Ética y Moral

 

 

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  Acción moral

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Se entiende por ‘acción moral’ cualquier acto que haya sido ejecutado obedeciendo a los mandatos de las leyes morales. Por tanto, no todas las acciones humanas son susceptibles de recibir una cualificación moral (por ejemplo, desde el punto de vista ético el estornudar no puede merecer ninguna valoración moral propiamente dicha, salvo que lo hagamos encima de una persona para fastidiarla, con lo cual lo valorable moralmente sería nuestra intención de dañar a esa persona, no el acto de estornudar en sí). Sólo podemos hablar de acciones morales o inmorales cuando cumplan al menos un conjunto de condiciones:

- Ser una acción que afecte a normas, principios o valores morales.

- Haber sido realizada con libertad, es decir, haber tenido la oportunidad de elegir entre varias opciones antes de realizar la acción. En el caso de que no exista esa libertad (por ejemplo, si alguien me obliga a realizar un acto apuntándome con un revólver), el individuo no puede ser considerado responsable moral de esa acción.

- Que haya sido realizada voluntariamente y siendo consciente de los efectos que iba a producir esa acción. Por ejemplo, si yo realizo un acto y, sin que yo lo sepa, ese acto causa trastornos graves a otra persona, no puedo ser considerado responsable moral del daño causado involuntariamente.

- Las intenciones o fines con los que yo he llevado a cabo esa acción, puesto que puede darse el caso de realizar un acto bueno en sí mismo aunque las intenciones que motivaron ese acto fueran inmorales (por ejemplo, alguien que ayuda económicamente a una familia pobre, aunque lo hace con la secreta intención de obtener favores sexuales). O a la inversa: provocar un daño aunque mis intenciones sean buenas.

El filósofo Kant afirmó al respecto que sólo podían ser consideradas como buenas moralmente aquellas acciones que hubieran sido ejecutadas exclusivamente por puro respeto al deber moral, es decir, sin que nos moviera ningún interés particular en realizarlas. Según él, existen las ‘acciones conformes al deber’, las cuales no son estrictamente acciones morales, porque el fin que las motivó fue el interés personal y no el respeto al deber. Él mismo pone un ejemplo de ‘acciones conformes al deber’: un comerciante que no practica la usura puesto que mantiene bajos sus precios, pero lo hace para tener más clientes y enriquecerse, no porque considere que ésa es su obligación moral.

 

 

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  Amoral

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Su significación estricta es "aquello que carece de moral". Utilizando una expresión del filósofo Nietzsche, podríamos decir: "aquello que está más allá del bien y del mal".

Es importante señalar que ‘amoral’ no significa lo mismo que ‘inmoral’, puesto que lo inmoral es algo contrario a lo moral, y es catalogado así por comparación con las normas morales. Sin embargo, lo amoral se encontraría tan alejado de lo inmoral como de lo propiamente moral.

En filosofía, ‘amoral’ también se suele utilizar como calificativo que acompaña a todas aquellas disciplinas que tratan los hechos sin valorarlos desde una perspectiva ética o social. Por ejemplo, con la expresión "el conocimiento científico es amoral" queremos significar que estudia los hechos prescindiendo de cualquier valoración moral.

Se ha discutido si existen o no individuos ‘amorales’, esto es, que carezcan de cualquier norma moral. En general, se acepta que no pueden existir, puesto que toda persona se guía por uno u otro código de conducta que lleva implícito ciertos valores morales. Ni siquiera los psicópatas con graves alteraciones emotivas y conductuales carecerían de normas y valores propios. Únicamente en el caso de personas con gravísimas deficiencias mentales, y por tanto carentes de una mínima racionalidad, podríamos hablar de individuos amorales.

 

 

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 Casuística

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La significación general de casuística es: conjunto de casos particulares que sirven como ejemplos a la hora de tomar decisiones sobre otros casos análogos. También la podemos definir genéricamente como una metodología utilizada por una ciencia cuya función consiste en aplicar a casos particulares los principios generales de dicho saber.

Sin embargo, el término se utiliza particularmente dentro de la ética cristiana. Entonces hablamos de ‘casuística moral’, la cual se identifica especialmente con una metodología católica fundamentada y practicada habitualmente por los jesuitas.

