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Comentarios de texto
Durante el período helenístico, las distintas corrientes éticas mostraron sus diferencias con respecto al tema del bien. En el estoicismo, el bien representa la virtud más alta. Ésta se consigue viviendo de acuerdo con la Naturaleza, a la que consideran un Todo ordenado y racional. Para alcanzar el bien o la virtud han de evitarse por completo las pasiones (dolor, temor, placer, deseo sensual) mediante el autodominio y la ataraxia (o imperturbabilidad del ánimo). En el terreno del conocimiento, es posible ser virtuoso o bueno a través de la epojé o suspensión del juicio. Algo muy distinto piensan otras escuelas de esa época, como el hedonismo o el epicureísmo. El hedonismo considera que el bien es la satisfacción del placer sensual, mientras que el epicureísmo considera que la felicidad del hombre consiste en la búsqueda del placer, un placer moderado que se consigue obrando ‘con buen cálculo’. No elegimos cualquier placer, sino que a veces evitamos placeres porque de ellos se deriva un dolor mayor. De acuerdo con esto, todo placer es por naturaleza un bien, pero no todo placer ha de ser aceptado. El bien dentro de la moral cristiana también presenta distintos aspectos. En pensadores como San Agustín o Santo Tomás, el fin último del hombre es la contemplación de Dios. Dios representa el máximo Bien y la más alta Verdad, de modo que una persona se hace virtuosa en la medida en que se aproxima al conocimiento de lo divino (...) En la época moderna, la reflexión sobre el bien plantea el problema ético que consiste en saber si los valores morales –entre ellos la idea del Bien- son naturales (y, por consiguiente, innatos y esenciales al ser humano) o si, por el contrario, son convencionales y fruto del acuerdo entre los hombres. Esta discusión estuvo ya presente entre Sócrates y los sofistas. De acuerdo con este planteamiento, algunos autores del XVIII, como Condillac, creen que por naturaleza algunos hombres sufren ante el dolor ajeno y se complacen con los placeres de los demás, por lo que cabe decir que son buenos o benevolentes. Así, el bien depende de una sensibilidad connatural al ser humano. También Rousseau cree que el hombre es por naturaleza bueno, pero es la sociedad el que lo pervierte y distorsiona. De ahí que sea necesario regresar al ‘estado de naturaleza’ original en el que la humanidad es ajena a las injusticias e intereses creados por la sociedad. Contra esto, Hobbes plantea que el ser humano es por naturaleza egoísta, y se mueve por el deseo de dominio y por la necesidad de evitar la muerte. Lo que hace que los hombres no se devoren los unos a los otros es el acuerdo mutuo mediante normas y leyes morales y jurídicas establecidas convencionalmente. Es lo que él llama contrato social. El llamado utilitarismo inglés reflexiona también sobre la naturaleza de los valores morales, incluido el bien. Para Stuart Mill, Bentham o Godwin, el fundamento de la psicología humana es el principio del placer y del dolor: el hombre persigue por naturaleza el placer y evita el dolor. El criterio básico para definir el bien es la cantidad de placer que puede conseguirse tanto individual como socialmente. El utilitarismo acepta las bases de una moral establecida convencionalmente. Para ellos, por tanto, lo bueno es la mayor felicidad para el mayor número de personas. Hume considera que el bien es lo útil. Lo útil es lo único que aumenta el placer y disminuye el dolor. Kant dedicó buena parte de su obra a analizar y profundizar en el fundamento de la moral y de las costumbres. Según él, la moral es intrínseca y connatural al hombre. Lo bueno, el bien, es la buena voluntad. El ser humano se mueve naturalmente entre una disposición al bien (en tanto que ser ético y social) y una inclinación al mal (en tanto que ser empírico-sensible), siguiendo el principio maniqueísta de la lucha entre el Bien y el Mal. Su ética formal, frente a las éticas materiales anteriores a él (incluido el utilitarismo de muchos empiristas), es básicamente una ética del deber. El bien es la consecución de una acción por respeto a la ley. La ley o la norma se presenta así como el principio regulador de nuestra conducta, de manera que una acción es buena por naturaleza si se obra por deber, de modo incondicionado y tomando la ley como finalidad en sí misma. La moral y la religión se unen en Kant gracias a la idea del Bien. Ya que el ser humano es un ser dotado, por naturaleza, de libertad y de razón, puede juzgar, medir y condenar sus propios actos. El uso adecuado de la razón, como guía de conocimiento práctico, puede emanciparle de la barbarie y tender al Bien supremo, que es el provecho de la comunidad universal. VV. AA.: Diccionario de filosofía para estudiantes
- El mal consiste en la ausencia del bien. SAN AGUSTÍN. - Según la filosofía, el mal no es nada real, sino sólo una privación. DESCARTES. - El mal puede ser metafísico, físico y moral. El mal metafísico consiste en la simple imperfección, el mal físico en el padecimiento, y el mal moral en el pecado. LEIBNIZ. - El mal se puede tomar de tres maneras: como privación del bien, como dolor, o como la cosa que causa la privación del bien o que produce el dolor. MALEBRANCHE. - El mal no existe en sí mismo: es un factor psicológico que es irracional. A. VARGAS.
