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Ética y Moral

 

 

 

Dilemas

 

La mayoría de nosotros tiende a ser poco rigorista en el cumplimiento de los preceptos morales, siendo frecuente la caída en una especie de laxitud moral que nos hace incumplir normas éticas en según qué ocasiones y circunstancias.

Básicamente, solemos saltarnos dichas normas cuando las consecuencias de determinada acción nos benefician especialmente. En esos momentos, tratamos de convencernos acerca de que apenas ha tenido importancia nuestra ‘inmoralidad’, algo así como si hubiéramos cometido un ‘pecadillo’ sin más importancia.

Sin embargo, en esas ocasiones no queremos darnos cuenta de que nuestros actos han perjudicado a otras personas, las cuales tal vez siempre se hayan comportado moralmente para con nosotros.

En esos instantes, muchas veces acudimos al socorrido "todos hacen lo mismo" o a "si yo no lo hubiera hecho, seguro que otro sí; con lo cual yo quedaría como un tonto y él como un listo". Esas pretendidas justificaciones sobre nuestra laxitud moral tal vez pueden calmar nuestra conciencia (generalmente olvidamos pronto esas transgresiones), pero lo que no posee ninguna duda es que resultan muy difíciles de justificar desde una racionalidad ética.

Por ejemplo, ¿serías capaz de mentir sobre tu cualificación profesional para conseguir un trabajo, aun cuando con esa mentira perjudiques a otros candidatos al puesto de trabajo? Si te encontraras en esa situación: ¿dirías la verdad u optarías por intentar alcanzar ese trabajo a toda costa? En este último caso, ¿cómo justificarías moralmente tu conducta?

 


 

 

Por regla general, ¿qué prefieres tú cuando te encuentras enfrentado/a a un dilema moral? ¿Tener un código de conducta que te diga exactamente qué hacer en cada situación concreta (tal es la intención de la casuística), o tomar la decisión únicamente desde tus criterios personales, aunque éstos no estén excesivamente fundamentados?

Dicho de otro modo, ¿prefieres que te digan lo que debes hacer en materia de moralidad (es decir, aceptas que existen personas más preparadas intelectualmente que tú, las cuales han reflexionado anteriormente sobre ese problema), o deseas tomar tú tus propias decisiones éticas aunque te equivoques en ellas? Es decir, ¿quieres ser autónomo en materia moral o prefieres hacer caso a las personas que saben y han reflexionado sobre cuestiones similares, aunque las circunstancias personales hagan de tu caso algo único e irrepetible?

 


 

 

Una de las tácticas habituales de los secuestradores (de personas, de aviones con pasajeros, etc.) consiste en plantear determinadas peticiones (dinero, liberación de presos, etc.) a cambio de soltar a los rehenes.

Los poderes públicos se ven abocados entonces a un dilema terrible: o ceden ante los secuestradores y consiguen así la liberación de los rehenes; o no lo hacen y se arriesgan a que mueran. Habitualmente, los poderes públicos no ceden, argumentando que si lo hicieran, esa claudicación daría pie a otros grupos o personas a utilizar la táctica del secuestro para conseguir sus objetivos.

En el caso de que tú tuvieras que tomar una decisión de este tipo, ¿qué harías? ¿Sería la misma tu decisión si entre los rehenes se encontraran familiares y personas muy queridas por ti?

 


 

 

Aunque casi todos tenemos claras cuáles son las normas éticas que deben guiar nuestras acciones, a veces su cumplimiento nos provoca profundos dilemas, sobre todo en aquellos casos donde cumplimiento del deber choca contra nuestros afectos o nuestras relaciones familiares. De ahí que los legisladores hayan introducido en muchas Constituciones (entre ellas la española) el derecho que nos asiste a no declarar en contra de un familiar, sin que por ello podemos ser considerados como cómplices o encubridores de algún delito cometido por él.

Ahora bien, nuestro derecho legal en ocasiones puede ser incompatible con nuestra moralidad, ya que algunas personas entienden que el deber moral debe de estar por encima de cualquier tipo de vinculación personal.

Imagínate que sabes que algún familiar tuyo ha cometido un delito grave que ha lesionado los derechos esenciales de alguna persona. ¿Lo denunciarías o te acogerías al derecho constitucional de no declarar en contra de él, aunque con ello se evite la reparación debida a las personas perjudicadas con la acción de dicho familiar?

Especifica qué harías en un caso como el anterior y por qué actuarías así.