Consiste esta última en aportar numerosos casos y situaciones particulares de dudas o dilemas morales, dándose una solución ajustada a la moral católica para resolver cada uno de esos conflictos. Se intenta con ello que una persona, ante una situación análoga en el futuro, sepa a qué atenerse para decidir moralmente.

 

 

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 Conflicto

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Se produce un conflicto cuando en una situación determinada nos aparecen varias alternativas posibles a la hora de tomar una decisión; dichas alternativas deben ser incompatibles y poseer una intensidad similar. En el caso de que no fuera así, no existiría conflicto ya que tendríamos claro qué alternativa elegir.

Hablamos de conflictos morales cuando este hecho aparece en relación con un tema moral o ético. En ese sentido, podemos decir que se trata de un sinónimo de ‘dilema moral’.

 

 

 

 

 

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 Dilemas morales

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La palabra ‘dilema’ procede de la unión de dos vocablos griegos: dil (dos) y lemma (premisa). Se utilizó originariamente como un término de la lógica que expresaba un tipo de argumento, concretamente el que partía de una proposición disyuntiva y, a través de sus premisas, llegaba a una idéntica conclusión. Por ejemplo: "O elijo la profesión de cantante o la de ingeniero; si soy cantante, ganaré mucho dinero; si soy ingeniero también ganaré mucho dinero. Luego, ganaré mucho dinero o ganaré mucho dinero".

Sin embargo, el término pronto adquirió un nuevo significado por extensión de su semántica originaria, pasando a designar lo siguiente: situación en la que debemos elegir entre dos o más alternativas, y cuya elección nos provoca un conflicto de decisión. Por ejemplo: ¿miento para salvarme o digo la verdad aunque me castiguen? Cuando, como en el caso anterior, la elección se plantea en el terreno de la ética, hablamos de dilemas morales.

Los moralistas han insistido en la importancia de poseer una jerarquía de valores a la hora de resolver posibles dilemas morales. Otros han elaborado casuísticas, cuya finalidad es aportar ejemplos concretos para saber qué hacer en casos similares. Sin embargo, en muchas ocasiones, no son suficientes ni la jerarquización de valores ni la casuística, porque las circunstancias particulares en las que se encuentra un sujeto sometido a un dilema moral son únicas. De ahí que tenga que tomar la decisión analizando las normas morales y calculando los efectos o consecuencias de sus posibles elecciones.

 

 

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 Doble moral

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Expresión que se aplica para reflejar casos donde un individuo mantiene una conducta contradictoria en el ámbito moral, de tal manera que actúa de una u otra forma en situaciones similares dependiendo de su propio beneficio. Por ejemplo, alguien se declara contrario al aborto por motivos morales; sin embargo, cuando una hija suya, menor de edad, queda embarazada de manera causal y no deseada, autoriza y financia el aborto.

La expresión se utiliza especialmente para expresar contradicciones entre lo que un individuo defiende públicamente (ética pública) y lo que hace en privado (ética privada). Así, es frecuente que numerosas personas actúen moralmente en su vida privada de manera diferente a lo que proclaman en público. En tales caso, hablamos de doble moral o moral hipócrita. También cuando un individuo defiende la existencia de ciertas normas morales para todos los demás o para los que no son como él, y sin embargo no se aplica las mismas normas a él mismo.

 

 

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 Ética

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Término que procede del griego ethos, cuyo significado originario hacía referencia a las costumbres. Sin embargo, pronto adquirió una nueva significación filosófica, designando el ‘carácter’ y el ‘modo de ser’ de un individuo, en cuanto ellos habían sido adquiridos por la educación, las costumbres y los hábitos de la sociedad en la que vivía. Con la aparición de los primeros filósofos que reflexionaron sobre las normas morales (los sofistas y Sócrates), el término pasó a designar la disciplina del saber que versaba sobre la virtud y la justicia.

En nuestros días, el concepto ‘ética’ hace referencia a la reflexión sobre el deber y a la justificación de por qué deben ser consideradas buenas o malas (justas o injustas) ciertas acciones. Por tanto, se considera un comportamiento ético a aquel que está conforme con las normas morales.

