo, éste se gobierna exclusivamente por las leyes físicas y biológicas, sin que Dios intervenga para nada en el acontecer de la naturaleza.

Los deístas criticaron duramente las supersticiones derivadas de los Libros Sagrados, afirmando que todos los fenómenos que no puedan ser comprendidos por la razón humana eran inadmisibles, por ejemplo, los milagros. De ahí que predicaran la tolerancia religiosa, argumentando que las diversas religiones pueden alcanzar las mismas verdades y, por tanto compartirlas, exclusivamente con el solo uso de la razón.

Las diversas iglesias cristianas combatieron arduamente al deísmo. Para ellas, la idea de Dios sobrepasa infinitamente el entendimiento humano; además, según los teólogos, no existen contradicciones entre las leyes naturales y las doctrinas de la religiones reveladas.

 

 

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  Dios

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Las diversas religiones del mundo no poseen un concepto único acerca de lo que es Dios ni de sus cualidades. La imagen y la idea que de él tienen los distintos pueblos y civilizaciones del planeta dependen de su modelo de religión.

De un modo genérico, y tratando de englobar el máximo número posible de conceptos sobre Dios, diremos que éste es un ser superior a todos los demás seres existentes que, o bien ha creado el universo desde la nada, o bien ha conferido un orden y unas leyes a una materia eterna. Este ser posee unos poderes sobrenaturales, lo que lo convierte en objeto de culto.

Si una determinada religión afirma que Dios es único, hablamos de monoteísmo. Si los dioses son varios, de politeísmo. Si toda la naturaleza está poseída de espíritus divinos, de animismo o de panteísmo. Si negamos la existencia de cualquier tipo de principio divino, de ateísmo.

Existen tres grandes religiones monoteístas en el mundo (cristianismo, judaísmo y el Islam). Para ellas, Dios es el creador del universo y, como tal, es considerado un ser con atributos como la omnipotencia, la trascendencia, la causa primera y absoluta, la perfección, etc. A este respecto, es muy conocida la definición de Descartes: "Por Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas que existen". Ese Ser sería igualmente el responsable del orden en el mundo, y de él emanarían directamente las leyes morales.

La ciencia que estudia el ser y las cualidades de Dios recibe el nombre de teología. Llamamos teísmo a cualquier doctrina que afirme no sólo la existencia de un Dios único y trascendente, sino también que su naturaleza puede ser conocida por la razón humana a través de la argumentación filosófica. Los teístas no rechazan la fe, pero en lo concerniente a la demostración de Dios la subordinan a la razón. Por extensión, llamamos teísmo a cualquier actitud racionalista que intente explicar razonadamente los dogmas de la religión.

A lo largo de la historia del pensamiento se han intentado construir varios argumentos que probasen definitivamente la existencia de Dios, pero hasta ahora ninguno de ellos ha resultado irrefutable. Incluso filósofos como Kant intentaron probar la imposibilidad de alcanzar una demostración racional sobre la existencia divina. Por eso, numerosos teólogos se declaran fideístas o, lo que es lo mismo, afirman que sólo puede alcanzarse el conocimiento de Dios a través de la fe y de la creencia en la Revelación.

Las tres grandes religiones monoteístas son conocidas también como religiones del Libro, ya que consideran que Dios ha hablado a los seres humanos (Revelación), directamente o a través de profetas, transmitiéndoles un conjunto de enseñanzas que se encuentran recogidas en sus respectivos Libros Sagrados (Biblia, Torá, El Corán).

 

 

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 Escatológico

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En religión, todo aquello relacionado con el fin del mundo o con la vida eterna. Más concretamente, el conjunto de doctrinas y creencias sobre el destino final de la humanidad y del universo, de la historia y del juicio final que dará paso a una vida eterna. El término proviene del vocablo griego esjaton (las últimas cosas).

En muchas religiones, entre ellas las tres grandes monoteístas, la escatología cobra una importancia capital, por cuanto representa la definitiva venida del Reino de Dios, tras el ciclo de la historia del mundo y del hombre.

Visiones como las del paraíso y el infierno, lo apocalíptico, el juicio final, la condena de los malvados y la santificación de los justos, etc., pertenecen al conjunto de ideas escatológicas de diversas religiones.

 

 

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 Fatalidad-Fatalismo

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El concepto procede del vocablo latino ‘fatum’, cuyo significado es el de oráculo, destino, lo que ya está escrito de antemano.

Con el nombre de fatalismo se designa cualquier teoría o doctrina según la cual todos los acontecimientos del universo estarían ya determinados, y frente a los cuales la voluntad y las acciones de los seres humanos nada pueden.