 


 

 

Supónte que estás preparando unas oposiciones y te surge la oportunidad de utilizar un enchufe con uno de los miembros del tribunal. ¿Lo harías o no? En el caso de utilizarlo, ¿cómo justificarías moralmente tu decisión? ¿Argumentarías que eso es una costumbre porque muchas personas utilizan enchufes, y que, por lo tanto, ese hecho es algo natural? ¿O te arriesgarías a no aprobar y a seguir con tu conciencia tranquila por no haber perjudicado a los demás opositores? ¿Qué consideras más importante: tu bienestar económico personal o la satisfacción con respecto a tu conciencia moral?

 


 

 

Es frecuente que las leyes y las normas morales varíen de unas sociedades a otras. En muchas ocasiones esto es debido a que las sociedades poseen diferentes tradiciones históricas, religiosas y culturales.

Un problema que se plantea muchas veces es el que padecen personas que, por diversos motivos, tienen que trasladarse a vivir a un país donde las costumbres sociales y las normas morales que rigen en él son muy diferentes a las de su lugar de procedencia.

Así, muchos inmigrantes musulmanes que vienen a trabajar a España, tienen un conjunto de normas religiosas (de obligatorio cumplimiento para ellos) que chocan con las costumbres occidentales. Por ejemplo, la de rezar determinadas veces al día, siguiendo unos ritos determinados.

Imagínate que tú eres el dueño de una fábrica y tienes contratado a varios musulmanes. ¿Les permitirías parar de trabajar a determinadas horas con el fin de que pudieran cumplir con sus deberes religiosos? ¿O decidirías que la religión es asunto privado suyo, y que no tiene nada que ver con el horario de la fábrica, es decir, les impedirías realizar sus rezos siempre que coincidieran con el horario laboral?

 


 

 

Los prejuicios sociales a veces están tan arraigados y son tan profundos, que resulta prácticamente imposible erradicarlos de algunas personas.

Supónte que eres una joven enamorada de un hombre que considera que su mujer no tiene que trabajar fuera del hogar, ya que su función consiste en cuidar de la casa y de los hijos que vengan. Tú tienes un trabajo que te gusta, y tratas de convencerle sobre tu deseo de continuar trabajando en él tras la boda. Pero él insiste en que no...

¿Te casaría, primando así el amor sobre cualquier otra consideración, o decidirías romper la relación porque ésta coarta tu libertad, aunque esa separación te procovara gran dolor afectivo?

 


 

 

Muchos de los dilemas morales que se nos plantean en nuestra vida cotidiana tienen que ver con un conflicto provocado por la elección entre dos actos que son buenos en sí mismos, pero que no pueden realizarse simultáneamente, lo cual nos obliga a darle preferencia a uno de ellos a costa del otro.

Veamos un caso:

Le pediste prestado dinero a un amigo para adquirir algo que te resultaba indispensable o que simplemente te gustaba. Después de un gran esfuerzo, consigues ahorrar la cantidad adeudada. Pero en ese momento, descubres que un amigo tuyo necesita dinero urgentemente para una cuestión importante y no tiene medios de conseguirlo. Te pide, como un gran favor, que le prestes el dinero que tú has ahorrado. Te argumenta que el amigo a quien le debes el dinero no tiene problemas económicos y que puede pasar sin él durante un tiempo.

Vas a hablar con la persona que te prestó dinero y le cuentas la situación. Él te dice que no es justo que prestes dinero cuando tú lo debes, por lo que considera que tu obligación moral es pagar antes lo adeudado. Tú le insistes en la necesidad que tiene la otra persona, pero él no se aviene a razones.

¿Qué harías?

 


 

 

A veces el dilema se presenta de manera muy similar al caso anterior, pero a la inversa. En esos casos, lo que se trata es de actuar provocando el menor daño posible, ya que las dos opciones del dilema implican el causar un daño a otra persona.

Supónte que, durante mucho tiempo, llevas saliendo como pareja con un chico o una chica. Un día conoces a otra persona y te enamoras de ella (lo que se dice un flechazo, vamos). Sabes que tu novio/a está totalmente enamorado/a de ti, y que romper con vuestra relación puede provocarle graves trastornos, ya que él/ella tiene tendencia a la depresión. Además, se trata de una persona tímida que ha desarrollado una gran dependencia afectiva y social hacia ti, con lo cual tu abandono la colocaría en una situación crítica.

La persona de la que te has enamorado recientemente te ha correspondido, pero ahora te pide que dejes a tu antigua pareja para salir con ella.

Se te plantean simultáneamente varios conflictos:

- ¿Debes hacer caso sólo a tus sentimientos e irte con esa segunda persona, aunque la conozcas poco y no sepas si vuestra relación va a funcionar?