Desde un punto de vista científico, la ética es la disciplina de la filosofía que reflexiona sobre cuáles son los principios teóricos que fundamentan los valores y las normas morales. También se designa con el término ‘ética’ al estudio de los distintos sistemas morales que han sido elaborados a lo largo de la historia del pensamiento.

En el lenguaje coloquial es frecuente utilizar como sinónimos los conceptos de ‘ética’ y de ‘moral’. Sin embargo, desde el punto de vista filosófico, muchos autores establecen una distinción importante entre ellos dos: mientras la ética sería una reflexión teórica sobre los fundamentos o principios en los que se inspiran las normas morales concretas, la moral, en cambio, designaría al conjunto de normas y valores que una determinada colectividad considera -en un momento histórico concreto- como justos o correctos, es decir, como pautas del comportamiento virtuoso.

En el siglo V a.C. se inició un debate teórico acerca del alcance de las normas éticas, debate que no ha sido resuelto satisfactoriamente todavía. Mientras los sofistas defendían que todas las normas morales eran relativas y, por lo tanto, únicamente válidas para una sociedad histórica concreta, otros filósofos como Sócrates o Platón creyeron en el carácter universal de las normas éticas, apelando a la existencia de una racionalidad humana que nos permitía conocer los fundamentos de las leyes naturales.

A lo largo de la historia de la filosofía, muchas corrientes y pensadores han defendido el relativismo moral, mientras que otras corrientes han argumentado a favor de la ley natural o de la posibilidad de alcanzar, mediante la racionalidad y el consenso entre todos los seres humanos, un código de conducta mínimo que regule nuestras normas morales. En este último sentido, la Declaración Universal de los Derechos Humanos significa el reconocimiento de unas pautas universales de conducta con respecto a nuestros semejantes y al medio que nos rodea.

 

 

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 Ética formal

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Kant fue el primer filósofo que estableció diferencias fundamentales entre las que él denominó ‘éticas materiales’ y ‘éticas formales’. Analizando la totalidad de sistemas éticos construidos por los filósofos anteriores a él, llegó a la conclusión de que todos ellos buscaban su fundamentación teórica en fines exteriores a la propia ética, es decir, en la consecución de determinados bienes materiales (el placer, la felicidad, la salvación eterna...), y no en el puro y estricto respeto al deber que emana de una voluntad libre, la cual quiere darse a sí misma las normas de su acción moral.

Frente a esos sistemas de ‘éticas materiales’, propuso un modelo formal que nos indicara, no exactamente lo que deberíamos hacer en cada caso, sino solamente la ‘forma’ que debían poseer nuestras acciones para poder ser consideradas como morales.

Según Kant, las características de una ética formal serían las siguientes:

- No poseer contenidos concretos, esto es, no proponer ninguna finalidad (por ejemplo, consecución de una vida feliz, de acciones útiles o placenteras, etc.) que justifique nuestras acciones morales. Según Kant, la moral sólo puede ser justificada por puro respeto al deber.

- Que los mandatos morales se expresen en un único imperativo categórico, y no en imperativos hipotéticos. Él entendía el imperativo categórico como una ley universal que no expresaba lo que hacer, sino cómo hacerlo. Su formulación tradicional es: "obra siempre de tal modo que quieras que la máxima de tu acción se convierta en ley universal". Dicho en un lenguaje coloquial: actúa siempre de tal manera como desearas que los demás actuaran con respecto a ti.

- Ser una ética autónoma y no heterónoma. Quiere decir esto que la ética no debe buscar sus fundamentos en nada externo al deber y a la propia conciencia. Según Kant, es la buena voluntad (que no busca fines ajenos a ella misma) el único fundamento de la vida moral.

Tras la obra de Kant, otros autores han elaborado sistemas formales de ética, buscando nuevas formulaciones de imperativos categóricos y nuevos criterios que garanticen la autonomía de la conciencia.

 

 

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 Ética material

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Según Kant, las éticas materiales se diferencian de las éticas formales en tres rasgos:

- Tienen contenido, es decir, proponen una finalidad que justifica la vida moral: el fin de la ética consiste, por ejemplo, en alcanzar la felicidad, en obtener placer, en llevar a cabo acciones útiles para el mayor número de personas posibles (utilitarismo), etc.