La fatalidad sería aquello que se cumple porque así estaba determinado por un destino ciego e ineludible.

 

 

 

 

 

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 Fe

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Del término latino ‘fides’, que significa ‘confianza’. De una manera muy general, podemos decir que tener fe es tener confianza en algo o en alguien.

En su significado religioso, la fe significa creer en la existencia de un ser superior y en las verdades de una doctrina religiosa, sin que existan pruebas irrefutables o evidencias empíricas de que esa existencia y esas verdades sean reales. En este sentido, la fe está íntimamente ligada a la revelación, puesto que cree que dicha revelación corresponde realmente a un ser divino.

La actitud de aquel que afirma que la razón humana será incapaz siempre de comprender a Dios, puesto que a éste sólo se le puede conocer mediante la fe, recibe el nombre de fideísmo.

En sentido filosófico, la fe es una convicción firme en una moral religiosa sin que aquella pueda apoyarse en fundamentos racionales objetivos. En el discurso filosófico, por tanto, la fe y las creencias se manifiestan como actitudes no racionales o, cuanto menos, no estrictamente racionales.

En el discurso ético se utilizan dos expresiones derivadas de ese concepto:

- Obrar de buena fe: cuando el fin y la voluntad que guían nuestros actos persiguen el bien. Sin embargo, la buena fe por sí sola no basta para que nuestra acción sea moral, puesto que puede darse el caso de que esa buena fe esté equivocada y las consecuencias que provoque nuestra acción sean malas. Lo único a lo que afecta es a nuestra responsabilidad moral, ya que, independientemente de los resultados, nuestra intención ha sido la de hacer el bien.

- Obrar con mala fe: cuando las intenciones de nuestra acción son inmorales o tienden a provocar daño, aunque las disfracemos hipócritamente de buenas intenciones. Para el filósofo existencialista Sartre, significa, además, actuar engañándonos a nosotros mismos.

 

 

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 Fideísmo

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Con ese nombre designamos la actitud de aquellos que, en lo relativo al conocimiento de Dios y de sus atributos, sólo admiten como método la fe y la revelación. Por tanto, para los fideístas, las verdades reveladas no son verdades que puedan ser explicadas por la razón humana ni que puedan ser demostradas mediante argumentos filosóficos o científicos. Ante ellas, sólo nos cabe aceptarlas por la fe en la revelación divina.

 

 

 

 

 

 

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 Laico-Laicismo

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El vocablo ‘laico’ se opone al de ‘clerical’. Si el segundo significa "perteneciente al clero o a la clase sacerdotal", con el término ‘laico’ nos referimos a los valores morales y éticos que no se fundamentan en creencias de origen religioso. De ahí que una ‘ética laica’ sea aquella que está construida al margen de cualquier consideración sobre Dios.

Con el concepto ‘laicismo’ expresamos el mantenimiento de una independencia absoluta, por parte del Estado o de la sociedad, con respecto a las Iglesias u otras instituciones de carácter religioso. El laicismo se caracteriza por la ausencia de rasgos o influencias religiosas en las instituciones públicas.

Los valores laicos se encarnan fundamentalmente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, algunos autores consideran que el laicismo es una especie de religión de los agnósticos y los ateos. Pero se trata de una apreciación errónea, ya que el laicismo consiste, precisamente, en obviar cualquier tipo de consigna religiosa en la fundamentación de los valores morales.

 

 

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 Libre examen

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Término introducido por Lutero para designar la relación entre el hombre y Dios con respecto a las faltas cometidas por el primero. El protestantismo rechaza la confesión de los pecados considerada como un sacramento (tal y como acepta el catolicismo), mediante el cual el pecador relata al sacerdote sus culpas con el fin de lograr el perdón divino.

Según Lutero, basta con que el hombre hable directamente con Dios (sin intermediación de ningún sacerdote o pastor), buscando dentro del alma sus culpas y pecados, a través de un examen riguroso sobre su conducta, con el fin de corregir sus posibles desviaciones de la doctrina cristiana. La salvación y el perdón no llegarán en este caso a través del sacramento de la confesión, sino únicamente mediante la fe en Jesucristo (sola fide).

 

 

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 Mandamientos

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La palabra mandamientos está directamente relacionada con el Decálogo (los Diez mandamientos) que le fue comunicado a Moisés por Yavé, el dios hebreo, en el Monte Sinaí. Se trata de un conjunto de diez preceptos, cuyo fin es proporcionar una síntesis de las obligaciones ético-religiosas de los creyentes.