- ¿Debes quedarte con tu antigua pareja para no provocarle daño y seguir manteniendo una relación de afecto y amistad, esperando que el amor vuelva a aparecer, e hiriendo en sus sentimientos a la segunda?

- ¿Debes convencer a esta última de que debéis mantener relaciones secretas antes de comprometeros definitivamente y romper con tu primera pareja?

- ¿Debes decir la verdad a tu primera pareja aunque eso le provoque una depresión?

- ¿Debes hablar con las dos para comunicarles que estás hecho un lío y que prefieres esperar antes de tomar una decisión al respecto, aunque corras el riesgo de que ambas te abandonen?

 


 

 

El puritano se caracteriza por ser una persona rígida e intransigente que exige a los demás ser tan estrictos como él en la aplicación severa de sus normas morales. En ese sentido, el puritano es excluyente. A su vez, y en gran medida, también es un dogmático, puesto que se cree en posesión de verdades absolutas que no admiten crítica.

En EE UU existen muchos grupos de puritanos que se caracterizan por sus campañas en contra de los movimientos liberales (grupos contraculturales, movimientos en pos de la igualdad de derechos para la mujer, para las razas, etc.), llegando incluso a cometer actos de violencia contra los partidarios del aborto y de otros movimientos sociales progresistas.

El puritanismo se caracteriza allí por la defensa a ultranza de sus ideas, a las que no dudan en defender desprestigiando y atacando a sus contrarios ideológicos. Tienen una enorme influencia en la política, puesto que es normal que financien económicamente las campañas de muchos senadores y, en ocasiones, hasta de candidatos a la presidencia. Tratan así de presionar para que las leyes que se aprueben estén en consonancia con sus ideas morales, a la vez que se persigan o se prohíban acciones que ellos consideran contrarias a su moral.

El dilema que te planteamos es muy habitual en la historia de la ética; su formulación clásica es la siguiente: ¿debemos ser tolerantes incluso con los intolerantes? Aplicando la pregunta al caso del puritanismo: ¿hay que ser demócrata y permitir sus campañas de descalificaciones y acoso contra lo que no les gusta moralmente o, al contrario, hay que utilizar sus mismas armas -campañas agresivas, descalificación de los contrarios, persecución y marginación social, económica y laboral de los contrarios- para combatirlos?

 


 

 

Si tuvieras que seleccionar a un socio para montar un negocio en común, ¿a quién elegirías? ¿A una persona muy moralista, con lo cual sabes que nunca te engañará, aunque también sabes que no te permitirá ocultar ningún dato a Hacienda ni abusar de tus clientes cobrándoles márgenes más altos que lo habitual? ¿O a una persona más relajada en su moralidad que sí te permitiría hacer esa ‘pequeñas trampas’ a Hacienda y a los clientes, pero que tal vez también te pudiera engañar a ti?

 


 

 

Una persona decide ayudar a morir a un amigo que se encuentra irremediablemente enfermo, sin posibilidad alguna de curación y sufriendo grande dolores, cuando éste -quien no se ve capaz de suicidarse- se lo pide insistentemente.

Si tú te encontraras en ese caso, ¿qué harías? ¿Te considerarías responsable de esa acción o crees que la responsabilidad recae en tu amigo enfermo? ¿Por qué? Desde una perspectiva ética, ¿consideras moral o inmoral esa acción? Trata de justificar racionalmente tu elección.

 


 

 

Imagínate que eres empresario. Un día conoces a un inmigrante sin papeles, el cual se encuentra en una situación desesperada puesto que no tiene casa ni medios para vivir. Decides ser compasivo con él y le ofreces un trabajo, aun sabiendo que estás cayendo en la ilegalidad al contratar a un trabajador en situación irregular.

Un día se pasan los inspectores de trabajo por tu empresa y te informan de que puede caerte una multa económica importante en el caso de que existan trabajadores ilegales en tu empresa, salvo que tú, antes de empezar la inspección, denuncies a los trabajadores irregulares con la finalidad de que sean detenidos y expulsados de España.

En ese momento, se te plantea la duda acerca de denunciar o no al inmigrante al que ofreciste trabajo. Por un lado, te dices que has intentado ayudarle todo lo que has podido, pero que esto ya es demasiado; por otro lado, en cambio, te planteas que tú ya sabías que estabas cometiendo una irregularidad por la que te podían multar y que, a pesar de saberlo, decidiste continuar: tal vez fuera más lógico asumir la multa y no denunciar a tu trabajador con el fin de poder avisarle a tiempo para que no fuese detenido y expulsado del país...

¿Qué decisión tomarías? ¿Violar la ley de tu país -y arriesgarte con ello a una sanción- para ayudar a un inmigrante necesitado? ¿O no?

 


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