- Sus mandatos se expresan mediante imperativos hipotéticos, los cuales se encuentran determinados por la búsqueda de una finalidad ajena a la propia ética (felicidad, placer, etc.) y por condiciones externas. Por ejemplo: "Si quieres ser feliz, renuncia a lo inalcanzable".

- Son éticas heterónomas: sus principios morales no se inspiran directamente en la propia conciencia, sino que buscan su fundamentación en algo exterior a ella; por ejemplo, la utilidad social.

 

 

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 Ética social

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Es la parte de la ética que reflexiona sobre las normas justas o injustas dentro de la vida en comunidad. Su objeto consiste en establecer las pautas sociales de conducta que garanticen la existencia de la moralidad en la vida pública.

De igual modo, analiza las normas morales que caracterizan a los distintos grupos sociales, estudiando sus condicionamientos culturales, históricos e, incluso, económicos. Se halla muy relacionada con la política y la sociología.

 

 

 

 

 

 

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  Eticidad

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Término creado por Hegel (filósofo idealista alemán de principios del siglo XIX). Según él, los imperativos morales también deben poseer un contenido social y político, contenido que se plasma en las leyes y en las instituciones de un Estado. Para Hegel, la evolución del Espíritu se plasma en tres momentos: el derecho, la moralidad y la eticidad.

La distinción que establece Hegel entre moralidad y eticidad es la siguiente: la primera queda limitada a un aspecto subjetivo (las normas y leyes morales que son válidas para mi conciencia), mientras que la eticidad se encarna objetivamente en las instituciones (familia, sociedad civil y Estado). Cuando esas instituciones respetan y simbolizan el espíritu de la moralidad, entiende Hegel que el hombre ha alcanzado su ideal de unir ética y política.

 

 

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 Inmoral

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En sentido literal, aquello que es contrario a un determinado código moral. Cuando se aplica a un individuo, nos referimos a que su conducta no respeta habitualmente las normas morales vigentes en una sociedad concreta.

Sin embargo, el inmoralismo puede tener un valor positivo, tal y como sucede en la filosofía de Nietzsche. Sucede así cuando el individuo considerado socialmente como inmoral intenta ejercer una acción crítica con respecto a un código de normas morales que él considera injusto, al que trata de modificar o sustituir por otro código más justo. A este respecto, es interesante señalar que muchos de los grandes reformadores éticos de la historia fueron acusados de inmorales por los partidarios de los viejos códigos de conducta. En ese sentido, cabe considerar al inmoralismo como la antesala de una nueva moralidad.

 

 

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 Intencionalidad

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En filosofía, el concepto ‘intencionalidad’ expresa la realización de actos dirigidos hacia algo distinto a sí mismo. Fue utilizado en la escolástica (escuela cristiana de pensamiento que alcanzó su mayor esplendor durante los siglos XII y XIII) y posteriormente retomado en el siglo XX -aunque con un significado algo diferente- por el pensador E. Husserl, representante de un movimiento filosófico conocido como Fenomenología. Para este último, la conciencia es intencional en el sentido de que siempre hace referencia a otras cosas distintas de ella misma, por ejemplo, a objetos, a conocimientos...

En el ámbito de la Ética, sin embargo, la intencionalidad se refiere a la intención que nos movió a realizar determinadas acciones morales o inmorales, es decir, afecta a la cuestión de la responsabilidad moral de nuestros actos. Así, se habla de mala o de buena fe, según hayan sido nuestras intenciones o fines al realizar una acción.

 

 

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 Laxitud moral

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El sustantivo ‘laxitud’ deriva del adjetivo ‘laxo’, que significa: flojo a causa de falta de tensión. Cuando se acompaña del adjetivo ‘moral’, designa un relajamiento en la conducta moral, es decir, una falta de rigor en lo concerniente al cumplimiento de las normas morales.

La laxitud puede ser de dos tipos: habitual, y entonces hablamos de una persona escasamente moral; o circunstancial y ocasional: aquella que se da en personas habitualmente morales pero que, en determinadas circunstancias, se relajan en el estricto respeto al deber moral. Esto puede suceder a causa de que las consecuencias que se esperan obtener de una acción determinada nos son favorables, aunque para alcanzarlas haya que incumplir un deber, o por otros motivos de diversa índole.