Así pues, alguien puede ser denominado eudaimon porque es rico, poderoso, tiene buenos hijos, etc.; si bien estas cosas pueden procurar satisfacción, la atribución de eudemonía no la implica necesariamente (si así fuese, la máxima de Solón "no llames feliz a ningún hombre hasta que ha fallecido" sería literalmente absurda...). Por supuesto, el término ‘felicidad’ también puede utilizarse en un sentido ‘objetivo’, pero probablemente sólo por derivación del otro sentido: si "la felicidad es un café caliente", esto es así porque o bien el café o el calor le hacen a uno sentirse feliz. Rowe, C.: La ética de la Grecia antigua
Así, cuando decimos que el placer es el fin no nos referimos a los placeres de los lujuriosos y los que consisten en el goce material, como se figuran algunos ignorantes de nuestra doctrina o contrarios a ella o que la entienden erróneamente, sino que unimos el no padecer dolor en el cuerpo con el tener el alma tranquila (...). Ni la posesión de las riquezas, ni la abundancia de las cosas, ni la obtención de cargos o el poder, producen la felicidad y la bienaventuranza, sino la ausencia de dolores, la moderación en los afectos y la disposición del espíritu que se mantenga en los límites impuestos por la naturaleza. Epicuro: Carta a Meneceo
Ahora bien, ¿qué entendemos por felicidad? ¿Cómo conseguirla? Veamos las tres respuestas más importantes que se dieron en la antigüedad a esta pregunta. Para Aristóteles, lo que caracteriza al hombre es la razón, la cual le ha llevado al estudio a la vida intelectual. Una vida buena para Aristóteles será una vida dedicada al estudio. Ser feliz consiste en autorrealizarse de esta manera, porque para él era lo más propio del hombre, lo que le distinguía de todas las demás criaturas. De este modo se logra una vida buena o eudemonía. Una vida buena es una vida equilibrada que no comete excesos de ningún tipo: "la virtud está en el término medio". Otra forma de entender la felicidad fue la de los cínicos y los estoicos que consideraron que el modo de lograr la felicidad era siendo autosuficientes, rechazando riquezas y cosas innecesarias: ser autosuficiente se consigue valiéndose uno por sí mismo sin depender de nada ni de nadie. Los estoicos argumentaron que el hombre feliz era aquél que conseguía dominar sus pasiones, ya fueran dolorosas o placenteras. A este autodominio físico y psíquico del cuerpo se lo conoce con el nombre de ataraxia. Esta forma de entender la felicidad no era suficiente para los epicúreos. Para ellos, ser feliz es lo mismo que sentir placer, evitando lo que pueda causar dolor o sufrimiento. A las personas que simpatizan con esta postura se les llama hedonistas. Tovar, M: Ética
Desde Aristóteles se ha entendido con frecuencia la noción de fin (y la de finalidad) en relación con la idea de causa. El fin es "causa final" o "aquello por lo cual" algo se hace. Así, la salud es fin (o causa final) del pasear, pues se pasea con el fin de conseguir o mantener la salud. (...) La distinción entre la causa final y el fin mismo se expresa con frecuencia en el lenguaje ordinario mediante la distinción entre el fin y la finalidad. [Para Aristóteles] en la Ética, el fin es el término a que apunta la ejecución de algo, el propósito. Ferrater Mora, J.: Diccionario de filosofía abreviado
La acción determinada por este principio es la acción moral, la acción libre o autónoma en sentido estricto. Sin embargo, la libertad de reflexión moral sólo puede ser eficaz en la actividad práctica si puede integrarse en los motivos de la vida psíquica, para determinar junto a ella la búsqueda ulterior de fines. Schöpf, A.: Diccionario de ética
Pero hay siempre en Maquiavelo cierta contención, o quizás sólo el instinto de que no es prudente dejarse regir sólo por la ambición de poder, porque esto se puede volver contra el propio príncipe, De ahí que hable de la "virtú" como requisito fuera de lo común que también ha de poseer el gobernante (...) El nombre de Maquiavelo aparecerá siempre como sinónimo de malas artes sinuosas y de hipocresía, aunque tal vez no sea del todo justo, pues, como observa Eugenio D’Ors, si Maquiavelo hubiese sido verdaderamente maquiavélico, se habría guardado de escribir, y hubiera escondido su pensamiento. Pero, en lugar de ello, y una vez retirado de la vida política, pudo mirar fríamente las acciones humanas, mereciendo por ello este comentario de Francis Bacon: "mucho debemos a Maquiavelo y a otros como él, que escribieron sobre lo que hacen los hombres y no sobre lo que deberían hacer". De Antón, R. M.: Historia de la filosofía y la ciencia