Los mandamientos son, pues, un conjunto de deberes que Dios transmite a los seres humanos para la realización del bien y el alejamiento del mal. Ese código de conducta refleja no sólo obligaciones o mandatos religiosos, sino también un conjunto de normas morales que regulan la conducta ética con respecto al prójimo y a la sociedad.

 

 

 

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 Mística

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"El misticismo consiste en pretender conocer a Dios sin intermediarios", escribió Cousin. En ese sentido, el místico pretende entrar en relación directa con Dios, prescindiendo de todo lo externo (el mundo, el deseo, las pasiones, etc.) para alcanzar un estado psíquico especial a partir de cual pueda aprehender directamente los atributos de la divinidad.

De una manera más general, podemos referirnos a la mística como la creencia en que, a partir del sentimiento y del olvido del mundo exterior, se puede acceder a percibir un conjunto de propiedades espirituales que tienen el rasgo de lo sobrenatural.

Los fenómenos místicos no son exclusivos de ninguna religión, sino que prácticamente se dan en todas, desde las más primitivas (animismo) hasta las religiones monoteístas. En todas ellas, la mística ha tenido una gran importancia. Sin embargo, el misticismo cumple funciones diferentes en las diversas religiones.

Por ejemplo, en el cristianismo el místico aspira a una visión directa de Dios que transforme su alma, aunque no se produce nunca la identificación absoluta con la divinidad. En el misticismo islámico, por contra, tras la contemplación de la divinidad se alcanza la unión con ella. Finalmente, en el budismo, la mística consiste en la búsqueda de una iluminación interna que desemboque en la fusión con el absoluto.

En muchas ocasiones, los místicos de todas las religiones se ayudan de ciertos ritos (ceremonias, danzas), de algunos procedimientos o métodos contemplativos (yoga, técnicas de relajación, hipnosis) o de la ingestión de sustancias (hongos, drogas...) para alcanzar un estado de ‘trance’ idóneo para la aprehensión de visiones místicas.

Algunos psicólogos, como Jung, han estudiado detenidamente los procedimientos místicos como formas de percepción extrasensorial que suceden en un estado psíquico de excitación sentimental. Y han señalado los lazos que unen ciertas formas de deseo emotivo, incluso sexual, con su proyección en la figura de la divinidad a través del concepto ‘amor’. De hecho, la literatura mística de cualquier religión abunda en figuras amorosas sublimadas.

Para terminar, señalar también que existe una acepción peyorativa del término misticismo. Mediante este uso, se dice que una persona es mística cuando se encuentra frecuentemente alejada de la realidad inmediata, no prestando atención a las formas científicas de conocimiento ni siquiera al sentido común, viviendo en un mundo de fantasía e ilusión.

 

 

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 Pecado

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El término procede del vocablo latino pecatum, que significa ‘culpa’. Es un concepto que originariamente surgió en la religión, con el significado genérico de "pensamiento, palabra u obra contra la Ley de Dios". Sin embargo, su uso se extendió a otros campos de la actividad humana no religiosa, utilizándose como sinónimo de conceptos como ‘acción reprobable’ ‘transgresión’, etc.

Las diversas religiones, no obstante, interpretan de muy variadas maneras el concepto de pecado. Por ejemplo, para el confucionismo pecado es cualquier acción que vaya en contra de la naturaleza humana; para la Biblia o El Corán, pecar es atentar contra los mandamientos divinos; otras religiones orientales conciben el pecado como todo acto que intente alterar el orden del cosmos, orden dependiente de la voluntad divina...

Algunos autores han acusado al cristianismo de ser una religión pesimista, precisamente por su concepción del pecado. Como es sabido, para ésta todos los seres humanos son ‘culpables’ porque participan de la caída de Adán, el primer ser humano, y, por tanto, al nacer son portadores del llamado ‘pecado original’.

Un rasgo característico de muchas religiones es la defensa de una teoría de la salvación que afirma la posibilidad de redimir el pecado a través del arrepentimiento, la súplica a la divinidad o la realización de buenas obras que hagan contraer méritos para la futura salvación o redención. Por ejemplo, para el budismo los sufrimientos de nuestra vida se producen a causa de pecados que cometimos en otra vida anterior (las almas se reencarnan); sin embargo, mediante las buenas obras y el alejamiento del mundo podemos contraer méritos para alcanzar una futura reencarnación sin sufrimientos.

 

 

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 Politeísmo

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Consiste en afirmar la existencia de múltiples dioses o principios divinos. En casi todos los sistemas politeístas, los diversos dioses se identifican con fuerzas de la naturaleza. En este último sentido, resultan buenos ejemplos las religiones griegas y romanas.