 

 

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 Ley moral

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Existen muy variados y diferentes tipos de leyes: jurídica, naturales, científicas, formales, probabilísticas, morales, etc. De una forma excesivamente genérica, con el concepto ‘ley’ expresamos, o bien una regla o relación a las que están sometidos los seres de la naturaleza por su propia constitución física, biológica, etc. (y hablamos entonces de leyes científicas o naturales), o bien una norma o conjunto de normas que obligan a las personas a actuar de determinada forma, concretamente la que está estipulada por la ley (y hablamos entonces de leyes jurídicas o de leyes morales).

La ley moral es el conjunto de imperativos, normas y preceptos que constituyen un código moral determinado. Lo que expresa la ley moral es nuestra obligación a actuar de acuerdo a la racionalidad moral, la cual determina nuestros actos. Esencialmente la forma que adopta la ley moral es la de un imperativo.

Se diferencia de la ley jurídica en que ésta es de obligatorio cumplimiento, y en el caso de que alguien la incumpla, el Estado y los poderes públicos ejercen una coacción, es decir, ejercen la fuerza sancionando al infractor con determinados castigos. En cambio, la ley moral -aunque de obligatorio cumplimiento también debido a que la racionalidad del ser humano así lo impone- no se inspira en la coacción física (el castigo legal) para obligar a su ejecución o para sancionar al inmoral. Su obligatoriedad no deriva, pues, de algo externo a ella, sino de sí misma: la ley moral debe cumplirse porque mi conciencia me dicta que ése es mi deber.

Los estudiosos de la Ética han señalado tres rasgos genéricos que caracterizan a las leyes morales:

- Obligatoriedad.

- Incondicionalidad: el cumplimiento de las leyes morales no depende de nada exterior a la propia moralidad (es decir, no está condicionado por alguna pena exterior como el castigo), sino que la finalidad de las acciones morales hay que buscarla en el respeto que me produce el cumplimiento del deber moral, es decir, son incondicionales.

- Universalidad: en principio, las leyes morales aspiran a la universalidad. El fundamento en que se basa esta pretensión es el siguiente: si yo estoy plenamente convencido de que algo es bueno en sí (y no sólo es bueno para mí) porque así lo determina mi conciencia moral, debo creer necesariamente que también es bueno para el resto de los seres humanos. Sin embargo, no todos los autores están convencidos de que esta propiedad (aparte de ser un ideal de la razón humana) se dé en el mundo real. El relativismo ético, por ejemplo, sostiene que las leyes morales sólo tienen validez subjetiva, ya que su origen está determinado por las diferentes tradiciones históricas y culturales de cada sociedad humana.

Debemos distinguir entre ley y principio moral. Este último es el criterio supremo que se invoca para justificar todas las leyes y preceptos morales, los cuales se deducen de aquel. Ejemplo de principio moral sería: "la felicidad es el fin de toda vida humana y ésta se alcanza mediante la obtención del placer y la ausencia del dolor". De ese principio, se derivarían leyes morales como las siguientes: "para ser feliz, debes gozar moderadamente de los placeres", o "si buscas la felicidad, limita el número de tus necesidades".

Según Kant, también hay que distinguir entre ley y máxima moral. Él mismo establece esa distinción en su Crítica del juicio: "Son [principios éticos] subjetivos o máximas, cuando la condición es considerada por el sujeto como valedera sólo para su voluntad; son, en cambio, objetivos o leyes prácticas cuando la condición es conocida como objetiva, es decir, valedera para la voluntad de todo ser racional". También distingue Kant entre ley y precepto moral: el segundo es cuando una norma se aplica a un acto único, mientras que la ley tiene validez para todos los actos que pertenezcan a una clase o género.

 

 

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 Metaética

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Con este término se designa al estudio sobre la significación, el sentido y la evolución histórica de los conceptos éticos.

Según algunos autores, la metaética aborda tres cuestiones fundamentales:

- Aspectos metafísicos: reflexiona sobre la existencia o no de una moralidad que esté fundamentada en la existencia de leyes naturales, leyes divinas, etc., que se encuentren más allá de la racionalidad humana, y acerca de si ésta puede conocerlas o no.

- Aspectos psicológicos: estudia los motivos y las estructuras de nuestra mente que nos hacen comportar de una manera moral o inmoral.

- Aspectos lingüísticos: analiza el significado de los conceptos éticos y su adecuación o no para describir la realidad.

