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Bien y felicidad

 

 

 

Dilemas

 

En el curso de la historia de la filosofía se ha discutido mucho acerca de la naturaleza del bien. Es muy célebre al respecto la siguiente sentencia de Spinoza (filósofo racionalista del siglo XVII):

No nos movemos, queremos, apetecemos o deseamos algo, porque juzgamos que es bueno, sino que juzgamos que es bueno porque nos movemos hacia ello, lo queremos, apetecemos y deseamos.

Muchos pensadores, sin embargo, han mostrado su desacuerdo con Spinoza, afirmando la sentencia contraria y antagónica:

No juzgamos que algo es bueno porque nos movemos hacia ello, lo queremos, apetecemos y deseamos, sino que nos movemos, queremos, apetecemos o deseamos ese algo, porque juzgamos que es bueno.

Te planteamos el dilema de que optes por una u otra opinión, argumentando razones filosóficas o morales respecto a tu elección.

 


 

 

En muchas ocasiones nuestras ideas acerca de lo que es bueno y malo chocan contra las ideas de otras personas que mantienen una opinión contraria a lo que nosotros creemos. Uno de los ámbitos donde -por razones culturales y educativas- más se produce esa diferencia de opiniones, es el de la sexualidad.

Suele ser frecuente que para muchas personas el ejercicio de una sexualidad libre y sana (es decir, practicada con las precauciones debidas en materia de salud) es bueno en sí mismo, independientemente de si estamos enamorados o no de la persona con la que mantenemos relaciones. En cambio, para muchas otras la sexualidad sólo es justificable cuando existe amor o, como en el caso de numerosos cristianos y también para creyentes de otras confesiones religiosas, se produce dentro del sacramento del matrimonio. En caso contrario, la sexualidad es vivida como pecado o como un vicio (en ausencia de amor, se entiende).

¿Qué piensas tú al respecto? ¿Mantendrías relaciones sexuales sanas con una persona de la que no estuvieras enamorado? Trata de justificar moralmente tu respuesta.

 


 

 

Uno de los mitos literarios más conocido en el mundo es el de Fausto, escrito por W. Goethe, escritor alemán iniciador del movimiento literario del romanticismo. La historia que se narra en el libro es bien conocida:

Fausto es un hombre sabio, probablemente el más sabio del mundo. Para alcanzar esa sabiduría ha dedicado toda su vida al estudio y a la ciencia, sin haber gozado de ningún otro placer de la existencia, ya que todos sus esfuerzos y desvelos estuvieron destinados al saber. Ya anciano, un día se pregunta sobre el amor y la felicidad, lamentándose de no haber podido gozar de esos bienes. Y se cuestiona entonces si su vida ha valido la pena, si no hubiera sido mejor haber llevado una existencia ‘normal’, con una familia, amigos, placeres mundanos, etc.

En esos momentos, se le presenta el diablo (Mefistófeles) y le propone un trato: que venda su alma a cambio de poder vivir una nueva vida de juventud y amor. Fausto acepta el trato y Mefistófeles lo transforma en un joven, que conocerá la pasión y el amor cuando se encuentre con la figura de Margarita. Pero esta historia, a diferencia de la mayoría de las películas, no tiene un final feliz. Si quieres conocerlo, te recomendamos vivamente que leas uno de los textos más hermosos de la literatura mundial.

El mito de Fausto plantea un dilema moral de enorme importancia: ¿hasta qué punto un ser humano es capaz de traicionar sus principios (vender el alma) para alcanzar la felicidad personal?

¿Estarías dispuesto tú a cometer actos inmorales para alcanzar algo que deseas enormemente y que probablemente te proporcionaría la felicidad, al menos momentánea? ¿O serías incapaz de cometer actos inmorales, porque si lo hicieras no podrías ser feliz en ningún caso? ¿Acaso lo harías si se tratase sólo de ‘pequeños pecados’, es decir, de actos inmorales cuyas consecuencias no fueran excesivamente graves para los demás?

 


 

 

A lo largo de nuestra vida, en ocasiones se nos presentan dilemas morales relacionados con nuestra felicidad, cuya resolución nos provoca hondos desvelos. Muchos de esos dilemas tienen que ver con la siguiente cuestión: ¿es justo que yo busque mi felicidad personal aunque sea haciendo daño a las personas que me rodean? ¿O debo renunciar a alcanzarla para no dañar a los demás?

Pongamos un caso típico de ese problema. Dos personas se casan enormemente enamoradas una de otra, prometiéndose una fidelidad y un respeto mutuo. Al cabo de un tiempo, sin embargo, una de ellas va perdiendo la pasión y el amor por la otra, la cual, sin embargo, continúa tan enamorada como el primer día. Para no hacerle daño, su pareja no le dice que ha perdido ya el amor que sentía por ella...