Cuando se cree que existe un dios superior y supremo entre el conjunto de dioses existentes, se denomina enteísmo a ese sistema politeísta.

Una forma de politeísmo es el animismo: el término fue creado por Tylor, antropólogo de las religiones, para designar las creencias religiosas de las sociedades primitivas, según las cuales todo lo viviente (árboles, flores, animales) e incluso los fenómenos naturales (ríos, bosques, etc.) son portadores de espíritus divinos particulares.

 

 

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 Religión

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De manera genérica, podemos definir la religión como el conjunto de creencias y ritos que permiten la relación entre los seres humanos y algún o algunos seres divinos. Sin embargo, y debido a la enorme pluralidad de manifestaciones religiosas que practican los pueblos de la tierra, no todas las prácticas religiosas del planeta cabrían dentro de esa definición. Por ejemplo, determinadas corrientes del budismo que no creen en ningún dios creador o supremo, y que además eliminan el sacerdocio y los ritos de adoración a la divinidad quedarían excluidas de dicha definición.

Algunos autores han buscado definiciones mínimas del concepto ‘religión’ para solucionar el problema. La más conocida de este tipo es la que propuso Tylor en el siglo pasado: "religión es la creencia en seres espirituales".

No está claro cuál es el origen etimológico de la voz ‘religión’. Unos autores la derivan del término latino ‘relegare’, que puede traducirse como ‘volver a elegir’; otros, en cambio, de ‘religare’, cuyo significado es ‘atar’ o ‘anudar’. En este último caso, la significación etimológica del concepto sería la de hallarse unido o anudado a una realidad sagrada.

La enorme diversidad religiosa que manifiestan los seres humanos dificulta la elaboración de un inventario que recoja los rasgos comunes entre todas las religiones del planeta. Ni siquiera la creencia en dioses, como ya hemos visto, sería una característica universal. Aun así, la mayoría de religiones poseen los siguientes rasgos:

- Creencia en lo sagrado: Como escribe Mircea Eliade: "El hombre religioso cree siempre que existe una realidad absoluta, lo sagrado, que trasciende este mundo, pero que se manifiesta en él y, por este hecho, lo santifica". Lo sagrado se acompaña siempre del misterio y el asombro ante lo que es desconocido en sí mismo.

- Existencia de una doctrina o conjunto de creencias y mandamientos que regulan las relaciones de los humanos con la divinidad.

- Ritos mediante los que se llevan a cabo ceremonias religiosas con el fin de entrar en contacto con la divinidad.

- Símbolos sagrados, que representan los atributos de la divinidad.

- Oficiantes: representantes humanos de la divinidad o sabios en materia religiosa (sacerdotes, rabinos, imanes, hechiceros...); dirigen las celebraciones religiosas e interpretan o comentan los textos doctrinales.

- Iglesias o comunidades religiosas.

- Doctrinas escatológicas: teorías sobre el fin del mundo, la vida eterna, el juicio final, la creencia en paraísos e infiernos, etc.

Todas las grandes religiones poseen un conjunto de normas morales que regulan la vida y las actitudes de los creyentes. En ese sentido, los mandamientos religiosos pueden considerarse como un sistema ético, por cuanto establecen valores deseables por sí mismos y normas de conductas que deben ser sancionadas si van en contra de esos valores. Existen muchos preceptos comunes a la moral religiosa y a los ideales éticos como, por ejemplo, ‘no matar’, ‘no robar’, ‘ayudar al prójimo’...

Sin embargo, en ocasiones, ciertos mandamientos religiosos entran en contradicción con los sistemas éticos e, incluso, con las propias leyes y derechos que un Estado reconoce. Conviene, pues, aclarar las diferencias existentes entre normas morales de inspiración religiosa y los valores éticos no confesionales. En síntesis son:

- Las normas morales religiosas provienen de mandatos divinos: Dios decide lo que es bueno y lo que es malo. En cambio, las normas éticas se fundan en la razón humana, es decir, lo bueno y lo malo son establecidos por la racionalidad y la experiencia humana y no por un ser sobrenatural.

- Las normas religiosas son intemporales, es decir, válidas para siempre. Las normas éticas, en cambio, son revisables siempre que nuevos descubrimientos científicos o culturales prueben que algunas valoraciones éticas, validas hasta ese momento, están fundadas en errores.

- Los mandamientos religiosos utilizan, casi siempre, la coacción: amenazan al individuo con la condenación eterna si no los cumple. Sin embargo, la ética no coacciona con amenazas externas. Sólo la satisfacción del deber moral cumplido produce una felicidad interior al haber obrado conforme a los dictados de la razón ética.

 

 

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