 

 

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  Moral

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Procede del término latino ‘mos-moris’, que significa ‘costumbres’ y también ‘modo de ser’, en el sentido de que el carácter se adquiere a través de las costumbres y de los hábitos de conducta.

De una manera muy general, podemos definirla como "las normas y comportamientos justos y conformes al deber que una sociedad o un grupo humano acepta como válidos en un instante histórico determinado".

En el lenguaje cotidiano es frecuente utilizar la palabra moral como sinónimo de ética. Sin embargo, la tradición filosófica suele distinguir entre ellas, aunque no de una manera muy precisa. Así, la ética trata de las reflexiones teóricas acerca de qué es el deber y por qué razones deben ser considerados como justos o injustos ciertos actos. En cambio, la moral sería el conjunto de normas concretas que llevan a la práctica real la reflexión ética. De aquí que muchos pensadores afirmen que la moral no es más que ética aplicada.

Algunos rasgos que definen a la moral son:

- Está basada en las acciones prácticas, aunque estas procedan de una reflexión ética previa.

- Sus normas se expresan en imperativos morales (haz esto, no hagas aquello) que dictan cuál es nuestro deber.

- Sus mandatos exigen cumplimiento por respeto al deber. De ahí que las acciones morales provoquen responsabilidad, es decir, obligación a responder moralmente de los propios actos. Ahora bien, para que exista responsabilidad moral son necesarios, entre otros, los siguientes elementos: conocimiento de lo que se hace y de las consecuencias que puede tener la acción, voluntariedad, si existió libertad de acción y el carácter bueno o malo de las intenciones que se querían lograr con el acto.

El filósofo José Luis Aranguren distingue entre:

- Moral como estructura: el hombre posee una dimensión moral que lo constituye como hombre. Esta dimensión surgió históricamente durante el proceso de humanización (adquisición del pensamiento y la cultura en las primeras sociedades humanas). Por tanto, todos los seres humanos tienen moral.

- Moral como contenido: el conjunto de normas concretas que forman un código moral determinado. Cada civilización suele tener un código moral propio que se diferencia del de otras civilizaciones. El hecho de que algunos valores morales sean diferentes, no debe evitar la búsqueda de un código moral mínimo que sea respetado en todos los lugares del mundo. Ésa es la función que se otorga a los Derechos Humanos.

Desde el punto de vista de la moral, un hecho debe ser considerado bueno o malo atendiendo a los conceptos de bien y de mal moral. Estos conceptos son elaborados por la llamada conciencia moral, que consiste en la capacidad que posee el ser humano de juzgar sus actos y los de los demás en relación a si son o no justos.

El filósofo ilustrado D’Alembert definía a la moral de la siguiente manera: "Lo que pertenece esencial y únicamente a la razón, y lo que, consiguientemente, es uniforme a todo los pueblos, son los deberes a los que estamos obligados para con nuestros semejantes. El conocimiento de estos deberes es lo que se llama Moral."

 

 

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  Moralidad

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Por regla general, se entiende por moralidad el ejercicio de los ideales éticos. En ocasiones, sin embargo, también es utilizada como un sinónimo de moral, entendida ésta en un sentido amplio y no restrictivo.

La moralidad consiste en las obligaciones que la conciencia nos impone en relación con nuestros deberes, ya sean estos para con los demás, para con la naturaleza y los seres naturales, o para con nosotros mismos. Esos deberes se caracterizan por no ser impuestos por ningún poder exterior a nosotros (como sí lo son los deberes que emanan del Derecho o del Poder, cuyo incumplimiento lleva aparejado un castigo físico o administrativo), sino que su mandato proviene de nuestra propia razón.

A ese respecto es muy conocida la distinción que establece Kant entre legalidad y moralidad. La primera sería la determinada por la ley moral; la segunda, en cambio, estaría determinada por el amor y el respeto a la ley moral. En su terminología, pues, la legalidad consiste en acciones conforme al deber; la moralidad, por contra, en acciones por deber. Quiere esto decir que alguien puede cumplir con la legalidad pero no ser moral; sucede ese caso cuando alguien obra bien, pero no por respetar a la ley moral, sino por miedo al castigo o buscando una recompensa social por su acción.