Un día conoce a otra persona de la que se enamora locamente y se plantea entonces proceder a la separación y al posterior divorcio. Sin embargo, sabe que esa decisión hundirá psicológicamente a su pareja, amargándole su existencia para el resto de sus días. Sabe además que esa persona tiene tendencia a la depresión y que lo necesita como una ayuda indispensable para mantener su equilibrio psicológico y afectivo.

¿Qué harías tú en ese caso? ¿Abandonar a tu pareja e intentar alcanzar la felicidad con la persona de la que te has enamorado nuevamente, aunque no sepas si esa relación va a funcionar mucho tiempo, a pesar de provocar un grave daño moral a la persona con la que estás casado/a? ¿O renunciar a tu nuevo amor con el fin de no herir a nadie, aunque esa elección provoque tu infelicidad momentánea?

 


 

 

Una de las cuestiones más debatidas en la historia de la ética ha sido la relación moral que debe existir entre los fines y los medios que se utilizan para alcanzar dichos fines. La gran mayoría de pensadores afirma que la ética exige obligatoriamente que tanto los fines como los medios de los que se vale una acción deben ser morales, puesto que si no es así se produce un acto inmoral aunque el fin que persigamos sea bueno en sí mismo.

Otros, en cambio, dicen que lo anterior es un ideal; es decir, algo que debe ser así en teoría y de manera racional, pero que no se da en la realidad puesto que los seres humanos estamos sometidos a ciertas leyes biológicas que nos hacen obrar de otra manera distinta a como debiéramos hacerlo desde el punto de vista moral. De ahí que defiendan, en ciertos casos, el uso de medios inmorales (siempre que el mal moral sea menor que el bien que esperamos alcanzar con él) para alcanzar fines buenos y justos para la mayoría social. Esta última tesis es conocida, en la historia de la filosofía, como maquiavelismo, nombre derivado del filósofo y político renacentista italiano, Maquiavelo, al que se le atribuye la doctrina de que un fin bueno siempre justifica los medios que se usen para alcanzarlo.

Pon un ejemplo de maquiavelismo. Después, reflexiona moralmente sobre él y, en el caso de que tú debieras tomar una decisión acerca de llevar a la práctica esa acción, elige lo que harías en esa circunstancia, justificando moralmente tu elección.

 


 

 

Pongamos un ejemplo sobre las relaciones entre los fines y los medios. Debes decidir si consideras moral o no la siguiente acción y explicar el porqué de tu decisión:

A un familiar tuyo le descubren un cáncer terminal. El médico te comunica a ti el diagnóstico y te deja que tú decidas si decírselo o no al enfermo. Consideras la cuestión y decides mentirle con el fin de que no sufra durante los últimos días de vida que le quedan.

 


 

 

En el examen de Selectividad, tienes oportunidad para copiar en una asignatura difícil (ya que te vigila un profesor muy despistado). Sabes que ese acto es inmoral, pero sabes igualmente que a ti te beneficia desde el punto de vista personal. Sin embargo, en ese mismo momento, piensas que tu acto va a perjudicar directamente a todos los demás compañeros que están realizado el examen, puesto que las plazas de las Facultades universitarias son limitadas, y el hecho de que tú saques mejor nota como consecuencia de copiar puede perjudicar a otra persona que, por sus propios medios, hubiera obtenido una nota superior a la tuya y podría haber optado a la plaza que tú quieres en una Facultad que exige una nota alta para la admisión de alumnos.

¿Qué harías? ¿Tendrías sentimientos de culpa después, en el caso de haber decidido copiar? ¿Piensas que copiar es un acto egoísta o, al contrario, es algo que no podemos evitar puesto que nuestro organismo está programado para realizar siempre que pueda acciones que nos beneficien? Justifica moralmente tu elección.

 


 

 

Uno de tus grandes deseos era comprarte un equipo de música más completo que el que tienes ahora en tu casa. Después de muchos esfuerzos, consigues ahorrar el dinero necesario para ello. Sin embargo, justo en el momento de salir a comprarlo te enteras de que a tus vecinos (con quienes te une una relación de amistad) los desahucian de su casa por no poder pagar el alquiler de la vivienda, ya que se encuentran en paro y sin recursos económicos en esos momentos. La cantidad que deben coincide con la que tú piensas gastarte en el equipo de música.

¿Qué harías: desistir de comprar el equipo nuevo y darle ese dinero a tus vecinos para que paguen las deudas, o irte a la tienda pensando que existen servicios sociales del municipio o del Estado que son quienes de verdad tienen que resolver esas cuestiones y no tú, porque al fin y al cabo has tenido que privarte de muchas cosas para conseguir ahorrar esa cantidad?