Nada hay temible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada temible en el no vivir. De manera que es un necio el que dice que teme a la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, lo que no inquieta cuando se presenta es absurdo que nos haga sufrir en su espera. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. No existe, pues, ni para los vivos ni para los muertos, pues para aquellos todavía no es, y éstos ya no son. Pero la gente huye unas veces de la muerte como el mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida. Epicuro: Carta a Meneceo
Ahora bien, esta teoría de la vida suscita desagrado en muchas mentes. Como dicen, suponer que la vida no tiene un fin más elevado que el placer (...) es un egoísmo y una vileza, es una doctrina digna sólo del cerdo. Ahora bien, es un hecho incuestionable que quienes tienen conocimiento y capacidad de apreciar y gozar, dan una marcada preferencia al modo de existencia que emplea sus facultades superiores. Pocas criaturas humanas consentirían que se las convirtiera en alguno de los animales inferiores a cambio de un goce total de todos los placeres bestiales... Es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho, es mejor ser Sócrates insatisfecho que un loco satisfecho. Stuart Mill, J: El utilitarismo
Hay otro punto de vista para esta valoración: aquellas cosas a que nuestra naturaleza se muestra más inclinada son más contrarias al justo medio; por ejemplo, por naturaleza estamos más inclinados a la intemperancia y a la falta de honestidad que a la modestia y al decoro. Por consiguiente, aquellas cosas a las que somos más propensos adquieren un volumen mayor, y las cosas que más fácilmente adquieren un volumen mayor son más contrarias al término medio. Aristóteles: Gran Moral
- Su imposibilidad de realización, ni siquiera como un proyecto a largo plazo. Según Popper, la realización efectiva de las utopías conduciría inexorablemente a un cambio radical de la propia naturaleza humana, y eso es imposible. - El pensamiento utópico no se atiene a los hechos de la realidad, además de desconocer la evolución de la historia. Para Popper, la historia demuestra que los iluminados que accedieron al poder y trataron de poner en práctica una utopía cayeron en el absolutismo y en la dictadura. - El triunfo de la utopía significaría la creación de una ‘sociedad cerrada’ donde sería imposible la pluralidad de opiniones, matando con ello el modo democrático de gobierno. Sea cual sea nuestra opinión acerca de las utopías sociales, siempre nos quedarán las que, tal vez, sean las palabras más hermosas que se han dicho sobre ella. No tienen autor conocido. Fueron escritas por una mano anónima en una calle de París cuando las algaradas contraculturales de Mayo 68: "¡Seamos realistas: pidamos lo imposible!". VV. AA.: Filosofía
Esta "sabiduría práctica" que nace de la libertad interior es el camino para la tranquilidad de espíritu, para la serenidad de la voluntad ante cualquier tipo de situación o circunstancia, sea ésta de naturaleza interna (afectos, pasiones) o externa (sociedad, destino). Esto no significa que el sabio estoico sea feliz porque carezca de instintos, porque no tenga problemas con sus sentimientos, o porque no sepa encauzar sus pasiones como todos los mortales. Significa que esta sabiduría es un medio específicamente racional para no ceder a los instintos, para rechazar las pasiones y para controlar las emociones (ascetismo moral). Esto es lo que los estoicos llama apátheia o imperturbabilidad, y que no supone una ausencia total de sentimientos, sino una cautela ante lo que pueda atentar contra su serenidad. Aplicado a la aceptación de lo que sucede externamente, supondrá tanto la inalterabilidad en medio de las desgracias, como la inmunidad ante las torturas y sufrimientos. Domingo, A.: 10 palabras claves en Ética
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