También conviene señalar que la moralidad no puede identificarse con una moral concreta o con un momento histórico determinado. Aunque la moralidad no puede sustraerse a la evolución histórica de las ideas morales, se encuentra más allá de ellas: es una exigencia irrenunciable del ser humano, el cual trata de plasmarla en morales concretas (estas sí que están influidas por la tradición, la cultura, las ideas recibidas o los sucesos históricos del pasado). De ahí que una de las características de la moralidad sea la de potenciar la propia crítica moral, con el fin de ir avanzando en el orden de la justicia social.

 

 

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  Moralina

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Término utilizado habitualmente con sentido peyorativo para expresar un tipo de moralidad superficial, falsa, o centrada exclusivamente en una parte de la moralidad y que ignora voluntariamente el resto.

La moralina se fundamenta muchas veces en prejuicios y en tópicos de una tradición determinada.

 

 

 

 

 

 

 

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  Moralismo

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En general, tendencia a interpretar todos los fenómenos sociales exclusivamente desde el punto de vista de la moralidad, otorgando a ésta la función de determinar la conveniencia o no de los cambios sociales, la evolución de las ideas, etc.

Debe considerarse al moralismo como una forma de reduccionismo que consiste en interpretar el todo tan sólo desde una parte, en este caso, desde la moral.

 

 

 

 

 

 

 

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  Moral provisional

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Es un concepto utilizado por Descartes, cuyo desarrollo se encuentra expuesto en la tercera parte de su obra Discurso del método.

Descartes argumenta que su razón no encuentra unas bases sólidas e irrefutables en los sistemas éticos que ha estudiado. Su objetivo racionalista de fundamentar un conocimiento universal e indubitable (es decir, del que no quepa dudar en ningún caso) topa, en el terreno de la moral, un obstáculo insalvable, puesto que no halla ningún fundamento teórico universal para justificar un código moral determinado.

Sin embargo, y según Descartes, el estar sometido a la duda en las cuestiones éticas no significa, sin más, que debamos vivir como amorales. En su obra nos da cuenta de la moral provisional que él mismo ha adoptado mientras el entendimiento se encuentre sometido a la duda. Se trata de una moral esencialmente práctica, basada en la experiencia histórica y cultural, y sin ninguna pretensión teórica definitiva.

Según él, cuatro son las reglas de esta moral provisional:

1. "Obedecer las leyes y las costumbres de mi país".

2. "Ser tan fuerte y tan resuelto en mis acciones como pueda". Explica esta regla diciendo que una decisión será mejor siempre que la indecisión en el obrar, y la perseverancia mejor que la inconstancia.

3. "Intentar siempre antes vencerme a mí que a la fortuna, y cambiar mis ideas antes que el orden del mundo".

4. "Emplear toda mi vida en cultivar mi Razón y avanzar tanto como pueda en el conocimiento de la verdad".

 

 

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  Motivos

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Los motivos son tendencias que nos mueven a obrar de una determinada forma y no de otra. En ese sentido se encuentran íntimamente relacionados con los fines que perseguimos al realizar una acción, puesto que, según sean éstos, estaremos más o menos motivados para llevar a cabo dicha acción.

Existen diferentes tipos de motivos: biológicos (están relacionados con los instintos y los impulsos, como la sexualidad, la supervivencia, el bienestar corporal y anímico, etc.), sociales (el deseo de triunfo o de fama, por ejemplo), económicos (el afán de riqueza...), culturales, etc.

Desde el punto de vista de la Ética, los motivos son importantes a la hora de establecer la moralidad de una acción y también en cuanto a determinar la responsabilidad moral de un individuo. En efecto, los motivos que impulsan nuestra conducta deben ser analizados desde una perspectiva moral por cuanto afectan a la moralidad de la propia acción.

Por ejemplo, una persona que se inscribe en una ONG para luchar contra la desigualdad puede hacerlo por creer que ése es su deber moral, o, en cambio, haber actuado motivado por la vanidad y el deseo de ir ascendiendo dentro de la organización hasta llegar a su dirección con el objetivo de ser famoso o de obtener éxitos sociales. Como puede apreciarse en este caso, la motivación hace que nuestra valoración moral sea distinta ante cada una de esas actitudes.

 

 

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  Praxis

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