 


 

 

El luchar desinteresadamente por el triunfo de ideas utópicas ha sido un rasgo habitual entre muchas personas -habitualmente jóvenes- a lo largo de toda la historia. Otras persona, en cambio, se muestran pesimistas con respecto a la posibilidad de cambiar drásticamente los modelos sociales para conseguir una sociedad más justa o más virtuosa, y afirman que esos cambios se van produciendo poco a poco por la acumulación de cultura y conocimiento, lo que lleva a transformar los valores imperantes y a mejorar desde el punto de vista moral. No creen, sin embargo, que los movimientos utopistas influyan de una manera decisiva en las transformaciones sociales, por lo que se muestran poco dispuestos a gastar su tiempo en reivindicaciones que consideran imposibles de alcanzar. Proponen ser más ‘prácticos’ y menos ‘utopistas’.

Una de las utopías sociales de nuestros días es la de acabar con la pobreza y el hambre en el mundo, es decir, con las desigualdades económicas entre los diferentes Estados de la Tierra. Existen numerosas ONG que se han planteado como objetivo prioritario ese reto, y dedican a él todos los recursos humanos que posee. Mayoritariamente están formadas por voluntarios que contribuyen desinteresadamente con su tiempo o dinero a luchar a favor de esas ideas. Sin embargo, los resultados que consiguen son más bien escasos (aunque humanamente muy importantes) si los comparamos con las grandes cifras de la economía mundial.

¿Estarías tú dispuesto a luchar por esa utopía, sacrificándote personalmente por ella? ¿O consideras más bien que esa labor le corresponde a los Estados ricos, como instituciones, y no a los ciudadanos particulares, porque al fin y al cabo estos últimos ya pagan impuestos con los que podría ayudarse a los países pobres? ¿Piensas que algún día conseguirá acabarse con la desigualdad económica entre los Estados o que eso no es más que una utopía imposible de conseguir? ¿Por qué lo crees así?

 


 

 

Tradicionalmente se considera a la prudencia como una virtud. Sin embargo, a veces un comportamiento excesivamente prudente puede caer en la inactividad (es lo que se conoce como la ‘duda hamletiana’, expresión tomada de Hamlet, personaje de Shakespeare que no se atrevía a actuar debido a sus continuas reflexiones sobre lo que debía hacer) y en el dejar que las cosas sigan su curso sin nuestra intervención, lo que en ocasiones puede representar una actitud moral rechazable.

Veamos un ejemplo histórico. Cuando el régimen de Hitler comenzó a detener a ciudadanos de origen judío, muchos alemanes decidieron no intervenir en el asunto y no mostrar su rechazo a esas medidas xenófobas y racistas. Hacían como si no supieran lo que estaba pasando, justificándose a sí mismos con el argumento de que eso esa una medida transitoria y que pronto volverían a estar en libertad las personas detenidas. Lo prudente -decían- era no darle mayor importancia porque las aguas volverían a su cauce y al final no habría pasado nada...

Lo que sucedió, sin embargo, es bien conocido de todos. Cuando esos ciudadanos quisieron reaccionar ya era demasiado tarde, y el régimen nazi había procedido al exterminio de casi seis millones de judíos.

¿Qué hubieras hecho tú en un caso semejante? ¿Ser prudente y confiar en la moralidad de los poderes públicos? ¿Protestar públicamente contra las detenciones, aunque esa actitud pudiera traerte consecuencias negativas, como un arresto?

 


 

 

Los estoicos argumentaron que el sabio, si quería ser feliz, debía evitar las pasiones y concentrarse en el deber que le dictaba la naturaleza, puesto que para ellos ceder a las pasiones significaba un desequilibrio psicológico que, a la larga, nos provocaba infelicidad.

Seguramente, en muchas ocasiones te habrás encontrado con un dilema de tintes estoicos y habrás dudado entre seguir tus inclinaciones pasionales o no hacerlo por respeto al deber moral. Nosotros te vamos a plantear uno de estos posibles dilemas.

Supongamos que estudias el último curso del bachillerato y tienes un examen importantísimo para el lunes, en una materia que te resulta difícil y cuyas notas a lo largo del curso te dan una media de 4. Sabes que la única oportunidad de aprobar la asignatura y poder ir a Selectividad es sacar una buena nota en ese último examen.

Casualmente el sábado toca tu grupo de música favorito en una ciudad cercana. Un grupo de fans (al que tu perteneces) organiza un viaje para ver el concierto. Se trata de un grupo extranjero que nunca antes ha venido a España y que se caracteriza por dar muy pocas galas en directo. Sabes que si te pierdes esa oportunidad, tardarás bastantes años en poder tener otra semejante.

Tu duda es difícil de resolver: ¿debes mentir a tus padres diciéndoles que no tienes ningún examen el lunes para que te dejen ir a ver el concierto? ¿O debes renunciar a él a causa de tus obligaciones escolares?

En el caso de que cedieras a tus deseos y fueras al concierto ¿tendrías luego sentimientos de culpa en caso de suspender la asignatura? ¿Qué te produciría más placer: ver a tus ídolos y pasarte todo el verano estudiando la asignatura, o aprobar aunque te perdieras el concierto?

 


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